L'educación: un proyecto futuro para Barcelona
TEXT: Ignasi Vila, Carme Gómez-Granell.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Ciudad, sostenibilidad y participación

TEXT: Ramon Folch
La ciudad como pedagogia(*)
TEXT: Jordi Borja.
La función educativa de los espacios urbanos
TEXT: Oriol Bohigas.
La función educativa del espacio urbano
TEXT: Bruno Gabrielli.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Los cambios en los valores y modelos de familia

TEXT: Marina Subirats.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Educación, formación y acceso al mercado laboral

TEXT: Joan Majó.


     

 

TEXTO: Bruno Gabrielli
Profesor de Urbanismo de la Universidad de Génova y asesor urbanístico del Ayuntamiento de Génova

La función educativa del espacio urbano

 

La ciudad histórica es la representación del concepto de ciudad de poder en la que no existe el concepto de educación. Este es uno de los puntos esenciales para entender la relación ciudadanía - ciudad física.

Una de las interpretaciones más exactas en la relación entre ciudad física y ciudadanía es la marxista, a la que deberíamos volver. Debemos recordar que la ciudad, en oposición al campo, ha sido el escenario del cambio social. En este sentido, se debe ser precavido, ya que, cuando se habla de una ciudad educativa, se está construyendo la imagen de una ciudad idílica. Y la ciudad debe ser bonita, pero al mismo tiempo, debe mantener su carácter conflictivo, en el que siempre ha radicado la fuerza de las grandes ciudades europeas para avanzar hacia el progreso.

Existe mucha ambigüedad en lo que respecta al proyecto educativo de ciudad. Este proyecto educativo se basa en algunos elementos que lo han verificado, como es la referencia al concepto de identidad. Es muy importante que la ciudad sea perceptible a través de formas físicas creadas por el intelecto humano. Pero, ¿qué otros elementos son educativos en una ciudad? Es difícil de precisar. Sólo se puede dar esta idea por mediación y a través de elementos de identidad. Sin embargo, con frecuencia, la imagen física no ofrece una imagen precisa de los problemas que sufre la ciudad. En primer lugar, no se deben confundir las demandas y necesidades de los ciudadanos y ciudadanas en relación con las prestaciones que ofrece la ciudad. Podría no tratarse de un espacio que interpretara una colectividad, pero que, en cambio, reconociera a los ancianos, los jóvenes, los niños y las niñas. Esto cambia la perspectiva. No obstante, estos son aspectos funcionales que tienen que ver con los equipamientos de los que se puede dotar la ciudad física. La ciudad es la que tenemos, podemos realizar modificaciones, adaptarla mejor al peatón, a las mujeres… Estos son temas interesantes que sólo atienden a cuestiones funcionales: más cómoda, más adaptada a las necesidades de los ciudadanos… Pero desde esta perspectiva la ciudad no es educativa.

El proyecto de ciudad educativa surge a contracorriente; no creo que las ciudades europeas estén en condiciones de comenzar a caminar en esta dirección. El bienestar mejora la condición de las familias, pero, a la vez, aumenta el egoísmo. La ciudad educativa, por el contrario, parte de un concepto de solidaridad, un concepto antiguo en el que todos y todas querían lo mismo, porque en el interés personal existía un interés colectivo.