L'educación: un proyecto futuro para Barcelona
TEXT: Ignasi Vila, Carme Gómez-Granell.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Ciudad, sostenibilidad y participación

TEXT: Ramon Folch
La ciudad como pedagogia(*)
TEXT: Jordi Borja.
La función educativa de los espacios urbanos
TEXT: Oriol Bohigas.
La función educativa del espacio urbano
TEXT: Bruno Gabrielli.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Los cambios en los valores y modelos de familia

TEXT: Marina Subirats.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Educación, formación y acceso al mercado laboral

TEXT: Joan Majó.


     

 

TEXTO: Marina Subirats
Catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona

Congreso internacional Barcelona, por el conocimiento y la convivencia
Los cambios en los valores y modelos de familia

 

Resulta evidente que en los últimos años se ha producido una transformación muy profunda en las familias, que algunos consideran dramática y otros esperanzadora, pero también está claro que esto está comportando toda una serie de déficits importantes en la socialización de las nuevas generaciones.

Lo cierto es que nos encontramos en un momento de cambio muy rápido por lo que respecta a los modelos de vida, tanto familiares como laborales. Las nuevas generaciones tendrán un tipo de vida laboral muy variable, con frecuentes cambios de trabajo, de empresa o de movilidad.

También se están difuminado los roles dentro de la familia. Cada vez está menos claro qué tienen que hacer los hombres y qué tienen que hacer las mujeres. Ver cómo se tambalean estos posicionamientos resulta positivo, pero comporta que las nuevas generaciones tengan unos roles mucho menos fijos de los que aprender.

Las clases sociales no están al margen de estos cambios. Durante años nacer en una clase determinada quería decir aprender una serie de formas de pensamiento, de vestir, de hablar o de relacionarse. Las clases sociales continuarán existiendo, pero con una menor consciencia de sí mismas y con las fronteras menos claras entre ellas.

Todo este proceso comporta una tendencia a la denominada individuación, es decir, la deslegitimación del patriarcado. Cada individuo es más él mismo y tiene que escoger más su vida.

La familia no sabe bien lo que debe transmitir. Los esquemas de comportamiento individuales y colectivos actuales son totalmente diferentes de los que recibimos cuando fuimos educados. ¿Qué está bien y qué está mal? Tenemos muchas dudas e intentamos hacer sobre la marcha una reelaboración personal.
También hay que tener en cuenta que durante el franquismo toda norma nos parecía impuesta y criticable porque la falta de democracia no permitía participar en la toma de decisiones colectivas. A partir de aquí se impuso la idea de que toda norma era contraria a las personas y que suponía un principio de opresión. Lo que hace falta, en el fondo, es construir unas normas de comportamiento consensuadas.

El resultado es que encontramos una serie de carencias en la socialización de las personas actuales. Las personas jóvenes de hoy no son mejores ni peores, individualmente, que otras generaciones jóvenes. Lo que pasa es que cada generación lleva la marca de la época, con las obsesiones de las generaciones anteriores.

Esto se manifiesta de una manera muy clara en la dificultad de los jóvenes de hoy para saber cómo tiene que comportarse. Debido a la fuerte carencia de transmisión de normas ha habido una generación de derechos y no de deberes. Los jóvenes se lo han tomado como algo de lo que pueden disfrutar en lugar de verlo como normas que hay que respetar si quieren disfrutar de este modelo de vida.

Lo único que obsesiona a las generaciones jóvenes es la existencia de un modelo: el del profesional que triunfa. Quizás alguno llegará a serlo, pero está muy claro que la mayoría no podrá. Cuando analizamos la llegada a la universidad en términos de clase social, vemos que existe una diferencia muy notable según se pertenezca a una u otra. Pero no tienen otros modelos.

Así, ¿cómo podemos llegar a transmitir otras formas de valores? Porque o lo conseguimos o nos veremos abocados a unos desequilibrios sociales muy graves. No estamos capacitando a toda una generación a corresponsabilizarse de una serie de tareas, sobre todo las que no son remuneradas... en un mundo de afectividad sin el que no podemos vivir.

Quiero insistir en la democratización de la familia, la ciudadanía necesita hacerse cargo de esta corresponsabilización y educar a los jóvenes en la idea de que estamos en una sociedad de todos y de todas, y que todos tienen derechos y deberes. Es necesario que todo el mundo sepa, por ejemplo, que debe hacerse ante una emergencia, porque es responsabilidad de todos saber cómo se tiene que sobrevivir. Y eso son cosas que no estamos transmitiendo.

Hay otras cosas que, evidentemente, tienen que quedar en el marco de la familia. Pero tenemos que saber cómo compaginar esta individuación, que en los hombres hace años que empezó, con la de las mujeres, que empieza ahora. Es un problema que no está resuelto.

En este sentido, tenemos que insistir en la democratización familiar y rediscutir los roles familiares. El género femenino ha hecho una evolución muy rápida, pero el masculino está encallado y presenta signos de crisis. O evoluciona, entendiendo que no va a perder nada sino a ganar, o bien la crisis será más fuerte.

Necesitamos ver cómo se democratiza la toma de decisiones y construir nuevos modelos, pasando por los pactos y no por ver quién los hunde. Debe eliminarse la queja continua y hacer emerger todas las tareas que no se ven y repartírnoslas como hemos hecho con el trabajo remunerado. Pero eso no se puede hacer estrictamente desde el ámbito familiar, sino que se han de dar pautas desde el ámbito público. No es fácil pero sí apasionante, porque representa inventarse una familia nueva que confiamos en que pueda ser más feliz que las que hemos tenido hasta ahora.