La intervención regeneradora en Ciutat Vella
TEXTO: Joan Fuster i Sobrepere

Ciutat Vella 1983-1998: un paso de gigante para su mejora
TEXTO: Joan Busquets

En torno de Ciutat Vella. Identidades y diversidades en las ciudades
TEXTO: Joan Subirats

Dentro de la ciudad
TEXTO: E. Miralles

Cultura y crimen
TEXTO: Arcadi Espada

De la horizontalidad de las vías romanas y la retícula del Eixample de Cerdà a las nuevas infraestructuras
TEXTO: Pere Cabrera i Massanés

Ciutat Vella, el futuro de Barcelona
TEXTO: Xavier Casas i Masjoan


     

 

TEXTO: Xavier Casas i Masjoan,
Primer tinent d’alcalde
Presidente del Consejo Municipal del distrito de Ciutat Vella

Ciutat Vella, el futuro de Barcelona

 

Desde mediados del siglo XIX hasta la actual etapa democrática, bien entrados los años ochenta, Ciutat Vella, la ciudad vieja, había resultado indebidamente perjudicada por la expansión que hizo Barcelona más allá de sus antiguas murallas. No debería haber sido así, pero el hecho es que durante más de un siglo el proceso de crecimiento de la ciudad nueva fue paralelo a la degradación de la ciudad antigua. El conjunto de barrios que quedaba dentro de las 400 hectáreas amuralladas se había convertido en uno de los centros urbanos más densos de toda Europa. En 1986, más de 100.000 personas vivían en un entorno que se había dejado degradar urbanística, social y económicamente y al que los poderes públicos habían dado la espalda durante muchas décadas. Paradójicamente, era el mismo territorio desde donde los representantes de los poderes públicos

—cuando menos de los poderes locales— tomaban sus decisiones. En la segunda mitad de los años ochenta empezaron a romper aquel absurdo antagonismo entre la nueva Barcelona y Ciutat Vella.

El panorama de entrada no era estimulante en absoluto. Todos los factores negativos derivados del desarrollo industrial de Barcelona primero y de la fuerte crisis económica de los años setenta después se habían concentrado salvajemente en Ciutat Vella. El paro, el consumo de estupefacientes y la prostitución encuentran su caldo de cultivo en un conjunto de barrios marcado por la degradación de la vivienda y el patrimonio arquitectónico y por afectaciones históricas previstas en reformas que se habían planteado a principios del siglo XX pero que nunca se hicieron realidad. Como consecuencia de todos estos factores, mucha gente se fue a otras zonas de la ciudad, con la misma intensidad que nuevas oleadas de inmigración se ubicaban en aquel entorno degradado porque era el único al que podían acceder.

Por lo tanto, se hizo necesaria una política global, un plan de actuación integral para abordar, simultáneamente, los problemas urbanísticos económicos y sociales del núcleo histórico de la ciudad. Había que actuar de manera prioritaria, y así se está haciendo desde 1987, en la mejora urbanística y la calidad de la vivienda, en la mejora de la movilidad y las actuaciones de bienestar social, en la mejora de las infraestructuras, la dotación de equipamientos, la seguridad ciudadana y la promoción económica. Y todo esto había que hacerlo teniendo muy claras tres reglas básicas: concertar las actuaciones entre los vecinos, los comerciantes y las administraciones públicas; concertar al máximo los esfuerzos humanos y económicos, y actuar con la máxima agilidad y celeridad.

Los planes especiales de reforma interior (PERI) se reunieron en un solo documento y se puso en marcha el Área de Rehabilitación Integrada de Ciutat Vella (ARI) que, desde hace más de doce años, está permitiendo la actuación coordinada de las administraciones públicas y las asociaciones de vecinos de cada barrio para la rehabilitación del distrito en todos los aspectos. Se crearon instrumentos específicos para la gestión del cambio: la Oficina de Rehabilitación de Ciutat Vella y la empresa Promoció de Ciutat Vella S.A., una sociedad cuyo capital es en su mayoría público -municipal y de la Diputación de Barcelona-, pero con la participación de sectores privados como empresas de servicios, comercios y entidades financieras.

Con estos instrumentos, Ciutat Vella se disponía a emprender la difícil aventura de romper con la tendencia decadente a la que parecía haber sido condenada durante un siglo y medio. Se ha producido una apertura de espacios para nuevas plazas y espacios libres, la construcción de nuevas viviendas, la ubicación de equipamientos diversos tanto de ciudad como de barrio, la creación de nuevas instalaciones deportivas y la expansión progresiva de la cultura de la rehabilitación.

Las actuaciones preventivas, especialmente en materia de drogas y de seguridad ciudadana, hicieron posible una serie de efectos positivos en cadena: el impulso del turismo y del comercio, más riqueza para los barrios y más bienestar en general, un nuevo impulso para la inversión y la regeneración. Las universidades y los grandes equipamientos culturales han hecho el resto.

Los resultados ya se pueden ver ahora en la Barceloneta, en la fachada marítima o en el Port Vell; en el barrio Gòtic, con los espacios peatonales y las nuevas plazas; en la Rambla, que ha mejorado sus edificios y vuelve a lucir el reconstruido Liceu; en el Nucli Antic, con la apertura de la avenida Cambó; en el Raval, con el Plan Central del Raval y otras actuaciones. Todo este proceso, sin duda, tendrá un lugar de honor en la historia contemporánea de Barcelona. Ciutat Vella ha recuperado su auténtica alma. Después de 2.000 años, el corazón de Barcelona vuelve a latir con fuerza y proyecta Barcelona hacia el nuevo siglo.