L'educación: un proyecto futuro para Barcelona
TEXT: Ignasi Vila, Carme Gómez-Granell.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Ciudad, sostenibilidad y participación

TEXT: Ramon Folch
La ciudad como pedagogia(*)
TEXT: Jordi Borja.
La función educativa de los espacios urbanos
TEXT: Oriol Bohigas.
La función educativa del espacio urbano
TEXT: Bruno Gabrielli.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Los cambios en los valores y modelos de familia

TEXT: Marina Subirats.
Congreso internacional Barcelona, poro el conocimiento y la convivencia
Educación, formación y acceso al mercado laboral

TEXT: Joan Majó.


     

 

TEXTO: Joan Majó
Ingeniero y economista

Congreso internacional Barcelona, por el conocimiento y la convivencia
Educación, formación y acceso al mercado laboral

 

Me gustaría hacer una consideración previa. No creo que la educación tenga como finalidad única, ni siquiera principal, la educación para el trabajo. Tiene unas finalidades mucho más vastas que la pura inserción de las personas en el mundo laboral, y engloba muchas otras vertientes. Por esta razón, no debe estar únicamente en función de las necesidades del mundo laboral.

Quisiera dar algunas pistas sobre los cambios que se producirán en el mundo de la educación en función del mundo del trabajo y describiré cómo cambiará el mundo laboral en los próximos años. Evidentemente, éste es un reto al que se enfrenta el sistema educativo. De hecho, me centraré en dos aspectos: cómo cambiarán los contenidos del trabajo y cómo, en consecuencia, cambiará su organización.

No se trata de una perspectiva nueva. Todo el mundo comprende que nos encontramos ante un cambio de sociedad. La sociedad industrial se ha acabado y estamos entrando en una nueva. De hecho, nos encontramos en una etapa de transición que aún no sabemos cómo se denominará. Del mismo modo que existió una sociedad agraria y una sociedad industrial, esta última se está convirtiendo en una nueva sociedad que no sabemos cómo bautizará la historia, pero que ya ha recibido varios nombres. Como se recordará, Daniel Bell la llamó sociedad postindustrial; es una definición bastante pobre ya que simplemente quiere decir la que va después de la industrial. Más recientemente, se habla de sociedad digital, y aunque hay que reconocer que el componente digital es importante, no lo es tanto como para darle nombre. En Europa, se extiende cada vez más el concepto de sociedad de la información, el cual me parece mucho más acertado porque habla del contenido de esta nueva sociedad y no sólo de la anécdota que supone la digitalidad. Pero aún me gusta más la denominación de sociedad del conocimiento, ya que indica mejor lo que debería ser esta sociedad.

La información por sí misma no garantiza el conocimiento, porque el proceso que existe entre ambos no es sencillo. Sus relaciones son cada vez más difíciles. Hasta hace poco, todos partíamos del supuesto de que la falta de conocimientos se debía a una falta de información. Pero cada día más, la falta de conocimiento proviene del exceso de información. Por esta razón, creo que deberíamos hablar de sociedad del conocimiento.

Aunque los procesos nunca son continuados y las transformaciones no son radicales, tendríamos que hablar de modelos de sociedad: agraria, industrial y de la información. Esto no quiere decir que, en su día, todo el mundo se dedicará a producir alimentos, a fabricar productos materiales o a procesar información, sino que lo que significa es que, en cada uno de esos momentos históricos, era la actividad principal para todo el mundo, el problema de productividad. Poco a poco, la continuidad en el aumento de la productividad en el mundo agrario hizo disminuir el grupo de población que se dedicaba a trabajar en el campo y, en la actualidad, a producir elementos materiales, productos. Estoy convencido de que, dentro de pocos años, sólo un 5% de la población se dedicará a cultivar y entre un 15 y un 20% se dedicará a fabricar. Ya existen países que no están lejos de estos porcentajes, con un 4 - 6% en el campo y menos de un 25% en la industria.

¿Qué significa esto? Que en un periodo relativamente breve alrededor de un 80% de la población no trabajará cultivando la tierra ni fabricando objetos, y se dedicará a lo que normalmente se llama servicios.

Existirán dos tipos de servicios: los dedicados a procesar información (producir, distribuir…) y conocimientos, y los de la atención directa a las personas. Es lo que se llama servicios de proximidad, servicios sociales. En algunos casos, como en el de la educación, se mezclarán las dos cosas, porque se trata a la vez de un servicio de proceso de conocimientos y de un servicio de atención a las personas.

En esta sociedad en la que entramos, el arquetipo de trabajo, el trabajo de las personas, ya no será el normal durante la sociedad industrial. Me gustaría hacer una distinción entre el trabajo industrial y el trabajo relacionado con la información y su incidencia en el sistema educativo.

Hasta ahora he hablado del contenido del trabajo, que, en las sociedades industriales, consistía en extraer materiales en estado puro y transformarlos en productos mediante energía. Sin energía no habría existido sociedad industrial. En el mundo de la información, por el contrario, el arquetipo de trabajo consiste en producir información. Los periodistas y los maestros son dos casos ejemplares, pero no sólo ellos. Un empleado de banca procesa información, porque el dinero se ha convertido en información, y un funcionario también procesa información. Casi todas las tareas estarán relacionadas con el proceso de información, incluso las relativas a la producción de materiales, ya que el elemento fundamental será la aplicación de información y la aplicación de conocimientos al futuro industrial, y no tanto la aplicación de energía, como se hace ahora.

Esto es importantísimo. Paulatinamente, los elementos inmateriales están sustituyendo a los materiales. Una empresa sabe que con tecnología puede ahorrar energía, mano de obra, capital… Existe un proceso acelerado de sustitución de los elementos clásicos en la producción por el conocimiento.

Esta tendencia marca dos líneas de futuro de enorme importancia para la vida de nuestras sociedades. Tenemos suerte de que en lo que producimos se estén utilizando cada vez más elementos inmateriales y menos materiales. Si no fuese posible mantener el proceso de conocimientos mediante la sustitución de elementos materiales por otros inmateriales, todo explotaría a muy corto plazo. El planeta, con su conciencia ecológica, es incapaz de resistir un proceso de crecimiento que mantenga la misma ratio de producción y consumo de elementos materiales y de producción de residuos. Si esta tendencia no hubiese comenzado, no nos quedaría más remedio que parar el proceso de crecimiento, sobre todo, si consideramos que los implicados en este proceso somos ochocientos, novecientos o mil millones de personas. Todavía quedan otros 4.000 que se han de incorporar. No sé si en algunos casos habremos superado los límites de resistencia del planeta, pero lo que es evidente es que si la Tierra se acerca a los 1.000 millones de personas, cuando se incorporen 1.000 millones más, esto estallará en mil pedazos.

Lo único que nos permite pensar que el futuro no es tan negro como cabría esperar es que este proceso puede permitir mantener los niveles de crecimiento y producción utilizando cada vez menos elementos materiales. Se trata de un proceso al que se da la más calurosa bienvenida.

Pero, simultáneamente, se produce otra sustitución, la de la mano de obra por tecnología, que es la raíz de uno de los problemas fundamentales de nuestras sociedades: el paro. Una de las razonas estructurales de este proceso es que cada vez se necesita menos mano de obra industrial. El hecho de no haber reaccionado rápidamente ante este proceso provoca que no haya diferencia entre lo que existe y lo que se necesita. Pero, en realidad, no estamos sustituyendo mano de obra por tecnología, sino que estamos sustituyendo un tipo de mano de obra por otro. Lo que ha cambiado no es la demanda global de trabajo, sino el tipo de trabajo, y en muchos casos tenemos una población preparada para un tipo de trabajo pero no para otro.

Los próximos años nos traerán una profunda desmaterialización de nuestras vidas, principalmente en lo que respecta a prácticas de consumo. Tenemos que fundamentar nuestras pautas no sólo en la disposición de materiales, sino en la disposición de servicios. Dentro de quince años, ninguno de vosotros tendrá un disco compacto, ni escuchará la música que quiera, ya que estaréis conectados a un servicio on-line que os dará lo que pidáis. Nadie llevará reloj y todo el mundo sabrá la hora que es.

Todo esto tiene unas consecuencias impresionantes en el mundo de la política. La gran diferencia entre los productos materiales y los inmateriales es que los primeros son escasos, y no se pueden reproducir, no se pueden compartir. La economía ya no será la ciencia que estudia unos recursos escasos, como sucede en la actualidad, porque no lo serán.

También implicará una nueva forma de organizar el trabajo, que hoy entendemos como sistema de organización de las empresas industriales, utilizado incluso por las empresas que no se dedicaban a la industria. El proceso de producción industrial tiene una exigencia. Para que una fábrica funcione es imprescindible una coexistencia, que todos los que trabajan en ella vayan allí a las mismas horas. Todos trabajan de lunes a viernes, con fiesta los fines de semana y en agosto, y nos desplazamos para trabajar a la misma hora. El sistema industrial requiere una rigidez en el tiempo y en el espacio.

Con los medios de comunicación no pasa lo mismo. Las empresas que trabajen en el proceso de información no tienen ninguna necesidad de coincidir en el espacio (la gente puede estar trabajando desde lugares diferentes) y tampoco hay necesidad de que los procesos de producción se lleven a cabo a la misma hora. A mí me parece muy bien que en la empresa Seat se trabaje de 8 a 3, pero ¿por qué los bancos también? Una empresa dedicada a procesar la información debería estar abierta las 24 horas del día, todos los días de la semana y todas las semanas del año. Hoy en día La Vanguardia, TV3 y algunas universidades ya funcionan así. No tendrán ni un horario ni un lugar único. Habrá personas que irán a diferentes horarios, otras que no irán, otras que irán algunos días concretos para reunirse, otras trabajarán desde casa, otras desde lugares de trabajo diferentes… ¿Qué querrá decir entonces trabajo a tiempo parcial? No existirá, porque todo el trabajo se podrá hacer en cualquier momento.

Pero, esto no se queda aquí, ya que genera una nueva rutina en los procesos de producción. La empresa industrial, al necesitar de una importante cantidad de capital propio, ha creado su propio concepto de acumulación de capital. Un capital físico importante y no divisible; no puede haber división entre el capital y el trabajo. Así como en la edad media el artesano poseía su propia herramienta de trabajo, en la era industrial, el obrero no podía disponer de algo tan grande, lo que hizo surgir unos propietarios de los medios de producción y, otros, que lo único que hacían era poner su capital de trabajo.

Si la informática hubiese evolucionado hacia los grandes ordenadores iniciales, habría sido un sistema parecido al de la fábrica. Pero resulta que ha evolucionado hacia la informática distribuida, por lo que las herramientas necesarias para formar parte del proceso de producción son pequeñas, relativamente baratas y divisibles. En la actualidad, las máquinas de codificación y proceso de información están al alcance de todos. En cierta manera, nos encaminaremos hacia la época anterior, en la que el trabajador no sólo aportará su trabajo, sino también los medios de producción propios para hacer ese trabajo.

Con todo esto se ha acabado el concepto tradicional de contrato de trabajo, que es un concepto obsoleto. Hoy en día se trata de un acuerdo entre dos personas, normalmente una física y una jurídica, cuyos dos aspectos fundamentales son el número de horas y el salario: un contrato de alquiler de tiempo. En la sociedad de la información, ni el horario ni el salario valen para nada porque el contrato laboral será lo que ahora conocemos como contrato de prestación de servicios. La empresa y el trabajador pactarán qué es lo que se tiene que hacer y se hará allí donde se quiera, cuando se quiera y en las horas que se quiera, mientras esté acabado en el momento que se haya determinado y la empresa pagará un tanto por ello.

Este, que actualmente es un contrato minoritario, será el contrato laboral típico. El nuevo tipo de economía quiere que, el que hasta ahora era un trabajador, deje de serlo y se convierta en un pequeño empresario. De este modo, se le obliga a correr unos riesgos que no tiene por qué asumir: no tiene paro, ni permiso por maternidad… El contrato laboral del futuro se parecerá al actual contrato de prestación de servicios.

¿Cómo afecta todo esto al mundo de la educación? Se supone que el sistema educativo prepara a las personas para vivir en sociedad y poder integrarse en el mundo laboral, para lo cual se les enseñan unos determinados conocimientos, unas habilidades y unas aptitudes.

Estos tres elementos tienen que cambiar. En el mundo industrial se espera del trabajador que aporte a la empresa unos trabajos bastante específicos y constantes a lo largo de la vida laboral. La empresa de la sociedad de información buscará unos conocimientos mucho más generales y una preparación para renovar sus conocimientos específicos. El proceso educativo se tiene que adaptar a todo esto. Lo de específico y general está vinculado al ámbito del conocimiento. Debido al hecho de que los conocimientos específicos aumentan progresivamente, es más difícil profundizar mucho en cada tipo de conocimientos. Al mismo tiempo, estamos en un momento en el que parece que el cambio de conocimientos se haya convertido en un elemento de cambio de relaciones.

Las sociedades humanas han basado su poder en centrar nuestra actividad en el proceso de conocimientos. El hombre, a diferencia de los animales, ha ido aumentando su cerebro, su capacidad craneal, su capacidad de pensar, y su inteligencia la ha convertido en conocimiento y el conocimiento en tecnología. Si puedes clavarle una flecha a un león, lo puedes cazar. Pero más tarde, se dio cuenta de que la forma de los conocimientos se encuentra en la acumulación de los conocimientos y en la memoria histórica. Cada generación no empieza de cero, sino que acumula sobre las generaciones anteriores. Esto hace que, para la especie humana, el proceso de producción de conocimientos sea fundamental, pero que también lo sea el de transmisión de conocimiento.

¿Qué es lo que ha tenido lugar en este siglo por primera vez en la historia de la evolución humana? Hemos entrado en una aceleración del proceso de renovación de los conocimientos, lo que hace que su ciclo sea más breve que la vida de las personas. La renovación radical de los conocimientos necesarios para vivir o para trabajar estaba de acuerdo con la biología, que daba los elementos necesarios. Pero, al tratarse de un proceso más rápido y más breve, la sociedad ya no puede renovar los conocimientos renovando a las personas, sino que ha de renovar los conocimientos de las personas.

Con este proceso, el sistema educativo queda obsoleto y deberá ser diseñado teniendo en cuenta que tiene que servir a las personas durante toda su vida. Deberá facilitar los conocimientos, las habilidades y las actitudes que faciliten a las personas el ir aprendiendo continuamente a lo largo de toda su vida. Y esto no es tanto un problema de conocimiento, sino de habilidades y de actitudes. Aprender a aprender quiere decir, entre otras cosas, aprender a desatender; saber que lo que se sabe no sirve, y eso es difícil de transmitir. Lo importante no es tener un comportamiento específico, sino saber dónde lo podrás encontrar cuando lo necesites. Las habilidades del que aprende a ir buscando son unas habilidades diferentes. Todo el sistema se tiene que reciclar y adaptar a las nuevas necesidades, y las capacidades y actitudes para adquirir habilidades son básicas. Recuerdo un anuncio que leí hace algunos meses en Le Monde, que buscaba ejecutivos de grado medio y decía que "los candidatos deben tener entre 25 y 35 años, saber inglés, ser capaces de trabajar en equipo, tener movilidad. No importa lo que sepas, sino cómo seas. Lo que creamos que necesitas aprender ya te lo enseñaremos".

Sólo añadiré una puntualización más sobre actitudes. No se trata de formar a personas para que encajen bien en una organización de trabajo industrial, en la que lo importante es ser disciplinado, adaptarse a una jerarquía y no tener iniciativa (la tarea de la escuela ha sido preparar a personas para eso). En la nueva organización del trabajo la persona tiene mucha más autonomía y debe tener unas habilidades y actitudes diferentes. Existe una habilidad fundamental que es adquirir conocimientos, con una base tecnológica. Ahora, los conocimientos se adquirirán a través de la red y, por tanto, el movimiento y el diálogo serán habilidades fundamentales.

Hoy todavía existen ciertas reticencias con respecto al ordenador. Pero, de la misma manera que hubo un momento en que tuvimos que aprender a conducir coches, que es mucho más difícil y peligroso, se debe inculcar esta nueva habilidad de adquirir conocimiento. No se trata sólo de una cuestión tecnológica, sino mental y muy relacionada con el proceso de conversión de la información en conocimientos. Accedes a la información; el conocimiento lo elaboras tú. Y eso es lo que resulta realmente complejo.

Desearía acabar con un cierto optimismo. En los cuatro o cinco últimos años se ha dejado notar un mayor interés por este tema. Pero el problema no son las nuevas tecnologías, porque no se trata sólo de que en lugar de un libro se utilice un disco compacto, sino que se está creando un nuevo tipo de sociedad al que debe responder la educación. Las nuevas tecnologías ponen a disposición de la educación nuevas herramientas para responder a las nuevas necesidades. Si no fuera así, resultaría muy difícil. Sin angustiarnos, deberíamos plantearnos si, en ocasiones, nuestras escuelas no están formando a sus alumnos para una sociedad que, en el momento en que acaben su formación, ya no existirá. Deberíamos reflexionar un tanto al respecto.