portada

DESCRIPCIÓN
Preparar el público del futuro.
TEXTO: Xavier Pujol
Un punto de encuentro ciudadano en el corazón de la ópera
. TEXTO: J. Casanovas ,
El nuevo grafismo del teatro adopta el granate
     como color característico
. TEXTO: J. Casanovas,

 

El nuevo grafismo del teatro adopta el granate como color característico .
TEXTO: J. Casanovas,

Ya antes del incendio, el Liceo había empezado a experimentar un notable cambio de imagen mediante un diseño nuevo, enormemente atractivo, de los programas de mano. El estudio de diseño gráfico de Josep Bagà, responsable de los programas, fue encargado después de renovar todos los elementos gráficos del teatro, desde los carteles y las banderolas publicitarias hasta la papelería y la señalización interior. La nueva imagen del Liceo, que fue aprobada por la dirección del teatro la primavera pasada, adopta el granate –el granate Liceo, como lo han llamado– como color básico. "Se trata de un rojo intenso, que gráficamente funciona muy bien, y que remite de manera directa al mundo teatral y al del Liceo, como evocación del terciopelo del escenario y de las butacas", explica Josep Bagà.

El grafismo del Liceo, que es el resultado de combinar este color con el blanco y el negro y que en los carteles y programas tiene como soporte las sugestivas fotografías de Hugo Menduiña, es austero y de gran efectividad. "La línea directriz del cambio de imagen responde al principio de que, en un teatro que pasa a ser público, la ópera debe ser considerada, ante todo, como un fenómeno cultural y no como un lujo", afirma el grafista. "Pero, al mismo tiempo, se ha llevado a cabo partiendo del respeto a una institución más que centenaria. De esta manera, combinando innovación y continuidad, aparecen en la iconografía del Liceo elementos totalmente nuevos junto a otros heredados."

Uno de los casos en que se hace evidente esta tensión entre pasado y presente es en el nuevo diseño del logotipo del teatro, la famosa "L" rodeada por una corona de laureles. La letra se mantiene idéntica, pero el laurel ha desaparecido y en su lugar queda un simple círculo. "La razón de este cambio es exclusivamente técnica", manifiesta Bagà. "En tamaños reducidos, las hojas de laurel quedaban apelmazadas y el símbolo no funcionaba. Por esta razón, se optó por eliminarlas. El resultado es una imagen fresca, directa y muy contemporánea."

 

La “platea abrupta” de Perejaume

La pintura y la fotografía, dos de los medios habituales con que trabaja el artista Perejaume (Sant Pol de Mar, 1957), son las técnicas utilizadas en la decoración de los ocho medallones del techo de la sala y los tres plafones situados sobre el arco de proscenio. El proyecto de Perejaume fue el ganador de un concurso público al que se presentaron cuatro artistas catalanes, cuyo jurado estaba compuesto por Victòria Combalia, Carles Tatché, Daniel Giralt-Miracle, Rosa Caralt e Ignasi de Solà-Morales en calidad de presidente.

La reproducción modificada de la histórica platea del Liceo es el motivo central de la decoración ideada por el artista, combinada –en los plafones del arco de proscenio– con una evocación literal de la antigua pintura que representaba una escena de La Valkíria, de Wagner, protagonizada por las figuras de Wotan y la Valkiria. Perejaume, vinculado a las poéticas vanguardistas de Joan Miró, Antoni Tàpies y Joan Brossa, y a estéticas locales como el paisajismo catalán del siglo XIX, insiste, en este trabajo, en las líneas fundamentales de su pensamiento creativo, preocupado por las relaciones entre la realidad y su representación artística y por el poder de las imágenes como reflejo o metáfora.

El incendio del Liceo y su posterior reconstrucción han inspirado a Perejaume diversos textos literarios, como el que, con el título La platea abrupta, le sirvió para presentar el proyecto de decoración del techo:

"En nuestro país, el Liceo, más que representar un género musical o un determinado público, es el lugar de la representación, es el Gran Teatro", escribía el artista. "El edificio, incluso el espacio en el que se haya el edificio, escenifica una imponente maquinaria figurativa. Esta maquinaria es hasta tal punto poderosa que, en el incendio de 1994, el teatro cubrió todo el país, se extendió a través de aquellos minúsculos pigmentos de ceniza que devolvían las más variadas escenografías a sus lugares de procedencia. Ahora, este enorme teatro con plateas apaisadas, montañosas, abruptas vuelve a recluirse en el teatro reconstruido, en la platea mimética, readymida, en el teatro del teatro, del teatro."

"Así pues, ocurre que, en el edificio de la Rambla, es el teatro el que, en gran medida, posee la arquitectura: es anterior a ella. Como si el autor de todo fuera el propio teatro, como si todos los que intervenimos en la obra, en mayor o menor medida, fuésemos usuarios de aquella autoría e interpretásemos aquella autoría según nuestra idea de lo que debe ser el teatro, pero fuese el teatro quien, en el fondo, contrafirmase nuestras obras."

La idea del Liceo como aparato y ostentación de figuraciones que el fuego había repartido por todo el país ya había inspirado anteriormente a Perejaume un extenso texto, publicado en otoño de 1995, al que pertenecen los siguientes fragmentos:

"El asunto del incendio del Liceo nos hizo percibir el formato enorme de una pintura que se caía. La mise en nature del Gran Teatro era un hecho que se podía constatar en aquellos fragmentos de teatro que caían sobre toda clase de cosas y lugares, en un rodal de varios kilómetros. La propia herradura del teatro había dado a aquel incendio un aspecto de erupción volcánica. El aire recluido, lleno a rebosar de representaciones, se expandió en medio de un estallido de tempestad."

"La inconsistencia de aquella abrupta espesura de imágenes en el interior de un local hacía prever algo así. Osadamente superpuesta en varios pisos, la suavidad de los oros, los terciopelos y los bordados había sido sometida a torsiones y pliegues de gran espectacularidad. Las vertientes se erguían de un tirón con toda provisión de imágenes y surtidos de apariencias hasta la saturación; encima del escenario, un peine almacenaba un segundo piso de telones que, en cada nueva función, se incorporaban al repertorio. Así pues, no era extraño que todo aquello se inclinara hacia otro alcance figurativo, hacia un nuevo alojamiento."

"El cielo sombrío de la noche llevaba un sinfín de fragmentos de teatro en suspensión y los dejaba caer a puñados (…). Sí, el Liceo era un cuadro enorme que aterrizaba, volaba a ras de suelo completamente descompuesto y sorteando los obstáculos, después dejaba caer sus pigmentos poco a poco, de una manera imperceptible. El teatro permanecía, hasta cierto punto, intacto –la fachada, la escalinata, el Salón de los Espejos, la Vall Ferrera, la sierra de Busa, la comarca de Les Garrigues- y las briznas de ceniza no hacían más que obedecer a aquella idea de musée éclaté a través de la que la nueva museografía ve una región entera en exposición permanente."