Unos días después de la inauguración, el
17 de abril, llegó la primera ópera: Anna Bolena, de Gaetano Donizetti, con la
dirección de Marià Obiols y un reparto encabezado por Manuela Rossi-Caccia, Carlotta
Maironi, Manuel Renou y Andrea Castellan. Otras óperas que se representaron en el Liceo
durante su primer año de vida fueron, por este orden, I due Foscari (Verdi), Il bravo
(Mercadante), Parisina dEste (Donizetti), Giovanna dArco (Verdi), Leonora
(Mercadante), Ernani (Verdi), Norma (Bellini), Linda di Chamounix (Donizetti) y Il
barbiere di Siviglia (Rossini).
No obstante, en aquellos años, la ópera alternaba con espectáculos
muy diversos: zarzuela, danza clásica (Giselle fue estrenada el mismo año 1847), teatro,
comedias de magia y toda una serie de actividades curiosas que hoy nos pueden parecer más
propias de un espectáculo de variedades o del music-hall.
Las primeras representaciones de óperas de autores no italianos fueron
Zampa de Ferdinand Hérold (1848), Der Freischütz de Carl M. von Weber (1849), Robert le
diable de Giacomo Meyerbeer, La muette de Portici de Daniel F. Auber (1852) y Fra Diavolo,
también de Auber (1853), todas ellas cantadas en italiano, según la costumbre de la
época.
Durante estos primeros años actuaron en el Liceo cantantes de tanto
prestigio como Fanny Salvini Donatelli (la protagonista del estreno absoluto de La
Traviata en Venecia) y el teatro se convirtió en un feudo de la ópera italiana, hasta el
punto de que las obras de los más importantes autores del momento llegaban inmediatamente
después de su estreno mundial. Las primeras representaciones de Il Trovatore (1854) y La
Traviata (1855) significaron la entronización definitiva de la figura de Giuseppe Verdi,
a pesar de los reproches que algunos tradicionalistas hicieron a La Traviata por su
modernidad y la crudeza del argumento.
Los estrenos más importantes de 1856 y 1857 fueron los de Gli
Ugonotti, I vespri siciliani y Gugliemo Tell, las tres en italiano, aunque su original
estuviese en francés. Las primeras representaciones de óperas de compositores
autóctonos fueron La figlia del deserto de Josep Freixas (1854), Gualtiero di Monsonís
de Nicolau Manent (1857) y Arnaldo di Erill de Nicolau Guanyabens (1859).
El 9 de abril de 1861, las llamas de un devastador incendio destruyeron
el teatro por primera vez. Sólo se tardó un año en reconstruirlo y el 20 de abril de
1862 volvió a abrir sus puertas al público con una representación de la ópera de
Bellini I Puritani, protagonizada por el tenor Pietro Mongini.
En 1866, llegó Mozart por primera vez al Liceo con Don Giovanni, que
ya había sido estrenado, en Barcelona, en el Teatre Principal en 1849. En cambio, Wagner
no sería estrenado hasta 1884 con la representación de Lohengrin (aunque esta obra
también se representó antes en el Principal). Entre 1880 y 1890 existió una gran
rivalidad entre dos ilustres tenores, el navarro Julián Gayarre y el italiano Angelo
Masini. 1888 fue el último año de Gayarre y el primero del gran tenor catalán Francesc
Viñas, especialista en las óperas de Wagner. En 1890, Víctor Maurel, que ya había
representado el papel de Yago en el estreno absoluto en Milán del Otelo de Verdi,
también lo hizo en el estreno de esta obra en el Liceo, mientras Francesco Tamagno
(protagonista en la Scala) lo interpretaría en posteriores representaciones.

© AHCB - AF |
Francesc Viñas en el papel de Tristany
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En 1893 se produjo el atentado en el que dos bombas fueron
lanzadas a la platea durante una representación de Guillermo Tell, que causó (a pesar de
que sólo estalló una de ellas) veinte muertos y numerosos heridos. Las actividades se
reemprendieron en enero de 1894 con unos conciertos dirigidos por Antoni Nicolau y poco
después se representaron por vez primera Lamico Fritz de Mascagni y la Manon de
Massenet, con Hariclea Darclée como protagonista.
Acababa un siglo y comenzaba otro, marcado por el furor wagneriano y
los primeros grandes éxitos de la denominada escuela verista (Manon Lescaut, Andrea
Chénier, La Bohème, Cavalleria rusticana, Pagliacci). También se representaba por
primera vez en el escenario del Liceo una ópera rusa, Néron, de Anton Rubinstein,
cantada en italiano, al igual que el estreno de una de las obras culminantes del arte
wagneriano, Tristán e Isolda, con la que aumentó el fervor wagneriano en Barcelona.
Los primeros años del siglo XX fueron testigo de la actuación de la
gran diva catalana Maria Barrientos en el Liceo y de la presencia de Richard Strauss como
director de sus obras. En 1904 Enrico Caruso (única vez en el Liceo) participó, sin
demasiado éxito, en dos representaciones de Rigoletto. Continúan los triunfos de, entre
otros, Emma Carelli, Adamo Didur, Mattia Battistini, Giuseppe Anselmi, Titta Ruffo,
Riccardo Stracciari, Graziella Pareto y Elvira de Hidalgo. En 1904, dirigió un concierto
Siegfried Wagner, hijo del gran Richard, de quien, un año después, se estrenó, con gran
éxito, la obra Los maestros cantores de Nuremberg. En ese mismo año, Pietro Mascagni
dirige una obra, Gemma Bellincioni estrena Salomé, la encantadora cantante catalana
Conxita Supervía hace su presentación, se representa de manera completa la obra
wagneriana El anillo de los Nibelungos y el 31 de diciembre de 1913, con Francesc Viñas
como protagonista y con dirección de Franz Beidler, se estrenó Parsifal, el mismo día
en que expiraba el plazo para su representación legal fuera de Bayreuth.
Durante la Primera Guerra Mundial hicieron su aparición otros dos
cantantes catalanes de fama internacional: Mercè Capsir e Hipòlit Lázaro. Desde 1915
dirigió el teatro el señor Joan Mestres i Calvet, con algún paréntesis, hasta 1947,
iniciando una época dorada para las óperas rusa y alemana, que ya se cantaban en su
idioma original. Mestres también impuso a Mozart en el Liceo y tuvo mucho que ver con el
éxito obtenido, desde 1917, por los Ballets de Diaghilev, con Nijinsky, Massine,
Lopokova, Txernitxeva y otras grandes figuras (años después también actuaría en el
Liceo otro mito de la danza, Anna Pavlova).
Mestres también contrató durante estos años a nuevas figuras como
Tito Schipa, Aureliano Pertile, Beniamino Gigli, Giovanni Zenatello, Genevieve Vix, Tina
Poli Randaccio, Lily Hafgren, Giacomo Lauri Volpi, Carlo Galeffi, Miguel Fleta (quien no
pudo presentarse hasta 1925), Gilda Dalla Rizza, Feodor Txaliapin (que tuvo un gran
impacto con su Boris Godunov desde 1927), Lauritz Melchior (el tenor wagneriano más
importante) y otros muchos. Durante esta misma época dirigieron en el Liceo las más
ilustres batutas, entre las cuales se puede destacar la de Serge Koussevitzky, Igor
Stravinsky, Felix Weingartner, Hans Knappertsbusch, Otto Klemperer o Bruno Walter. Más
tarde, a pesar de las dificultades que, para el empresario Rodés, supusieron las
circunstancias que acompañaron a la proclamación de la II República, también actuaron
nuevos e importantes artistas, como Toti Dal Monte, Georges Thill, Giannina Arangi
Lombardi o Gina Cigna.
Durante la Guerra Civil, salvo algunas representaciones a cargo de una
compañía francesa, el Liceo, nacionalizado por la Generalitat de Cataluña, dedicó su
actividad fundamentalmente al género lírico español y a actos no musicales.
Después de la guerra, Joan Mestres aún dirigió el teatro durante
ocho temporadas, con las dificultades derivadas de las relaciones internacionales durante
la II Guerra Mundial, con temporadas basadas en la ayuda alemana, la presencia de un gran
número de cantantes españoles y las actuaciones decisivas de dos grandes figuras:
Hipòlit Lázaro y Giacomo Lauri Volpi, además de los Capsir, Campiña, Torres, Vidal,
Corbella, etc. En los últimos años de Mestres, actuaron por primera vez en el Liceo
cuatro cantantes que, en aquel entonces, comenzaban una carrera excepcional: Victoria de
los Angeles, Giulietta Simionato, Mario del Monaco y Giuseppe Di Stefano.

© Andreu Català |
"Ring um de Ring", a cargo del
ballet Lousanne, dirigido por Maurice Aragall
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En 1947 cambió la empresa, que pasó a manos de los
señores Arquer y Pàmias. Después de unos ciclos caracterizados por la programación
casi exclusiva del gran repertorio y también por los condicionantes que había impuesto
el mapa político y bélico de aquellos años, la primera temporada de la nueva empresa
fue como una bocanada de aire fresco, con una especial renovación del repertorio, basado
en algunas reposiciones, entre las que destacó la de Anna Bolena, de Donizetti, que
había sido la primera ópera representada en el Liceo, cien años antes.
Pàmias fue, durante treinta y tres años, el gran protagonista de la
actividad del Liceo, en una época en la que parecía imposible poder mantener un teatro
de ópera sin ninguna ayuda oficial. Pàmias renovó el repertorio y promovió nada más y
nada menos que cien estrenos de autores como Stravinsky, Respighi, Lalo, Menotti, Bartók,
Honegger, Gershwin, Pizzetti, Poulenc, Rossellini, Montsalvatge, Berg, Janacek, Busser,
Ravel, Shostakóvich, Lortzing, Prokofiev, Weill, Martinu, Britten, Rota, Malipiero, Falla
y un largo etcétera.
La temporada 1948-49 fue la de la despedida de la gran soprano
barcelonesa Mercè Capsir, que tan vinculada estuvo al Liceo y que interpretó Il
matrimonio segreto, de Cimarosa, en la que actuó su discípulo y poco después también
figura importante, Joan Oncina. Un año después causó gran sensación la presentación
de la soprano Kirsten Flagstad con tres obras (Tristan, Walküre y Götterdämmerung),
cuyas actuaciones provocaron auténticas muestras de entusiasmo entre el público, tanto
wagneriano como no wagneriano.
En la temporada 1950-51 tuvo lugar un acontecimiento importante: el
estreno bastante tardío del Rienzi de Wagner, con un gran protagonista, el tenor Max
Lorenz. En la temporada siguiente se representó por última vez en el Liceo la
tetralogía wagneriana completa, en cuya dirección alternaron Karl Elmendorff y Rudolf
Kempe.

© AHCB - AF |
Victòria dels Àngels
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La primera función de la temporada 1953-54 fue la
representación de la que sería un auténtico ídolo de los amantes de la ópera
barceloneses: Renata Tebaldi, que aquel día protagonizó La Traviata y pocos días
después Tosca, dos representaciones que significaron el inicio de una historia de amor
entre la soprano italiana y el público del Liceo.
Durante la temporada 1954-55 aún hubo estrenos de óperas de Puccini
(La Rondine) y Chaikovski (Ievgueni Onieguin), además de la actuación de la célebre
actriz Ingrid Bergman en la obra de Honegger Jeanne dArc au bûcher y el estreno de
la ópera de Gershwin Porgy and Bess, que fue como una bocanada de aire fresco en la
programación y que obtuvo un éxito extraordinario.
En 1955, y gracias a la creación de un patronato especial, tuvo lugar
un acontecimiento histórico: por primera vez actuaba fuera de su sede el wagneriano
Festival de Bayreuth, con unas representaciones memorables de Parsifal, Tristan und Isolde
y Die Walküre que, con sus renovadoras escenografías de Wieland Wagner, consiguieron un
éxito clamoroso.
Poco después volvía al Liceo, el teatro de sus primeros éxitos,
Victoria de los Angeles con Madame Butterfly, ya consagrada como gran figura internacional
y tras una ausencia demasiado larga (seis años). La temporada siguiente fue la del adiós
a los escenarios del gran bailarín y coreógrafo Joan Magriñà, figura decisiva durante
muchos años en las actividades coreográficas estables del Liceo. En la temporada
1957-58, poco antes de un Tristan memorable con Birgit Nilsson y Wolfgang Windgassen, el
célebre José Iturbi dirigió a niño llamado Josep Carreras, que representaba el papel
de Trujamán en El retablo de Maese Pedro. Poco después volvía el gran barítono Manuel
Ausensi, y Alfredo Kraus hacía su presentación con Rigoletto.
A pesar de que Joan Antoni Pàmias ya era un hombre decisivo en las
actividades del Liceo desde 1947, no se puso al frente de la empresa como titular hasta
1959. Antes de iniciar su primera temporada como titular de la empresa, Pàmias ya había
traído al Londons Festival Ballet, a la Comédie Française, a Jerome Robbins al
frente de los Ballets U.S.A. y un concierto de la mítica María Callas (la única
ocasión en que la gran artista actuó en Barcelona). La temporada se inauguró con Renata
Tebaldi en Manon Lescaut.
La temporada 1961-62 contó con muchos nombres importantes: Scotto,
Cappuccilli, Corelli, Cossotto, Bacquier, Sutherland, Di Stefano, etc. y también con el
estreno mundial, en versión de concierto, de la Atlántida, de Falla y las primeras
actuaciones en el Liceo de Montserrat Caballé, que se convertiría en una figura capital
en el desarrollo de las temporadas que siguieron, incluso en los momentos de mayor
dificultad en la vida económica del teatro.
En las siguientes temporadas, llegaron las presentaciones de Leyla
Gencer, Elisabeth Schwarzkopf, Pedro Lavirgen, Jaume Aragall (con un memorable debut como
primer tenor en La Bohème), Rita Gorr, Richard Tucker, Grace Bumbry, Anja Silja, Josep
Carreras (como cantante adulto), Luciano Pavarotti, Mirella Freni, Teresa Berganza, Raina
Kabaivanska, Shirley Verrett, Agnes Baltsa, Renato Bruson, Sherrill Milnes, Plácido
Domingo, Edita Gruberova, Nicolai Gedda y muchos otros, sin olvidar, por supuesto, el
mundo del ballet con figuras como Lifar, Fonteyn, Nureiev, Barishnikov, Alicia Alonso, los
ballets del Marqués de Cuevas, del Kirov, de la Ópera de París, de Maurice Béjart, el
Royal de Londres o el London, así como conciertos de grandes batutas como las de Böhm,
Karajan, Solti o Maazel.
La muerte de Pàmias en 1980 puso de manifiesto la necesidad de la
intervención de los estamentos oficiales si se pretendía mantener la institución a un
nivel competitivo. En 1981, se creó el Consorcio del Gran Teatre del Liceu, en un
principio con la participación de la Generalitat de Cataluña, el Ayuntamiento de
Barcelona y la Sociedad del Gran Teatre del Liceu y, más tarde, de la Diputación de
Barcelona y del Ministerio de Cultura. En poco tiempo, el consorcio consiguió que el
público volviera al Liceo, con una oferta que aumentaba de forma considerable el nivel
artístico, incluso con una visión total y actual de lo que es un espectáculo
operístico, mejorando en mucho el coro y la orquesta, ofreciendo grandes repartos y
procurando que el público se interesase no sólo por los divos. Entre esta actitud, el
refuerzo económico y un público más exigente y mejor preparado se consiguió alcanzar
un buen nivel.
En el capítulo no muy extenso de estrenos en el periodo del Consorcio,
el más importante fue, en la temporada 1985-86, el de Moses und Aron de Arnold
Schönberg, que Uwe Mund dirigió con autoridad y que supuso un gran esfuerzo, con
excelentes resultados, para la orquesta y el coro. También tuvo gran importancia
(1992-93), salvando las distancias, el estreno de una obra minimalista que suscitó
polémica: Einstein on the beach, de Philip Glass. Asimismo, se ofreció por primera vez
en el Liceo... ¡el Orfeo de Monteverdi!
Las temporadas organizadas por el Consorcio se mantuvieron a un buen
nivel en cuestión de reparto, producción y masas estables, y una gran asistencia de
público, pero todo quedó interrumpido por el incendio del 31 de enero de 1994.
Durante el periodo de la reconstrucción, y con un notable esfuerzo,
también ha habido actividad artística, con el noble propósito de mantener vivo el
espíritu del Liceo. Los escenarios en los que se han llevado a cabo estas actividades han
sido principalmente dos: el Teatre Victòria y el Palau de la Música Catalana, aunque
también han sido utilizados el Palau Nacional de Montjuïc, el Palau Sant Jordi, Santa
Maria del Mar, el Mercat de les Flors, el Teatre Nacional de Catalunya y el nuevo
Auditori. Quince han sido las óperas escenificadas durante este periodo y dieciocho las
que se han ofrecido en versión de concierto. También se han llevado a cabo conciertos
con cantantes y recitales, conciertos sinfónicos, la extraordinaria gala lírica del 17
de marzo de 1994 en el Palau Sant Jordi o la actuación de tres compañías de ballet.
Ahora, una vez acabada la reconstrucción, el Liceo abre sus puertas al
público para continuar este historial tan brillante iniciado en 1847, que constituye una
parte de la historia de la ciudad.
El 7 de octubre, en la representación de Turandot de Puccini, las
primeras palabras que oiremos cantar serán aquéllas de "Popolo di Pekino, la
legge è questa". Será como si alguien nos dijera: "Popolo di
Barcelona, il Liceo è questo".