L'educación: un proyecto futuro para Barcelona
TEXT: Ignasi Vila, Carme Gómez-Granell.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Ciudad, sostenibilidad y participación

TEXT: Ramon Folch
La ciudad como pedagogia(*)
TEXT: Jordi Borja.
La función educativa de los espacios urbanos
TEXT: Oriol Bohigas.
La función educativa del espacio urbano
TEXT: Bruno Gabrielli.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Los cambios en los valores y modelos de familia

TEXT: Marina Subirats.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Educación, formación y acceso al mercado laboral

TEXT: Joan Majó.


     

 

TEXTO: Jordi Borja
Geógrafo, urbanista y asesor del Proyecto Educativo de la Ciudad de Barcelona

La ciudad como pedagogía (*)

 

(*) Este artículo es un resumen del documento que con el título "Los desafíos del territorio y los derechos de la ciudadanía" ha escrito el autor para el Proyecto Educativo de la Ciudad de Barcelona.

La ciudad democrática debe tener en cuenta a todas las personas que la integran. La participación ciudadana en la organización del territorio y en la concepción y gestión de los espacios públicos es una señal de identidad en este modelo de ciudad entendida como ciudad de encuentro y civismo que propone el Proyecto Educativo de la Ciudad de Barcelona.
La ciudad es el producto cultural más complejo y cargado de significado que hemos recibido en toda la historia y que cada día construimos y destruimos entre todos. Esta complejidad no viene dada por la concentración de población ni por la magnitud de su actividad económica ni por ser sede de partidos políticos, sino por sus posibilidades de intercambio. Porque la ciudad no es sólo el espacio (urbs), sino que también es el conjunto de personas que viven en comunidad (civitas). Así, la ciudad - ciudad es aquella que optimiza las oportunidades de contacto, la que apuesta por la diversidad y la mixtura funcionales y sociales, y la que multiplica los espacios de encuentro. Es decir, la ciudad es la aventura iniciática a la que todas las personas tenemos derecho.
Mito o realidad, la ciudad aparece como lugar de las oportunidades, de las iniciativas y de las libertades individuales y colectivas. El lugar de la privacidad, pero también el de la participación política. "Ayer, en una manifestación de parados, me sentí por primera vez un ciudadano", aseguró un manifestante en París en mayo de 1997.
Sin embargo, la ciudad, entendida como una aventura iniciática a la que todos tenemos derecho, no ofrece todos los medios a los que tendrían que vivirla como tal. Dicho de otra manera, no todo el mundo puede utilizar las oportunidades de formación, información, trabajo y cultura que ofrece la ciudad.
Dado que las políticas urbanas que implican a responsables políticos, a profesionales y a los agentes económicos y sociales pueden impulsar unas dinámicas y reducir otras, la cuestión de los valores culturales y de los objetivos políticos se convierte en la cuestión decisiva de nuestro presente y de nuestro futuro urbano para fomentar la participación de la ciudadanía. Como recordaba recientemente Michael Cohen, dirigiéndose a los responsables de la política urbana de Buenos Aires, lo que deben plantearse ante todo es cuáles son los valores que orientan su acción, adónde queremos ir, qué modelos de vida urbana proponen a la ciudadanía (1).
Si como se ha dicho tantas veces la política es pedagogía y la ciudad es política, parece lógico plantearse la dimensión pedagógica del urbanismo, es decir, la estrategia urbana como gran proyecto educativo.


© María Birulés

Parque infantil en un interior de isla del barrio Baró de Viver.

 

El desafío urbano: una ciudad para todas las personas

Los proyectos urbanos deben formar parte de un proyecto global de ciudad concertado socialmente, liderado democráticamente y validado culturalmente. El espacio urbanizado no es ciudad. El territorio articulado exige ciudades, lugares con capacidad de ser centralidades integradoras y polivalentes y constituidos por tejidos urbanos heterogéneos social y funcionalmente. Hacer ciudad es, ante todo, reconocer el derecho a la ciudad para todos. Reivindicar el valor ciudad es optar por un urbanismo de integración y no exclusión que optimice las libertades urbanas. A veces los responsables políticos y los funcionarios toman decisiones sectoriales sin conocer o sin preocuparse de sus efectos sobre el tejido urbano y los usos sociales que facilita. Pero no olvidemos que nadie es propietario exclusivo de cada trozo de territorio. Ni la municipalidad ni el promotor ni los vecinos.
El debate ciudadano tiene que estar orientado por objetivos políticos explícitos, pero es preciso hacer emerger también los valores culturales y los intereses sociales implícitos. Y para ello hay que proporcionar medios a los que no los tienen.
El gobierno local debe tener un proyecto político e intelectual para la ciudad.

Espacio público y participación

La bondad del urbanismo actual se verifica en la cualidad del espacio público. Los espacios públicos requieren un debate público, una participación ciudadana a lo largo del proceso de concepción, producción y gestión.
¿Participación de quién? La lista podría ser interminable. También se podría decir que implicara únicamente a quienes se manifestasen como interesados. Sin embargo, hay algunos colectivos que requieren una atención especial: las mujeres ante todo, sus tiempos, sus demandas, y muchos aspectos que se escapan a los responsables masculinos; los jóvenes; los viejos y los niños; las minorías étnicas, culturales o sexuales que sufren algún tipo de exclusión.
Hay que hacer lo necesario para que se expresen todos estos intereses, para después producir y difundir una cultura de espacios públicos que permita hacer propuestas y también cuestionar y combatir aquellas demandas o exigencias sociales no siempre generosas con los demás o con uno mismo. El espacio público es un desafío y una oportunidad para la justicia urbana. Reivindicamos la máxima calidad para el espacio público de cotidianidad, pero también el acceso a los espacios públicos de centralidad para todos.
Por lo tanto, es preciso que los profesionales asuman una especial responsabilidad en la concepción y el diseño de los espacios públicos. No es suficiente responder a la demanda del cliente, ya sea Administración Pública, organismo autónomo o empresa privada. Más que cualquier otro programa urbano, un proyecto de espacio público necesita apoyarse en valores éticos, de libertad, tolerancia y solidaridad. La ciudad es comercio y cultura, es decir, intercambio y comunicación. Las dinámicas urbanas más perversas que disuelven la urbe - ciudad agravan la ruptura de la relación social. Más allá del urbanismo, hay otros mecanismos que pueden dar lugar a exclusiones sociales y que deben ser asumidos por las políticas urbanas. Tres nos parecen especialmente relevantes:
Empleo remunerado. El paro es hoy, con toda seguridad, la causa más importante de ruptura de la relación social. Los proyectos urbanos deben incorporar a sus objetivos la generación de empleo. La educación, la cultura y el esparcimiento, las tecnologías de la información, etc. son sectores susceptibles de ofrecer binomios de formación - empleo para los jóvenes. Por ello, creemos que hay que plantearse seriamente el debate y experimentar la aplicación de alguna de las diversas modalidades de salario ciudadano que diversos colectivos y expertos proponen en Europa (2).

Imagen del Port Vell, con la escultura "les quatre cares de Barcelona" al fondo

 

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© María Birulés

Tecnologías de la información. Los poderes públicos tendrían que garantizar la igualdad de acceso a estas tecnologías mediante políticas activas a favor de los usuarios y un observatorio de vigilancia de sus usos.
Relación ciudadanos - administraciones públicas. A la hora de efectuar grandes proyectos, las políticas urbanas raramente tienen en cuenta objetivos de redistribución social y de integración de sectores excluidos. Otras veces se realizan proyectos destinados a sectores vulnerables (vivienda, espacios públicos, etc.) sin tener en cuenta las demandas de esta población y, menos aún, intentar primero entender sus aspiraciones. La descentralización de los gobiernos locales, el planteamiento estratégico con participación ciudadana, la gestión mixta de equipamientos y servicios, la democratización de las tecnologías de la información y, en general, todas las actuaciones de acción positiva para dar voz a los que no la tienen o no se hacen escuchar son caminos apropiados para reducir los márgenes de exclusión.

Innovación política

Hoy se habla más de participación ciudadana que política; sin embargo, no es difícil constatar que las prácticas políticas y administrativas son tan reacias a innovar en todo lo referente a los mecanismos participativos como, incluso, reticentes ante el desarrollo de las posibilidades de los ya existentes. Los programas y proyectos urbanos se presentan casi siempre de tal forma que difícilmente son entendibles por los ciudadanos. No se utilizan medios que serían más comprensibles y motivadores como maquetas, vídeos, simulaciones, etcétera. Se evitan las consultas populares y hay poca sensibilidad respecto a tramitar las iniciativas ciudadanas. Algo tan elemental como el presupuesto participativo aparece aún como la excepción. El principal obstáculo a nuestro entender reside en la alianza de facto que se da en las instituciones entre la partiocracia y la burocracia. La participación ciudadana sólo progresa si cuestiona y transforma la vida política local.
¿Qué innovación política local es posible y deseable? Aquella que permite establecer una separación - confrontación con el sistema político estatal. Precisamente porque consideramos muy necesarias unas relaciones contractuales entre las administraciones se precisa primero un proceso de ruptura entre la política estatal y la política local, al menos, en tres aspectos:

La cultura política. Es el proceso de legitimación y hegemonización de los valores y objetivos implícitos en temas que están a la orden del día, como por ejemplo el gobierno de la proximidad; la participación ciudadana; el federalismo; la identidad local, regional, nacional, o la autodeterminación.
El sistema representativo. Los partidos, coaliciones o agrupaciones electorales locales no deberían ser los mismos que los estatales.
La conquista de competencias. La conquista de espacios y edificios susceptibles de tener un uso público y que están en manos de entes públicos o privados que los tienen infrautilizados o congelados, y la existencia de la justicia local, de cuerpos de policía dependiente del poder local y/o regional; la gestión de las tecnologías de la comunicación e información; la generación de empleo y la implantación de formas de salario ciudadano; la identidad cultural o la defensa del status de ciudadano para los sectores de la población que lo tienen reconocido; la defensa de los ciudadanos como usuarios y consumidores, etc. son algunos ejemplos de esta conquista de competencias de los ciudadanos, que muchas veces plantea la necesidad de ampliar los márgenes de la legalidad específica y de la práctica administrativa.

Sin movimientos cívicos no habrá cambio político, y si no lo hay, tampoco habrá respuesta eficaz a los nuevos desafíos del territorio.

Nuevos derechos ante los nuevos desafíos del territorio

El derecho al espacio público y a la belleza, el derecho a la identidad colectiva, el derecho a la movilidad, el derecho al acceso y al uso de las tecnologías de la información y comunicación, el derecho a la justicia local y a la seguridad, el derecho a la protección ante las instituciones y las empresas de servicios, el derecho al empleo y al salario ciudadano, el derecho a la calidad del medio ambiente, el derecho de todos los residentes en una ciudad a tener el mismo status político-jurídico de ciudadano...; nuevos y menos nuevos derechos que para ser desarrollados y legitimados exigirán un gran movimiento de movilización y participación ciudadana y una considerable audacia política.
El derecho a la ciudad y el deber político de hacer ciudad sobre la ciudad para todas las personas requiere cambiar la idea de una pedagogía que se apoya en la ciudad por la idea de la ciudad como pedagogía. Este es el auténtico objetivo y el reto, nada fácil, del Proyecto Educativo de la Ciudad de Barcelona.

(1) M. Cohen. Intervención en el coloquio "Hacia una estrategia para Buenos Aires", Buenos Aires, Gobierno de la ciudad, 1997. (M. Cohen fue director del área urbana del Banco Mundial). En este coloquio también intervino Peter Rees, director de Planeamiento de la ciudad de Londres.

(2) Véase la obra colectiva Vers une economie plurielle (Syros, París 1997) y el debate sobre la cuestión del salario ciudadano en la revista Transversales (París) a partir de 1996.