Vinçon En Barcelona el diseño es vicio, vocación y casi necesidad. Con motivo de su centenario, el FAD nos invita a pensar en los objetos y el paisaje que nos rodean, a interrogarnos sobre ellos y a divertirnos haciéndolo. De esta reflexión debería surgir con claridad la conciencia de que el diseño es un factor de calidad y de valor añadido, parte esencial de la Ciudad del Conocimiento.

texto Joan Clos

Alcalde de Barcelona 

El diseño como factor de calidad
   volver al sumario / b.mm | diseño_m. 3
   

 

El 14 de marzo de 1903, en un piso de la calle Hospital, nació el Fomento de las Artes Decorativas (FAD), y lo hizo al estilo barcelonés, es decir, reuniendo en torno a la misma mesa a los industriales y a los artesanos, con el objetivo de potenciar un sector en el que -en aquel entonces estábamos en pleno esplendor modernista- intuían que el país podía tener algo que decir y en voz alta. Lo interesante es que este "fomento" no sólo comprometiese a artistas y artesanos, sino también a industriales, que eran, en definitiva, quienes tenían que llevar el producto al mercado. Cien años después, nos hemos hecho mayores; hemos cambiado "artes decorativas" por diseño, porque hemos ampliado el concepto. Y otro 14 de marzo, el FAD, que es la misma entidad pero con un sentido plenamente actual, nos propone el Año del Diseño, realizado con un profundo acuerdo cívico e institucional, para volver a hablar en voz alta en un campo que nos es propicio.

 


BD Ediciones de DiseñoEl FAD, que si no fuera un sacrilegio debería cambiar la explicitación de sus siglas (¿por Avantguarda del Disseny, quizás?), ha crecido hasta abarcar una poderosa relación de disciplinas relacionadas con la creatividad: arquitectura, comunicación gráfica, moda, fotografía, diseño industrial, artesanía, plástica... Todas esas cosas que la imaginación piensa y la mano dibuja. Y desde esta plataforma múltiple, que también fomenta el intercambio y el mestizaje, el FAD nos dice: pensemos en el diseño, es decir, pensemos en todo lo que nos rodea, en nuestros objetos y en nuestro paisaje, interroguémonos sobre ello y divirtámonos haciéndolo. Y hagámoslo principalmente en Barcelona -aunque también en otras ciudades- donde el diseño es vicio, vocación y casi necesidad.
Cuando hablamos de diseño, enseguida pensamos en las creaciones glamurosas, olvidándonos de que todo está diseñado por alguien en algún lugar y olvidándonos también de que muchas de las grandes creaciones que amueblan nuestra vida cotidiana son anónimas en la actualidad: hoy desconocemos quién fue el autor de la pinza de la ropa, del sacacorchos o del clip para el papel. Esto pone de manifiesto una cosa: lo que prevalece es la idea.

No hay diseño sin idea, y la idea nace de la percepción del problema y de la conciencia del conjunto, del entorno. Me gusta que esta reflexión se produzca en Barcelona, que es una ciudad que ha apostado por el espacio de calidad, con todo lo que eso supone, en proporción, en materiales, en texturas, en mobiliario, en capacidad de uso, etc. Una ciudad que, por otra parte, está haciendo su Museu del Disseny con criterios renovadores.

Museu de les Arts Decoratives. El programa del Año del Diseño está lleno de imaginación: propuestas divertidas, itinerarios para reencontrar lo obvio y descubrir lo impensado, debates, conferencias y exposiciones. De todo ello tiene que quedar la conciencia de que el diseño es un factor de calidad, que es tanto como decir de riqueza, de valor añadido; que este diseño global es una parte esencial de la Ciudad del Conocimiento. Y que, aunque en todas partes existe mucho diseño frustrado -lo que también se nos muestra en este catálogo de actividades-, entre nosotros, la calidad, la imaginación y la eficacia están garantizadas.


 
volver al sumario   
  barcelona metròpolis mediterrània   /   actualización octubre 2003                                   contacto _ @       imprimir