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El centenario de las agregaciones
TEXTO: Gabriel Pernau
Sant Martí de Provençals
TEXTO:Francesc Caballé
Gràcia
TEXTO: Carolina Chifoni
Sants
TEXTO: Vicenç Navarro i Lluís Puyalto
Sant Andreu de Palomar
TEXTO: Joan Pallarès-Personat
Sant Gervasi de Cassoles
TEXTO: Àngel Tuset / Amèlia Poves
Les Corts de Sarrià
TEXTO: Lluís M. Bou i Eva Gimeno
Horta - Sarrià
Fotos: Eduard Olivella
Agraïments: Arxius Municipals dels districtes de Sants-Montjuïc, Les Corts, Sarrià-Sant Gervasi, Gràcia, Sant Andreu i Sant Martí

 

TEXTO: Francesc Caballé

Sant Martí de Provençals

El "Manchester" español

En 1897, Barcelona tenía 383.908 habitantes y se agregó casi la mitad más, exactamente 175.681. En cuanto al territorio, el aumento fue más espectacular: el término municipal se cuatriplicó pasando de 15,5 a 62,3 kilómetros cuadrados. Sant Martí participó en este aumento aportando cerca de 40.000 personas -un 22,8% de los nuevos barceloneses- y 13,3 kilómetros cuadrados -un 21,3% del nuevo territorio. Además, Sant Martí ocupaba el tercer lugar en cuanto al número total de edificios que se incorporaron a Barcelona: 3.748 casas -el 20,1% de los nuevos inmuebles-, cifra sólo superada por los municipios de Gràcia y Sant Andreu.

En el momento de la anexión, Sant Martí pasó a significar una quinta parte de la nueva ciudad. De los pueblos agregados, sólo Gràcia lo superaba en población y Sant Andreu en territorio.

El antiguo territorio de Sant Martí de Provençals iba desde Guinardó hasta el mar y desde cerca de la Ciutadella hasta muy cerca del río Besòs. Su superficie, además, iba aumentando con la constante ganancia de tierras al mar. Este extenso término municipal que abarcaba la antigua jurisdicción eclesiástica de la parroquia de Sant Martí de la que tomaba el nombre, tenía, hasta bien entrado el siglo XIX, un carácter agrario, subsidiario de la ciudad vecina.

Sede actual del distrito de Sant Martí, en la plaza Valentí Almirall. Sants y Sant Gervasi son los únicos disrtitos que no han conservado los edificios de sus antiguos ayuntamientos

Diversos eran los condicionantes y los ejes de atracción de población de Sant Martí antes de la aprobación de la ley de ensanche de 1860. El carácter disperso de la población martinenca de época moderna se acentuó con el crecimiento demográfico del siglo XVIII. Su territorio estaba poblado por masías aisladas que se disponían a lo largo de los campos, siguiendo los antiguos caminos y respetando el trazado de las rieras. Las únicas agrupaciones -mínimas- se producían en Sagrera -al lado de la parroquia-, en el Clot -alrededor de los molinos del Rec (canal) y de la carretera de Ribes- y, posteriormente, en Llacuna y el Taulat. Esta disgregación de población y la consiguiente falta de un núcleo urbano consolidado, determinó, de una manera decisiva, el futuro del desarrollo económico y urbano de Sant Martí, al mismo tiempo que avanzaba cuál sería su división administrativa.

De todas formas, cuando se observa el plano topográfico realizado por Cerdà en 1855 -verdadera radiografía de la población de los territorios del llano de Barcelona-, no deja de sorprender la poca entidad que todavía tenían los núcleos martinencs comparados con otros pueblos como Gràcia, Sant Andreu o Sants. Tan sólo el surgimiento y consolidación industrial del sector de Poblenou -Icària en el plano- denota un proceso de formación urbana a lo largo del eje de comunicación con el Clot -actuales calles de Sant Joan de Malta-Marià Aguiló.

La expansión de la cuadrícula proyectada por Cerdà en su plan de ensanche de Barcelona se extendía fuera del municipio barcelonés y abarcaba los que normalmente se conocían como pobles del Pla. Este hecho no sólo afectaba las tramas urbanas que en mayor o menor medida se habían desarrollado en estos núcleos de población, sino que comportaba toda una serie de problemas competenciales de gestión y aplicación del propio proyecto.

Sant Martí presentaba la mayor superficie afectada por el plan del ensanche, de todos los pueblos involucrados. La dispersión y falta de una concentración poblacional y el olvido que hace Cerdà de las antiguas vías de comunicación que hasta entonces habían obrado como vertebradoras de la urbanización, son los factores que harán que el trazado octogonal propuesto en el plan del ensanche no respete el antiguo y débil poblamiento martinenc.

El hecho de que el arquitecto municipal de Sant Martí de Provençals fuese Antoni Rovira i Trias -el mismo autor del plano del ensanche aprobado por el consistorio barcelonés y menospreciado por las autoridades del estado que impusieron el proyecto Cer

dà-, ha supuesto que a menudo, y con cierta ligereza, se explicasen las irregularidades del trazado del ensanche de Sant Martí a partir de la rivalidad entre Rovira i Cerdà.

El parque del Clot ocupa el solar de la antigua estación de los locales de Renfe

La oposición de Sant Martí al proyecto de Cerdà es anterior a su aprobación. El consistorio hizo suyos los análisis del arquitecto Simó i Fontcuberta a quien había encargado una crítica del proyecto de Cerdà: "Se nota en el propio plano una alteración completa; desde luego ha sacrificado el autor los edificios construidos y caminos existentes, á las manzanas de casas que él pretende establecer, cortando, el dia que los planos se pusieran en ejecución, la carretera general de Francia y la que conduce a Vich y Ripoll; destruyendo así mismo la mayor parte de las fabricaciones que dan vida hoy dia a este distrito municipal".

El ensanche de Barcelona

La idea general, extendida sólo entre la clase política de Sant Martí, era considerar absurdo un planteamiento que rompía la dinámica de crecimiento de los diferentes núcleos y la supeditaba a unas alineaciones oficiales, trazadas sobre un plano, que no respetaban las vías de comunicación existentes y que mayoritariamente atravesaban campos que no se pensaban urbanizar. Exceptuando casos aislados, la obtención de rendimientos de las tierras tanto para el uso agrícola como industrial superaba los posibles beneficios de una reparcelación y urbanización del ensanche. Así, no es de extrañar que en los 37 años que transcurrieron entre la aprobación del ensanche y la anexión -años de marcado crecimiento en algunas zonas de Sant Martí-, se continuase construyendo siguiendo los antiguos ejes vertebradores del territorio. El resultado fue que, al final del periodo, ni una sola vía de ensanche comunicaba Barcelona con los núcleos de Sant Martí. Las grandes arterias deberían esperar bastantes años para penetrar en el antiguo término municipal: la Gran Via no empezó a urbanizarse hasta bien entrado el siglo XX; la Diagonal todavía es un proyecto, parece que definitivamente encauzado.

Las dificultades de ejecución del ensanche y los intentos de respetar las preexistencias hicieron que el proyecto se replantease varias veces: el arquitecto municipal de Sant Martí, Pere Falqués, presentó unas pequeñas modificaciones en 1878-79; Claudi Duran Ventura otras en 1894, sólo tres años antes de la anexión. Posteriormente, ya formando parte de Barcelona, el proyecto de ensanche se volvió a adecuar en 1909 y 1920 por Ubaldo Iranzo. Hasta entonces, su ejecución había sido prácticamente nula.

Primera sede social de la Aliança del Poblenou, entidad muy arraigada al barrio que se ha mantenido plenamente vigente hasta nuestros días

Su situación estratégica dentro del plan -por Sant Martí pasaban las principales vías de salida hacia Francia y al interior de Cataluña-, la proximidad al puerto y la riqueza de agua de sus tierras determinaron que Sant Martí de Provençals fuese una pieza clave en el proceso de industrialización y especialización textil de Barcelona. Las primeras implantaciones industriales fueron los conocidos prats d’indiana donde se blanqueaban los tejidos de algodón que se producían en la ciudad y que empezaron a proliferar a finales del siglo XVIII. Durante el siglo XIX y, sobre todo, a partir de la segunda mitad, Sant Martí de Provençals se convierte en el gran centro industrial de Barcelona. Es entonces cuando aparece la célebre comparación tildando a Sant Martí de ser el Manchester español.

El establecimiento de grandes fábricas en el sector que acabó conociéndose como Poblenou -el nombre ya lo dice todo- se produjo, fundamentalmente, a partir de la década de 1870, cuando aquellos territorios quedaron liberados de las restricciones constructivas que imponía la antigua fortaleza de la Ciutadella. De aquella época, datan los grandes complejos fabriles - algunos de notable valía arquitectónica y muchos de ellos desaparecidos ya- que daban trabajo a miles de obreros. A parte de las grandes fábricas textiles -Arañó, Ricart, Juncadella, Framis, etc.-, la industria martinenca, normalmente barcelonesa pero situada en Sant Martí, se diversificó. Sant Martí empezó a contar con una importante industria alimentaria -harinas, licores, chocolate-, tenerías, metalúrgicas y químicas, entre otros.

A menudo se identifica Sant Martí con este núcleo industrial sin tener en cuenta, sin embargo, que Poblenou ocupaba sólo una pequeña parte del territorio. El resto de núcleos mantuvieron su personalidad. Tanta era la diferenciación entre el carácter rural y disperso del antiguo Sant Martí y el barrio del Taulat que éste aprobó en 1870 su segregación intentando constituirse en municipio. El proyecto fue finalmente frustrado por la Diputación barcelonesa.

Mientras el Clot -donde se construyó el Ayuntamiento- Sagrera y Camp de l’Arpa siguieron una dinámica propia que poco tenía que ver con el crecimiento industrial de Poblenou. El caso extremo lo encontramos en la parte más alta de Sant Martí: Guinardó no conoció un verdadero desarrollo de población hasta bien entrado el siglo XX, cuando la memoria de la independencia de Sant Martí era demasiado débil para tener ningún sentido de pertenencia a una realidad histórica tan distinta.

Sant Martí debía su espectacular crecimiento industrial y de población del siglo XIX a su vecindad y relación con Barcelona. A parte de los intereses del poder local -fraccionado en los diferentes distritos municipales-, de las desventajas fiscales de una economía surgida al límite de los impuestos de la capital y del recelo de una administración distante, la oposición a la anexión se desvaneció después de 1897.