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El centenario de las agregaciones
TEXTO:Gabriel Pernau
Sant Martí de Provençals
TEXTO:Francesc Caballé
Gràcia
TEXTO: Carolina Chifoni
Sants
TEXTO: Vicenç Navarro i Lluís Puyalto
Sant Andreu de Palomar
TEXTO: Joan Pallarès-Personat
Sant Gervasi de Cassoles
TEXTO: Àngel Tuset / Amèlia Poves
Les Corts de Sarrià
TEXTO: Lluís M. Bou i Eva Gimeno
Horta - Sarrià
Fotos: Eduard Olivella
Agraïments: Arxius Municipals dels districtes de Sants-Montjuïc, Les Corts, Sarrià-Sant Gervasi, Gràcia, Sant Andreu i Sant Martí

 

 

Horta - Sarrià

Dos municipios rezagados

La agregación de municipios no acabó en el año 1897. La construcción de la Barcelona que abarcara del Besós al Llobregat y de Collserola al mar quedó cerrada en 1921 y afectó a cuatro pueblos: Horta, Sarrià, Vallvidrera y Santa Creu de Olòrdola. Núcleos muy diversos que en un primer momento no se pensó incluir en el nuevo nuevo proyecto de ciudad. Estaban demasiado lejos de la Barcelona amurallada y no hacían frontera con el nuevo Eixample.

La segunda hornada de anexiones se inició en 1904 con Horta. "El municipio no tenía ninguna importancia para Barcelona: porque era un pueblo rural, sin carretera, rodeado de montañas y con una población que apenas superaba los 4.000 habitantes. No reportaba ningún beneficio económico y políticamente no interesaba", asegura el estudioso Desideri Díez. Si Horta se incluyó en el nuevo proyecto de ciudad fue por una razón de coherencia, para completar el agujero que había quedado en el mapa después de las anexiones realizadas el año 1897.El proceso no fue especialmente controvertido, a excepción de una minoría ilustrada que conocía la oposición que la anexión había generado en Sant Andreu y Sant Martí. "La mayoría pensaba que serviría para resolver problemas de este pueblo tan dejado de la mano de Dios, en el que el agua sucia de las lavanderas bajaba por medio de las calles; y, además, se veía como un orgullo ser ciudadano de Barcelona", afirma Díez.

La Casa de la Vila de Sarrià -sede actual del distrito- fue construida en 1896.

No fue el caso de Sarrià. El suyo, fue el último municipio anexionado a Barcelona. Y después de un largo proceso. Todavía a principios de siglo, la mayoría de sarrianenses veían Barcelona como una ciudad lejana. No se quería perder la autonomía. Además del orgullo de formar parte de un núcleo que data del siglo X, tenía un ayuntamiento económicamente solvente que no les hacía envidiar nada. "Asi pues, ¿por qué aceptar la anexión?", se pregunta Mercè Palau-Ribes, autora de un trabajo, aún inédito, sobre la agregación de Sarrià. El municipio luchó con todos los medios para impedir la absorción. Y entre éstos parece que se incluía la influencia política y económica de ciudadanos de Sarrià con las altas esferas barcelonesas.

Hasta que en el año 1921 llegó lo que se intuía como inevitable. Sarrià pasó a formar parte de Barcelona. Con el nuevo pueblo, el gobierno municipal de la plaza de Sant Jaume pasó a controlar dos pequeños municipios de Collserola que nunca habían entrado en sus planes. Vallvidrera, que entre 1888 y 1890 había pedido la agregación voluntaria a Sarrià, y Santa Creu de Olèrdola, que en 1915 había seguido el mismo camino.

El municipio que quedó al margen del plan fue Sant Adrià, pese a que en algunos proyectos estaba previsto incluirlo en la nueva Barcelona.