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Josep M. Montserrat
Director del Institut Botànic de Barcelona
Barcelona intenta completar la urbanización de Montjuïc desde finales del siglo XIX. La Exposición Internacional del 1929 ofrecía la primera gran oportunidad de afrontar la empresa de integrar Montjuïc en la trama urbana de la ciudad. La idea consistía en transformar la montaña en un gran parque urbano, el segundo en importancia después de la Ciutadella, pero mucho mayor y capaz de acoger las principales instalaciones y equipamientos culturales de Cataluña. Así pues, con motivo de la gran exposición, se iniciaron las obras de algunos de los jardines más notables y que se conservan en la actualidad. J. C. N. Forestier recibió el encargo de diseñar aquellos que tenían que rodear la exposición, cuyos edificios servirían, posteriormente, para albergar los principales museos de Cataluña.

cuaderno central
  Los jardines de Montjuïc, un siglo de historia del paisajismo catalán
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La influencia de Forestier en la jardinería barcelonesa fue decisiva, ya que a él le debemos el diseño de algunos de los mejores jardines de la ciudad, la introducción de numerosas especies nuevas y la formación, a través de su discípulo Nicolau Rubió i Tudurí, de una notable escuela de paisajismo y jardinería en nuestro país. Forestier había trabajado en el Servicio de Parques y Jardines de París, pero fue en Buenos Aires, en parte gracias a Carlos Thays y a su jardín botánico, donde adquirió una importante experiencia que le permitió utilizar muchas especies suramericanas en Barcelona. Hoy esos árboles imprimen carácter a nuestros jardines públicos. Aquí recordaremos las especies más notables que fueron introducidas por Forestier: la tipa (Tipuana tipu), la bellasombra (Phytolacca dioica), el jacarandá (Jacaranda ovalifolia), la eritrina Bentham (Erythrina falcata), etc.
Pero el impulso de la exposición no bastó para completar el parque. Así pues, como tantas otras veces a lo largo de nuestra historia, hicimos de la necesidad virtud, y se encargó al doctor Pius Font i Quer la construcción de un nuevo jardín botánico, anexo al Institut Botànic, que sustituyera a los dos parterres situados delante del Museu de Ciències Naturals de la Ciutadella que, hasta aquel momento, se habían intentado utilizar con este
fin. En 1930, con más voluntad que dinero, Font i Quer empezó a reunir una notable fin. En 1930, con más voluntad que dinero, Font i Quer empezó a reunir una notable colección de plantas endémicas y raras, obtenidas, fundamentalmente, en la península Ibérica, las islas Baleares y Marruecos.
Aprovechando las antiguas canteras de la Foixarda, se pretendía que el jardín completase el primer gran cinturón verde que rodeaba las instalaciones de la exposición hasta llegar a la plaza Sant Jordi, enlazando con los jardines construidos por Forestier. Al este del Palau Nacional se construyeron los Jardines de Laribal, el Teatre Grec y los Jardines de Amargós, mientras que en la parte posterior se iniciaba la plantación del Jardín Botánico, que, al final, no pasó de las dos primeras hondonadas, poco más de la quinta parte del espacio inicialmente previsto.
En 1940 se trasladó cerca del jardín el Institut Botànic que, gracias a Font i Quer y a la Junta Municipal de Museos de Ciencias Naturales, reunía ya entonces los principales herbarios y la mejor biblioteca especializada en botánica de Cataluña.

 


el nuevo Jardín Botánico No se produjeron nuevos cambios importantes en la jardinería de Montjuïc hasta que en los años setenta se construyeron dos grandes jardines temáticos: el de Mossèn Cinto Verdaguer, concebido para albergar colecciones de plantas acuáticas y bulbosas, y el de Costa i Llobera, que fue diseñado por Joaquim M. Casamor, quien contó con la decidida participación de Joan Pañella i Bonastre, profesor de botánica en la Escuela de Jardinería. Pañella era un excelente conocedor de la familia de las cactáceas y de otros grupos de especies suculentas y, junto con Fernando Riviere de Caralt, fundador del Jardín Pinya de Rosa de Blanes, realizó varias exploraciones por América y sus hallazgos permitieron describir nuevas especies, algunas muy notables.

A mediados de los años setenta, los Jardines de Costa i Llobera vivían los momentos de máximo esplendor y la colección de suculentas, especialmente cactáceas, era una de las mejores del mundo. Por desgracia, las intensas heladas de 1985 la arruinaron en gran parte. Al faltar invernaderos de producción, con ejemplares y esquejes de recambio, fue imposible reponer las especies perdidas y, poco a poco, la gran diversidad inicial fue menguando. Entre los jardines que se construyeron en Montjuïc en los años setenta aún podemos citar los de Joan Maragall, en torno al Palauet Albéniz, situado junto al antiguo Jardín Botánico.

El cambio más destacable que experimentaría la jardinería de Montjuïc en el periodo democrático fue la ampliación del Vivero Municipal Tres Pins, en donde se consolidó una importante oferta educativa orientada a las escuelas y, en especial, la construcción del nuevo Jardín Botánico. En 1986, la necesidad de construir accesos y escaleras mecánicas para los nuevos equipamientos olímpicos comprometió gravemente la parte del jardín construida en 1930. El Ayuntamiento de Barcelona aceptó el reto de iniciar las obras de un nuevo jardín botánico, mucho mayor que el existente, de modo que, en la práctica, la celebración de los Juegos Olímpicos permitiera la necesaria ampliación del jardín y resolviera definitivamente las graves limitaciones que sufría el Institut Botànic a causa del edificio que ocupaba desde 1940. Se decidió que el nuevo jardín se especializase en las plantas que viven en condiciones de clima mediterráneo en todo el mundo.

los Jardines Amargós - Teatre GrecCon el fin de reunir los recursos para construirlo y contar con la complicidad de nuestra sociedad y sus instituciones para garantizar su continuidad, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña crearon la Comisión Ciudadana de Apoyo al Jardín Botánico, presidida por Pere Duran i Farell. Se convocó un concurso público de ideas y, a partir del proyecto seleccionado, otorgado al arquitecto Carlos Ferrater, se iniciaron las obras en 1991, gracias a dos convenios del Ayuntamiento con ICONA y con el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos. En 1996, una ayuda de la Unión Europea permitió continuar las obras del jardín, que se abrió al público en 1998.

Convenio con el csic
Sin embargo, se necesitaba un nuevo edificio para el Institut Botànic, que seguía en el pequeño pabellón construido provisionalmente para la exposición de 1929. En julio de 1998 se firmó un nuevo convenio con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), según el cual el Institut Botànic pasaba de ser un centro adscrito a un centro mixto del Ayuntamiento y el CSIC. Gracias al convenio, el CSIC ha construido un edificio en el seno del nuevo Jardín Botánico, que permitirá consolidar definitivamente las infraestructuras por las que tanto luchó Font i Quer.

Los cambios aún no han finalizado y la ciudad está a punto de completar el ajardinado de la montaña, respetando los escasos restos de vegetación natural existentes cerca de las cumbres y transformando algunos equipamientos obsoletos en nuevos espacios verdes. El proyecto del Passeig dels Cims permitirá llevar a cabo la conexión peatonal entre la Rambla y las cumbres de Montjuïc, que se convertirán en la principal puerta de acceso al parque. Una densa red de jardines temáticos conectará los Jardines de Costa i Llobera con los de Mossèn Cinto y de Petra Kelly hasta llegar al nuevo Jardín Botánico, a través de nuevos espacios verdes, caminos, remontadores mecánicos y un reforzado transporte público. Desde el nuevo jardín se podrá acceder al antiguo Jardín Botánico, restaurado y abierto al público otra vez, en el que podrá observarse una reserva de altísimo valor biológico, con los árboles más altos de la ciudad, y disfrutar de uno de los espacios más singulares y encantadores de Barcelona.

La transformación permitirá desarrollar las potencialidades de un espacio tan valioso como es Montjuïc. Pero dichas potencialidades no sólo se deben a la disponibilidad de nuevos jardines, sino, y muy especialmente, a su altísima cualificación desde el punto de vista naturalista y botánico. A la especialización temática de los jardines tradicionales podremos sumar la del nuevo Jardín Botánico, que, año tras año, avanza hacia su configuración definitiva, gracias a un riguroso y eficaz mantenimiento de la Red de Parques del Área Metropolitana, al crecimiento de árboles y a las nuevas plantaciones. Las diversas orientaciones geográficas de las cumbres de Montjuïc ofrecen diferentes microclimas y la posibilidad de cultivar miles de especies, reunidas en numerosas agrupaciones temáticas. Esta impresionante gama de posibilidades confirma por fin la afirmación del botánico y viajero inglés G. Bentham, quien, en 1921, manifestó que no había visto ningún otro lugar como Barcelona en donde se pudieran cultivar tantas plantas diferentes al aire libre.

Los jardines de Mossèn Cinto Verdaguer, uno de los grandes jardines temáticos construidos en los años setenta.

"A la especialización temática de los jardines tradicionales podremos sumar la del nuevo Jardín Botánico que, año tras año, avanza hacia su configuración definitiva".



 

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