El legado de la Barcelona judía
texto, Daniel Venteo
fotos, Enrique Marco

Prensa de barrios,
la prensa pobre

texto, Gerard Maristany i Albert Musons
reproducciones, Rafael Escudé

REPORTAJE
   volver al sumario / b.mm n. 59 2002
   

 

embarque de judíos en el puerto de Barcelona, en 1945, con destino a Palestina.El legado de la Barcelona judía
Durante la baja edad media prosperó en Barcelona una brillante cultura judía, con aportaciones de primer orden a la cultura y la ciencia, que se vio interrumpida con los disturbios de 1391 y con el decreto de expulsión de 1492 que puso fin a la presencia judía en España durante más de cuatrocientos años. Sus descendientes, y muchos otros judíos de Europa, no han vuelto a Barcelona hasta bien entrado el siglo XX.

Llegados a la península Ibérica con las rutas comerciales fenicias y de la romanización, la presencia judía en Cataluña se remonta, como mínimo, al siglo IV de nuestra era, fecha probable de la lápida judía más antigua encontrada en la Península, la famosa lápida trilingüe de Tarragona en la que figura el texto "Paz sobre Israel y sobre nosotros y nuestros hijos, amén" y el dibujo de un candelabro, entre otros símbolos. La referencia más antigua que se conoce de los judíos barceloneses está documentada a finales del siglo IX: se trata de una consulta de los judíos de la ciudad al maestro Rab Amram, de Babilonia, sobre temas religiosos y legales. De los mismos años también está documentada la intervención de un personaje llamado Judá o Judacot como emisario de Carlos el Calvo en Barcelona. Fue a partir del siglo X cuando las comunidades judías catalanas, con la de Barcelona al frente, iniciaron un proceso de crecimiento.

Un viajero judío, Benjamín de Tudela, visitó la ciudad a mediados del siglo XII y encontró que en Barcelona había "una santa comunidad (judía) y hombres sabios e inteligentes... Es una pequeña y bella ciudad a la orilla del mar a la que llegan comerciantes con mercancías de todas partes: de Grecia, Pisa, Alejandría de Egipto, la tierra de Israel, África y todos sus confines". Se trata de un testimonio excepcional de los judíos de la Barcelona medieval, en gran parte artífices de la vitalidad comercial de la ciudad.




Monumento de homenaje a las víctimas de los nazis, en la CiutadellaPor la vitalidad de sus miembros, las comunidades judías fueron muy útiles a los monarcas medievales cristianos. Los judíos también fueron una pieza clave en el proceso de repoblación de la Cataluña nueva. Sin embargo, la creación de una estructura territorial sólida, con el desarrollo de los municipios y su alta capacidad como agentes fiscales del rey, redujo el peso económico de las comunidades judías a ojos del rey (pese a que continuaban siendo una buena fuente de ingresos). Las comunidades judías ya eran, entonces, objeto de los ataques sistemáticos de la Iglesia desde finales del siglo XIII.

El período de máximo esplendor, la época dorada de los judíos catalanes fueron, sin embargo, los siglos XIII y XIV. En agosto de 1391 el asalto y destrucción de las juderías de Barcelona, Girona y Lleida acabó irreversiblemente con una realidad que empeoró aún más a lo largo de todo el siglo XV hasta el decreto de expulsión de los Reyes Católicos en 1492, que acabó con siglos de presencia judía en España, la cual tardaría más de cuatrocientos años en restablecerse.

Bajo control directo del monarca, de quien eran propiedad, los judíos catalanes medievales vivieron juntos en juderías, en catalán calls (no está claro si quiere decir calle estrecha o callejón, o si procede en cambio del hebreo kahal, comunidad), con una organización interna propia, la aljama, que, integrada por un consejo rector de sabios, dirigía los centros comunitarios: la sinagoga, la carnicería, los baños, etc.

 


La comunidad judía de Barcelona fue un centro de referencia para los judíos de toda la Europa medieval.

Son especialmente célebres las responsa de Salomó ben Adret: miles de respuestas o comentarios a cuestiones planteadas a este rabino barcelonés por judíos de toda Europa y del norte de África. También fue en Barcelona, juntamente con Girona, donde se desarrolló la afamada escuela cabalística catalana, que después de la expulsión siguió viva en los lugares a los que emigraron los judíos catalanes, donde eran conocidos como la scola catalana. Por cábala se entiende la interpretación esotérica de la ley judía, la Torá, que nació en el Languedoc en el siglo XII y se extendió por Cataluña durante el XIII con el círculo de Girona al frente, de la mano de Mossé ben Nahmán (Nahmánides).

Recientemente el historiador Jaume Riera i Sans ha podido documentar el emplazamiento de la antigua sinagoga mayor de la judería de Barcelona en la confluencia de las calles Sant Domènec del Call y Marlet. Parece que el emplazamiento de la sinagoga está claro, aunque no los restos arqueológicos que se han podido conservar.
La sinagoga es el lugar de reunión, de oración y también de estudio y formación por excelencia del judaísmo histórico. El 5 de agosto de 1391, la sinagoga, así como el resto de edificios del barrio fueron asaltados. Fue un golpe que la comunidad judía barcelonesa, como el resto de los judíos de la Corona de Aragón, no pudo superar. Se liquidó la aljama, la mayoría se convirtieron al cristianismo, sus propiedades comunales fueron expoliadas por el rey y las privadas fueron malvendidas. La torre del portal de acceso a la judería fue derribada y parte del barrio cuarteado.

hipotéticos restos de la sinagoga que existió en la calle Marlet hasta 1391, conservados hoy en el número 7 de esta calleBAJO EL PATI DELS TARONGERS

Poco después de la destrucción de la judería de Barcelona (a la que la documentación de la época se refiere), se inicia la ampliación del Palau de la Generalitat sobre les casas derruidas del Call. Cuando a principios del siglo XX se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas en el palacio, aparecieron sus restos bajo el Pati dels Tarongers. Las calles de la judería, como ha pasado en todas las épocas de la historia, fueron rebautizadas con nombres más adecuados al momento: la calle principal, la de la Sinagoga, fue rebautizada con la festividad del santo en que se produjo el asalto y desaparición de la judería, santo Domingo, el trágico 5 de agosto, y se colocó su imagen sobre la puerta de acceso a la extinta sinagoga (la hornacina con el santo todavía se conserva, pese a que su ubicación y la imagen probablemente hayan cambiado). También se rebautizó la calle de la Font, donde, como su nombre indica, se localizaba la fuente pública de los judíos, que tenían prohibido tomar agua de la fuente de la plaza Sant Jaume, reservada sólo para los cristianos a partir de 1356 aproximadamente; se sabe que a los judíos que iban a buscar agua a la de Sant Jaume les apedreaban y les rompían los cántaros. Esta calle primero se rebautizó con el nombre de calle de la Font de Sant Honorat (cuya imagen debía de estar sobre la fuente, como había pasado en la sinagoga con la de santo Domingo) y después el recuerdo de la fuente se ha perdido para denominarse, como en la actualidad, calle Sant Honorat. Vendidas sus propiedades, y confiscadas otras por la Corona, la ciudad cristiana ocupó muy pronto todo el barrio.

Y los diputados del General pudieron ampliar su sede: el actual Palau de la Generalitat.
Los judíos catalanes medievales hablaban catalán y hebreo en su vida diaria, un hecho especialmente singular en Europa, donde las comunidades judías asumían exclusivamente la lengua dominante de referencia. Los judíos barceloneses se llamaban Abraham, David, Isaac, Samuel, Salomó, Astruc, Jucef, Bonjudà, Bonsenyor, Bonhom, Bondia, Bendit, Benvenist, Caravita, Perfet, Baruc, Bellshom, Jaffia, Maimó, Vidal, Duran, y las mujeres Regina, Preciosa, Rica, Bonadona, Bonafilla, Dolça, Clara, Goig, Estel·lina, Astruga, Ester o Sara, entre otros. Hoy su recuerdo se ha extinguido completamente de la patronimia, pese a que muchas personas buscan infructuosamente rastros de un posible pasado judío en sus nombres familiares.

En 1492 se fueron todos los judíos que no quisieron convertirse al cristianismo. Su marcha fue recogida de la siguiente manera en el Dietario de la Diputación del General: "1492. Agost. Dijous a [día] II. Jueus. Entraren e surgiren en la plaia de Barchinona una gran nau de Rodes [...] e una galeassa grossa de França e VIII entre nauetes e galeons, totes carreguades de juheus que exien de Aragó, de València e de Cathalunya e eren·se enbarchats part en Tortosa e part en Tarragona, exints de dites terres per manament de la maiestat del senyor rey. Restaren·ne en Barchinona circa de XX qui·s faheren christians; los altres ab dites fustes se·n anaren la via de Levant e entre tots eren passats deu mil juheus entre homens, dones e enfants." Un éxodo que el pueblo judío ha sufrido, dramáticamente, a lo largo de la historia.

la actual sinagoga de la calle AvenirCUATROCIENTOS AÑOS DESPUÉS
Más de cuatrocientos años después de que los barcos zarpasen del puerto de Barcelona, cargados de "dones e enfants" hacia otros puntos del Mediterráneo, miles de judíos europeos llegaron por mar y tierra a la misma ciudad, ahora huyendo de la barbarie nazi de los campos de concentración y exterminio.

Durante la década de 1930 llegaron miles de judíos a Barcelona procedentes de toda Europa y de Turquía. Muchos de ellos establecieron negocios en la ciudad, como por ejemplo la familia alemana que abrió los almacenes Sepu de La Rambla, aunque muchos otros se dedicaron a la venta ambulante o a trabajar en oficios manuales. Otros, como Isaac Revah, procedente de Salónica, se establecieron en la Via Laietana, donde abrieron despachos comerciales que se mantuvieron hasta el final de la guerra.
Se estima que antes del estallido de la guerra civil, y durante la misma, llegaron más de 7.000 judíos, tanto refugiados como miembros de las Brigadas Internacionales que luchaban al lado de los republicanos. Algunos de ellos habían llegado para participar en las Olimpíadas Populares de verano de 1936, como los miembros de la asociación deportiva de trabajadores sionistas Hapoel, de Palestina, que después del 18 de julio se fueron al frente. Incluso se constituyó una brigada formada exclusivamente por combatientes judíos, con el nombre de compañía Naftalí Botwin (del Batallón Palafox de la Brigada Dombrowski), creada en diciembre de 1937 con el lema "Por vuestra libertad y la nuestra", y que publicó un periódico en yiddish, Combatientes de la Libertad.

El fin de la guerra civil española, y sobre todo de la guerra mundial, inauguró un nuevo período de cierta estabilidad, a pesar de las dificultades que significaba ser judío bajo el franquismo, obsesionado en la lucha contra la conspiración judeomasónica. El puerto de Barcelona se convirtió en septiembre de 1945 nuevamente en escenario del embarco de centenares de judíos, ahora rumbo a Palestina. Con todo, los refugiados judíos que se establecieron en Barcelona pudieron ejercer, progresivamente, su confesión religiosa hasta que el régimen, en un nuevo contexto internacional, permitió la construcción del primer edificio destinado a sinagoga y centro comunitario después de la expulsión del siglo XV. En 1956 se colocaba la primera piedra de la actual sinagoga de la calle Avenir.

No obstante, hasta los años sesenta fue habitual en Cataluña representar la matanza de los judíos durante la celebración de la Semana Santa; unas matanzas rituales, que después de las matanzas tan reales de los nazis no fueron suprimidas por el Vaticano hasta 1965. La investigadora de la Universidad de Perpiñán Martine Berthelot, gracias a un programa auspiciado por la Fundación Baruch Spinoza, ha recogido recientemente los testimonios de los judíos de la Barcelona de mediados del siglo XX en el libro Memorias judías: Barcelona, 1914-1956 (Editorial Riopiedras, 2001).


cementerio de las CortsHoy los judíos de Barcelona, tal y como ha explicado magistralmente Jaime Vándor -profesor de la Universidad de Barcelona, nacido en Viena en 1933 y residente en la ciudad desde 1947, que ha dedicado parte de su vida al estudio del judaísmo moderno y contemporáneo- son el resultado de las diferentes oleadas migratorias, desde los descendientes de los que llegaron durante el período de entreguerras, tanto sefardíes del Mediterráneo oriental como asquenazíes de la Europa central y oriental, hasta los llegados a la ciudad supervivientes de los campos nazis. En las últimas décadas la llegada de judíos sudamericanos, y también israelíes, ha diversificado notablemente la pluralidad de la comunidad judía. Desde hace unos años la Comunidad Israelita de Barcelona, hoy integrada sobre todo por judíos sefardíes, convive con otra comunidad, de carácter más abierto y progresista e integrada mayoritariamente por asquenazíes, la Comunidad Judía ATID de Cataluña.

Durante mucho tiempo, Barcelona ha vivido de espaldas a su pasado judío. Ahora parece que el distrito de Ciutat Vella (cuya concejala también lo es de Relaciones Institucionales y Culturales del Ayuntamiento, no lo olvidemos) ha apostado por la recuperación institucional de la memoria judía de Barcelona como un paso más en la recuperación de la memoria histórica y para contribuir, así, a reconocer desde la institución municipal la importancia de aquel colectivo, hoy restablecido en la ciudad, y asumir la pluralidad de nuestra sociedad con la participación de una de las comunidades que más han contribuido al progreso intelectual de la civilización occidental; resultaría fútil intentar enumerar las aportaciones de la cultura judía, entendida en un sentido amplio, a la cultura europea.

En nuestros días, la presencia judía en Barcelona contribuye a hacer realidad la ciudad de la diferencia, y enriquece de manera indiscutible la sociedad occidental, de la que ha sido uno de los motores en los ámbitos económico, social, cultural e incluso ideológico. La cultura judía sabe muy bien lo que significa la intransigencia religiosa y los deseos de homogeneización del poder dominante en cualquiera de sus formas, incluido, dramáticamente, el actual gobierno israelí, que no hace honor a la mejor de las tradiciones históricas del pueblo judío.


RESTOS CONSERVADOS


No es difícil encontrar, por las calles de la antigua judería de Barcelona, a turistas equipados con sus guías, buscando testimonios materiales de la presencia de los judíos en la ciudad. No se encuentran, prácticamente no queda nada, o al menos eso es lo que se creía hasta ahora. Los límites de la judería medieval están bastante claros: el barrio judío estaba delimitado por las actuales calles Call -que era la entrada principal en su confluencia con la plaza Sant Jaume-, Banys Nous -cuando todavía se erigía en ella la muralla romana que hoy ha quedado oculta bajo los edificios impares de la calle y que es visible en algunos tramos-, la Baixada de Santa Eulàlia, la calle Sant Sever y, por último, la actual calle Sant Honorat, que antes de la construcción del Palau de la Generalitat llegaba prácticamente hasta la calle Bisbe.

A partir de un manuscrito del año 1400 localizado por la profesora Teresa Vinyoles en el archivo de la Catedral de Barcelona, el Llibre de censos o morabatins de Jaume Colom, el historiador y archivero Jaume Riera i Sans ha podido efectuar la reconstrucción virtual de la antigua judería con la localización de sus principales edificios, especialmente el de la sinagoga mayor. (El artículo de Riera i Sans se publicó en invierno de 1997 en el Butlletí del Colegio Oficial de Licenciados en Filosofía y Letras. Aparentemente no ha tenido demasiada difusión porque el debate que ha suscitado la propuesta de localización del emplazamiento de la sinagoga mayor ha sido un debate fundamentalmente sobre personas, no sobre ideas). Una vez destruida la judería en 1391, y convertidos al cristianismo la mayoría de sus habitantes, estos tuvieron que continuar pagando unas contribuciones voluntarias que habían contraído años antes como rentas anuales con fines piadosos para la comunidad judía (mantenimiento del hospital y la sinagoga, asistencia a los necesitados, etc.).

Desaparecido el barrio judío, y su estatus jurídico dependiente de la monarquía, estas rentas, o morabetinos, pasaron a manos del fisco real, perdieron su originaria función piadosa hacia la comunidad y fueron vendidas, mayoritariamente, a un cambista cristiano, Guillem Colom, que a su vez las dio a su hijo Jaume. La importancia de este documento es que recoge el itinerario seguido, de manera detalladísima, por el procurador en sus visitas a la judería, con la indicación de 87 edificios y sus propietarios, lo que ha permitido la reconstrucción de la estructura del barrio y, como no, la localización documentada del emplazamiento de la sinagoga mayor de los judíos de Barcelona.

làpida del carrer de Marlet, copiaQUATROS SINAGOGAS DOCUMENTADAS
Los judíos barceloneses medievales disponían, como mínimo, de cuatro sinagogas documentadas: la sinagoga mayor, la sinagoga llamada "Poca" (debajo de la actual capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat), la sinagoga nueva o menor (bajo los restos de la iglesia de la Trinitat, en la calle Ferran) y la sinagoga o "escuela de las mujeres" (que ocupaba el actual solar en el que se erige un edificio exento en la plaza Manuel Ribé, en la judería), que disponían de un espacio propio para la oración dado que no cabían en otras. Se conoce su localización pese a que la certidumbre de que en la actualidad se hayan podido conservar restos materiales debe tomarse con reservas.

En Barcelona no se conserva, como pasa en Girona o Besalú, ninguna grieta para colocar la mezuzá (pequeño pergamino que contenía una oración escrita) en el marco derecho de las puertas de las casas judías, donde se podía leer la palabra "Todopoderoso" y que los devotos estaban obligados a tocar al entrar y salir. Aunque algunos visitantes de la judería buscan rastros de ellas, como el norteamericano André Aciman (de quien B.MM, en su sección Prensa Internacional del número 57, extractó un artículo publicado en el New York Times Magazine).

Barcelona, igual que Girona, cuenta con numerosos restos arqueológicos judíos, como por ejemplo lápidas con inscripciones hebraicas que han sido reutilizadas a lo largo del tiempo como materiales de construcción y que son visibles en la actualidad en el Palau del Lloctinent (en la plaza Sant Iu, delante de la puerta de acceso al patio del Museu Marès, se puede contemplar una a pie de calle), en el subsuelo de la Plaça del Rei, en el Museu Militar de Montjuïc y también al lado de la capilla románica del Poble Espanyol.

Otros han aparecido como resultado de excavaciones arqueológicas en cierto modo inesperadas, como es el caso de la colección de lápidas funerarias halladas con motivo de las excavaciones llevadas a cabo durante la posguerra en el campo de tiro de Montjuïc y por debajo de la actual carretera que conduce a él, donde hace siglos estaba situada la necrópolis judía que ha dado nombre a la montaña: aparecieron más de 170 enterramientos, con los pies apuntando hacia el este. Uno de los hallazgos más espectaculares fueron los pendientes de plata y los anillos de oro que se encontraron como restos de un ajuar. Uno de estos anillos de oro lleva una bella inscripción en hebreo: "Entre las mujeres de la tienda, Astruga sea bendecida", uno de los nombres femeninos más habituales entre las antiguas judías barcelonesas.

Dos anillos de oro aparecieron en el mismo dedo de la mano derecha de una joven enterrada. Otro, de plata, posee una inscripción en árabe. Los pendientes no se conservan en demasiado buen estado, pero recientemente han aparecido en Girona otros muy semejantes y en perfecto estado de conservación, que ayudan a hacerse una idea de cómo eran en realidad.
También, durante las obras de reforma del Pati dels Tarongers, junto con los restos de los muros que rodeaban la judería aparecieron unas lamparillas cerámicas entre los restos de las antiguas construcciones
.Desgraciadamente, desde el desmantelamiento, ya hace demasiados años, de la colección permanente del Museu d'Història de la Ciutat, los anillos, pendientes, restos originales de los baños y lápidas judías ya no se encuentran en exhibición pública, a la espera de una nueva presentación museística.

LA LAPIDA DEL CARRER DE MARLET
Es bien conocida la lápida que se puede ver en la calle Marlet de la judería. Se trata de una copia que sustituyó a la original en 1981 (la original también se encuentra en un almacén del Museu d'Història de la Ciutat) y recuerda la fundación de un hospital auspiciado por Samuel ha-Sardí, uno de los miembros más destacados de la aljama de Barcelona durante el siglo XIII. En 1820 (fecha de la construcción del edificio donde se encontraba la lápida) se colocó al lado una extensa, pero errónea, interpretación de los caracteres hebreos, que tiene poco que ver con las traducciones autorizadas modernas.

El hebraista Eduard Feliu la ha traducido como: "Fundación pía de Samuel ha-Sardí; su luz arde permanentemente".
La gran mayoría de los ricos manuscritos iluminados de los judíos medievales realizados en Cataluña se encuentran dispersos en la actualidad por todo el mundo: la famosísima Hagadà de Barcelona en el Museo Británico, la Bíblia de Cervera en la Biblioteca Nacional de Portugal, la Guia dels Perplexos de Maimónides en la Biblioteca Real de Copenhague, L'Atlas català de Abraham Cresques en la Biblioteca Nacional de Francia...
Del rico patrimonio bibliográfico judío producido en juderías como la de Barcelona no queda prácticamente nada en los archivos y bibliotecas de la ciudad.
Bien, quedan los restos que se salvaron de la destrucción de todos los libros y manuscritos escritos en hebreo ordenada por la Inquisición en 1498 y que hoy reaparecen inesperadamente: uno de ellos se encuentra en el archivo de la biblioteca de la Universidad de Barcelona como hoja de guarda de una obra teológica cristiana procedente del convento dominico de Santa Caterina.
Un indicio más -otro entre tantos- del triunfo de la Iglesia sobre el extinto judaísmo catalán. Las grandes obras de los judíos catalanes se fueron de Barcelona para no volver nunca, ni tan sólo para participar en exposiciones.

 
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