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retratos Anna Boyé fotos Enrique Marco

Estrategias para la cultura

 

¿Hacia dónde va la cultura de Barcelona? Es una pregunta que contiene cierta dosis de prospectiva, pero que se refiere sobre todo al presente. ¿Hacia dónde queremos que vaya? La respuesta a esta cuestión implica partir de una mirada al presente, pero obliga a reflexionar sobre el futuro. Esto no se había hecho en nuestro mundo cultural hasta ahora que lo hace el Ayuntamiento a través del Institut de Cultura con el plan "BCN Accent de Cultura". De la función que debe tener la cultura, de qué hay que hacer para afrontar los retos del siglo XXI y de cuáles son dichos retos hablan Ferran Mascarell, director del Institut de Cultura de Barcelona; Jordi Martí, coordinador del plan; Joan Rigol, ex conseller de Cultura de la Generalitat, y Narcís Comadira, poeta y pintor, observador cualificado como usuario y agente activo de la cultura barcelonesa.

 

 

 

Los cinco participantes en la mesa redonda.
De izquierda a derecha, Jordi Martí, Jaume Boix (moderador), Ferran Mascarell y Narcís Comadira

jaume boix: ¿De dónde surge la idea de aplicar los métodos del pensamiento estratégico al mundo cultural barcelonés? ¿Qué alarma suena o qué es lo que hace poner en marcha un plan de estas características?

ferran mascarell: Nosotros partimos de una idea que es simple. En un mundo que va hacia eso que llamamos globalización es evidente que las ciudades no pueden diseñar futuros culturales si no buscan ideas sobre sí mismas a medio y largo plazo. En un mundo cada vez más complejo no basta con ir tirando: las ciudades tienen que abrir procesos conscientes de búsqueda de su papel. El plan estratégico parte de esta idea. Barcelona, además de aprovechar su rico patrimonio cultural e histórico, debe saber transitar en dirección a un lugar determinado en esta red universal de ciudades de cultura. Primera idea, por tanto: las ciudades deben espabilarse para definir su papel. Segunda idea: es necesario que esto se lleve a cabo desde el conjunto de la ciudad, con la complicidad de la sociedad civil y el conjunto de las administraciones. Definir el futuro cultural de la ciudad ya no es, como por otro lado no ha sido nunca, cuestión de una de las partes, de la administración o de la sociedad civil, sino de la suma de todas las partes. Así, el plan estratégico es el mecanismo para que todos juntos trabajemos por definir hacia dónde queremos ir, desde el editor o el artista plástico independiente hasta el político o el gestor que trabaja en la Administración. La tercera y última cuestión es que el sector cultural de la ciudad -el sector en sentido amplio, es decir, no tan sólo el artístico, sino el universitario, la empresa cultural, las divisiones de investigación de las industrias, etc.- tiene unas posibilidades enormes de convertirse en el protagonista principal de la transformación de la ciudad del siglo XXI.
Esto es, en resumen, el plan estratégico que se ha realizado a partir de trece comisiones en las que han participado 250 personas de todos los campos y colores. Y además, mezclados -lo destaco porque uno de los defectos del sector cultural barcelonés es que está compartimentado, que no suele haber comunicación entre los diferentes campos-: el plan los ha mezclado. Y de esta reflexión, que es la primera fase del plan, la que llamamos de diagnóstico, han salido unas ideas clave que sirven para que en la segunda fase que ahora empieza se plasmen propuestas y estrategias con un calendario que tiene dos horizontes: el 2004, por razones obvias del gran acontecimiento que se prepara, y el 2010, es decir, para cuando los que ahora tienen diez años sean protagonistas.

jaume boix: ¿Del plan saldrá alguna estructura, algún organismo estable?

ferran mascarell: No lo sé, pero el propio plan ya es uno. Ahora se constituirá una comisión directiva formada por gente de los diferentes sectores, presidentes de entidades culturales de todo tipo. De momento, será un organismo que irá marcando pautas.

jaume boix: Del diagnóstico, que supongo que significa el estudio del estado de salud de la cultura en Barcelona, ¿qué habéis deducido? ¿Qué sobra, qué falta, qué falla, qué chirría, qué funciona bien...?

jordi martí: El diagnóstico, en efecto, ha consistido en hacer una radiografía del estado de la cultura en Barcelona a fin de ver cuáles eran los puntos críticos y a la vez determinar cómo éstos se pueden convertir en retos para un futuro inmediato y, por tanto, llegar a ser proyectos de actuación. Algo importante es que el plan se plantea como un plan de acción y, en consecuencia, debe acabar proponiendo actividades concretas. El diagnóstico, muy resumidamente, ha dado dos miradas; una de ellas se ha dirigido al entorno internacional para ver cómo se está adaptando a él Barcelona en múltiples campos. Y aquí hay algo a destacar: la globalización económica comporta unos efectos culturales importantes, sobre todo la incorporación de las nuevas tecnologías de la información, que cambian incluso el propio proyecto de cultura. Así, hay que ver de qué modo BCN Accent de Cultura puede continuar ocupando un espacio en el ámbito cultural en un momento en el que las fronteras tienden a difuminarse. El diagnóstico estudia cómo está situada la ciudad ante esto.
Han surgido muchas ideas. Sobre la creación se ha dicho que Barcelona continúa manteniendo la imagen de ciudad de creadores y atractiva para la creación, pero con problemas importantes a la hora de que esta creación conecte con los sistemas de producción y distribución internacionales. En el tema patrimonial, el diagnóstico destaca el enorme esfuerzo que se ha realizado en los últimos años en Barcelona con la construcción de una nueva red de equipamientos, pero por lo visto hay que buscar los mejores sistemas para gestionarlos como generadores de cultura y no como simples almacenes. El papel de la cultura en la educación ha sido otro punto de debate muy interesante.
Yo creo que, básicamente, el plan consiste en observar el terreno cultural desde un ángulo diferente al tradicional. La cultura no sirve sólo para generar símbolos de ciudad, sino que tiene una dimensión económica creciente -la UE afirma que será el yacimiento de ocupación más importante en el futuro- porque continúa siendo una de las claves para acometer los objetivos de cohesión social que cada ciudad tiene, porque puede tener una dimensión importante en la vertebración de la ciudad metropolitana y, por último, porque la cultura tiene un efecto importantísimo a la hora de capacitar la ciudad en la esfera global, de situarla en el mapa internacional.

joan rigol: Yo he leído el diagnóstico del plan en diagonal y me ha sugerido una serie de cuestiones para mí muy estimulantes. En primer lugar: creo que habla más de la cultura hacia la ciudad que de la ciudad hacia la cultura; es decir, en el plan hay una gran preocupación por ver cuál es el perfil que ha de tener la ciudad y cómo la cultura puede implementar este perfil. Yo, por tradición de pensamiento, siempre he considerado que la cultura es sobre todo una interpelación de tipo personal (sin renunciar lógicamente a las incitaciones de tipo colectivo como el marco en el que después estas actitudes personales se van reflejando). Para mí, el punto de referencia de la cultura ha sido siempre una opción personal, una especie de autoconciencia, de regeneración espiritual. Por lo tanto, veo esta primera cuestión a debatir: ¿la cultura empieza por un proceso de necesidad que tiene el consumidor que la va exigiendo a todos los demás o ha de estar influida o inducida, o bien es la suma de las dos cosas?
Una segunda consideración es el carácter constituyente que puede tener la informática en el mundo de la cultura actual. Podemos reclamar una informática y una red de conexión que sea, digamos, la añoranza de una Sagrada Família: todos necesitamos una Sagrada Família para que sea un punto de referencia para el turismo cultural que Barcelona puede atraer. Pero para mí, por el concepto que tengo de cultura, este elemento de red informática tiene un carácter sobre todo instrumental, y a veces dudo que la proliferación excesiva de todo esto sea fruto de este deseo de las personas de ir progresando culturalmente. Por lo tanto, aquí hacemos una huida hacia delante, hacia un perfil de ciudad, que la vemos situada en el mundo de la informática, de la misma manera que se podría justificar una huida hacia atrás, hacia una Barcelona conservadora desde el punto de vista cultural.
Veo un tercer elemento de debate: el espacio cultural que reclama Barcelona. Barcelona trasciende sus propios límites, pero no sólo con la gran conurbación, sino que me parece que el espacio de cultura de Barcelona es el ciudadano, el metropolitano, y para mí es toda Cataluña. Creo que hay que tener en cuenta la importancia del hecho de reconocer que el espacio de la cultura de Barcelona no es sólo de línea de metro sino de autopista, hay que tenerlo en consideración por la connotación que tiene la proyección de Barcelona para la cultura. Identidad y universalismo, por decirlo brevemente.

narcís comadira: A mí lo que más me preocupa es esta especie de afán diseñador previo del tinglado cultural. Creo que la cultura es un resultado, no un proyecto. Considero que la cultura es el conjunto de la manera de vivir y de interrelacionarse y de producción creativa artística, estética, etc. Me parecen muy bien estos planes que hacéis de diagnosis, ver cómo está el país, eso de interrelacionar los grupos en un país que tiene tendencia a las capillitas, ponerlos en relación y acabar con esta animadversión a veces irracional que se da entre diferentes gremios..., todo esto me parece muy positivo. Ahora bien, diseñar qué tipo de perfil cultural debe tener la ciudad a unos años vista me parece peligroso. Y para retomar la metáfora de la Sagrada Família: la Sagrada Família de Gaudí la estamos destrozando y la estamos convirtiendo en algo absolutamente perverso; pues bien, resulta que incluso progres de antes que reclamaban que no se tenía que continuar, ahora defienden este pastiche horroroso porque justamente vende Barcelona. Lo que no me gustaría es diseñar un proyecto cultural que venda pero que no responda a una cosa genuina, auténtica y bien fundamentada. Es decir: no intentemos construir la Sagrada Família.
Y hay otro tema que me preocupa y es el que comentaba Rigol. Barcelona tiene diversas responsabilidades culturales. Una es la estricta como capital catalana y la otra es el puesto que ocupa en el arco mediterráneo. Existe una especie de territorio de frontera cultural que no se corresponde exactamente con las fronteras estatales y Barcelona debería ocupar un lugar en esta área. Y después está la ubicación de la ciudad en el contexto de toda Europa o global. Pero todo esto no debe hacernos olvidar las características de genuinidad. Temo que la globalidad convierta la cultura en mimetismo. A mí me gusta la diferencia, ver que en Inglaterra cierran los pubs a las once de la noche y circulan por la izquierda, y la globalización pone intensamente en peligro este trabajo en una línea más o menos propia. Para entendernos: la época de la música barroca es básicamente de alemanes; pese a que hubiera franceses o catalanes que más o menos estaban en la órbita, a la hora de la verdad los buenos eran los alemanes. El hecho de que ahora descubramos Tarradellas tiene un valor histórico, pero no creativo. Prefiero Mozart. No vayamos a caer en el error de que la globalidad disuelva las energías propias. Creo que se tendría que intentar facilitar la creatividad personalizada, por decirlo de alguna manera.

joan rigol: En mi opinión, lo que interesa para diseñar una política cultural es tener como referencia el nivel cultural real del país. Es decir, ver cuáles son los mecanismos que la gente tiene para tomar conciencia de sus potencialidades. Si trasladamos el análisis al ámbito del consumo cultural de la producción de las industrias culturales, entonces lógicamente la fuerza de la cultura es la fuerza de estos sectores. Pero no podemos reducirlo a este nivel porque cuando hablamos de nivel cultural en estos términos caemos casi necesariamente en el reduccionismo del método de una encuesta: cuántos aparatos de radio o televisión tiene, si hay libros en casa, si se va al cine, a pasear, etc. En cambio, hay un análisis cualitativo que me parece imprescindible. Por ejemplo: para mí hoy en día es fundamental una política cultural que englobe el sistema educativo y la televisión. En el plan estratégico esto aparece, pero para mí no con el énfasis necesario.

narcís comadira: Me pregunto si una administración tiene derecho a injerirse en la conducción de la creatividad de la sociedad.

Escaparate de discos compactos. El plan estratégico "BCN Accent de Cultura" hace un diagnóstico de la cultura barcelonesa y apunta algunas líneas a seguir para que el proceso de globalización actual no conduzca a una uniformización.

 

ferran mascarell: Lo que me pregunto es cómo puede ser que de lo que hemos dicho hayas podido deducir eso. Yo comparto la opinión de que la cultura es un resultado y no un proyecto, pero tú, como persona del mundo de la cultura, ¿no pides al país una determinada densidad para que tus resultados creativos se puedan producir? Pides un estándar de teatros, de salas de conciertos, de museos, de exposiciones, etc. que te permitan ejercer tu actividad. Sin este estándar, sin esta densidad, el sector creativo tiene dificultades para desarrollarse. No estamos hablando de diseño de la creatividad de las personas y menos de ninguna injerencia. ¡Evidentemente!

narcís comadira: Bueno, lo supongo.

ferran mascarell: No lo supones, no; lo sabes, lo vives. Tú has tenido una práctica concreta de relaciones con el mismo Ayuntamiento que propugna esto y siempre lo has hecho desde tu libertad creativa. No es incompatible dar fundamentos para que la gente pueda trabajar y hacerlo sin marcar ninguna dirección. Sería muy peligroso si se hiciera, si el planteamiento fuera: creemos densidad de país o de ciudad a cambio de dificultar, de dirigir o de limitar la libre expresión. Eso es inadmisible. Lo que decimos, y estamos llevando a cabo, es: sin un estándar de instrumentos, la creación y el consumo tienen dificultades y los creadores y los consumidores se quejan, con razón, si no hay bibliotecas, librerías, editoriales, salas de teatro, festivales de teatro, de danza, etc.
Otra cosa que me ha parecido interpretar y que consideraría un prejuicio: no veo por qué diseñar futuros colectivos es incompatible con la identidad. Más bien creo lo contrario. Si las ciudades no tienen fuerza para mantener sus identidades, la globalización se las comerá. Si no tenemos capacidad de producir cosas propias desde la inteligencia de los creadores como tú, la globalización significa que consumiremos lo que produzcan los demás. Y eso es lo que nos armonizará por la vía negativa. Así pues, ¿qué tenemos que hacer nosotros? Espabilarnos para que la ciudad tenga capacidad de producir cultura a partir de la actividad de los creadores, a partir de empresas, entidades públicas y privadas; para que la globalización nos permita existir. Porque, si no, la globalización representa Los Ángeles haciendo cine y Londres exportando música. Las culturas pequeñas como la nuestra tenemos que preocuparnos de esto. Nuestro consumo aumenta, pero qué se consume: Hollywood y Londres, ¿Y nuestra cultura? Tenemos que preocuparnos de diseñar futuros, porque si no lo hacemos, el estándar de la globalización acabará con las identidades globales.

narcís comadira: Lo que yo quería decir, o más bien advertir, es el peligro de que estos futuros se diseñen excesivamente.

joan rigol: Estoy de acuerdo en que en un marco global tenemos que encontrar la identidad específica de Barcelona, pero tenemos la obligación de hacerlo utilizando un sentido crítico de cómo va la globalización en este momento. Es el primer deber de la propia cultura. Si Los Ángeles hace cine y Milán diseño, en Barcelona tenemos que poder hacer lo que sea leyendo muy bien cuáles son las especificidades que Barcelona lleva en germen.

ferran mascarell: Yo creo que la ciudad las tiene muy bien definidas estas especificidades, y de lo que se trata es de fortalecerlas.

narcís comadira: Discrepo. ¿La ciudad las tiene muy bien definidas? No lo veo claro. Si me dan a elegir entre una película realizada en Los Ángeles y una hecha en Barcelona, yo inmediatamente escogeré la primera porque sé que estará mejor y me lo pasaré bien. ¿Qué quiere decir eso? Que el cine que hacemos aquí no tiene suficientes medios ni gente, etc. En ciertos campos no podemos aspirar a competir nunca.

ferran mascarell: Yo he visto últimamente, por ejemplo en el festival de Sitges, películas hechas en Barcelona de gran dignidad.

narcís comadira: De una gran dignidad, sí. Yo también he visto cosas bien hechas. Lo que quiero decir es que lo que no podemos hacer nunca es competir desde nuestra dimensión tan pequeña con la inmensa capacidad que tienen otros.

ferran mascarell: No veo por qué tenemos que claudicar. Debemos luchar por tener la posibilidad de que la gente que posea talento, instinto creativo en el terreno audiovisual o en el que sea tenga los instrumentos que le permitan expresarlo. Y no verse obligado a decirle: "Chico, vete a Los Ángeles". O a Madrid.

narcís comadira: No, evidentemente.

joan rigol: Tendríamos que ser muy imaginativos para determinar cómo una cultura minoritaria como la nuestra puede entrar de una manera u otra en los circuitos universales. Por ejemplo, he leído recientemente algún ensayo hecho en Cataluña —un género en el que dicen que vamos mal— que si lo publicase Gallimard sería un éxito mundial. Me gustaría mucho que la gente que escribe tuviera la oportunidad de publicar fuera y contar con una difusión internacional. Pero fijaos que en este esquema, lo que estoy pidiendo, es fomentar una creatividad personal y proyectarla universalmente. Prefiero esto, esta expresión de cultura de creatividad personal, a un sistema impersonal.

ferran mascarell: Me parece que estamos diciendo exactamente lo mismo. Yo decía que Barcelona tiene bien definidas las especificidades culturales propias y parece que Narcís no lo veía demasiado claro. Pues mira: Barcelona siempre ha tenido una característica que debemos mantener como prioritaria y es que detrás de toda acción cultural el primer escalón de la escalera, el básico, es el elemento creativo, el talento, el valor añadido, todo eso que se da en un artista plástico, un músico, un ensayista o un novelista, tanto da. Es importantísimo que Barcelona, que es como decir la cultura catalana, ponga este factor personal como prioritario de la cadena. Hay otro elemento muy propio: una idea de cultura participada, cívica, plural, democrática. Estas dos características son básicas, son dos especificidades de la cultura en Barcelona.

joan rigol: Esto que dices es lo que quería decir. O sea, estamos de acuerdo.

ferran mascarell: Déjame añadir algo más respecto al espacio cultural que apuntabas como preocupación. Barcelona es, afortunadamente, la capital de una cultura minoritaria y las culturas minoritarias en los momentos presentes han de ser muy ayudadas por el país y las administraciones. Y es muy importante que estas culturas tengan una ciudad, una capital cuya existencia se visualice en la geografía universal. Uno de los déficits más grandes que tenemos es éste. Cualquier reticencia entre el gobierno del país y la ciudad capital es mala para la cultura. Por lo tanto, la cultura catalana necesita una capital fuerte que tenga voz en el contexto internacional. Además, desde el punto de vista de la geografía, Barcelona ya no es sólo la ciudad ni la metrópoli, ni siquiera Cataluña: tiene presencia en el sur de Francia, en las islas, en Valencia, en Aragón... Hay algo que se apunta en el plan estratégico y que nos parece esencial: se nos sugieren dos papeles posibles de dimensión internacional de Barcelona. Uno es Latinoamérica y el otro el Mediterráneo. Son unas vías de proyección evidentísimas para Barcelona, cultural y geográficamente, físicamente.

joan rigol: Sí, pero cuidado. Si preguntas a cualquier director general del ministerio de Asuntos Exteriores cuál es la prioridad de la política exterior española te dirá que son Latinoamérica y el Mediterráneo, concretamente el Magreb. Por lo tanto, aquí la proyección de Barcelona o va directamente o pasa por Madrid. Te explicaré un caso de mi época de conseller. Cuando se hizo la muestra Europalia, el señor Solana, entonces ministro y por otro lado muy amigo mío, cogió a Tàpies y a quien fuera y los hizo ir a Bruselas pasando por Madrid. Esto es un handicap real. Real en el sentido de que Barcelona, que ciertamente ha de proyectarse en estos espacios, el Magreb y Latinoamérica, encontrará un competidor en este diseño de personalidad propia precisamente en las estructuras del propio Estado.

ferran mascarell: Pero si en algún espacio tiene sentido hablar de federalismo radical es en el de las diferentes culturas que existen en España.

joan rigol: El arco mediterráneo es el espacio que creo que tiene la dimensión que Barcelona puede abarcar, que tiene capacidad de convocatoria, que rompe espacios convencionales que ahora están consolidados y que representa un futuro importante. Quisiera que esto no se olvidara pese a que todas las editoriales miran hacia Latinoa-mérica.

ferran mascarell: Estoy de acuerdo con lo que comentas del Mediterráneo, pero con Latinoamérica hay una oportunidad inmensa. Un catedrático americano decía hoy en un periódico: "La Universidad de Barcelona podría ser el paraíso mítico de todos los estudiantes latinoamericanos". Y yo me lo creo. Nosotros el año pasado lo experimentamos en el Grec con el país invitado, que era Colombia: el éxito de la convocatoria, el deseo, las ganas, la voluntad de los creadores latinoamericanos -musicales, teatrales, literarios- por estar presentes en Barcelona eran enormes. No existe ninguna razón para que la cultura catalana no pueda jugar este papel de punto de encuentro entre territorios diferentes y alejados. ¿Tenemos que competir con Madrid? Quizás sí; hace muchos años que lo hacemos en todos los campos.

joan rigol: Todo esto que dices era así de una manera excelente cuando en Barcelona se ubicaba esta capital de la libertad, de la tolerancia y de la democracia underground. A la que Madrid deja de tener las connotaciones que tenía, empieza a llegar el bajón.

ferran mascarell: No acabo de entender bien esta insistencia. No sé si sólo dices que la proyección de Barcelona no es fácil o bien si lo que quieres decir es que tenemos que renunciar a esta proyección.

joan rigol: No, renunciar no. Lo que digo es que el punto fuerte de nuestra especificidad, y me adhiero a esta opinión sin reservas, es esta creación de nuevos espacios no convencionales, que es lo que hacen los políticos a largo plazo. Permitidme una derivación: seguro que al final de la Segunda Guerra Mundial Europa no valía un duro para ningún político convencional, pero Adenauer, De Gasperi y unos cuantos más fueron capaces de apostar por ella y crear un espacio nuevo. Barcelona puede competir con fuerza en la creación de estos espacios como el arco mediterráneo.

jaume boix: Me sorprende —un poco, tampoco mucho— que estemos hablando de proyección, de espacios de relación cultural y que se citen el Magreb, el Mediterráneo, Latinoamérica, Europa y, en cambio, nadie, quizás sea un lapsus, haya hablado en ningún momento de España si no es, como decía Rigol, como competidora, como rival, como handicap. Como si culturalmente España no fuera un campo naturalísimo de proyección y de relación cultural para Barcelona y Cataluña. Os recuerdo que estamos hablando desde la capital de la edición en lengua castellana.

Exposición fotogràfica sobre Cuba organitzada per FNAC a la plaça de Catalunya

 

narcís comadira: Existe un problema de relación que hasta que no se resuelva provoca cierta animadversión entre Cataluña, Barcelona y el resto de España. De momento, yo sería partidario de abrir frentes en los lugares en los que nos quieren, y a los que no nos quieren estar una temporadita sin verlos.

ferran mascarell: Yo esto lo veo de otro modo. La cultura catalana, o si queréis la que emana de Barcelona de los años sesenta y setenta y los primeros ochenta, es una cultura extraordinariamente reconocida en toda España precisamente por los valores básicos de los que hablábamos: valor creativo, valor democrático. Sólo hay que recordar el aprecio, los éxitos de Raimon y la Cançó, el teatro, el diseño... A partir de principios de los ochenta se produce este distanciamiento, un fenómeno que, claramente, tiene dos direcciones. A mí no me gusta ser injusto con los demás: es un efecto de dos direcciones, de allí y de aquí, que hace que el resto de España ya no entienda la cultura catalana como la había entendido hasta entonces. Ya no hablo de Madrid, hablo por ejemplo de las Canarias. A grupos de marionetas de allí que venían cada año al festival se les dice de repente que ya no pueden volver a venir porque las subvenciones sólo se dan a los de habla catalana. Claro, se van muy educadamente, pero ¿qué imagen quieres que se lleven de aquí? ¿Y cómo quieres que inviten a catalanes allí? En este problema la política del Gobierno de la Generalitat no ha sido neutral. Continúa habiendo una mirada muy positiva sobre la creatividad catalana, pero existe un problema de relación inducido, claramente inducido.

joan rigol: Si me preguntan cuál es la proyección internacional que debe tener la cultura catalana desde un ámbito nacional, yo respondo que este ámbito es España. Clarísimamente. ¿Por qué? Porque el lugar natural y racional a través del que Cataluña se ha de proyectar al mundo pasa por España por muchas razones. Ahora bien, ¿por qué no se da? Se pueden criticar políticas que se hacen aquí basadas en la afirmación de una identidad ante alguien que se te quiere comer, pero también está la verdad real: cuando le pides a España que sea generosa a la hora de asumir la cultura catalana te dice que ni hablar. España tiene un problema histórico muy fuerte, que es que todo aquello que no puede hacer a través de un imperio que se derrumba en 1898 lo proyecta en el interior de la península. Y este es el gran reto de España y que hoy por hoy no está dispuesta a superar. Por lo tanto, afirmo que racionalmente tendríamos que usar a España, pero constato que España no tiene ningún interés en proyectarse como un ámbito de relación entre culturas.

jordi martí: Tengo la impresión de que los retos que tenemos desde la cultura de la ciudad y la cultura catalana en cuanto a su proyección son similares a los problemas que pueden tener otros espacios del territorio español. Posiblemente lo, para internacionalizar nuestra producción, hace falta superar esta confrontación, porque todo lo que hagamos que no esté relacionado con estrategias más globales tendrá dificultades. Por ejemplo, si hay intereses estatales para proyectarse en Latinoamérica, tenemos que ir de la mano. Porque es la única posibilidad de tener una proyección real. En todas las comisiones del plan, tanto creadores como personas que tienen industrias culturales, gente de todos los ámbitos nos han pedido que haya pactos de las instituciones públicas. Si no hay elementos que aúnen la actuación en materia cultural en la ciudad, en el ámbito catalán y estatal, habrá asuntos que será imposible afrontar, como el cine. Y, en cambio, estos debates que teníamos ahora distraen del principal peligro, del peligro real que representa la globalización, porque los poderes económicos vinculados a la cultura cada vez son más potentes y cada vez dejarán menos espacio para que las culturas pequeñas –incluyo a la española— puedan hacer circular sus creadores, los pensadores, los artistas, sus voces.

joan rigol: Estoy absolutamente de acuerdo en que hay que pactar y en que hay que hacerlo con el Estado para tener esta proyección. Ahora bien, en la idea de pacto cultural todo el mundo está dispuesto a pactar en función de la necesidad, de lo que necesita una institución de la otra para salir adelante. Este pacto es relativamente fácil de establecer. Pero lo que es muy difícil de hacer en España es el pacto del futuro, en el que se acepta no sólo la necesidad sino compartir proyectos diferentes. Y esto tanto aquí como allí. Por lo tanto, los pactos posibles son pactos circunstanciales: si hay, pongamos por caso, un grupo de pintores que necesitan una proyección en Latinoamérica y el ministerio de Cultura tiene un programa, no hay ningún problema. Pero no es este el tipo de pacto que nos da proyección a la hora de diseñar la pervivencia de nuestra voluntad cultural: en esto ya no está de acuerdo ni el ministerio de Cultura ni, dejadme decirlo, las demás instituciones.

ferran mascarell: Comparto esta opinión si nos referimos al mundo de la relación estrictamente política, pero no si hablamos en términos reales o civiles. En la realidad, los mundos culturales se mueven en unas geografías en las que el debate político e ideológico sobre España no es el mismo que aquí plateamos. Por ejemplo, el mundo editorial está trabajando en un espacio cultural propio, que es Cataluña, en un espacio cultural que consideran propio los que editan en castellano, que es España, y en un espacio internacional que consideran el mercado natural, que es Latinoamérica. El mundo del teatro trabaja en dos espacios culturales: uno que consideran propio, natural, que es el catalán, y otro que consideran absolutamente propio —quizás no natural, pero sí propio—, que es el español. Respecto a la danza, lo mismo. Y todo esto no tiene nada que ver con la definición política de los actores, los directores, los editores o los galeristas de arte. El mundo de la realidad es uno, y el político, otro. En este último, coincido contigo, en España la comprensión de la pluralidad cultural y lo que esto representa como explicación de procesos culturales no idénticos que se han alimentado mutuamente, mucho más de lo que el museo de historia de Cataluña nos quiere hacer creer, pero que ciertamente provocan resultados, estéticas, nombre propios diferentes, esta comprensión, decíamos, continúa siendo difícil en el mundo político.

joan rigol: En esto que dices hay una gran pregunta de fondo que no sabría responder. Esta ambigüedad que hace que vaya por un lado la política y por otro la realidad, ¿a quién favorece? ¿Favorece la definición del perfil cultural propio de Barcelona y la cultura catalana o la disolución dentro de la globalidad?

jordi martí: Este problema político del acoplamiento de Cataluña y España puede ser más bien un freno a la proyección de la identidad propia. El bajón de la industria cultural de Barcelona, los problemas del sector cultural, todo esto no lo arreglan debates políticos de esta naturaleza. Al contrario.

joan rigol: Así pues, el estatus actual va en contra de Barcelona.

ferran mascarell: En eso te doy la razón. Ciertamente. El estatus actual hace que Barcelona, capital de una cultura, no tenga el apoyo del Estado equivalente al que tiene Madrid, capital de otra, si queréis. Nuestra autonomía, nuestra fracción de Estado no es en modo alguno favorable a la ciudad de Barcelona. Tenemos, en cambio, algo que lo contrarresta y que es muy importante, la actitud de la sociedad catalana, del sector cultural, que es muy consciente de que tiene que espabilarse solo. Conozco a mucha gente del sector editorial, por ejemplo, que es muy consciente de que ya no podemos seguir tan tranquilos dejando pasar el tiempo ajenos a la actual situación. Barcelona no tiene una autonomía que juegue a su favor.

joan rigol: En términos estrictamente políticos, Barcelona busca su identidad a través de la cultura y la política de la Generalitat de Cataluña busca su identidad a través de la cultura. Y ninguna de las dos es capaz de sustraer la política de la lucha partidaria, porque es un instrumento de identificación.

ferran mascarell: No. No puedo estar de acuerdo en esto.

narcís comadira: Yo tampoco. Sospecho que el Gobierno de la Generalitat, por razones partidistas, frena la actividad de Barcelona, que es precisamente la que ha salvado la cultura catalana. Si Cataluña no hubiera tenido una ciudad como Barcelona, Cataluña no existiría ni como cultura ni como país. Y me parece que este lastre que el Gobierno de la Generalitat ha puesto y está poniendo a las iniciativas de la capital va en contra de lo que justamente tendría la obligación de defender, que es la cultura general del país. Frenar el caballo que tira del carro es una contradicción enorme.

joan rigol: Es cierto que, en el terreno administrativo, la Generalitat y el Ayunta-miento han tenido unos contenciosos que han comportado problemas. En el momento constituyente de la Cataluña política autonómica todos se enrocaron en sus planteamientos.

ferran mascarell: Discrepo. En Cataluña ha habido un momento constituyente de política cultural, uno tan sólo, y sabes que lo defiendo siempre de palabra o por escrito: el momento constituyente que hubiera podido dar buenos rendimientos en términos colectivos, que es el que diseñó un conseller de Cultura que duró poco y que se llama Joan Rigol.

joan rigol: Pero fue imposible.

ferran mascarell: Sí, y no a causa de la oposición, sino por la, digamos, dinámica propia del Gobierno catalán. En aquellos meses, desgraciadamente cortos, en los que tú, Joan, desde el Gobierno de la Genera-litat intentaste el pacto cultural con las demás instituciones hubo la esperanza, la posibilidad de poner la cultura en el lugar que le tocaría, que le tocaba y que nunca ha ocupado. Por desgracia, aquello duró poco. Y no fue la oposición la que lo frustró, lo sabes perfectamente.

joan rigol: En primer lugar, quiero manifestar mi solidaridad con la formación política que represento. Y después recordar que, pese a todas las percepciones políticas en este debate, existe una realidad que es una asfixia económica considerable. No tenemos por habitante lo mismo que tiene un ciudadano vasco y esose nota en una política que cojea. Si la Generalitat es un fragmento de Estado —expresión que me gusta emplear—, tendría que serlo también en la parte que le corresponde. Pero es cierto que no hemos sabido poner la cultura como el gran símbolo de la política catalana. Ahora bien, vosotros decís que es por culpa de aquellos a los que yo represento, yo digo que la gente que represento tiene una parte de culpa, pero no toda.

El Palau Robert, uno de los equipamientos culturales de la Generalitat a Barcelona

 

narcís comadira: Yo tengo incluso otra percepción formal: donde está la Generalitat por medio las cosas son de un mal gusto...

joan rigol: ¡Hombre...!

narcís comadira: Sí, sí, no es una boutade. La estética del Gobierno de la Generalitat va justamente en contra de esto que defendemos como característica de la cultura barcelonesa y catalana. El Teatre Nacional, muchos museos comarcales... Existen unos excesos de mal gusto, como de nuevo rico, justamente lo que no es la cultura catalana. Está clarísimo, es una estética, una imagen. Si Barcelona hubiera caído en manos de Convergència en lugar de socialistas, no habría habido juegos olímpicos, y si los hubiera habido, ya veríamos qué Palau Sant Jordi tendríamos.

ferran mascarell: Yo creo que en el ámbito cultural es donde se han expresado las máximas disfunciones o actuaciones negativas del Gobierno de Cataluña porque me da la impresión que ha habido una idea abusivamente instrumentalista del hecho cultural respecto al político. Joan Rigol representa justa- mente el momento en el que se intenta construir el ámbito cultural. Y fracasa. Es el único momento en el que se intenta construir una estética, una suma, un pacto, un mecanismo que seguramente nos permitiría decir en estos momentos que este sector cultural no está, ni en términos presupuestarios ni de realizaciones, a la cola de la obra de Gobierno. Decías que no contamos con todos los recursos. No, pero en términos porcentuales el apoyo a la cultura por parte de la Generalitat es ínfimo, está a la cola, no llega proporcionalmente, si se hacen bien los números, ni a la quinta parte de lo que destina el Gobierno francés. Porque Francia le dedica el 11% del presupuesto y la Generalitat dice que un 0,8%, pero el 0,8% de unos presupuestos que no incluyen, entre otras, dos de las partidas que proporcionalmente los engrosan más: defensa y exteriores.

joan rigol: Creo que efectivamente existen dificultades de diálogo. Pero también creo que los retos que tiene Barcelona como ciudad y Cataluña como cultura o se afrontan con esta sinergia o mal andaremos. Y, por tanto, ver quién tiene la culpa para mí tiene un interés relativo. Lo que me interesa es buscar caminos de complementariedad.

ferran mascarell: Esto es lo que hace el plan estratégico. Hemos propuesto a la Gene-ralitat que esté presente. Está todo el mundo.

jordi martí: En los debates del plan nos hablaban mucho de esto que pasa con los presupuestos de cultura, que no están a la altura que correspondería. Yo creo que hay que ir hacia una nueva concepción del gasto en cultura y educación, entendida más como inversión que como gasto, que es como tradicionalmente se ha considerado. Y diría que una de las claves de este pacto interinstitucional que se pide consistiría en consolidar la financiación de estas dos líneas con un protagonismo que no ha tenido hasta ahora. Ya sé que puede parecer obvio, pero hablamos mucho del acoplamiento de Cataluña y España y de problemas tan supuestamente graves, cuando detrás lo que va pasando es que avanza el pensamiento neoliberal que va dando menos peso a la intervención del Estado. El gasto en cultura y educación tiene que crecer mucho en los próximos años.

joan rigol: De acuerdo, de acuerdo. Pero tenemos que ver qué tipo de inversión hay que realizar. Es decir, en el noucentisme nosotros teníamos un cierto paradigma de ciudadano culto del país y hoy en día esta demanda de civismo, de civismo cultural, no existe. Tenemos otro personaje, el consumidor-productor, y de ahí no salimos. ¿Cuál es la demanda que hacemos desde nuestra política para superar este estadio? No existe. Y por eso tengo la impresión de que pedimos inversiones al presupuesto público porque necesitamos aplicar dinero a una serie de infraestructuras y, en cambio, esta llamada a un tipo de cultura que sea regeneradora de la gente se nos queda un poco pequeña.

jaume boix: Hace un momento el propio Joan Rigol hablaba de educación y me parece que esto que comenta ahora, este paradigma que reclama, tiene mucho que ver con la educación, concretamente con el fracaso del sistema educativo en Cataluña. ¿Qué les parece?

 narcís comadira: Precisamente. Me parece que la solución del problema que plantea Rigol está en la enseñanza. En la inversión en la enseñanza, que es la inversión en el futuro del país.

joan rigol: De acuerdo. Valorar a los maestros como Dios manda, devolver la dignidad a la comunidad educativa de padres, maestros y alumnos...

narcís comadira: Y no escatimar por ejemplo en las inversiones universitarias, que es el futuro de la cultura con mayúscula del país...

joan rigol: ... Y que el dinero, la gran cantidad de dinero de la ciudadanía que las televisiones públicas gastan sirva para algo que no sea para hacer lo mismo que hace la televisión privada.

jordi martí: Esto también lo recoge el plan estratégico: se tiene que empezar a concebir que el sistema educativo no acaba en las instituciones formales, las escuelas, los institutos... Éstas son una pieza clave, pero hay otras que participan más. En el plan hemos preguntado a todos los grupos de debate y ya no contestan que la escuela es la primera institución de influencia educativa en los críos, sino que son los medios, sobre todo los audiovisuales, la televisión.

joan rigol: Yo he estado en la educación unos cuantos años y puedo decir lo siguiente: los niños en cuya casa había libros acaban siendo cultos; los hijos de padres que no tenían libros, no. Esto es lo más determinante. Un día me lo dijo J. V. Foix: toda la política cultural que quiera, muy bien; pero no olvide que la única cultura que vale es leer.

jaume boix: ¿Y las nuevas generaciones educadas ya en la libertad y en la autonomía, los chicos de veinte años, se puede decir que leen más que sus padres? Estos chicos, que se han formado en la escuela catalana y que serán padres en los próximos diez años, ¿tendrán libros en su casa para que los lean sus hijos? Me temo que todos conocemos muy bien la respuesta.