L'educación: un proyecto futuro para Barcelona
TEXT: Ignasi Vila, Carme Gómez-Granell.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Ciudad, sostenibilidad y participación

TEXT: Ramon Folch
La ciudad como pedagogia(*)
TEXT: Jordi Borja.
La función educativa de los espacios urbanos
TEXT: Oriol Bohigas.
La función educativa del espacio urbano
TEXT: Bruno Gabrielli.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Los cambios en los valores y modelos de familia

TEXT: Marina Subirats.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Educación, formación y acceso al mercado laboral

TEXT: Joan Majó.


     

 

TEXTO: Ignasi Vila
Catedrático de Psicología de la Universidad de Girona
TEXTO: Carme Gómez-Granell
Doctora en Psicología y coordinadora del Proyecto Educativo de Ciudad

La educación: un proyecto futuro para Barcelona

 

La educación cobra cada vez más importancia en nuestra sociedad. El desarrollo tecnológico, especialmente el de las tecnologías de la información, está produciendo cambios espectaculares en el mundo en que vivimos. Lo que se conoce con el nombre de sociedad del conocimiento y de la información implica conceptos como globalización, trabajo inmaterial, red, etc. que presentan retos de futuro en el corazón de la propia existencia de las sociedades tal como hoy las conocemos. La progresiva sustitución de los factores clásicos de creación de valor económico -mano de obra, energía y materias primas- por la información comporta fenómenos económicos, sociales y culturales de nuevo cuño que requieren ser abordados a través de nuevas ideas y procedimientos.

No hay duda de que estos cambios contienen posibilidades de mejora de nuestra sociedad, pero también es cierto que encarnan amenazas profundas, sobre todo si nos fijamos en su capacidad de aumentar aún más las diferencias económicas, sociales y culturales entre la ciudadanía. Una concepción de la educación que atienda únicamente a los cambios tecnológicos que se están produciendo y que pretenda adecuarse sólo a las nuevas concepciones mercantilistas difícilmente puede afrontar las amenazas asociadas a estos cambios. Por el contrario, y sin olvidar estos aspectos, la educación debe entenderse como un proyecto colectivo, intencional, que no sólo tiene que capacitar a las personas para la inserción laboral y profesional, sino también para vivir juntas en un mundo cada vez más cambiante, heterogéneo y diverso.


© María Birulés

Sala de lectura de la Casa de la Ardiaca

 

La afirmación de que la educación supone un proyecto colectivo consciente e intencional de cara al futuro no sólo implica un proyecto de transformación social. Requiere, también, ciertas dosis de optimismo en cuanto a las posibilidades de mejorar nuestra sociedad y la certeza de que no estamos condenados a sucumbir a las amenazas que creemos ver en los cambios sociales y económicos. Por eso, desde el optimismo y la creencia en la necesidad de trabajar por un futuro mejor que el presente, nos propusimos ya hace dos años iniciar la elaboración del Proyecto Educativo de la Ciudad de Barcelona.

El énfasis en la educación como proyecto consciente a favor de la igualdad y la cohesión social nos llevó rápidamente a considerar dos aspectos que vertebran el proyecto educativo de la ciudad de Barcelona. En primer lugar, la idea de que la educación se prolonga mucho más allá de la escuela y que son muchos y muy diversos los escenarios y agentes educativos que actúan en la ciudad. En segundo lugar, la idea de que en el futuro la educación no será una única etapa de la vida, la que va del nacimiento a la juventud, sino que se prolongará a lo largo de todo el ciclo vital.

La ciudad, un agente educativo

Hoy nadie duda de la importancia de la influencia educativa de la familia, de los medios de comunicación o de la educación no formal y, de hecho, cada vez aparecen nuevos trabajos de naturaleza sociológica o educativa sobre esta cuestión. Sin embargo, en el inicio del proyecto, ambicionábamos algo más. En aquellos momentos era relativamente fácil reconocer estos agentes y vertebrar actuaciones para incrementar su potencial educativo. De facto, así lo hemos hecho. Pero nuestra concepción de la educación va más allá de la escuela; implicaba también otros aspectos íntimamente ligados a nuestra idea de la relación entre educación y ciudad. Así pues, desde una perspectiva educativa, no es lo mismo que se nos proponga vivir en un entorno urbano abandonado a la degradación, sin aceras para poder pasear o espacios públicos en los que poder reunirse, o en un entorno agradable, en el que el asfalto y las zonas verdes forman una unidad que, a la vez, hace visible el patrimonio histórico y cultural y promueve las diversas acepciones de la creatividad artística de la especie humana. O, en el mismo sentido, no es lo mismo participar en una sociedad que promueve el uso racional de los recursos naturales mediante programas medioambientales y campañas de sensibilización dirigidas al conjunto de la ciudadanía que vivir en una cultura que promueve un uso unidireccional del entorno y no se preocupa de la propia sostenibilidad. Hablamos de lo que la misma ciudad expresa en relación con las intenciones de sus agentes sociales; de la necesidad de que los resultados no desmientan día a día lo que proclamamos como deseable. En definitiva, de entender la cuidad como un espacio en el que se reflejen y se lean las intenciones, los valores y los conflictos. En otras palabras, estamos diciendo que, educativamente hablando, la cuidad no es un hecho neutro. Más allá de los agentes educativos que trabajan en ella, la ciudad es, en sí misma, un agente educativo.

Educación a lo largo de la vida

El segundo aspecto se refiere a la educación a lo largo de la vida. Los cambios que se producen en nuestra sociedad hacen imposible ya pensar que sólo con los conocimientos incorporados en la primera etapa de la vida las personas puedan mantenerse de manera satisfactoria en sus puestos de trabajo o, incluso, simplemente vivir de manera autónoma. Se impone reconocer, pues, que la formación inicial debe facilitar el desarrollo de las capacidades básicas para continuar aprendiendo el resto de la vida. Un aprendizaje que con toda seguridad se hará imprescindible. Como afirma Joan Majó, los títulos universitarios deberían tener fecha de caducidad como los yogures. Pero eso se refiere a las personas que hoy inician su educación, a la gente joven. Tenemos que decir que el problema va mucho más allá: ya hoy amplios sectores de la ciudadanía por razones culturales o de edad experimentan dificultades serias para incoporarse a las nuevas formas de trabajo y de organización social, tropiezan cotidianamente con un mundo que les cambia los referentes vitales sin darles tiempo a desarrollar estrategias de adaptación, a poner en juego sus capacidades de aprendizaje. La necesidad de desarrollar programas educativos que combatan el analfabetismo mediático, digital y científico constituye una necesidad y una manera de garantizar la igualdad de oportunidades para el conjunto de la ciudadanía.

El Proyecto Educativo de Barcelona

A fin de concretar estos dos grandes objetivos o principios se empezó en Barcelona la elaboración de un proyecto educativo para la ciudad. Un plan estratégico capaz de definir cuáles eran los retos a los que se enfrentaba la educación para formar una ciudadanía democrática activa y participativa y proyectar líneas de actuación y propuestas para conseguirlo.

Después de casi tres años de trabajo basado en la participación, el trabajo y la reflexión de muchas personas se ha llegado a definir un conjunto de siete líneas estratégicas y a definir propuestas de actuación, consensuadas por veintidós instituciones de las más relevantes de la ciudad.

Dichas líneas son las siguientes:

Profundizar en la dimensión social y comunitaria de la educación promoviendo un compromiso estable de los agentes sociales en distritos y barrios.

Desarrollar las acciones adecuadas para mejorar la igualdad de oportunidades frente a los cambios tecnológicos, económicos, sociales, culturales e institucionales.

Adecuar las diversas formas de formación profesional a las necesidades del entorno productivo de la Región Metropolitana.

Promover una ciudadanía activa, crítica, responsable y abierta a la diversidad.

Formar a la ciudadanía en el uso sostenible de los recursos y promocionar un ecosistema urbano integrado que mejore la calidad de vida de las personas.

Capacitar a las personas para la innovación y la gestión de los conocimientos en todos los campos de las ciencias, la cultura y las tecnologías.

Aprovechar las oportunidades que ofrece la Carta Municipal para mejorar la gestión, planificación y cualificación del sistema educativo.

Un pacto ciudadano por la mejora de la calidad de la educación. Eso es en realidad el Proyecto Educativo de Ciudad. Calidad relacionada con el impulso de renovación tecnológica y la emergencia de nuevas profesiones, con una nueva imagen de los profesionales de la educación formal y no formal, con el reconocimiento y el apoyo a los agentes educativos más allá de la escuela, con la necesidad de un nuevo tipo de centro educativo; con la redistribución y el mayor control de los fondos públicos, con la reivindicación de una administración descentralizada, más cercana a la comunidad y más respetuosa con la autonomía de los procesos educativos.

El festival de músicas avanzadas del Sónar

 


© Enrique Marco

El Proyecto Educativo de Ciudad propone educar en un concepto de ciudadanía identificado con los valores de libertad, cohesión social y respeto por la diversidad de identidades y culturas; asocia la ciudadanía con la igualdad de oportunidades con relación al acceso al trabajo, al reparto de las responsabilidades productivas y familiares entre las mujeres y los hombres, al acceso al consumo y a la creación cultural... Como esfuerzo colectivo de la ciudad -y tal como ya pasó en otros momentos-, esta idea de civilidad prefigura un proyecto social caracterizado por una mayor apertura al pluralismo y a la diversidad. Un proyecto que incluye también desarrollos económicos alternativos, basados en la innovación, la sostenibilidad, la racionalidad y la eficiencia, y que legitima otras formas de relación social más humanas, libres e igualitarias. En definitiva, se asocia con una mayor riqueza y calidad de las formas de vida; con la voluntad de atenuar el sufrimiento individual y colectivo; nos remite a una vida digna, que nos permita mantener bien alto el orgullo de ser ciudadanos y ciudadanas de Barcelona.