Los responsables del Liceo aún trabajan en
la definición exacta del gran espacio situado bajo el vestíbulo principal, que se
pretende convertir en un lugar de encuentro permanentemente abierto a los amantes de la
ópera y a todos los ciudadanos. En este subterráneo, de unos mil metros de superficie y
al que se accederá desde la esquina de La Rambla con la calle Unió, se ha previsto
instalar, a partir de los primeros meses del 2000, todos los servicios complementarios que
constituirán el eje de la política de comunicación del teatro y la clave de la
fidelización del nuevo público del Liceo.
Los servicios más importantes serán el Café del Liceo, el museo
con una parte fija y otra modificable en función de las obras programadas, la
mediateca con el fondo audiovisual del teatro y una tienda especializada en discos y
publicaciones sobre ópera, que se quiere convertir en punto de referencia imprescindible
para los melómanos. En palabras de Josep Tardà, director de marketing del Liceo,
"aspiramos a que sea un espacio de encuentro muy atractivo, que invite a entrar a
todo el mundo, no sólo a los aficionados, y a aprender sobre el mundo de la ópera."
Este espacio quedará conectado con el gran foyer, situado bajo la
platea de la sala, que acogerá los espectáculos alternativos calificados de sesiones
golfas, recitales y actividades pedagógicas. Asimismo, a partir de la próxima temporada,
se han previsto realizar conferencias de introducción a las obras programadas.
El director general del teatro, Josep Caminal, considera que para que
esta pretensión de conseguir un público fiel tenga éxito deberá resolverse el problema
del transporte público nocturno y acabar de definir, de forma adecuada, la oferta de
restauración, "un tema que", según él, "ningún teatro a resuelto por
completo". De momento, se han previsto varios mínimos posibles: un bufé libre en la
zona del foyer al final de las representaciones, bandejas para picar en los entreactos,
una copa de cava en el Salón de los Espejos, refrescos y bocadillos en el Café del
Liceo, en los bares situados en la zona de circulación del foyer y en el cuarto piso.
Josep Caminal asegura que los nuevos espacios de que dispone el
público son suficientemente sugerentes como para que los ocupantes de los palcos olviden
la antigua costumbre de quedarse en los reservados durante los entreactos. "En este
aspecto, el nuevo Liceo no tiene nada que ver con el antiguo", explica el director
general. "Se ha perdido el atractivo de estar en el antepalco porque, sin duda, todo
el mundo preferirá pasear por el foyer, el museo o el Salón de los Espejos." De
todas formas, los nostálgicos no tendrán muchas alternativas, ya que una parte de los
antepalcos ha sido eliminada y la otra se ha visto reducida sustancialmente.