proyecto de Laura Solé, de la Escola Bau. Las escuelas deben desempeñar un papel de vanguardia en los procesos de cambio que afectan al mundo del diseño. No pueden limitarse a atender las exigencias del mercado, a menos que quieran correr el riesgo de formar a profesionales cuyas aptidudes quedarían rápidamente obsoletas.

texto Oriol Pibernat. Director de la Escuela Eina
Octavi Rofes. Subdirector de la Escuela Eina

La enseñanza del diseño: estado de la cuestión y retos de futuro
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propuresta de grafismo para  un canal experimental de televisión, Crea/tv, de Òscar BaguésUna percepción bastante generalizada en el propio sector es que la situación del diseño en Cataluña es bastante enrevesada y de difícil comprensión. Los tres factores que inciden en esta "dificultad" son:
o un número bastante elevado de centros en los que se imparten estudios de diseño;
o la existencia de diferentes titulaciones, tipos de estudios e inscripciones académicas;
o y la poca legibilidad de las diferencias pedagógicas entre la oferta de centros y titulaciones existentes, factor que se debe, en parte, a la suma de los factores anteriores, así como al desconocimiento de los orígenes, las evoluciones y los planteamientos actuales que se ponen en juego en estos tipos de enseñanzas.


Con respecto a esta percepción, también hay que decir que la complejidad que se atribuye a la situación, y que dificultaría su comprensión, ha sido el argumento esgrimido por las administraciones, tanto estatal como catalana, para inhibirse de su papel regulador -actitud mantenida durante veinte años- o para intervenir precipitadamente al margen del tejido de centros de enseñanza existente y sin reconocerlos como interlocutores. Precisamente por esta razón, resulta obligado realizar un diagnóstico, un balance y una prospectiva de la enseñanza del diseño en Cataluña que comiencen por hacer más inteligible el panorama actual y por enfrentarse a los prejuicios o a las intuiciones con explicaciones claras, para demostrar que, después de todo, no es tanta la complejidad ni están justificadas las dificultades de comprensión.

Actualmente, en el área de Barcelona existe una considerable cantidad de centros en los que se imparten estudios de diseño en diferentes niveles y que abarcan las especialidades o itinerarios tradicionales: diseño gráfico, diseño industrial, diseño de interiores y diseño textil y de indumentaria. En lo que respecta a los centros de titularidad pública, tenemos que citar dos grupos que han seguido dinámicas diferentes: las escuelas de carácter municipal o que se inscriben en la red de las diputaciones, y las que conforman la red de escuelas de artes y oficios de la Generalitat. En el primer grupo hay que destacar la Escola Massana, con una larga tradición en estudios de diseño, y la Escuela Municipal de Arte Illa de Sabadell; el segundo grupo está encabezado por la Escuela de Artes Plásticas y Diseño Llotja. Todas ellas han pasado por unos períodos críticos debido a la reformulación de los estudios de grado medio que impuso la LOGSE. No obstante, ha quedado patente que las escuelas municipales han reaccionado y se han adaptado más rápidamente y, en la actualidad, en lo que al diseño se refiere, lideran la formación no universitaria.

 


LAS ESCUELAS PRIVADAS
Hablar de la enseñanza del diseño en Cataluña es hablar también de las escuelas privadas. En su origen se suelen encontrar iniciativas de profesores, intelectuales y profesionales. Las más antiguas son Elisava y Eina, que fueron creadas durante la década de los sesenta y que, junto con Massana, son los centros decanos en la introducción del diseño como enseñanza. ESDi, Bau y Lai son otros centros privados fundados posteriormente. Todos los centros citados han buscado un marco académico universitario para vincular sus estudios. Sin embargo, éste no es el caso de otros centros privados con estudios no reglados como IDEP o IED. El panorama se completa con las carreras o estudios de diseño directamente impartidos por las universidades.
A primera vista, la relación de centros sugiere un contexto de excesiva proliferación, pero hay que tener en cuenta que, como veremos seguidamente, no todos los centros imparten el mismo tipo de carreras, y que la demanda y la adjudicación de plazas sigue manteniendo esta diversidad de opciones. Casi se podría decir, en un sentido inverso al prejuicio sobre la aglomeración de escuelas, que el elemento más innovador y peculiar de la cultura del diseño barcelonés es, precisamente, la pluralidad de iniciativas en el mundo de la enseñanza del diseño y las opciones académicas que los centros han adoptado.

Titulaciones y estudios universitarios
Projecte de fi d’estudis d’Ariadna Miquel, estudianta d’Elisava: col·lecció d’indumentària Sshhh, Tou, Mmm.Hablar de estudios de diseño puede constituir una generalización abusiva, ya que una formación en diseño se puede alcanzar en diferentes niveles académicos, en grados de especialización distintos y buscando perfiles profesionales heterogéneos. En principio, las titulaciones que existen en la actualidad responden a estas variedades y se pueden agrupar en tres bloques:
o Los ciclos formativos de grado medio o superior son estudios preuniversitarios que pretenden formar a técnicos medios en campos especializados del diseño, y son las titulaciones que se desarrollan (junto con el bachillerato artístico y con estudios no reglados) en algunas de las escuelas de las redes públicas citadas más arriba.

o Dentro del ámbito universitario encontramos, por una parte, la Ingeniería Técnica en Diseño Industrial que, en Cataluña, se imparte en la Universidad de Girona, en Elisava y en la Universidad Politécnica de Cataluña. Se trata de una diplomatura universitaria homologada, de tres años, cuya finalidad es formar a diseñadores industriales proporcionándoles los conocimientos tecnológicos necesarios para que puedan responder a las demandas de diseñadores para oficinas técnicas de empresas industriales o de ingenierías.

Por otra parte, están las facultades que, debido a la naturaleza de sus estudios, disponen de departamentos o de asignaturas directamente relacionados con los estudios de diseño; éste es el caso de la Facultad de Bellas Artes o de Comunicación Audiovisual. En realidad, estas facultades no otorgan titulaciones de diseño, ni disponen propiamente de un plan de estudios específico de diseño, pero permiten una formación en este campo inscrita en unos estudios más amplios.
o Por último, también dentro del ámbito universitario, encontramos los estudios de Graduado Superior en Diseño (GSD). El GSD es una titulación universitaria no homologada, es decir, se trata de estudios propios de cada universidad que siguen las pautas de una licenciatura de cuatro años, con planes de estudios similares, elaborados por cada una de las universidades que los imparten, pero no homologados por el Gobierno español.
Ésta es la modalidad a la que, a partir de los años noventa, recurrieron las escuelas ya existentes para avanzar en el desarrollo académico del diseño: ESDi con el GSD de la Universidad Ramon Llull, Eina con el GSD de la Universidad Autónoma de Barcelona, Elisava con el GSD de la Universidad Pompeu Fabra, Bau con el GSD de la Universidad de Vic y Lai con el GSD de la Universidad Internacional.


La Universidad Politécnica de Cataluña también imparte, a través de la Escuela de Arquitectura, el segundo ciclo de GSD. La Escola Massana imparte el graduado en Artes y Diseño de la UAB, como estudios de tres años. Estas titulaciones son las que corresponden a la formación de diseñadores más o menos generalistas que ponen su capacidad al servicio del desarrollo de proyectos en los campos del producto, de la gráfica y la comunicación visual y del diseño ambiental.
Como se puede constatar, las escuelas con una trayectoria pedagógica más consolidada se han decantado por unos estudios superiores universitarios (actualmente seis universidades catalanas otorgan el Graduado Superior en Diseño como título propio) y aspiran a que se consolide definitivamente este proceso con un último paso que conduzca a la homologación de los estudios de diseño. Precisamente en este contexto aparecen los denominados Estudios Superiores de Diseño, impulsados por la Conselleria de Enseñanza de la Generalitat. Es probable que estos estudios de tres años, "equivalentes" a una diplomatura dentro del ámbito de la LOGSE, se implanten próximamente a pesar de representar, por su naturaleza extrauniversitaria, un claro retroceso en el camino seguido por la enseñanza del diseño catalán, y de haber sido elaborados a espaldas de los centros de enseñanza y al margen de la realidad existente.

las diferentes filiaciones pedagógicas
Proyecto de edificios de oficinas Archikubik, de Kiko Tous Berga, de la Escuela Lai,Con independencia de las titularidades, públicas o privadas, o de las titulaciones, las diferencias que podemos constatar entre las distintas escuelas responden, sobre todo, a su filiación a determinadas tradiciones pedagógicas, a su evolución y al tipo de orientaciones que actualmente las anima.

La tradición más antigua se articula en torno a la idea de "arte aplicada" que da origen a las escuelas de artes y oficios. En el siglo XIX, alrededor de esta idea confluyeron tanto la voluntad conservacionista de preservar o recuperar el saber hacer de los oficios amenazados por la industrialización como el deseo reformista de "aplicar" propiedades artísticas a la configuración de los nuevos objetos como respuesta a un cierto desorden estético muy característico del diecinueve.
La huella de este legado, evidentemente actualizada por un concepto más moderno de diseño, se puede reconocer en escuelas muy notables que otorgan un papel relevante a las prácticas y técnicas de taller en el proceso de aprendizaje del diseñador. Éste aparece como un artesano muy cualificado que en su último estadio adquiere las capacidades de un proyectista; en otras palabras, supera las prácticas repetitivas del oficio para entrar en el terreno de la creación. Este tránsito del arte aplicado a un nuevo tipo de síntesis entre los conocimientos técnicos y las capacidades artísticas es el que realiza la Bauhaus (de hecho, en su primera etapa), lo que explica que, para este tipo de escuela, aquella experiencia culminante de la Alemania de Weimar todavía siga siendo un referente ochenta años después.

trabajo de modelismo industrial de los alumnos de 2º curso de diseño industrial de la Escuela Massana. La otra filiación importante arranca con los planteamientos de la Hochschule für Gestaltung, más conocida como la Escuela de Ulm. En este caso, nos encontramos frente a una escuela que nace ya como una escuela de diseño con el objetivo explícito de preparar a profesionales para el ejercicio profesional. El planteamiento formativo de esta tradición, por oposición a la anterior, tiende a excluir de los estudios el arte como fuente de creación y los oficios como aprendizaje técnico.
Esta otra semilla pedagógica para el diseño nace en plena revolución científico-técnica de la década de los cincuenta, en un momento en el que el saber científico se estructurará orgánicamente con la industria y los científicos serán empleados por las empresas. Precisamente por esta razón se persigue una formación en diseño en la que confluyen conocimientos científicos con desarrollos tecnológicos puestos al servicio de la industria.

Aunque los excesos metodológicos y tecnocráticos se abandonaron rápidamente, una vez demostrada su ineficacia, la actualidad de esta tradición se manifiesta en la orientación de los estudios como una respuesta más directa a las necesidades industriales y a las demandas del mercado. En todo caso, la competencia tecnológica se transforma en un elemento clave en la didáctica del proyecto. Existe una tradición, que no es de raíz germánica sino anglosajona, que actualiza los presupuestos pedagógicos de esta filiación y que, por tanto, podría considerarse, parcialmente, como una declinación. Sin embargo, en este caso, la racionalidad aplicada al proyecto no se centra tanto en los aspectos tecnológicos como en los aspectos mercadotécnicos. No se dan respuestas a necesidades industriales sino a necesidades de consumo; o, en otras palabras, en la corrección del proyecto adquieren mayor fuerza los argumentos de la viabilidad comercial que los de la factibilidad industrial. En uno u otro caso, lo cierto es que, en esta corriente pedagógica, la práctica de la profesión y la adaptación a las demandas económicas se transforman en el centro de la enseñanza.

Una tercera filiación encuentra su origen en la New Bauhaus, Institute of Design fundada por Molholy-Naggy en Chicago (1937-1955). El elemento distintivo de la New Bauhaus es la importancia concedida a la inteligencia visual en el proceso de diseño, como un territorio de confluencia entre el arte y la ciencia; nos referimos particularmente a las teorías de la percepción y de la interactuación cognitiva de imágenes y objetos. No obstante, lo más significativo probablemente radique en el hecho de que aquellos planteamientos inician el reconocimiento de un marco de actuación más complejo para el diseño y reclaman una actitud más crítica frente a los reduccionismos funcionalistas o profesionalistas. El diseño, para aquellos que participan de esta filiación, no es una profesión, sino una actitud.

Es posible que la onda expansiva de estas ideas influya en la reacción contra la HfG por parte de Ulm, una reacción desde la que se inician nuevas investigaciones basadas más en la experiencia estética que en la lógica deductiva, que centran la atención en la relación que se establece entre percepción y acción y que, al mismo tiempo, asumen que cualquier acto tecnológico es ineludiblemente un acto moral. La actualidad de esta tradición se encuentra en aquellas escuelas que potencian la interacción entre arte, ciencia y tecnología de la siguiente manera: reivindican las aportaciones especulativas y empíricas del arte y las incorporan a los estudios de diseño -mientras que otras escuelas prescinden de ellas-, otorgan un papel relevante a las ciencias sociales en el análisis del contexto y de los factores complejos que intervienen en cualquier proceso de diseño -en contra de un uso meramente instrumental- y entienden la tecnología como una acción de transformación de la realidad no neutral -es decir, no evitan el problema ético de la función del diseñador.

Tres propuestas de futuro
El análisis descriptivo de la situación actual de la enseñanza del diseño, más que una situación confusa y mal articulada, revela la existencia de unos fundamentos bien consolidados a partir de los que se puede configurar un sistema que responda a gran parte de los requerimientos de los diferentes niveles de la enseñanza del diseño. Ahora bien, el aprovechamiento de los potenciales de esta plataforma depende en gran medida de su articulación con el resto de agentes que participan en el desarrollo del sector. Las tres propuestas que a continuación se presentan invitan a repensar el papel que tiene que desempeñar la formación en la transformación del diseño en Cataluña.

1ª.- De la formación de diseñadores a la educación en diseño
Para centrar la reflexión sobre el peso social de la enseñanza del diseño, Gunnar Swanson ha planteado dos situaciones paradójicas que delimitan su trascendencia. Por una parte, resulta revelador que, mientras que la eficacia de un profesor de filosofía no se mide por la cantidad de filósofos profesionales que han salido de sus clases, al profesor de diseño se le valora exclusivamente como formador de diseñadores y se considera un fracaso que alguno de sus ex alumnos no acabe ejerciendo profesionalmente. Por otra parte, Swanson destaca que, si bien existe un consenso más o menos generalizado sobre la necesidad de incluir, por ejemplo, una introducción a la antropología en el currículum del estudiante de diseño, no se considera la necesidad recíproca de incluir una introducción al diseño en los estudios de un antropólogo.

Así pues, más que de educación, hablaríamos de un aprendizaje especializado durante el que se adquieren unas herramientas que no tienen otra función que la de dotar al alumno de una capacitación profesional. Esto es así siempre y cuando se limite el campo del diseño al sector restringido de la práctica profesional.
Si, por el contrario, ampliamos el alcance y pasamos a hablar de un "mundo del diseño" en el que tenga cabida la investigación, la crítica, la gestión, el comisariado o la enseñanza, es fácil constatar que los objetivos de los estudios de diseño tienen que ser más amplios y complejos, y van más allá de la estricta formación de diseñadores. Del mismo modo, si la comunidad de diseñadores se define desde este "mundo del diseño" expandido, sus miembros se dotarán de un sentido más sofisticado de su historia, su práctica y su función social. En consecuencia, si de la enseñanza del diseño se espera más que la formación de proveedores de servicios técnicos, si a las escuelas de diseño se les otorga la responsabilidad de generar discurso y promover la investigación, se abre un campo más rico y más ambicioso que el que los propios diseñadores definen actualmente como propio, un campo que atraería a practicantes de otras disciplinas que verían en el carácter sintético del diseño una oportunidad para integrar y enriquecer sus conocimientos y aptitudes.


Desfiles de moda con las creaciones de los alumnos de las escuelas ESDi y Bau.El impulso que necesitan las escuelas de diseño para dar el salto de la formación de diseñadores a la educación en diseño -un salto que supone desplazarlas de los márgenes del "sector profesional" para situarlas en el centro del "mundo del diseño"- les obliga a integrarse plenamente en la estructura universitaria. Sólo así se puede escapar de la situación que el sector profesional, que legitima su autoridad presentándose como el "mundo real", demanda y las escuelas proveen a partir de las definiciones preconcebidas de la práctica profesional. ¿Qué se exige actualmente de las escuelas de diseño? En realidad, muy poco: las instituciones les conceden un papel testimonial o, como mucho, secundario en la definición de actuaciones fundamentales como, por ejemplo, en el Año del Diseño o en el Museu del Disseny; las empresas las vinculan a sus departamentos comerciales con la organización de concursos triviales en lugar de plantear formas de colaboración en investigación, y los diseñadores las ven, con frecuencia, como poco más que agencias de colocación en las que conseguir cubrir las necesidades de formación profesional. Este pretendido "mundo real" sólo espera de la escuela que facilite la reproducción de la estructura y los hábitos rutinarios del sector, pero, eso sí, con jóvenes diseñadores preparados para enfrentarse a la última revolución tecnológica.

Desfiles de moda con las creaciones de los alumnos de las escuelas ESDi y Bau.2º.-Del estudio de mercado a la investigación académica
Si consideramos el diseño únicamente desde el punto de vista de la práctica profesional, el concepto de investigación queda reducido al conjunto de técnicas que el diseñador utiliza para entender mejor las características del encargo que ha recibido del cliente. Un uso tan restringido de las posibilidades de la investigación ha hecho que, como señala Victor Margolin, a pesar de que los diseñadores produzcan la práctica totalidad de nuestra cultura material y visual, el papel del diseño en la sociedad contemporánea sea aún bastante desconocido y que las múltiples posibilidades del diseño estén todavía lejos de ser exploradas. Aunque, de hecho, el diseño no necesita de la investigación para existir, es difícil que, sólo desde la práctica, se produzca una reflexión que haga posible la evaluación rigurosa de lo que se está diseñando actualmente, así como un debate en profundidad sobre qué se tendrá que diseñar en el futuro.

El alcance de la investigación en diseño, más allá de los estudios de mercado, debería incluir:
o el desarrollo de proyectos experimentales, quizás sin un cliente ni un encargo, pero a partir de unas necesidades y de una "audiencia" real,
o la investigación teórica que, a partir de la investigación histórica y social y la práctica analítica, permita la definición y la revisión de los marcos conceptuales, así como la crítica de los juicios de valor implícitos en la cultura del diseño, y
o la profundización en contextos específicos que, mediante "estudios de caso", permita un mejor conocimiento de la eficacia del diseño a la vez que incida directamente sobre las acciones, las actitudes y los valores de los individuos y de las comunidades, y también explore las posibilidades del diseño para conectar temas relacionados con la comunicación, la interacción, la expresión y la cognición.

Sólo desde la plena integración del diseño en la estructura universitaria -lo que requiere la homologación de los estudios propios de graduado y graduado superior en Diseño y la potenciación de los estudios de tercer ciclo- se puede crear una comunidad orientada a la investigación, con mecanismos que generen un ambiente de colaboración alejado de la lógica competitividad del día a día de los profesionales, unos mecanismos de evaluación que garanticen la consecución de estándares de rigor académico y unos dispositivos que permitan la difusión de los resultados de las investigaciones en curso.

Grafismo para el canal de televisión Crea/tv, d·Òscar Bagués3ª.- De la adecuación a la adaptabilidad
Ya se ha convertido en un lugar común afirmar que buena parte de las profesiones que caracterizarán el panorama laboral dentro de quince años no existen en la actualidad. En el caso del diseño, esta previsión parece bastante convincente: todo hace pensar que dentro de quince años aún existirán diseñadores y que, incluso, serán más numerosos y necesarios. Ahora bien, también es necesario prever que la función social, la práctica profesional y la organización del sector serán muy diferentes a los actuales. Alain Findeli ha trazado cuatro escenarios que caracterizarán la evolución del diseño en los próximos años:

1.- La desfetichización del producto de diseño: la práctica del diseño deja de verse como un acto heroico; del diseñador se espera capacidad para enfrentarse a sistemas complejos y no tanto la simple "solución de problemas" mediante un gesto demiúrgico
2.- La creciente complejidad de los encargos: el brief deja de ser una descripción convencional del producto y se centra en las nuevas repercusiones sobre contextos sociales y culturales concretos.
3.- El paso de un imaginario industrial a un imaginario terciarizado: hay que adaptar unas metodologías históricamente orientadas a la producción de bienes materiales a unas necesidades presentes que exigen proveer de servicios, a veces inmateriales, a la organización de nuevos estilos de vida en campos como el ocio, la salud, la educación o la comunicación.
4.- La necesidad de un diseño sostenible: la conciencia ambiental obliga a nuevas actitudes con respecto al entorno natural por parte de los diseñadores.


La responsabilidad de las escuelas les exige desempeñar un papel de vanguardia en estos procesos de cambio. No pueden limitarse a atender lo que "el mercado exige", a no ser que quieran correr el riesgo de formar a diseñadores provistos de unos conocimientos y aptitudes que quedarán obsoletos al cabo de poco tiempo, lo que les supondrá graves dificultades para adaptarse a cualquier transformación del sector.
Cabe esperar que en los próximos años la evolución del mundo del diseño en Barcelona obligue a la creación de mecanismos que permitan articular la transformación de los procesos de diseño con la generación de un discurso maduro y autoconsciente que haga posible una mayor comprensión de estos procesos y una amplia difusión de su trascendencia. Resolver con éxito este reto dependerá de que las escuelas asuman, y se les reconozca, un papel proactivo y no reactivo a la hora de encarar los cambios; eso obligará a redefinirlas y a considerarlas como agentes centrales en la construcción de una comunidad amplia en la que sea posible mantener un debate fructífero sobre la producción, distribución y consumo de los productos de diseño, así como del papel de los diseñadores en la sociedad.


plataformas flotantes para playas Así pues, hay que esperar que sean las escuelas las que tomen iniciativas que permitan imbricar el diseño en lo que se ha denominado sociedad del conocimiento. Asimismo, deberá ser la plena integración de la enseñanza del diseño en la universidad la que haga posible tender puentes de comunicación entre las diferentes áreas del diseño y, del mismo modo, será en la universidad donde el diseño podrá interactuar con el resto de las disciplinas implicadas en el estudio y el desarrollo de la cultura visual y material, y, por último, también desde la universidad se deberán mantener intercambios estables y provechosos con el resto de comunidades que, en todo el mundo, llevan a cabo y renuevan las prácticas del diseño.


 
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