La intervención regeneradora en Ciutat Vella
TEXTO: Joan Fuster i Sobrepere

Ciutat Vella 1983-1998: un paso de gigante para su mejora
TEXTO: Joan Busquets

En torno de Ciutat Vella. Identidades y diversidades en las ciudades
TEXTO: Joan Subirats

Dentro de la ciudad
TEXTO: E. Miralles

Cultura y crimen
TEXTO: Arcadi Espada

De la horizontalidad de las vías romanas y la retícula del Eixample de Cerdà a las nuevas infraestructuras
TEXTO: Pere Cabrera i Massanés

Ciutat Vella, el futuro de Barcelona
TEXTO: Xavier Casas i Masjoan


     

 

TEXTO: Joan Busquets,
arquitecto

Ciutat Vella 1983-1998:
un paso de gigante para su mejora

 

Las acciones y los planes urbanísticos para Ciutat Vella desplegados en los últimos quince años significan un paso de gigante para la consolidación de su futuro a medio plazo.
Tenemos aún en la memoria las difíciles condiciones de estos sectores centrales que provocaron el fracaso de toda una serie de estrategias que buscaban su reforma según los patrones de la cultura urbanística del siglo XIX.
Se diría que dentro de la gran transformación urbanística de Barcelona, el reciente proceso de Ciutat Vella tiene una magnitud parecida a la recuperación del frente de mar de la ciudad. Son procesos diferentes tanto en los instrumentos empleados como en los mecanismos de gestión, incluso en la imagen pública: el frente de mar ha representado la nueva imagen de la Barcelona futura definida como una metrópoli europea con servicios y ocio como elementos centrales, con una playas abiertas que el lema olímpico ha sancionado con glamour. Ciutat Vella, en cambio, expresa quizás una transformación más profunda que no tiene una lectura directa, pero que a medio plazo puede llegar a tener una repercusión todavía más ambiciosa. No es el momento de comparar ambos procesos, pero nos atreveríamos a pensar en el fuerte protagonismo de la iniciativa local, la gran inversión pública, las dificultades iniciales del sector privado... Con todo, hay que decir que eran asignaturas pendientes de la Barcelona metropolitana que con tanta fuerza se ha consolidado en este siglo.
Porque si, por ejemplo, entendemos la fuerza seminal que tuvo del Plan Cerdà para Barcelona, tenemos que reconocer que ambos temas tuvieron para el plan y la generación emprendedora —que derribó murallas y construyó la nueva ciudad abierta e industrial— una lectura muy diferente. El Plan Cerdà no tuvo como prioritario el frente de mar, en el que el ferrocarril hacia Mataró y las industrias pesadas se habían implantado. El mar todavía era un lugar problemático, era un territorio vacío, un gran espacio para los medios de comunicación a larga distancia (1).
En cambio, la ciudad amurallada era ya un objeto prioritario, sin cuyo estudio crítico no podemos entender la grandeza del proyecto Cerdà para Barcelona.

En la calle Argenteria, a la izquierda, se combina el edificio de nueva planta con la construcción antigua.

©Enrique Marco

 

El nacimiento de la idea de reforma a gran escala

Como sabemos, Cerdà dedica un gran esfuerzo al estudio de las condiciones de vida de la clase obrera que residía en la ciudad vieja (2). Y son precisamente las conclusiones tan elocuentes (3) a las que llega las que explican la contundencia de su proyecto para el plan de Barcelona, en el que intentó afrontar la solución a los problemas de gran densidad y malas condiciones higiénicas de la vivienda en Ciutat Vella en 1856. Pero, sobre todo, hay que recordar que es el gran proyecto urbanístico para la Barcelona moderna, que tiene la ambición de unir el Eixample con la reforma de la ciudad (4). Aquí empezará la línea de los planes de urbanismo que establecen la reforma de Ciutat Vella como mecanismo para corregir los problemas de insalubridad y desorden edificado dentro del espacio de la muralla. Para lograrlo, Cerdà propuso que tres vías cortasen el tejido histórico y a partir de ellas se emprendiera el saneamiento de la ciudad densificada: dos vías verticales como continuación de Pau Claris y Muntaner, y una paralela a la costa a la altura de Pallars. Vías de 20 metros con una clara continuidad con las del Eixample.
Lo que quizás olvidamos es que en la gestión de su plan propuso que los grandes costes de la reforma de Ciutat Vella se pagaran con parte de las plusvalías generadas en la edificación del Eixample. Esta dimensión re-distribuidora de su proyecto se perdió dentro de las peripecias de la aprobación política del plan y sólo quedó la herencia de los grandes vaciados, cuya presencia ha perdurado más de cien años y se han identificado a menudo como el único instrumento posible para la reforma.
Se formalizó así una manera de actuar en Ciutat Vella que tiene dos dimensiones a destacar. La primera, por un lado, es la idea del plan global: lo nuevo y lo viejo tienen que pensarse conjuntamente y la ciudad histórica es una parte más del conjunto. Y la segunda, por otro, es que la herramienta de la transformación es el nuevo acceso y este debe producirse en la dimensión que la nueva movilidad reclama.
Otras ciudades llevaban a cabo la reforma a partir de las grandes aberturas viarias — como París, que lo hacía a medida que el intendente Haussmann lo iba decidiendo(5)—, pero aquí la fuerza y el éxito de la expansión hacia el Eixample niega hasta cierto punto la reforma. Y aquella idea de reinversión de las plusvalías en la ciudad histórica se volverá en su contra cuando la imagen edificadora del Eixample y su continua densificación se van traduciendo directamente en Ciutat Vella dejando que las edificaciones puedan crecer en altura, lo que añade una última fase de densificación interna de dramáticos resultados(6).
En cualquier caso, entender Ciutat Vella como una parte del conjunto es algo que será aceptado por la práctica urbanística en Barcelona, y esto hará cambiar el enfoque de las actuaciones que habían guiado las transformaciones en su anterior historia urbana. Recordemos que la ciudad se transformaba a base de medidas parciales como respuesta a situaciones puntuales; ya fuera por orden del gobernador militar, mediante la supresión de los cementerios parroquiales —con lo que se ganaban plazas junto a las iglesias—, la abertura de calles rectas para introducir nuevas formas de acceso y de edificación —como Ferran, Princesa, Jaume I, Unió, entre otras—, o bien las desamortizaciones en el siglo XIX.
Ante esta forma de acción puntual, el Plan Cerdà instaurará una reflexión más amplia que desgraciadamente quedará a medio camino y aquellas ambiciones aberturas se quedarán en unas sombras que difícilmente introducirán una dinámica positiva en este proceso. Estas sombras se desvanecen y reaparecen con diferentes nombres: Àngel Baixeres 1880, hasta su aprobación en 1889; después, Plan Darder 1916; Vilaseca 1941; Plan Comarcal 1953; García Morato 1959, acompañando a la vía con edificaciones organizadas en bloques abiertos, no cerrados como en el Eixample. Incluso el Plan de Gestión Metropolitano (PGM) de 1976 tiene que aceptar el peso de algunas de estas sombras ya muy diluidas.
Como es sabido, sólo la gran vía de la reforma llamada Via Laietana se ejecutó a principios de siglo, y se comprobó que llegó tarde y mal. Las dificultades de su realización y la densidad de los edificios no son una buena referencia.

La ejecución de los PERI y del ARI desde 1983

Seguramente la parte más interesante de las últimas operaciones de mejora de Ciutat Vella haya sido el hecho de moverse y trabajar en varias escalas. Por un lado, se ha dado una reflexión general estratégica del proyecto dentro de la escala metropolitana y, por otro, se han atendido las capacidades y posibilidades de los diferentes sectores de Ciutat Vella a partir de los minuciosos estudios de los PERI (Plan Especial de Reforma Interior)(7).
Se diría que quizás este enfoque metodológico ha permitido resolver el conflicto entre el deseo de preservar y la necesidad de cambio que genera bastantes tensiones políticas. En cualquier caso, la ya citada crítica situación del casco ha reclamado una decidida intervención del sector público con la iniciativa municipal como condición sine qua non para la estrategia global. Aquí hay que mencionar los especiales mecanismos de gestión: el ARI (área de rehabilitación integrada), sobre todo, como instancia de colaboración interinstitucional; PROCIVESA, como agente específico, y los departamentos municipales —distrito, áreas centrales—, que han tejido un sistema de respuesta a la situación previa bastante efectivo.
Hay que hablar de un plan de choque que ha actuado como revulsivo en un cuerpo urbanístico y social muy depauperado. Hacer de él una evaluación precisa escapa al alcance de este artículo, pero sí quisiera destacar algunos saltos del umbral respecto a la situación previa que pueden ayudarnos a entender el estado de la cuestión.
Puede decirse que el plan de choque se ha desarrollado dentro del marco de una nueva cultura de la rehabilitación de los grandes centros europeos(8), que sin ser un marco rígido procura superar el concepto de monumento aislado y busca establecer referencias activas en la recuperación de la ciudad histórica. No olvidemos que la relación del hombre con el pasado ha evolucionado de manera sustancial. Así, a principios del siglo XIX la ruina era considerada como una de las bellas artes, un acto de fatalidad y una rica fuente de inspiración romántica. A partir mediados del siglo XIX, la ruina fue vista como un signo de fracaso y este se combatió con grandes esfuerzos de restauraciones sistemáticas y ambiciosas (9). A principios de nuestro siglo, la revisión de la ruina bien conservada como un estado que da testimonio del pasado inaugura un mayor protagonismo de la arqueología de los espacios históricos (10). Por último, en las últimas décadas vuelven a prodigarse de nuevo las restauraciones y restauraciones como una voluntad de recuperación activa de la ciudad histórica (11).
Volviendo a Ciutat Vella, se puede creer que la reforma formulada desde el siglo XIX ha sido finalmente bien encaminada con una estrategia contemporánea y que el proceso de rehabilitación está en buena marcha. Sin embargo, en estos procesos de actuación largos es necesario reflexionar a medio camino para continuar con los objetivos generales.
Hay que entender que se han logrado importantes progresos en múltiples aspectos:

a) La inserción urbanística de Ciutat Vella con el resto de la ciudad ha mejorado a partir de una clarificación de algunos elementos de la estructura urbana perimetral. Acciones como la del Moll de la Fusta han superado el cinturón vial que ahogaba la ciudad con el contacto con el mar. La continuidad de La Rambla con la Rambla de Catalunya con su paso por la Plaça de Catalunya organiza mejor los flujos de peatones y revaloriza ambos tejidos urbanos. El uso de las calles y los aparcamientos compartidos han abierto nuevos equilibrios en el acceso general a Ciutat Vella, aunque hay que avanzar todavía para que la residencia y las actividades más débiles se beneficien de ello.
b) La recuperación del espacio público con multitud de proyectos de escala y programas muy diferenciados ha sido un elemento primordial. Plazas, jardines y calles han encontrado fórmulas contemporáneas para hacer realidad el saneamiento de la ciudad y demostrar sus valores monumentales. Es un frente en el que hay que continuar trabajando, porque es a partir de estas acciones como se establece el mejor uso para cada espacio público. Esta idea de despejar selectivamente había sido apuntada en el Plan Macià del GATCPAC en los años treinta: sólo así la residencia actual puede desarrollarse en estos espacios centrales.
c) Así pues, la estrategia de mantenimiento residencial que como programa de buenas intenciones establecían los PERI ha encontrado un buen despliegue en proyectos muy desiguales pero que han hecho real la imagen de que el centro puede ser un lugar residencial. Y sus residentes han podido creer en un proceso real de mejora. El tema no está cerrado y la combinación con la siempre difícil rehabilitación debe tomarse todavía como referente ineludible.
d) Incorporación de nuevos usos dinamizadores en Ciutat Vella. Si el mantenimiento de las instituciones ha sido muy positivo, el hecho de añadir un alto número de actividades direccionales o cuaternarias ha reforzado su centralidad histórica tradicional: la implantación de nuevos departamentos universitarios, museos, el mantenimiento del Liceu, etc. son elementos clave por su sinergia mutua y por su capacidad revalorizadora. A la vez, han introducido programas bastante compatibles con muchos contenedores vacíos que así han encontrado medios de restauración patrimonial. También las funciones económicas privadas están encontrando cierto desarrollo, aunque parece muy desigual entre sectores.

Son aspectos que dentro de la estrategia global reclaman todavía una continuidad. Pero quizás podemos decir que se ha encontrado una buena reforma sin tener que sufrir los modelos de reforma del siglo XIX. Estas nuevas actuaciones han demostrado cómo una actitud de modernización y uso activo de la ciudad histórica puede ser compatible con las morfologías urbanas precedentes.
Quizás a partir de ahora el movimiento de recuperación y rehabilitación puede ser mucho más compartido y los operadores privados pueden incorporarse a él más fácilmente. Hay que entender aquí que las mayores dificultades de actuación en Ciutat Vella son compensadas por el valor añadido —de orden múltiple— que encuentran en estos espacios patrimoniales. Pero también hay que entender que la actuación privada y/o pública hará de los instrumentos urbanísticos algo más complejo. Afortunadamente, Barcelona ya dispone de cierta experiencia.
Por otro lado, la revitalización de Ciutat Vella —alcanzada al menos en algún sector— permite pensar en recuperar unidades morfológicas más expresivas de la historia de los diferentes barrios, de sus especificidades y encantos. Para llegar a esto, había que encontrar esta reanimación en el cuerpo morfológico y en el cuerpo social que se ha producido. Ahora Ciutat Vella quizás puede volver a expresar aquellos valores patrimoniales que la densificación especulativa había echado a perder o anulado.
Así, Ciutat Vella puede alcanzar a medio plazo un nuevo rol como referente simbólico y funcional dentro de nuestro sistema metropolitano. Y esto se producirá dentro de las nuevas perspectivas cuando las ciudades parecen orientarse hacia sistemas de relaciones más abiertas con el territorio, que no se basan necesariamente en la contigüidad espacial, como lo hacía el modelo urbanístico tradicional, pero que permiten entender nuevas formas de apreciación y de disfrute de la ciudad histórica(12). En esta situación, los sistemas de planteamiento y de proyección del patrimonio pueden establecerse dentro de bases de coherencia comunes.
En cualquier caso, se puede considerar que desde la experiencia de los últimos quince años Ciutat Vella podrá convertirse en un centro vivo, punto de referencia de la metrópoli catalana con un patrimonio reactivado, que en conjunto habrá progresado sensiblemente respecto a su propia historia.

 

1) Véase A. Corbin. Le territorie du vide: l’Occident et le Désir du rivage: 1750-1840. París, 1988.

 (2) Recordemos que la publicación del trabajo analítico de Cerdà se debe al esfuerzo del profesor Fabià Estapé que consideró su reedición en 1968. Teoría General de la Urbanización. 3 volúmenes. Instituto de Estudios Fiscales. Madrid. Después, otras publicaciones han ido ampliando la importancia disciplinar de estos trabajos realizados para Barcelona en el marco de la urbanística europea. Véase el trabajo Cerdà i el seu Eixample a Barcelona. LUB. Barcelona, 1991.

 (3) En las conclusiones del tomo II de Teoría General de la Urbanización (páginas 673 y 674) se lee: "El resultado económico que arroja el anterior balance (...) es en verdad poco satisfactorio y nada tiene que extrañar que los publicistas (...) hayan tratado de buscar una solución a esa cuestión trascendental."

 (4) Recordemos que Cerdà tituló su proyecto en el concurso Plan de Reforma y Ensanche de Barcelona, mientras que el proyecto —en principio ganador— de Roma i Trias estaba dedicado al Ensanche, entendiendo que Ciutat Vella contaría con otros mecanismos para afrontar su mejora.

 (5) Véase J. Cars y P. Pinon. Le Paris d’Haussmann. Picard. París, 1991.

 (6) Pensemos en la brutal densificación de la Barceloneta fruto de la asimilación de alturas del Eixample cuando ni las calles ni el parcelario tienen capacidad urbanística para conseguir un buen barrio con aquellas alturas.

 (7) El primer Cuaderno Central de la revista Barcelona. Metròpolis Mediterrània (octubre 1985, dossier nº 0) quizás explica el alto compromiso municipal en este proyecto urbanístico. Se recoge un total de once artículos que detallan las intenciones y elementos clave de este proyecto.

 (8) Jane Fawcett en The Future of the Past (Londres, 1976) recoge la evolución de las actitudes en relación con el patrimonio que encontró culminó en 1975 en el Año del Patrimonio Arquitectónico Europeo, en el que arrancó esta nueva actitud.

 (9) Las teorías de John Ruskin y William Morris se prodigan por todas partes con los principios de "tratad el edificio tal como os ha llegado".

 (10) Un ejemplo de esta actitud se señala en las teorías de Georg Dehio y Aloïs Riegl, que establecen una ruptura con las prácticas de la reconstrucción radical del siglo XIX y proponen "conservar y no restaurar" los monumentos, según el principio de que "es mejor dejarlo morir en su belleza". Esta posición radical quedará superada al tener que afrontar la reconstrucción de la posguerra en la mayoría de las ciudades europeas.

 (11) Véase V.V.A.A. Faut-il restaurer les ruines? París, 1991.

(12) John Delafons. Politics and Preservation. Oxford, 1997.

P.J.Larkham. Conservation and the City. Nueva York, 1996.

P.Morachiello. Salvaguarda senza feticismi, fondatezza del conservare. Milán, 1996.