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El centenario de las agregaciones
TEXTO: Gabriel Pernau
Sant Martí de Provençals
TEXTO:Francesc Caballé
Gràcia
TEXTO: Carolina Chifoni
Sants
TEXTO: Vicenç Navarro i Lluís Puyalto
Sant Andreu de Palomar
TEXTO: Joan Pallarès-Personat
Sant Gervasi de Cassoles
TEXTO: Àngel Tuset / Amèlia Poves
Les Corts de Sarrià
TEXTO: Lluís M. Bou i Eva Gimeno
Horta - Sarrià
Fotos: Eduard Olivella
Agraïments: Arxius Municipals dels districtes de Sants-Montjuïc, Les Corts, Sarrià-Sant Gervasi, Gràcia, Sant Andreu i Sant Martí

 

TEXTO: Vicenç Navarro
Lluís Puyalto

Sants

Parada y fonda

Desde finales del siglo XVIII, Sants era un lugar de paso inevitable para las comunicaciones de Barcelona con el sudoeste del país. A la antigua carretera de Valencia -actual Bordeta- se había añadido, con la construcción del puente del Llobregat a la altura de Molins de Rei (1768), la nueva carretera de Madrid -actuales calles de Sants y Creu Coberta. Esta nueva vía de unos treinta palmos de ancho se convirtió, con el paso del tiempo, en el eje vertebrador del crecimiento urbanístico de Sants. A su alrededor, y desde el primer momento, se fueron estableciendo tanto hostales para atender a los viajeros y carruajes como almacenes de diferentes productos, como por ejemplo aceites, grano o alcoholes. Este establecimiento de comercios, atraídos tanto por el gran tránsito de viajeros por la carretera como por los impuestos menores que habían de soportar al no estar bajo la jurisdicción de la capital, se prolongó hasta el suburbio de Hostafrancs. Este suburbio, situado entre Creu Coberta y la Riera de Magòria, había sido territorio de Sants hasta 1839, en que fue anexionado a Barcelona intercambiándolo por una franja de terreno que pertenecía aún a la capital, situada entre el pie de Montjuïc y el límite con l’Hospitalet, que conformó lo que sería la Marina de Sants -actual Zona Franca. Este aspecto comercial aún hoy está presente.

Cuarenta años después, Riera Blanca es una calle que limita con Hospitalet. Por encima del puente circulan ahora modernos trenes de la Renfe

Cruzaban el término municipal dos vías de ferrocarril, una atravesaba el núcleo de la población y la otra, viniendo desde el Prat, cruzaba la Marina de Sants hasta su estación terminal en el puerto de Barcelona, en el lugar donde se encontraba la carretera de Can Tunis y la nueva urbanización de Sant Bertran. La primera línea en llegar fue la que cubría el trayecto de Barcelona a Molins de Rei, propiedad de la Compañía de Caminos de Hierro del Centro, y abierta al tráfico el 8 de noviembre de 1854. La Compañía estableció en el término de Sants dos estaciones: una con este nombre, donde también se instalaron talleres de reparación, fue inaugurada en 1855 y definida por Víctor Balaguer como "un bonito edificio de estilo gótico", y otra en La Bordeta. El trayecto de la línea fue ampliado en 1859 hasta Martorell y en 1868 ya llegaba hasta Tarragona. La segunda línea, procedente de Vilanova, había tenido un precedente en el proyecto de construcción de un "tranvía de Barcelona a Villanueva y la Geltrú", presentado al Ayuntamiento de Sants en 1872, que no llegó a consolidarse. El 29 de diciembre de 1881, entró en funcionamiento la línea propiedad de la Compañía de Valls a Villanueva y Barcelona. Estas dos líneas quedaron enlazadas en el trazado actual desde 1887.

Sin embargo, y desde 1875, se inició una línea regular de tranvía con animales de tiro que comunicaba la Rambla de Barcelona con Sants. En 1879, el Ayuntamiento concedió la autorización a la Sociedad Anónima de Tranvías de Barcelona para construir sus cocheras al lado de la carretera de Madrid. En 1894, se inauguró la línea de tranvía de Sants al puerto por el Paral.lel

A pesar de que la actividad agraria todavía estaba presente en Sants, sobre todo en la Marina donde algunas zonas se habían convertido en regadío desde la construcción del Canal de la Infanta en 1819, en el último cuarto de siglo la principal actividad de sus habitantes era la industria. Precedidos por el establecimiento de numerosos Prats d’Indianes, en la década de los cuarenta llegaron los grandes vapores. El primera en establecerse fue, en 1845, la fábrica de Güell, Ramis y Cía., conocida como El Vapor Vell; poco después, en 1849, se abría la fábrica de los Muntadas, La España Industrial, que en contraposición a la anterior se conoció como El Vapor Nou. A su alrededor, una serie de pequeños talleres y fábricas que les daban soporte en la actividad industrial: Herrería de San José, Fábrica Cros, Serra y Bertrand, Compañía Colonial... En 1890, se instaló la fábrica de Joan Batlló, conocida como Can Batlló, que vino a amortiguar la marcha a Santa Coloma de Cervelló, en 1890, del Vapor Vell, huyendo del activismo obrero y con el objetivo de mantener, según la empresa, "el espíritu de tradición que mantiene el respeto a la propiedad".

El desarrollo de la industrialización provocó oleadas migratorias en busca de trabajo. Así, Sants pasó de tener una población que no llegaba al millar de personas en 1800 a disponer de 25.000 habitantes el año de la agregación. Las necesidades de vivienda y servicios hicieron que se fueran ocupando las tierras existentes alrededor del núcleo antiguo: del Hort Nou hacia Hospitalet, Hostafrancs, Magòria y Les Corts de Sarrià. En 1878, se inauguró el nuevo cementerio, ampliado en 1886 en el término de l’Hospitalet. En 1893, empezaron los estudios para edificar un nuevo mercado en los terrenos conocidos como el Hort Nou, ya que el antiguo, situado en la actual plaza Osca, disponía de un espacio insuficiente.

La estación de Sants desde el paseo Sant Antoni. Antiguamente, dos linias férreas cruzaban el municipio. La una iba hasta Molins de Rei, y la otra, procedente del Prat, llegaba hasta el puerto

Sants era un pueblo en crecimiento, básicamente industrial, y por tanto de obreros. Pero también de menestrales, comerciantes y una parte de payeses. En definitiva, de composición claramente popular, población que quedaba alejada de la política institucional: bien porque el sistema los excluía -sufragio censitario, caciquismo- o bien porque su ideología se centraba en el propio rechazo del sistema -anarquismo. El rector de la parroquia había captado el cambio de los tiempos desde la llegada de los vapores: "Me retiran a todos los niños. Apenas pueden trabajar, van para ganar semanadas", y, los domingos, por lo menos, se juntaban "un centenar en el catecismo, y aun sólo van por las estampas y premios que les doy. Desde que hay vapor no vienen ni la mitad". La vida de los obreros, con largas jornadas de trabajo, viviendas pequeñas y a menudo insalubres, encontraba recreo tan sólo en las tabernas, que se convertían en centros de reunión. Estas duras condiciones de vida fueron descritas por Ildefons Cerdà dentro de sus estudios urbanísticos y, en literatura, fueron noveladas por Charles Dickens en la Inglaterra victoriana y, en un referente más próximo, en los textos del santsenc Josep Miracle.

La política de los ayuntamientos quedaba en manos de las oligarquías. En el caso de Sants, las oligarquías locales, ya que los grandes industriales no tenían más relación con el pueblo que el emplazamiento físico de su fábrica, no solían vivir en el pueblo y pagaban las contribuciones en Barcelona al tener allí, mayoritariamente, sus sedes sociales.

La posición de los prohombres de Sants frente a la agregación a Barcelona se podría calificar como mayoritariamente favorable, si bien siempre se condicionaron a una solución económica ventajosa. Al menos así hay que considerarlo después de votar a favor de la agregación dos veces entre 1876 y 1897: la primera, en 1893, y la segunda, aunque no tuvo efecto, en 1891. En 1876, la respuesta al Gobierno Civil y a la Diputación de los regidores contrasta con la que, un mes antes, en abril, había decidido la asamblea de asociados, de carácter más popular. Ésta se había manifestado por unanimidad "contraria a la agregación", mientras que el consistorio dejaba abierta una puerta a la negociación, manifestando que "por de pronto no acepta", y solicitando un nuevo plazo para resolver "con conocimiento de causa y exponer las razones en pro o en contra del proyecto".

Partidarios y detractores

El verdadero debate entre partidarios y detractores de la agregación se produjo en 1883. Después de la reunión de unos delegados de Sants con Rius i Taulet, de la cual salieron convencidos -"puede el municipio acordar se solicite de la Superioridad su agregación á la capital"-, se editó un manifiesto dirigido a los "habitantes del pueblo de Sants", en el que los agregacionistas exponían sus argumentos al tiempo que rechazaban los de los opositores. Al miedo de desatención de los intereses de los habitantes de los pueblos, los agregacionistas opusieron el hecho de que un municipio fuerte y unificado podía disponer de más recursos para hacer frente a los necesarios servicios urbanísticos y sociales que el Ayuntamiento de Sants, "en completa carencia de recursos y con un déficit considerable", no podía realizar. En cuanto a los inmediatos perjuicios tributarios que provocarían un incremento de los precios en los artículos de primera necesidad, opusieron el hecho de que precisamente la causa del déficit fue el establecimiento de derechos de consumo bajos, eso sí, atendiendo a la precaria situación de nuestras clases jornaleras", defendiendo que a la unificación de municipios le seguiría una rebaja general en los derechos de consumo. En esta situación lo mejor era pactar la agregación para conseguir lo que el vecino suburbio barcelonés de Hostafrancs había disfrutado desde su creación, de un impuesto de consumos más bajo que el de la capital, ya que los consumeros se situaron justo en su linde sin afectarlo. El 9 de abril de 1883, el Ayuntamiento votó la agregación con nueve votos favorables y 2.147 firmas, contra seis votos y 1.432 firmas, y una abstención. Sólo 3.579 firmas sobre un censo de 15.000 habitantes. Poco más de un año después, el 1 de julio de 1884, el gobierno alegó defectos de tramitación y decretó la segregación otra vez.

La agregación por Real-Decreto de 20 de abril de 1897 no deja lugar a demasiadas discusiones. En el Acta Municipal del 16 de abril aún se recogía una petición "de los gremios de esta población" para que el consistorio se opusiera a la agregación. Se decidió nombrar al primer teniente de alcalde para que se entrevistase con el presidente del Consejo de Ministros "para recabar la mayor suma de concesiones posibles a favor de los intereses que representaba este pueblo en el caso de efectuarse la agregación". Pero no hubo más tiempo de negociación. El Acta de la sesión municipal del 20 de abril de 1897 queda sin firmar. Una diligencia final, datada ya en Barcelona, el 23 de abril acreditaba "que según manifestación del Sr. Secretario del Ex-ayuntamiento de Sants el Acta que antecede está sin firmar por no haber llegado el periodo legal de su aprobación".