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El centenario de las agregaciones
TEXTO: Gabriel Pernau
Sant Martí de Provençals
TEXTO:Francesc Caballé
Gràcia
TEXTO: Carolina Chifoni
Sants
TEXTO: Vicenç Navarro i Lluís Puyalto
Sant Andreu de Palomar
TEXTO: Joan Pallarès-Personat
Sant Gervasi de Cassoles
TEXTO: Àngel Tuset / Amèlia Poves
Les Corts de Sarrià
TEXTO: Lluís M. Bou i Eva Gimeno
Horta - Sarrià
Fotos: Eduard Olivella
Agraïments: Arxius Municipals dels districtes de Sants-Montjuïc, Les Corts, Sarrià-Sant Gervasi, Gràcia, Sant Andreu i Sant Martí

 

TEXTO: Carolina Chifoni

Gràcia

La gran vila del llano

La burguesía barcelonesa se expandió hacia Sarrià, Sant Gervasi y también hacia la Salut, el Coll y Vallcarca. Hacia los años 60 del siglo pasado se iniciaron las parcelaciones de terrenos todavía libres que eran campos de cultivo o bosques. Fue un paso más en la domesticación y urbanización del suelo, siendo frecuente la yuxtaposición de operaciones de ensanchamiento de corto alcance, que básicamente consistía en la parcelación de antiguas fincas rústicas que estaban muy cerca o no de zonas urbanizadas.

También hubo zonas donde intentaron desarrollar el modelo anglosajón de la Ciudad-Jardín, que en Cataluña tuvo como destacado portavoz a Cebrià Montoliu (1873-1923), en un intento de asumir la descentralización urbana y la potenciación global del paisaje urbano y del paisaje natural proponiendo la urbanización global y unitaria de amplias zonas. Fueron tentativas fallidas Can Muntaner de Dalt, Can Xipreret y Can Falcó.

El 20 de abril de 1897 culminaba un largo proceso de conversaciones, debates y confrontaciones que comportó la agregación de Gràcia junto a otros pueblos del llano.

Durante los últimos años, los Josepets han formado parte de Sarrià-Sant Gervasi

Este proceso tiene sus orígenes en una sucesión de hechos que favorecieron la agregación y que en principio afectaban más directamente a Barcelona, como el derribo de las murallas (1854), la aprobación del Plan del Eixample (1859) o la ley municipal vigente que posibilitaba la agregación municipal por contacto físico del hecho edificatorio (1870). Tan pronto como el consistorio barcelonés inicia el expediente para la agregación de los pueblos vecinos (1874), la respuesta de éstos, manifestándose en contra, fue contundente.

El papel de Gràcia en este lento proceso, que se prolongará hasta el último tercio del siglo XIX, con respecto a los demás pueblos del llano, fue destacable. En la sede del ayuntamiento graciense se celebraron numerosas reuniones de los representantes de estos pueblos para intentar tomar medidas conjuntas. Pero no siempre se dio este comportamiento unitario. A menudo se daban respuestas no coordinadas. Hubo ocasiones en que Gràcia tomó la iniciativa, como con la redacción de un informe en contra de la agregación (1876), que después servía de modelo para los informes de otros pueblos. Este protagonismo no se mantuvo siempre. Se compartió con algunos pueblos sujetos a la agregación y a menudo se convirtió en un protagonismo diluido. Dentro de este largo proceso de debate de la agregación se produjeron hechos que tal vez ahora nos sorprenden, como el acuerdo al que llegó el Ayuntamiento de Gràcia al decidir crear dieciocho comisiones con tal de cubrir el territorio de Gràcia, al tiempo que llevaban a cabo una encuesta exhaustiva y concreta entre todos los vecinos, que tenían que manifestar si estaban a favor o en contra de la agregación. El resultado de esta encuesta fue en contra de la agregación.

El movimiento antiagregacionista al que se sumó Gràcia junto a otros plueblos del llano, se basaba en motivos históricos, que en el caso de Gràcia se remontaban a su pasado reciente, dentro del mismo siglo XIX. En el año 1821, con la jura de la Constitución de Cádiz por parte de Fernando VII, se iniciaba en España el periodo conocido como el Trienio liberal y progresista. Dentro de este periodo Gràcia había obtenido por primera vez la autonomía municipal aprovechando la recuperación de una ley incluida en la Constitución de 1812, donde se permitía la creación de ayuntamientos a todos aquellos pueblos que contaran con un mínimo de mil personas. Era el año 1821 y Gràcia ya superaba los dos millares de habitantes. Se acababa así un proceso iniciado después de la guerra napoleónica, puesto que ya el 12 de enero de 1816 los prohombres de Gràcia habían presentado una exposición al rey Fernando VII donde pedían la autonomía municipal, hecho que sería contestado por el monarca de manera favorable: al tiempo que la corona promovía la redacción de un informe para estudiar el tema, se iniciaban los trámites para asumir la segregación de Barcelona. Después del pronunciamiento de Riego, el 9 de marzo de 1820, Fernando VII juraba la Constitución. Y por acuerdo de la excelentísima Diputación Provincial del 22 de febrero de 1821, Gràcia obtenía su independencia.

No obstante, en el año 1823 Fernando VII favoreció el retorno del absolutismo y Gràcia, como otros muchos pequeños municipios, perdió la autonomía local, pasó a depender de Barcelona y fue considerada como un raval más. Así pues, la administración pública se restableció tal y como estaba el primero de marzo de 1820. Además se tuvo que exigir el cese de todos los jefes políticos, los alcaldes constitucionales y los jueces de primera instancia. El 30 de enero de 1924, el restituido ayuntamiento absolutista barcelonés reincorporó a su jursidicción el territorio del antiguo municipio de Gràcia.

El año 1828 los vecinos del entonces llamado barrio y territorio de Gràcia solicitaban al rey la gracia para independizarse de Barcelona y conseguir la categoría de villa con capacidad para nombrar su propio Ayuntamiento. El año 1830 el rey les concede el privilegio de ser llamada villa de San Fernando y Santa Amalia de Gracia, al tiempo que encarga un estudio exhaustivo sobre Gràcia para valorar la posible segregación de Barcelona.

Pero el año 1833 los prohombres y el alcalde de Gràcia renuncian a la categoría de villa, sorprendiendo con su decisión a los propios gracienses, elevando incluso una instancia al monarca donde renunciaban formalmente a la calificación de villa al tiempo que manifestaban su aceptación como barrio de Barcelona, dadas las numerosas ventajas y beneficios que eso les significaba. Pero un año después, se impugna esta renuncia y se inicia la reclamación a la corona para recuperar la categoría de villa. Paralelamente, el Ayuntamiento de Barcelona insistía en la voluntad por parte de Gràcia de mantenerse como parte integrante de Barcelona.

El 13 de octubre de 1849 redactaban una exposición a la corona donde reclamaban el título de villa amparándose en la ley del 7 de enero de 1845, que en su artículo número 71 recordaba la capacidad del gobierno para formar nuevos ayuntamientos en distritos que superaran el millar de habitantes.

Así y nuevamente por Real Orden, el 28 de junio de 1850, Gràcia recuperó la autonomía local al ser considerada como villa. Hecho que se hace público el 5 de julio de 1850 al ser declarada villa y en consecuencia independiente de Barcelona, configurando su Ayuntamiento provisional, nombrado por miembros elegidos por el gobernador provincial, el alcalde, Josep Pons, tres tenientes de alcalde y 14 concejales. Así lo recogía la prensa, como el Diario de Barcelona del viernes 5 de julio de 1850, donde se daba la noticia de la Real Orden que declaraba villa a Gràcia y, por tanto, autónoma de Barcelona. Era el año 1850 y Gràcia contaba con 13.548 habitantes, con un incremento anual de 444 habitantes. Se iniciaba uno de los periodos más interesantes y significativos para la historia de Gràcia, que se cerraría con la pérdida de esta autonomía local en el año 1897.

Otros motivos alegados contra la agregación a Barcelona, además de los históricos, fueron los económicos; uno de los apartados más discutidos y analizados fue el de las tasas, que eran menores en Gràcia y si ésta pasaba a formar parte de Barcelona tendría que amoldarse a la presión fiscal barcelonesa. Además se tenía la sospecha de que el pago de más tasas no iría acompañado de los mismos beneficios que gozaban los ciudadanos de Barcelona, sino al contrario, que Gràcia volvería a ser un raval más de la primera periferia de la capital, tal como lo había sido durante gran parte de su historia. Además se temía que el hecho de situarse a un mismo nivel fiscal respecto a Barcelona frenaría el asentamiento del mundo industrial y el proceso de urbanización del suelo que ya había comenzado en la primera mitad del siglo XIX. Esta preocupación se refleja de manera insistente en la documentación municipal y en el papel de la Junta de Propietarios, que aglutinaba a los principales inversores y propietarios de tierras de Gràcia, que se constituyen como una especie de grupo de presión bastante participativo en el proceso agregacionista.

Si analizamos la prensa barcelonesa como La Vanguardia o El Diario de Barcelona, veremos que el proceso fue un acontecimiento político, marcado por un claro trasfondo económico, que permitió hacer de Barcelona una gran metrópoli, con más territorio (56,6 kilómetros cuadrados), y más población (475.000 habitantes). Se insistía en el protagonismo por parte del gobierno, de los ministros de Gobernación y de Hacienda, al tiempo que se especificaba cuál sería el tipo de tributación, en las próximas dos décadas, por parte de los habitantes de los antiguos pueblos agregados con tal de unificar los criterios de tributación con Barcelona y poner fin al desequilibrio fiscal. Otro elemento que la prensa destacó fue la rápida disolución del antiguo consistorio barcelonés de 136 concejales y la consecuente configuración del nuevo, de 50 concejales, el 23 de abril de 1897, así como la disolución de los antiguos consistorios de los pueblos agregados.

Pero no toda la prensa de la época dio esta visión triunfalista de la nueva Barcelona; al igual que un exponente de un sector de la sociedad del momento, que a lo largo de los años había luchado contra el proceso agregacionista, destacamos la posición de La Campana de Gràcia del primero de mayo de 1897, donde comunicó a sus lectores la consumación de la agregación a través de la visión crítica, en forma de aleluya, de uno de sus colaboradores habituales.

Auca de l’Agregación (fragmento):
Si quieren pasar un buen rato,
escuchen este relato
Un ministro con muchos humos
nos quiere subir los consumos
El Ayuntamiento se entera
y protesta a la carrera
"¿Dos millones más de los que damos?
¡Ni hablar! No los pagamos".
La Campana de Gràcia. 1 de mayo de 1897