La intervención regeneradora en Ciutat Vella
TEXTO: Joan Fuster i Sobrepere

Ciutat Vella 1983-1998: un paso de gigante para su mejora
TEXTO: Joan Busquets

En torno de Ciutat Vella. Identidades y diversidades en las ciudades
TEXTO: Joan Subirats

Dentro de la ciudad
TEXTO: E. Miralles

Cultura y crimen
TEXTO: Arcadi Espada

De la horizontalidad de las vías romanas y la retícula del Eixample de Cerdà a las nuevas infraestructuras
TEXTO: Pere Cabrera i Massanés

Ciutat Vella, el futuro de Barcelona
TEXTO: Xavier Casas i Masjoan


     

 

TEXTO: Pere Cabrera i Massanés
arquitecto

De la horizontalidad de las vías romanas y la retícula del Eixample de Cerdà a las nuevas infraestructuras

 

La ciudad, a la vez que los sucesivos recintos de murallas la delimitan, crece sobre ella misma, dejando huellas, trazados y, por tanto, memoria de su historia, de su construcción y desconstrucción. El cardo y el decumano del Mont Taber organizan la cuadrícula de las ínsulas romanas, que son hoy todavía identificables con las calles Ciutat y Bisbe por un lado, y Call y Baixada de la Llibreteria por otro, así como los antiguos caminos romanos de salida de la ciudad —desde las calles Tallers, Hospital o Sant Pau al oeste hasta los ejes de Bòria, Corders y Carders, desde la Baixa de Sant Pere hasta Argenteria—, que convertidos en vías medievales son elementos primarios de referencia de la ciudad.
Son estas vías romanas las que definen la formación y el crecimiento de la ciudad medieval, dando prioridad a la horizontalidad y paralelismo al mar sobre la verticalidad y direccionalidad respecto a la sierra prelitoral: Collserola. La verticalidad queda supeditada a la propia discrecionalidad topográfica y más concretamente a las rieras que surcan el llano, de las que encontramos ejemplos como la propia Rambla, la Riera Alta o la Baixa, la Riereta, el Rec Comtal o el trazado del acueducto, procedente del norte en dirección al Portal de l'Àngel y la calle de los Arcs. A la lectura cartográfica de los trazados horizontales de las vías paralelas al mar hay que añadir en los surcos geográficos aquellos trazados medievales en el sentido mar-montaña. Se trata de nuevos trazados de la época medieval en el barrio de Santa Caterina, donde desde la calle Corders y la plaza Marcús se inicia la calle de los palacios, la calle Montcada, en dirección a Santa Maria del Mar y el paseo del Born, y se conecta así el barrio de Santa Caterina y Sant Pere con el de La Ribera, concentrando una de las áreas del gótico civil catalán más importantes. Ya en la época moderna, con la cultura decimonónica se abren nuevos viales que constituyen ejes de trama en los dos sentidos, como los formados por las calles Ferran, Jaume I y Princesa; se urbaniza el Raval, aunque de manera discontinua, y se construyen en el barrio de Sant Pere aquellos pasajes de acentuada actividad textil que fueron tan importantes en la relación con el nuevo Eixample.
Será con el derribo de las murallas y la ocupación del llano barcelonés con la cuadrícula de Cerdà cuando se hará patente el documento de proyecto y se evidenciará la necesidad de conectar la nueva ciudad proyectada con la vieja ciudad. Así, Ildefons Cerdà (1) ya analizaba el tejido del centro histórico y diferenciaba entre urdimbre, formada por las calles paralelas a la línea de la costa, y trama, constituida por las perpendiculares. Cerdà puso de manifiesto la necesidad de trazar una nueva verticalidad que asegurara esta correspondencia. Con las conocidas vías A, B y C se iniciará un proceso de afectación que se hará centenario en el centro histórico y que evidenciará por un lado la necesidad de preservar la horizontalidad de las vías romanas y medievales y, por otro, la necesidad de conectar con la retícula del Eixample de Cerdà.
También como consecuencia del derribo de las murallas, se urbaniza la corona de circulación de las rondas, el Paral.lel y el paseo Lluís Companys. De este modo se potencia, desde el punto de vista viario, la idea de recinto del núcleo histórico, al que van a desembocar los ejes históricos que tradicionalmente tenían una buena movilidad en el sentido horizontal: Tallers, Hospital y Sant Pau en el Raval; el eje de Bòria, Carders y Corders en dirección a Portal Nou, y la Baixa y el Alta de Sant Pere en el Sector Oriental, entre otros. Así se da solución de continuidad entre el tejido histórico y el nuevo tejido Cerdà.
El siglo XX comienza con la apertura de la Via Laietana en 1908, a la vez que se inicia un periodo de no intervención en el centro histórico, en el que se suceden planes que no se llevan a cabo. Será con los bombardeos de la Guerra Civil cuando se iniciará la apertura de las Drassanes, la antigua avenida García Morato, o el mismo Pla de la Catedral y la avenida Cambó a ambos lados de la Via Laietana según las directrices ya apuntadas por las vías que habían quedado en la sombra con el Plan Cerdà en 1859. 

Los PERI frente a las vías rápidas

Con la entrada en escena de los ayuntamientos democráticos se apuesta de forma decidida por el Plan General de Ordenación (PGO), que es el instrumento de planificación de orden superior sobre cuya base se desarrollan figuras urbanísticas como los Planes Especiales de Reforma Interior (PERI). El PGO se enmarca dentro de un sistema urbano coherente y equilibrado, pero era necesario interpretarlo con una planificación específica desde las piezas autónomas que contiene cada barrio. No olvidemos que el distrito nacido a raíz de la citada reforma politicoadministrativa coincidiendo con la Barcelona de mediados del siglo XIX recoge áreas y barrios tan diferentes como Ponent, Call, Sant Pere y Santa Caterina, Ribera, Barceloneta, La Mercè, etc., lo que implica una gran heterogeneidad. Pero si bien cada barrio tiene sus problemas específicos, no podemos perder de vista una problemática común.
Esta planificación específica se elabora a lo largo de los años ochenta. Los llamados PERI se caracterizan por la recuperación residencial, por la valoración valor de espacios infrautilizados, por el establecimiento de un fuerte equipamiento local determinado por los déficits de cada barrio y por la valorización del espacio público y el itinerario urbano. Además, incorporan reivindicaciones sociales con un ajustado programa de la población afectada y presentan una concepción integrada de la rehabilitación urbana, en busca de un modelo urbano de usos compensados. Un planeamiento que contempla intervenciones de pequeña escala para integrarse mejor en el tejido en el que opera, a excepción de aquellas intervenciones heredadas como consecuencia de las afectaciones de las grandes vías (2) de penetración con procesos de expropiación ya iniciados, en los que las actuaciones se enfocan básicamente con la creación de viviendas de promoción pública en torno a nuevos espacios públicos fruto de la reconversión de dichas vías.
Efectivamente, es dentro de este marco como debe entenderse la redacción y aprobación en los años ochenta, hace quince años, de los PERI. Uno de los aciertos de estos planes —aunque también implicará limitaciones— será aprovechar las afectaciones previstas en el Plan General Metropolitano (PGM) de 1976 concentrando las propuestas de reforma. Estas propuestas tuvieron como objetivo fundamental la creación de una nueva estructura viaria a la vez que la revalorización del nuevo espacio público resultante de la sustitución de las vías históricas B, C y D del Plan Baixeres (1889), suprimiendo el ahorquillado viario que conectaba el centro histórico con el potentísimo tejido del Eixample, pero intentando hacer accesible el interior de los barrios implantando nuevas actividades urbanas más ligadas a los peatones, a los residentes. En resumen, este nuevo urbanismo permite que una vez aceptadas las líneas del Plan General Metropolitano, las modificaciones conceptuales y de detalle sean canalizadas con la redacción simultánea de los Planes Especiales de Reforma Interior.
Con la declaración del Área de Rehabilitación Integrada (ARI) (3) en 1986 para todo el ámbito de la ciudad amurallada más el barrio marítimo de la Barceloneta, se iniciará en 1988, con el apoyo de una importante estructura de gestión impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona, una intervención continuada y decidida en Ciutat Vella. Esta estructura de gestión está dotada de tres elementos. En primer lugar, la Comisión Gestora (30 de marzo de 1987) del ARI, consecuencia de la propia declaración, con los objetivos básicos de coordinar las diversas administraciones públicas actuantes, Generalitat de Cataluña y Ayuntamiento de Barcelona principalmente, de hacer participar y corresponsabilizar a las asociaciones de vecinos en el seguimiento del programa ARI (documento que recoge áreas de actuación en las que era necesario concretar y concentrar las inversiones: el área del convento de los Àngels, el entorno de Sant Pau del Camp, los alrededores de la Plaça Reial, el sector de Sant Agustí Vell y la práctica totalidad de la Barceloneta, según los diferentes programas de actuación de los tres PERI -Raval, Nucli Antic y Barceloneta-; así como un conjunto de operaciones en el sector central —Barri Gòtic—) y de fomentar la rehabilitación del parque edificado. En segundo lugar, la creación de la empresa de gestión mixta Promoció Ciutat Vella S.A., con el objetivo de financiar el programa de operaciones públicas de gestión de suelo del documento ARI, y la Oficina de Rehabilitación Ciutat Vella, para fomentar la rehabilitación privada. Y por último, el proceso de descentralización en el distrito Ciutat Vella, como elemento capital de acercamiento y de atención directa al día a día tanto en los temas sociales y personales como en la vertiente técnica, especialmente en materia de disciplina urbanística, de regulación de las actividades y mejora de la calidad de vida urbana.
Hay que destacar que la viabilidad del programa de actuación de operaciones públicas del ARI dependía de la solución de realojamiento de los residentes afectados por las actuaciones urbanísticas y del balance entre viviendas afectadas y generadas. Promoció Ciutat Vella S.A. inició en primer término la gestión, de extrema dificultad, de unas fincas ocupadas por familias que en la mayoría de los casos presentaban una situación calificable de infravivienda y a cuyos inquilinos había que realojar en el entorno en el que residían. Este fue el punto básico de partida y consenso entre las asociaciones de vecinos y la Administración pública con el objetivo de evitar, entre otros, problemas de desarticulación social de los barrios. Esta gestión ha permitido disponer, en colaboración con la Dirección General de Actuaciones Concertadas, Arquitectura y Vivienda, de 2.500 viviendas de promoción pública, de las que 500 son viviendas rehabilitadas procedentes del mercado secundario, para aquellos afectados que desean continuar residiendo en el distrito.
Esta planificación específica que apuesta por la residencia se encuentra ante un nuevo reto que hay que destacar. Durante este siglo, las actuaciones residenciales en Ciutat Vella han sido más bien escasas. Concretamente en el Raval, hay que remontarse al ensanche de la calle Ponent y las pruebas de las primeras soluciones en chaflán del futuro Eixample barcelonés para encontrar respuestas a las nuevas demandas de arquitectura residencial. El panorama que encontramos en Ciutat Vella es discreto hasta llegar al impulso que supone la nueva vivienda de promoción pública para los afectados por las actuaciones urbanísticas de los PERI. Es en las operaciones del sector público donde hay que hacer un esfuerzo e ir más allá, conscientes de que arquitecturas residenciales tipológicas y fundamentalmente singulares son de difícil extrapolación en situaciones urbanas y de gestión como las de Ciutat Vella, sabiendo que puede suponer un sobreesfuerzo de inversión, a la vez que hay que tener siempre presente la finalidad social de las actuaciones. Las operaciones de sustitución, pese a que aparente e individualmente son poco significativas, marcan pautas de intervención y tienen que ser habituales en Ciutat Vella, como habitual debe ser el ritmo de rehabilitación, de mantenimiento, de valoración de aquellas estructuras que sobreviven a los tiempos. Es preciso que las nuevas edificaciones, consecuencia de la sustitución de la edificación existente, participen del cambio de calles de cuatro metros a calles de ocho, diez e incluso doce metros en trazados medievales o dieciochescos. Asimismo, tienen que hacer frente a nuevos espacios públicos producto del llamado esponjamiento, en el que el proyecto se convierte en una herramienta clave entre la planificación imprescindible y la gestión que la hace realidad. Se plantea y se busca respuesta a la relación entre espacio residencial y actividades, a la relación entre edificio público y viviendas.
Estas sustituciones, por el alcance o la singularidad de la operación, modifican sustancialmente el entorno; son operaciones hechas entre medianeras, en esquinas. Son agregaciones parcelarias que llegan a afectar incluso a una manzana entera y que permiten ofrecer un nuevo escenario que, aparte de la aportación formal del plano vertical, se extiende al entorno, al espacio público, a la calle, teniendo en cuenta nuevas relaciones visuales, singularizando, permeabilizando, reinterpretando el trazado, la accesibilidad... llenando, en definitiva, de nuevos contenidos. Se trata de un objetivo especialmente difícil en el que la densidad ambiental, la superposición, los usos y las actividades, y la historia del lugar son suprimidos en beneficio de una renovación edificatoria que revitaliza social, económica y culturalmente áreas degradadas e irrecuperables.

Las vías cívicas y las nuevas infraestructuras.

El papel del espacio público en Ciutat Vella ha sido decisivo en estos últimos años para explicar su transformación, al generar y estructurar recorridos dentro de un entramado de espacios de ciudad y de barrio basados en la diversidad y en la complejidad, buscando aprovechar impactos positivos para la mejora de la imagen urbana. Llegados a este punto, hay que recordar las operaciones básicas de los tres Planes Especiales de Reforma Interior del programa de actuaciones del documento ARI: Raval, Sector Oriental y Barceloneta..

La plaza dels Àngels, con el convento y el archivo municipal de Ciutat Vella al fondo

©Enrique Marco

 

El primero, el PERI del Raval, se vertebra en torno al llamado Plan Central del Raval, una operación básica con la creación de un nuevo espacio público en el centro del barrio. El Plan Central sentencia la llamada Reforma, una política de grandes vías, en concreto la vía B, que ha supuesto crear un vacío en el tejido siguiendo el método del derribo de manzanas enteras, cuyo resultado ha sido un espacio de dimensiones inéditas (317 x 58 metros) en el centro histórico. Esta operación comportó previamente una primera fase con la remodelación de la avenida de las Drassanes y la apertura de las puertas de comunicación hacia este espacio con las nuevas calles Sant Oleguer, al sur, y Maria Aurèlia Capmany, al norte. En la última fase de la operación -el espacio central-, con la afectación de 1.384 viviendas, se han empleado los mecanismos de gestión citados y se ha posibilitado la reinstalación en su entorno de quienes optan por continuar viviendo en el distrito. La rambla del Plan Central es una operación de ciudad, en la que se da prioridad al carácter cívico frente al viario, mediante la creación de un nuevo recorrido urbano, en el sentido mar-montaña desde la avenida de las Drassanes hasta el barrio del Carme. Este recorrido se encuentra complementado con las históricas calles Hospital y Sant Pau, que nacen en el Pla de l'Os y desembocan tangencialmente en el nuevo espacio, vertebrando transversalmente el barrio y acercando la Rambla y la izquierda del Eixample hacia el mercado de Sant Antoni y el Paral.lel.
De esta operación tenemos que destacar que el Plan Central tiene vocación de centralidad, no solo por su situación geográfica, a 800 metros de la plaza de la Catedral, a 400 metros de la Rambla o a 500 metros de la Ronda de Sant Antoni, sino también por otras razones. Por un lado, porque posibilita la mejora de la oferta y la disponibilidad de espacio libre del conjunto de Ciutat Vella y, por otro, porque es un colector de actividad interna respecto a su área periférica general. El desdoblamiento de la actividad de otros espacios centrales resuelve los flujos circulatorios, tanto en el sentido mar-montaña como en la recomposición de las calles del tejido noucentista, y permite que las calles medievales Sant Pau y Hospital -ejes vertebradores de actividad comercial con origen en el Pla de la Boqueria- den prioridad al peatón sobre el vehículo conduciendo la actividad al Plan Central.
En el Plan Central la vegetación se organiza en forma de arboleda formada por seis filas de árboles, un paseo central de 32 metros de ancho y libre de obstáculos destinado a los peatones y a acoger actividades cívicas, mercados al aire libre, ferias y terrazas con veladores. Además, prevé llevar a cabo una intervención escultórica vinculada al trazado del propio proyecto, que de este modo se convertirá también en un espacio de representación de la cultura contemporánea. El Plan Central contribuye a la regeneración del tejido más próximo, y en este sentido, la valorización de la edificación existente del periodo comprendido entre 1820 y 1850 ha de comportar un grado de protección ambiental que contribuya a potenciar el proceso de rehabilitación.
En el segundo plan, el PERI del Nucli Antic o Sector Oriental, la operación básica se vertebra en torno a la prolongación de la avenida Cambó —la denominada vía C— en el eje del Pla de la Catedral, que penetrará en el mismo centro de la ciudad medieval. El espacio viario, en lugar de estar formado por vías-corredor, pasa a estar constituido por un encadenamiento de espacios de pequeñas plazas de origen diverso, ensanches, cruces de caminos, etc., donde las directrices de las edificaciones, por otro lado, van señalando las direcciones de los recorridos a seguir, formando manzanas cerradas con una formalización compleja de la arquitectura resultado del tiempo. En este encadenamiento de espacios se mezclan la nueva arquitectura y la rehabilitación de los edificios existentes, que mejoran las condiciones de habitabilidad de las viviendas con el fin de que contribuyan a mantener el carácter del entorno.
En este contexto es preciso reconocer la importancia de futuro, cualitativa y cuantitativamente, de la operación que se propone. Esta actuación creará un nuevo recorrido de penetración en el barrio; se adaptará a los criterios de trazado del sector medieval, que poco tiene que ver con los trazados uniformes de las calles y plazas dieciochescas; creará un espacio urbano que, sin renunciar a las exigencias actuales de la circulación rodada, tenga la complejidad propia de un tejido urbano antiguo; establecerá un itinerario claro entre la avenida Cambó y el mercado de Santa Caterina por un lado y, por otro, entre dos puntos de referencia fundamentales para el barrio: las Basses de Sant Pere y la plaza Sant Agustí Vell. Se trata de integrar el mercado remodelado, una pieza urbana que ocupa una hectárea en el eje peatonal del Pla de la Catedral al otro lado de la Via Laietana, conservando los elementos más significativos de la edificación existente, especialmente el caso de edificación perimetral, y permitiendo la creación de nuevos espacios libres para uso público. Así, el mercado se adelanta respecto a la avenida Cambó con una gran marquesina como elemento de atracción y referencia, mejorando la conexión del mercado con su entorno, reforzando el circuito monumental constituido por la ciudad romana y las calles de los palacios, con la capilla Marcús y la basílica de Santa Maria del Mar ya en el barrio de La Ribera.
Es necesario suturar esta ciudad medieval teniendo en cuenta que empezaba este siglo con la hendidura que representa la Via Laietana con el objetivo, ya metabolizado por otras infraestructuras, de conectar la nueva ciudad con el frente portuario. Esta actuación inicia también un proceso de negación y devaluación del área medieval en su sector oriental a la vez que valoriza la monumentalización de la ciudad romana, a través de ejes como el portal de l’Àngel, que más allá de dar continuidad al eje comercial por excelencia de la ciudad (avenida Diagonal - Passeig de Gràcia) actúa como verdadera tráquea de unos pulmones que contienen barrios tan característicos como el Pi, el Call, Sant Just o la propia Mercè.

El tercer y último plan es el PERI del barrio de la Barceloneta.

Cuando vemos un grabado de la época, podemos observar que la muralla de mar había sido una imagen de límite entre la tierra y el mar. Las sucesivas modificaciones del perímetro del puerto y sus muelles definían la fachada de la ciudad, a la vez que la muralla era utilizada como paseo ciudadano. Con el derribo de la muralla de mar, el puerto no solo cambia, sino que modifica la relación con la ciudad, independizándose de ella. Algunos intentos aislados de aproximación, como el de la Exposición Universal de 1888 con el paseo de la Duana, el paseo Colom o el Portal de la Pau, fracasaron tanto por un aislamiento de los muelles como por la presión de la circulación, que se fue convirtiendo con el paso del tiempo en una nueva barrera. Espacios residuales, ocupados por la industria y las comunicaciones, aíslan el barrio de la Barceloneta de la ciudad, con una pérdida tanto del valor urbano del frente de mar como del contacto del ciudadano con el mar. El caso del barrio marítimo de la Barceloneta ha sido fruto de un proceso de transformación del perímetro, ya que el interior de este barrio tiene una difícil transformación por lo que respecta a la edificación, especialmente característica en los llamados cuartos de casa (35 m2), consecuencia de la partición de la casa de mediados del siglo XVIII (8,40 x 8,40 m), origen del barrio, dentro de una retícula muy característica del ingeniero J. M. Cermeño, formada por quince calles paralelas al puerto, tres transversales y dos plazas, una de ellas, Sant Miquel del Port, que preside la fachada portuaria. Esta morfología se vio radicalmente adulterada a lo largo de los más de doscientos años de existencia del barrio por las sucesivas particiones y el crecimiento en altura, lo que ha desembocado en una concentración actual de 16.163 habitantes en 824 edificios y en 26 ha.
La expansión hacia poniente del puerto de Barcelona, en la década de los ochenta, que coincidió con la voluntad decidida de recuperar el frente costero, fue lo que permitió que se plantearán tres proyectos de gran envergadura: la remodelación del entonces Port Vell, la regeneración de las playas y el Parc de la Catalana, tres proyectos de perímetro básicos para el barrio marítimo de la Barceloneta, en los que, una vez más, la revalorización del espacio público y el paseo urbano han sido los detonantes.
Hasta ahora hemos visto que a la vez que la Ciutat Vella debía resolver las referidas afectaciones centenarias, era necesario volver a situar el centro histórico en relación con la nueva ciudad y, ya entrado el siglo XX, en el contexto metropolitano. Así pues, las nuevas infraestructuras adoptan un nuevo papel estructurador. La Ronda del Litoral, a su paso por el centro histórico, lo sitúa al alcance del territorio metropolitano y, además, rompe con la dependencia histórica del Eixample. Se trata de un centro histórico en el que la red viaria básica está definida por las Rondas, la Rambla y la Via Laietana con la Gran Via de les Corts Catalanes, tangente al tejido urbano, como elemento básico del sistema viario de accesibilidad rodada metropolitana. En los últimos años, las infraestructuras remodeladas y potenciadas por el corredor ferroviario, con paso por la Plaça de Cataluña, y las infraestructuras que hacen que el transporte público urbano sea subterráneo, con el metro y los Ferrocarrils de Catalunya, o de superficie, vuelven a situar Ciutat Vella en el centro de la ciudad y como distrito central metropolitano.
La construcción del Cinturón del Litoral, siguiendo la otra tangente, el frente costero, es precisamente la que ha permitido que Ciutat Vella se convierta en una pieza conectada con el sistema metropolitano, lo que refuerza la identidad y la singularidad morfológica de Ciutat Vella dentro del contexto definido por el Plan General Metropolitano, en el que las operaciones centrales de los PERI ponen fin a la llamada Reforma. Esta actuación constituye el último capítulo en la dialéctica iniciada con la horizontalidad de las vías romanas frente a la verticalidad de la cuadrícula planteada como consecuencia del crecimiento en extensión de la ciudad por el llano barcelonés.

El espacio público y el itinerario urbano

El decisivo papel del espacio público, en estos últimos años, como mecanismo de distribución social, resulta imprescindible para explicar el proceso de intervención y transformación. El objetivo de los proyectos de espacio público en Ciutat Vella ha sido crear nuevos itinerarios, cerrar heridas, suturar y dar protagonismo a los recorridos. En el tratamiento del espacio público en Ciutat Vella se han considerado aspectos que van desde el cambio de escala hasta la capacidad regeneradora de la intervención con la idea de generar y estructurar recorridos de ciudad y de barrio.
Un repaso de las últimas intervenciones pone de manifiesto la diversidad de la trama urbana de Ciutat Vella. Establecer una clasificación tipológica nos ayudará a apreciar esta diversidad.

1.Plazas históricas, plazas consolidadas
El origen de estas plazas debe situarse en la orden de Carlos III (1775), con la prohibición de construir cementerios dentro de las ciudades, y en la posterior creación de las plazas Sant Just, Sant Miquel, Sant Pere de les Puelles, Santa Maria del Mar, etc. Más tarde, la desamortización y la quema de conventos, en 1835, o el propio bombardeo de Espartero, en 1842, dio lugar a plazas en las que la dialéctica edificio-espacio urbano se configura con autonomía respecto de la morfología urbana.
La remodelación de la Plaça Reial, una plaza arquitectónicamente construida, inicia en 1985 una etapa que pretende recuperar el carácter sustantivo que había perdido. En este grupo estarían la plaza Sant Agustí Vell, las Basses de Sant Pere, con la plaza Sant Pere de les Puelles, formando parte de un itinerario de la ciudad medieval, y otros ejemplos como la plaza del Àngel, la plaza de las Olles o la plaza de la Llana, con una característica común en estas intervenciones: la remodelación integral, no restauradora, debido a los problemas morfológicos y de identificación y casuística propia de cada caso.

2. Nuevas plazas
La necesidad de generar nuevos espacios públicos en Ciutat Vella con el vaciado sistemático por manzanas enteras es una constante desde el momento en que se inicia la gestión de la nueva planificación. Se generaliza la urbanización de estos nuevos espacios, a los que podríamos llamar plazas planificadas. De dimensiones reducidas, su estrategia es actuar como vertebradores y configuradores de un nuevo paisaje urbano, tanto por su calidad, como por su profusión y situación estratégica, en una línea ya apuntada por el GATCPAC (1932).
De este modo, el primer referente se encuentra, en 1983, en la plaza de la Mercè, en la que el derribo de un edificio deja al descubierto la fachada barroca (1765-1775), pero seguirán otros ejemplos como el Fossar de les Moreres o la misma plaza Georges Orwell. Se trata de una estrategia que, si bien tiene su origen en afectaciones centenarias, esto no significa que la dinámica de la gestión no pueda producir otras nuevas, lo que aconseja actuar con prudencia para no llevar a cabo vaciados indiscriminados que no siempre aseguran buenos resultados. La experiencia nos enseña que la rehabilitación del parque de viviendas tiene una mayor garantía si el espacio público, la estructura de vacíos urbanos, es más generosa y funcional que la actual. Por lo tanto, la sustitución de determinadas piezas que contribuyan a liberar el espacio público puede dar lugar a nuevas plazas.

3. Parques y jardines
Ciutat Vella se encuentra entre tres elementos tangenciales especialmente singulares. Por una parte, dos parques de escala urbana, como son Montjuïc y Ciutadella, y, por otra, el frente marítimo.
Así, durante esta última década, Montjuïc y el frente marítimo se han hecho accesibles al ciudadano; el primero, cuidando especialmente el contacto con sus alrededores y, el segundo, cambiando radicalmente su relación con la ciudad. El Parc de la Ciutadella, un parque con una fuerte dotación de equipamientos, en el que, actualmente, dos tercios de su superficie están ocupados por el zoo, presenta un problema de accesibilidad. Solo una tercera parte del perímetro de la Ciutadella es accesible y se producen situaciones no deseables como la no continuidad del Saló de Luís Companys por el paseo de los Til.lers hasta el Parc de la Catalana y la playa de la Barceloneta, o la incomunicación del distrito de Sant Martí y más concretamente, de la Vila Olímpica con Ciutat Vella. Es necesario seguir trabajando hasta conseguir la completa recuperación de la Ciutadella como parque urbano en el Sector Oriental, punto de encuentro de los barrios de Sant Martí, la derecha del Eixample y la propia Ciutat Vella. El área comprendida entre la playa de vías de la estación de Francia y la desaparecida estación de cercanías, en torno a la plaza Ocata, tiene que ser un nuevo punto de enlace con el barrio de la Barceloneta.
Complementariamente, cuando hablamos de los jardines, nos referimos a las intervenciones de Florensa (1889-1968): los jardines del Hospital de la Santa Creu, el Jardí Capmany o los jardines de las Drassanes; pero también nos referimos a los claustros como el de la Catedral; a patios como el Pati Manning, el Pati de les Dones, el Pati de la Misericòrdia; a los jardines de Sant Pau del Camp o a la futura remodelación de los jardines de la plaza Vila de Madrid o de Vandonzella. Todos tienen como denominador común la idea de jardín-recinto, que ha de permitir en la tradición de Ciutat Vella disponer de nuevos jardines.

4. Las calles
Con la instrucción de Carlos III, de 1717, que nos recuerda: "En ocasión de obras y casas nuevas o de derribo de las antiguas, quedan más anchas y derechas las calles...", se inicia un proceso de intervenciones, de mejora del trazado de calles, de eliminación de callejones sin salida y de rectificación y ampliación de calles, aplicando mecanismos de alineación y de proyecto de nuevas fachadas.
Ciutat Vella cuenta con un rico vocabulario bastante significativo: desde la calle hasta el pasaje y el paso, delante y detrás, torrentes y canales, subidas y bajadas... En estas huellas históricas se ha intervenido durante estos últimos años y se ha puesto especial cuidado en su renovación, tomando como referencia las primeras urbanizaciones a nivel (sin aceras) con piedra de Montjuïc, del llamado modelo Florensa, en la que las nuevas tecnologías han permitido cuidar con precisión su diseño. Efectivamente, a lo largo del siglo XX, la búsqueda del tipo ha sido un esfuerzo permanente desde las primeras calles hechas con empedrados de losa de Montjuïc, donde en estos últimos años la mecanización en la fabricación de las losas ha significado una reinterpretación del modelo, en el que el eje de la calle se refuerza con la horizontalidad del trazado de la propia calle, recogiendo y poniendo de manifiesto los elementos de recogida de aguas, utilizando recursos caligráficos, como por ejemplo, textura, cambios de dirección, tipos de juntas..., con una diversidad de tramas que inicialmente puede sugerir un modelo único, pero que acaba diversificándose e incluso, en ocasiones, a riesgo de perder coherencia. También se ha llevado a cabo una remodelación continuada en aquellas calles trazadas a cordel, como por ejemplo el eje (1824-1849) formado por las calles Ferran, Jaume I y Princesa. Ya dentro de la tradición noucentista, se han llevado a cabo nuevas urbanizaciones como la del Palau Reial Menor, el entorno de las calles Unió y Nou de la Rambla o el propio ensanche de Ponent —estas últimas en plena ocupación intensiva del barrio del Raval— que dan lugar a nuevas calles con aceras de sección más generosa, rectilínea y uniforme. Es necesario preservar el carácter de estas calles, muy vinculado a la edificación que las rodea.

5. Los límites, las antiguas vías y los nuevos paseos
Hemos visto que la Gran Via, el Cinturón del Litoral y el frente costero, elementos tangentes a Ciutat Vella, son los límites de este barrio con la recuperación de las Rondas como anillo de circunvalación, que recoge las antiguas vías de salida de la ciudad amurallada. Otros límites, como el Passeig Marítim, en el marco de la remodelación de los perímetros del barrio de la Barceloneta, se han ampliado hasta conectar con la Vila Olímpica y con Montjuïc, gracias a la recuperación de espacios como el Moll de la Fusta y el Moll de la Barceloneta para el paseo ciudadano.
Efectivamente, el legado de la tradición urbana de la Barcelona anterior al Plan Cerdà, por razones históricas por todos conocidas que propiciaron la inmovilización de la ciudad durante cuatrocientos años, se caracteriza por la falta de grandes espacios libres. Solo tres espacios, con funciones estrictas de paseo, tenían una dimensión considerable: la Rambla, entre la segunda y la tercera muralla; el desaparecido paseo de la Esplanada, con los jardines del General, situado en el vacío comprendido entre la Ciutadella y la muralla, y el paseo de la Muralla de Mar sobre el actual Moll de la Fusta. A excepción de la Exposición Universal de 1888, con el paseo Lluís Companys y el Parc de la Ciutadella, se habría de esperar hasta los últimos diez años para encontrar nuevos paseos y espacios públicos de dimensión urbana en Ciutat Vella –con las antiguas vías convertidas en la nueva Rambla en el Plan Central del Raval y el Saló Cambó, vestíbulo de un nuevo itinerario, en la ciudad medieval que nos conducirá del remodelado Pla de la Catedral al cruce de caminos de la plaza Sant Agustí Vell.
A modo de resumen, me gustaría destacar los siguientes puntos que sirven para explicar los ulteriores capítulos sobre la transformación urbana del espacio público en Ciutat Vella.
- Hay que continuar restaurando las plazas consolidadas.
- Persiste un modelo que revitaliza nuevas calles.
- Es conveniente seguir generando itinerarios, por ejemplo, desde la Vila Olímpica hasta Montjuïc a través de la Ciutadella y el paseo del Marquès d’Argentera.
- Se tiene que recuperar la Ciutadella como parque urbano, la plaza de la Gardunya, los patios de la Misericòrdia, Capmany, etc., con nuevos jardines como los de Valldonzella o la Vila de Madrid, entendiendo el espacio público desde el itinerario urbano, puesto que el itinerario facilita la recuperación del paseo como actividad de ciudad, la permeabilización del entorno y la implantación de nuevos edificios y actividades singulares.

Epílogo

En el ámbito de la cultura urbanística reciente se es sensible a las intervenciones que se llevan a cabo en nuestros centros históricos. Ciutat Vella ha sufrido una transformación urbana continuada estos últimos años; el hecho de haber alcanzado un alto grado de consecución de sus objetivos iniciales hace posible reflexionar a la vez que mirar adelante en un sector de la ciudad con capacidad de metabolizar en el tiempo las huellas que las diferentes culturas van dejando a lo largo de su historia.
El estado de ejecución de los Planes Especiales de Reforma Interior, y, por tanto, el estado de ejecución de las actuaciones urbanísticas que preveía el programa del Área de Rehabilitación Integrada, se encuentra en la recta final. Recordemos que los PERI autolimitaban su capacidad de programa a unas determinadas actuaciones concentradas, por razones económicas y de conveniencia legal, en las áreas ya afectadas con anterioridad al Plan General Metropolitano.
La experiencia de estos diez años de intervención continuada en Ciutat Vella nos enseña que la lógica de la ciudad nueva se tiene que imponer sobre la ciudad vieja como mecanismo para solucionar los problemas de esta. Es preciso que una actuación pública constante y sostenida se proyecte con nuevas ideas y sobre todo con la concreción desde el proyecto de estas ideas, aprovechando la experiencia acumulada en materia de instrumentos de intervención y gestión, ya que se requieren sistemas de planificación ágiles con una gestión muy especializada.
Es difícil ejecutar un plan desvinculado de los mecanismos de gestión, es difícil llevarlo a cabo si no hay un compromiso institucional y de corresponsabilidad ciudadana, es necesario que exista la voluntad de insertar de nuevo el centro histórico dentro del ciclo vital de la ciudad: para mantener el centro, hay que transformarlo. La intervención debe seguir criterios de diseño urbano, incorporando modelos contemporáneos de vivienda pública y de equipamientos, manteniendo el carácter mixto de residencia, comercio y servicios propios de estos sectores de la ciudad, en los que el discurso histórico y contemporáneo se complementen, sin tener que recurrir al pastiche historicista.
De las nuevas edificaciones se exige que se integren en las características urbanas del tejido edificatorio del centro histórico, participando de los nuevos espacios públicos, haciendo que el proyecto actúe de clave de bóveda de la planificación imprescindible y la gestión que lo hace realidad, trabajando en una formalización más compleja de la arquitectura para que se ajuste mejor al carácter del entorno, permitiendo el desarrollo de una mayor diversidad tipológica. En este contexto, es necesario reconocer la importancia cualitativa y cuantitativa de la vivienda, en el que la eficacia de las soluciones no se produce, en la mayoría de los casos, por reformulaciones urbanísticas generales, sino por aquellas situaciones en las que la dimensión de la actuación así lo permite.
Piezas urbanas de dimensiones considerables han sido recuperadas siguiendo el modelo de grandes contenedores con nuevas actividades, con nuevos usos. Éste es el caso de los principales edificios del gótico civil catalán, contenedores que actúan de hitos urbanos en el itinerario, no como elementos aislados sino como referencia y piezas del conjunto. Estos edificios adquieren un nuevo papel estructurador en el entorno urbano que los rodea, en el que la variedad de usos permite dar nueva vida a edificios de valor histórico-artístico añadido. Pero también es el caso de aquellas pequeñas piezas de carácter residencial que, por su situación estratégica, por su carácter contaminante en el entorno, por su particular atmósfera, forman parte del paisaje urbano y han de ser objeto de conservación, haciendo posible una rehabilitación de calidad que mantenga el carácter y los valores del centro histórico. Se trata de un objetivo especialmente difícil en el que la densidad ambiental, la superposición, los usos y las actividades, la historia del lugar han de ser valores positivos que revitalicen social, económica y culturalmente áreas degradadas, evitando volver a situaciones irrecuperables. Y todo esto con calidad de vida para los residentes, incorporando el centro histórico en el ciclo vital de la ciudad añadiéndole nuevos valores, persiguiendo algo más que un simple proceso higienizador.
La intervención en el centro histórico, en necesario y constante proceso de reforma, como elemento vivo de los tejidos que componen la ciudad, reviste una gran complejidad y no puede reducirse a determinadas fórmulas esquemáticas. Hay que huir de criterios, gestiones uniformadoras, de los centros históricos reducidos a monografías, ya sean turísticas, terciarias o universitarias. El descubrimiento de las estructuras ocultas, del tiempo, del lugar y su valorización, la búsqueda paciente, etc., son necesarios para hacer posible una adaptación al cambio. Se trata de determinar variedad y desorden tipológico, trazados y parcelario, heterogeneidad de medidas y usos, densidad y etnias..., la diversidad como potencial, frente a la unidad concebida como uniformidad. Los centros históricos frente a la segregación funcional se caracterizan por ser el resultado de un frágil equilibrio de consideraciones muy diversas. Al intervenir en ellos, hay que dotarlos de instrumentos para adecuarlos a los cambios, redefiniendo la posición y la función del centro histórico dentro del nuevo sistema urbano y metropolitano, aprovechando la revalorización de su papel de centro-ciudad, frente a dinámicas de segregación y dispersión territorial, garantizando un crecimiento sostenible en términos de progreso económico, social, cultural y de calidad de vida.

 

1) Véase la Memòria del Projecte, 1859.

2) Véase Plans i Projectes, Ajuntament de Barcelona, 1983: Reconsideració de les vies rápides en barris antics.

3) El Decreto 2329/1983 del 18 de julio dedica un capítulo a un nuevo concepto: las Áreas de Rehabilitación Integradas:

"...tendrán por objeto la mejora y recuperación de los conjuntos urbanos, de las actividades económicas y sociales que le son propias, así como de las condiciones de vida de los residentes mediante actuaciones en edificios, espacios libres, infraestructuras, servicios y equipamientos necesarios.
"Las declaraciones de ARI tendrán por objeto coordinar las actuaciones de las Administraciones Públicas y el fomento de la iniciativa privada, de cara a rehabilitar de forma integrada los conjuntos urbanos de interés arquitectónico, histórico, artístico, cultural, ambiental o social."