La pintura y la fotografía, dos de los
medios habituales con que trabaja el artista Perejaume (Sant Pol de Mar, 1957), son las
técnicas utilizadas en la decoración de los ocho medallones del techo de la sala y los
tres plafones situados sobre el arco de proscenio. El proyecto de Perejaume fue el ganador
de un concurso público al que se presentaron cuatro artistas catalanes, cuyo jurado
estaba compuesto por Victòria Combalia, Carles Tatché, Daniel Giralt-Miracle, Rosa
Caralt e Ignasi de Solà-Morales en calidad de presidente.
La reproducción modificada de la histórica platea del Liceo es el
motivo central de la decoración ideada por el artista, combinada en los plafones
del arco de proscenio con una evocación literal de la antigua pintura que
representaba una escena de La Valkíria, de Wagner, protagonizada por las figuras de Wotan
y la Valkiria. Perejaume, vinculado a las poéticas vanguardistas de Joan Miró, Antoni
Tàpies y Joan Brossa, y a estéticas locales como el paisajismo catalán del siglo XIX,
insiste, en este trabajo, en las líneas fundamentales de su pensamiento creativo,
preocupado por las relaciones entre la realidad y su representación artística y por el
poder de las imágenes como reflejo o metáfora.
El incendio del Liceo y su posterior reconstrucción han inspirado a
Perejaume diversos textos literarios, como el que, con el título La platea abrupta, le
sirvió para presentar el proyecto de decoración del techo:
"En nuestro país, el Liceo, más que representar un género
musical o un determinado público, es el lugar de la representación, es el Gran
Teatro", escribía el artista. "El edificio, incluso el espacio en el que se
haya el edificio, escenifica una imponente maquinaria figurativa. Esta maquinaria es hasta
tal punto poderosa que, en el incendio de 1994, el teatro cubrió todo el país, se
extendió a través de aquellos minúsculos pigmentos de ceniza que devolvían las más
variadas escenografías a sus lugares de procedencia. Ahora, este enorme teatro con
plateas apaisadas, montañosas, abruptas vuelve a recluirse en el teatro reconstruido, en
la platea mimética, readymida, en el teatro del teatro, del teatro."
"Así pues, ocurre que, en el edificio de la Rambla, es el teatro
el que, en gran medida, posee la arquitectura: es anterior a ella. Como si el autor de
todo fuera el propio teatro, como si todos los que intervenimos en la obra, en mayor o
menor medida, fuésemos usuarios de aquella autoría e interpretásemos aquella autoría
según nuestra idea de lo que debe ser el teatro, pero fuese el teatro quien, en el fondo,
contrafirmase nuestras obras."
La idea del Liceo como aparato y ostentación de figuraciones que el
fuego había repartido por todo el país ya había inspirado anteriormente a Perejaume un
extenso texto, publicado en otoño de 1995, al que pertenecen los siguientes fragmentos:
"El asunto del incendio del Liceo nos hizo percibir el formato
enorme de una pintura que se caía. La mise en nature del Gran Teatro era un hecho que se
podía constatar en aquellos fragmentos de teatro que caían sobre toda clase de cosas y
lugares, en un rodal de varios kilómetros. La propia herradura del teatro había dado a
aquel incendio un aspecto de erupción volcánica. El aire recluido, lleno a rebosar de
representaciones, se expandió en medio de un estallido de tempestad."
"La inconsistencia de aquella abrupta espesura de imágenes en el
interior de un local hacía prever algo así. Osadamente superpuesta en varios pisos, la
suavidad de los oros, los terciopelos y los bordados había sido sometida a torsiones y
pliegues de gran espectacularidad. Las vertientes se erguían de un tirón con toda
provisión de imágenes y surtidos de apariencias hasta la saturación; encima del
escenario, un peine almacenaba un segundo piso de telones que, en cada nueva función, se
incorporaban al repertorio. Así pues, no era extraño que todo aquello se inclinara hacia
otro alcance figurativo, hacia un nuevo alojamiento."
"El cielo sombrío de la noche llevaba un sinfín de fragmentos de
teatro en suspensión y los dejaba caer a puñados (
). Sí, el Liceo era un cuadro
enorme que aterrizaba, volaba a ras de suelo completamente descompuesto y sorteando los
obstáculos, después dejaba caer sus pigmentos poco a poco, de una manera imperceptible.
El teatro permanecía, hasta cierto punto, intacto la fachada, la escalinata, el
Salón de los Espejos, la Vall Ferrera, la sierra de Busa, la comarca de Les Garrigues- y
las briznas de ceniza no hacían más que obedecer a aquella idea de musée éclaté a
través de la que la nueva museografía ve una región entera en exposición
permanente."