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El centenario de las agregaciones
TEXTO: Gabriel Pernau
Sant Martí de Provençals
TEXTO:Francesc Caballé
Gràcia
TEXTO: Carolina Chifoni
Sants
TEXTO: Vicenç Navarro i Lluís Puyalto
Sant Andreu de Palomar
TEXTO: Joan Pallarès-Personat
Sant Gervasi de Cassoles
TEXTO: Àngel Tuset / Amèlia Poves
Les Corts de Sarrià
TEXTO: Lluís M. Bou i Eva Gimeno
Horta - Sarrià
Fotos: Eduard Olivella
Agraïments: Arxius Municipals dels districtes de Sants-Montjuïc, Les Corts, Sarrià-Sant Gervasi, Gràcia, Sant Andreu i Sant Martí

 

TEXTO: Joan Pallarès-Personat

Sant Andreu de Palomar

Minicipio agrícola

La noticia más antigua que conocemos de la existencia de Sant Andreu de Palomar es del año 966 y ya por el 1052 esta parroquia había de renunciar a buena parte de su territorio para cederlo a Sant Martí de Provençals.

En el siglo XIV, al menos antes de 1297, los andresenses ya se habían constituido en Universitat dels Parroquians de Sant Andreu de Palomar, formando un comú (comunidad), escogiendo sus síndics mediante una forma de gobierno que aún pervive en lugares como Andorra. Con algunas modificaciones, esta forma de gobierno pervivió hasta 1716, cuando el Decreto de Nueva Planta abolió el Consell de Cent. Fue entonces cuando Sant Andreu se convirtió en municipio con ayuntamiento propio, alcalde y regidores.

El término del pueblo de Sant Andreu de Palomar tenía como límites el río Besòs y la riera de Horta, quedando cerrado por arriba por la sierra de Collserola, abarcando la casi totalidad de los actuales distritos de Sant Andreu y Nou Barris.

El Rec (canal) Comtal, originario por lo menos del siglo X, cruzaba todo el antiguo término y fue la primera fuente de riqueza. La abundancia de agua permitió el cultivo de la huerta, el establecimiento de molinos y, también, de una fragua. A finales de la década de 1830, se instalaron, aprovechando el caudal, el Vapor del Rec, primero, y el Vapor del Fil, después, y una serie de fábricas textiles que también se beneficiaron de la llegada del ferrocarril hacia 1854, que estableció allí sus talleres y el depósito de máquinas. La fábrica de gas, de 1856, contribuyó al desarrollo andresense.

Todo esto causó que el Sant Andreu de 1843, con 4.350 habitantes, sobrepasara los 10.000 cuando en 1875 empezó el periodo conocido como la Restauración. A pesar del claro proceso industrializador, la agricultura se mantuvo hasta que la filoxera arruinó las viñas en 1886 y, poco después, el mildíu y el oídio la convirtieron en una actividad con poco peso específico.

En 1879, el ayuntamiento barcelonés intentó, por primera vez, agregarse los pueblos del llano. Argumentaba la necesidad de desarrollar el Ensanche de Cerdà. Pero el intento no tuvo éxito. Lo volvió a intentar en 1885 y le fue desestimado por el gobierno de Madrid, que consideró que los ayuntamientos de los pueblos codiciados eran suficientemente solventes y tenían unos límites precisos y bastantes alejados del casco urbano de Barcelona.

Los paisajes son unas de las formas urbanísticas más conocidas de las barriadas obreras. A la foto, pasaje Baliarda

En 1889, clausurada la Exposición Universal, la ciudad lo intentó de nuevo; los andresenses reaccionaron airadamente y marcharon en manifestación hacia Barcelona. Por el camino se juntaron con los de Sant Martí y en la plaza de la Constitución -Sant Jaume- se unieron a las columnas de Gràcia, Sant Gervasi de Cassoles, Sants, Sarrià, Les Corts i Horta, todos con sus estandartes, pendones y bandas de música, recorriendo la Rambla y el paseo Colom, llegando en manifestación hasta el Pla de Palau, donde entregaron al gobernador civil un manifiesto de protesta por el propósito barcelonés de absorber sus municipios.

El consistorio andresense de los años anteriores a la agregación se caracterizaba por el caciquismo y la corrupción. Una pequeña oligarquía local, amparándose en el bipartidismo de la época, hacía y deshacía anteponiendo sus intereses particulares a los de la población. Esto podría explicar el por qué, en un primer momento, al conocerse el Real-Decreto de 20 de abril de 1897, los andresenses afrontasen con indiferencia la agregación, cuando no la viesen con buenos ojos, por cuanto significaba la muerte de un ayuntamiento que tildaban de inepto y corrupto.

Hay que decir que en Sant Andreu, como en otros pueblos agregados, tenían intereses económicos prohombres de la ciudad; el mismo Josep Maria Nadal i Vilardaga, alcalde de Barcelona cuando se produjo el hecho, era propietario de grandes extensiones de terreno cerca de la rambla de Santa Eulàlia -Fabra i Puig-, que estaban urbanizándose.

Pasada la sorpresa del primer momento, surgió un sentimiento de indignación, no tanto por el hecho como por la forma en que se había llevado a cabo: sigilosamente, a espaldas de la población y sin contar con su parecer. Al cabo de unos cuantos días, cuando el ayuntamiento barcelonés ordenó cerrar el matadero andresense, restringió los médicos y las recetas de farmacia de beneficiencia, anuló el teléfono público de la Casa de la Vila y redujo el horario nocturno del alumbrado de gas, y la opinión pública local se giró abiertamente en contra de la anexión.

En mayo, se reunieron representantes de todos los pueblos agregados y, el 2 de junio, realizaron una asamblea pública en el Teatre Principal de Gràcia, acordando encargar a los letrados Duran i Bas, Maluquer, Serrahima y Tort el estudio de un recurso de alzada solicitando la revisión del Real Decreto.

Aumento de impuestos

La situación se agravó cuando, a partir del primero de julio, se aplicó la nueva línea fiscal barcelonesa y los payeses y comerciantes vieron cómo los clientes de los pueblos de los alrededores rechazaban sus productos, ahora encarecidos por los impuestos del consumo de Barcelona. Al mismo tiempo, la nueva presión fiscal sobre el pan, la carne, la sal, el aceite, el jabón, el vino, etc., encarecía el coste de la vida en Sant Andreu y perjudicaba a los numerosos obreros, en situación ya precaria.

Al llegar la fiesta mayor de la Mercè de aquel año de 1897, desde el Ayuntamiento de Barcelona se envió a la plaza Comerç de Sant Andreu una cobla ampurdanesa. Fue la primera vez que se escucharon sardanas en el ex pueblo, una sardanas que todo el mundo admiró, pero que nadie bailó porque no conocían los pasos.

En otoño, aparecía el primer manifiesto de la Comissió Local de la Junta Desagregacionista, titulado Als andreuencs y, al empezar 1898, con un segundo manifiesto, se ponía en marcha una campaña de recogida de firmas que, en primera instancia, reunió las de todos los 4.255 hombres mayores de 14 años y que, a partir del 8 de mayo, se amplió a los hombres y mujeres mayores de 8 años, obteniéndose 13.317 , quedando hasta el padrón de 17.451 sólo los de los 4.314 andresenses menores de 8 años o aquellos que estaban sirviendo en el ejército. El total de firmas contra la agregación recogidas en todas partes fue de 234.127.

En la antigua calle del Pont se conserva la Casa del Oficial

Pocas son las noticias que conocemos de los trabajos de la Comissió de la Junta Desagregacionista. La mayoría provienen de la prensa local, ya que la barcelonesa silenciaba la oposición y loaba la agregación. En 1899, se encargó de la defensa del recurso presentado, al antiguo diputado por el distrito de las afueras y expresidente de la I República, Nicolás Salmerón Alonso.

Del gobierno municipal existente en el momento de la agregación se habían sorteado dos regidores, que fueron incorporados al consistorio de Barcelona. Llegados al verano de 1899, se hicieron nuevas elecciones municipales, las primeras perteneciendo Sant Andreu a Barcelona. En el ex pueblo las boicotearon cerrando los establecimientos en señal de protesta y no yendo a las urnas. Con todo se presentó un candidato, Gallarda, que fue nombrado y proclamado regidor.

Finalmente, el 21 de febrero de 1902, el Tribunal de Asuntos Contenciosos y Administrativos, el constitucional de la época, desestimó el recurso de Sant Andreu y de los otros pueblos y el hecho de la agregación devino inapelable. En aquel momento eran muchos los que habían comprendido la nueva situación. Así se entiende viendo los artículos de los nuevos semanarios locales como Distrito noveno o Vida Autònoma, o cuando en las nuevas elecciones municipales de 1901 y 1904 son escogidos regidores por el distrito IX, de Sant Andreu, abanderados de la Junta Desagregacionista como Bogunyà, Galí o Porrera.

La agregación no fue, en Sant Andreu, un simple acto administrativo sino que produjo una renovación política, un relevo; los hombres de la Restauración quedaron arrinconados por gente significada dentro de las nuevas corrientes del catalanismo. Cien años de distancia no han sido suficientes para borrar del ex pueblo un sentimiento que, todavía, no pocos sostenemos: el de sentirnos andresenses por encima de cualquier otro calificativo. El tejido asociativo andresense, buena parte heredero de 1897, es una buena muestra.