portada

REPORTAJE

 

  TEXTO: Felicia Esquinas FOTOS: Andreu Andrada 

Arte por partida doble

"Dobles vides" ha abierto por primera vez las puertas de los museos municipales de Barcelona al arte contemporáneo. La exposición, producida por el Instituto de Cultura, ha llevado a quince centros museísticos las intervenciones de 23 artistas de doce países. El resultado es un estimulante encuentro entre el lenguaje creativo actual y las antiguas colecciones de la ciudad, que arroja nueva luz sobre el rico patrimonio barcelonés.

Las cuentas blancas de un collar gigantesco que gotea sobre una de las paredes del Museu d'Història de la Ciutat. Un fuerte olor a pan tostado flotando en las salas del Arxiu Històric. O unos grillos compitiendo con destreza musical con los instrumentos afinados por la mano del hombre que se conservan en el Museu de la Música. Este verano, el arte contemporáneo ha entrado por vez primera en los museos municipales y ha dejado huellas como estas. Dobles vides, una iniciativa impulsada y producida por el Institut de Cultura, ha situado en quince museos barceloneses las intervenciones de veintitrés artistas nacionales e internacionales, abriendo las puertas a un diálogo entre el arte actual y las colecciones de dichos centros. La exposición, inaugurada el 14 de mayo, puede ser visitada hasta el 26 de septiembre.

Teresa Blanch, comisaria de Dobles vides, opina que los museos de titularidad municipal son un reflejo de aspectos que el arte se plantea desde hace tiempo. Son la imagen tradicional del museo-contenedor, tutor de colecciones nacidas en otras épocas y que permanece al margen del gran circuito de visitas y exposiciones de la ciudad. "Pero yo no los he visto nunca como espacios caducados o muertos, sino como fragmentos de vida, una vida catalogada que permanece poco visible a los ojos de los ciudadanos", explica. Por otra parte, hace una década que la creación artística busca desplazarse hacia otros espacios que no sean los de exhibición oficial. Es un movimiento paralelo al cuestionamiento de la función del museo de arte contemporáneo como simple depósito neutro de obras. Dicha ambivalencia se halla presente en Dobles vides. "En los años ochenta -dice Blanch-, el arte vivía más encerrado en sí mismo. Esto ha cambiado, ahora los artistas se acercan más a la vida cotidiana. Y es bueno que el arte se funda con la realidad ya existente en la vida pública de la ciudad".

De estas reflexiones surgió la idea de invitar a artistas contemporáneos a crear obras sobre las colecciones municipales. El objetivo era confrontar pasado y presente para generar perspectivas renovadas: un proceso de descubrimiento mutuo que sacaría a la luz nuevas lecturas del rico legado patrimonial de Barcelona. Y, como consecuencia de ello, mezclar públicos. O duplicarlos, como indica el nombre de la exposición. "La propuesta de Dobles vides atrae al público de arte contemporáneo hacia espacios culturales de la ciudad a veces extremadamente ignorados. Y los visitantes de los museos municipales, a su vez, encontrarán estas intervenciones contemporáneas", señala Teresa Blanch.

Los artistas presentes en la exposición son Antoni Abad (España), Ana Laura Alàez (España-Nueva York), Iké Udé (Nigeria-Nueva York), Pedro Cabrita Reis (Portugal), Vicky Civera (España-Nueva York), Hannah Collins (Gran Bretaña-Barcelona), Braco Dimitrijevic (antigua Yugoslavia-París), Susy Gómez (España), Félix González Torres (Cuba), Thomas Grünfeld (Alemania), Lluís Hortalà (España-Londres), Martin Kippenberger (Alemania), Svetlana Kipistiansky (Rusia-Berlín), Josep M. Martín (España), el colectivo Taller General (Méjico-Nueva York), Jean-Michel Othoniel (Francia), Tony Oursler (Nueva York), Carlos Pazos, Perejaume y Javier Pérez (España), Valeska Soares (Brasil-Nueva York), Susana Solano (España) y Jana Sterbak (antigua Checoslovaquia-Canadá). Son creadores de dos generaciones y con lenguajes y mundos distintos, pero que comparten la preocupación por eliminar el concepto de arte como alta cultura y acostumbran a adentrarse en otros ámbitos. En un juego de desplazamientos y disolución de límites, Dobles vides ha puesto a su alcance disciplinas tan variadas como la botánica, la música, la etnografía, la geología, la historia o la biología, así como el uso de unos espacios arquitectónicos singulares que forman parte de la historia barcelonesa.

Todos los proyectos han sido elaborados especialmente para la exposición, excepto las obras de Félix González Torres y Martin Kippenberger, ya desaparecidos (dos nombres de referencia que han sido incluídos en la muestra por haber marcado la manera de posicionarse de los creadores actuales en el arte y la sociedad). Era un reto para los artistas, que debían responder -y esto es lo que da singularidad a la exposición- ante unos fondos y unos lugares llenos de significados, de carácter. Pero también para la propia dinámica de los museos, no habituados a esta clase de experiencias. Los centros seleccionados conservan colecciones de arte antiguo y objetos de otras disciplinas, pero se dejaron de lado los dedicados exclusivamente al arte contemporáneo.

Los creadores visitaron los museos y escogieron personalmente el emplazamiento antes de elaborar sus proyectos, que en algunos casos han conllevado la apertura al público de espacios no visitables. Así ha sucedido con una sala de archivo y conservación en la planta baja del Museu de la Música, que sirve de telón de fondo a una obra de Pazos. O con la biblioteca de ciencias naturales del Institut Botànic y las antiguas instalaciones del jardín, gracias a una propuesta de Svetlana Kopistiansky. Un tercer ejemplo: la galería de la Casa Padellàs, en el Museu d'Història de la Ciutat, atractivo mirador sobre el casco antiguo donde ahora se encuentra una instalación de Lluís Hortalà. El resto de intervenciones están situadas en el Arxiu Històric de la Ciutat, el Hivernacle del Parc de la Ciutadella, el Museu Barbier-Mueller d'Art Precolombí, el Museu de Ceràmica, el Museu Marítim, los museos de Geología, Zoología y Etnológico, el Museu de les Arts Decoratives, el Museu Frederic Marès, el Museu Tèxtil i de la Indumentària y el Museu-Casa Verdaguer. Las propuestas son tan variadas como las temáticas que abordan: instalaciones, esculturas, vídeos, escenificaciones, pequeños objetos o works in progress, en proceso de realización mientras dura la experiencia. Dobles Vides encadena un patrimonio disperso de la ciudad en un itinerario cultural que se puede seguir con una entrada combinada (700 pesetas) para todos los museos. Un recorrido lleno de dobles atractivos, de las colecciones del pasado a las inquietudes del arte actual, reunidas en una panorámica que también permite comparar el momento que vive la creatividad autóctona en relación con el contexto internacional.

DOBLES VIDAS

Ventana Negra y Roja (Barcelona)
La ventana de Pedro Cabrita Reis en el Museu d'Història de la Ciutat está invertida: refleja a quien la mira. Una metáfora de nuestra ceguera interior y de la incapacidad de mirar hacia atrás, de penetrar en un pasado que tan sólo se muestra como un conjunto de visiones fragmentadas.


El atrapa-sueños
Parece una obra extraída del Museu Barbier-Mueller d'Art Precolombí. Una filigrana preciosista de vidrio y perlas que se recorta contra el cielo en el patio del Palau Nadal. La simbología de las redes "atrapa-sueños" -que se situaban encima de las camas de los niños para absorber los buenos sueños e impedir las pesadillas- y los dibujos de un recipiente del Brasil del año 1000 inspiran este laberinto de colores de Jean-Michel Othoniel. Otra pieza del autor, Los collares del laberinto, se expone en una de las salas del museo.


Cristal
Encima de lo que fue una casa de salazón romana del siglo I a C cuelga una luz parlante. Las ruinas del pasado se mezclan con conversaciones imposibles y recuerdos hipnóticos convocados en torno a una bombilla encendida. La instalación de Tony Oursler se encuentra en el Museu d'Història de la Ciutat.


Voyage
La paciencia, la colaboración, la imaginación son algunas de las cualidades que Hannah Collins quiere destacar con este work in progress. Un grupo de encajeras está realizando tres diseños sobre el tema del agua en el Museu Tèxtil i de la Indumentària, donde luego se expondrán en una segunda fase del proyecto.


No lo puedo evitar
Susy Gómez recrea un ágape congelado en el vestíbulo del Museu de les Arts Decoratives/Museu de Ceràmica. Todo es blanco en esta larga mesa con postres de porcelana, material que las mujeres comían antiguamente para aclarar la piel. Tiempo inmóvil, detenido, en el suntuoso marco del Palau Reial de Pedralbes.

Guardia Nacional
Hasta fines de junio, el colectivo mejicano Taller General (Abraham Cruzvillegas, Gabriel Kuri, Gabriel Orozco, Damián Ortega) instaló entre los museos Tèxtil i de la Indumentària y Barbier-Mueller, una "pieza viva". Se trataba de un joven custodio (vigilante) de Méjico, Marco Ramírez, que durante un mes ejerció sus funciones habituales de vigilancia en este lado del Atlántico. Una obra absolutamente interactiva, que hablaba con visitantes, empleados de los museos, otros guardias de seguridad, vendedores ambulantes, periodistas o barrenderos. Aún en la puerta del museo, Ramírez explicaba: "Se intenta romper con lo cotidiano, con lo de siempre. Que la gente observe y no únicamente mire. O no. Porque yo estoy y no estoy. Hay personas que no se dan cuentan de mi presencia". Hasta el punto, añadía, de que algunos artistas que venían a ver las instalaciones de estos espacios volvían al día siguiente cuando descubrían que les faltaba una pieza. Las conclusiones de la experiencia se han recogido en una nueva instalación.


Misfits
Un gallo con cuerpo de ternero, impasible e imposible híbrido, observa entre la vegetación del Hivernacle de la Ciutadella. Es uno de los animales duales que el alemán Thomas Grünfeld ha situado en este espacio vecino del Museu de Zoologia. Mutaciones biológicas con aires domésticos que proyectan un interrogante sobre la idea de normalidad.


A Massana
La instalación de Susana Solano impregna con olor de merienda la planta noble del Arxiu Històric de la Ciutat. En la sala que acoge el legado bibliográfico de Agustí Massana, fundador de l'Escola Massana, espera una tostadora y tostadas hechas al instante que se ofrecen con chocolate a los visitantes. Solano introduce el mundo cotidiano en la Casa de l'Ardiaca. En una sala próxima se puede contemplar la segunda obra del artista para esta exposición: A Bohumil.


Rosari de l'aurora
El enorme rosario que cae por la pared de la Casa Padellàs (Museu d'Història de la Ciutat) se rompe en el interior de la galería. El edificio es del siglo XVI, época en que la sociedad medieval se enfrentaba a los valores renacentistas. Sobre esta arquitectura, Lluís Hortalà crea una imagen que remite a un tema habitual en su obra: la incomunicación, la no comprensión entre la multitud de mensajes individuales perdidos que es una ciudad.