El incendio del siglo XIX
(Diario de Barcelona, 10 y 11 de abril de 1861)
"Escribimos poseídos de la más viva impresión en los tristes y
precisos momentos en que las llamas de un voraz incendio acaban de destruir uno de los
edificios públicos más notables y que daban lustre y honor á Barcelona. El magnífico y
Gran Teatre del Liceu de S.M. la Reina Isabel II no existe! En el breve espacio de tres
horas desapareció por completo. Durante este corto período la alarma, el espanto, la
consternación se han visto estampados en el rostro de todos los habitantes de esta
capital.
Hemos presenciado escenas desgarradoras. Centenares de familias cuyas
habitaciones se hallaban amenazadas muy de cerca por el fuego que parecía iba á devorar
una manzana entera de casas, salvaban, como podían, sus vidas y sus haciendas. Muebles
preciosos eran arrojados por los balcones.
Pocas veces se habrá visto en Barcelona un siniestro tan espantoso.
Las pérdidas ocasionadas por el mismo son cuantiosas; las consecuencias incalculables.
¿Qué es lo que ha ocasionado tan lamentable catástrofe? En los
momentos de agitación general y en la hora avanzada en que tomamos la pluma, es imposible
averiguarlo. (...) La versión más acreditada es la de que el incendio se declaró en uno
de los talleres de la sastrería, situado en los pisos superiores de la parte de la
Rambla, á eso de las siete y cuarto, hora en que ya había en el teatro algunos, bien que
pocos concurrentes, y en que los profesores de la orquesta han de ocupar sus puestos para
dar comienzo á la función.
En los primeros instantes (...) asegurarse que todo sería un susto
pasajero. Una media hora después las llamas abrasaban todo el palco escénico, y se
veían subir borbotones de fuego, cual arroja fuego un volcán, por todos los ventanales
superiores. Las llamas fueron creciendo, y durante una hora iluminaron con su siniestro
fulgor toda la ciudad. (...)
El fuego se estendió por los bastidores y las bambalinas con la
rapidez de una chispa eléctrica, é inútil fué el recurso estremo de que se echó mano,
y que era el de ir cortando las cuerdas de todos los telones. (...) El calor de las
llamas, el humo sofocante que estas despedían al consumir colores y tantas materias
resinosas, les obligó á abandonar sus puestos, y en breves minutos ardía todo el palco
escénico y el fuego se apoderaba de la platea. (...) Al incendiarse el telón de boca,
cortada por el fuego las cuertas que lo sostenían, cayó como un mar de llamas sobre los
asientos, produciendo el mismo efecto de un oleage embravecido. (...) parecía el pasillo
del anfiteatro de primer piso la boca de un grandioso horno todo el coliseo. Por la
mencionada escalera de mármol, rodaban encendidos los adornos y maderas, que cayendo de
los pisos superiores, pasaban por el pasillo. Por las puertas del pórtico pasaba una
corriente de aire espantoso, y el ruido de las llamas era aterrador. (...) Todos cuantos
se hallaban en el vestíbulo lo abandonaron precipitadamente en el momento en que se
desplomó la gran armadura central, é cuyo terrible ruido pareció que todo el Liceo se
venía á bajo.
El pito llamaba á los bomberos, acudían estos, acudían las
autoridades y fuerzas de todas las armas é institutos; pero ante un incendio de esta
clase todos los ausilios eran pocos (...). Los actores, los profesores de la orquesta
(...) huían despavoridos. Varios de los primeros, entre ellos una de las actrices, se
escaparon á medio vestir.
Los demás teatros suspendieron sus funciones; también se
interrumpieron las que se estaban verificando en varias iglesias (...) algunas cañerías
reventaron (...). Varias brigadas derribaban, con grave esposición, lienzos enteros de
paredes para sofocar las llamas (...).
(...) Gracias á las numerosas fuerzas del ejército que acudían
pudieron establecerse varias cadenas de cubos, mientras otros soldados desocupaban junto
con los paisanos, la confiteria y el café del Liceo, el Círculo y casas contiguas. A
más de muchos caballeros elegantemente vestidos, hasta vimos trabajar como simples peones
á algunos eclesiásticos.
En el momento más crítico llegaron los carros de los establecimientos
de baños portátiles y los carros-cuba del riego, que se destinaron al transporte de agua
desde la fuente (...).
El estraordinario resplandor era tal que no solo iluminaba muy bien las
primera poblaciones de la costa y todas las del llano y riberas del Llobregat, sino que se
veia como una aurora boreal mirada desde Sabadell, Tarrasa y otras poblaciones del
Vallés.
A las diez de la noche, creíase tener el fuego bastante aislado. (...)
A la hora de entrar en prensa nuestro periódico toda la Rambla se hallaba ocupada
militarmente. (...) Del teatro se había salvado el salón, casino y café.
A las doce de la noche se veia bastante fuego por la parte de la calle
de San Pablo. Es probable que este estará sofocado, pero no destruido, cuando la luz del
día ponga en evidencia, reducido á un triste montón de ruinas, el rico y suntuoso
coliseo, joya monumental de Barcelona y orgullo de los teatros de Europa.
En la tarde de ayer continuaban todavía trabajando cuatro bombas.
(...) Considerando, sino imposible al menos difícil apagar el inmenso brasero que el
maderamen contiene en el fondo y sótanos del coliseo. (...) A media noche, viendo el
Exmo. Ayuntamiento el celo y fatiga con que trabajaba la tropa y carabineros, mandó que
se llevara al lugar del siniestro salchichón, pan y vino, que se iba repartiendo entre
todos los individuos. (...) A juzgar por la fachada, que nada absolutamente ha sufrido,
nadie diría que Barcelona hubiese experimentado anteanoche tan terrible trastorno.
(...) Hemos oido asegurar por personas facultativas que las paredes
maestras que han quedado en pie se presentan en un estado de suficiente solidez que harian
posible una restauración. ¿Se llevará esta á efecto?
Sabemos por buen conducto (...) que la Junta de Gobierno de la Sociedad
del Gran Teatre del Liceu se ha reunido con objeto de arbitrar los medios para reconstruir
dicho teatro con las mismas condiciones de grandiosidad y elegancia, y mejorando las de
seguridad é incombustibilidad. (...)
La bomba anarquista
(La Vanguardia, 8 de noviembre de 1893)
"Ni sabemos como empezar el relato del salvaje y miserable
atentado de anoche: la magnitud del crimen; el cuadro que se presentó a nuestros ojos, de
una multitud desencajada, despavorida; el cuadro más espantoso todavía de doce ó
catorce cadáveres, ensangrentados, mutilados; de heridos lanzando ayes, de moribundos en
el estertor de la agonía, toda esa imagen horrible encendiendo la ira en el alma y
anudando la garganta con la emoción, impide coordinar las ideas para narrar el suceso y
para condenarlo como se merece. (...)
Cuando se estaba cantando el segundo acto de la ópera Guillermo Tell
á las diez y cuarto de la noche próximamente sonó una detonación fuerte. (...) Una
trepidación horrenda que conmovió palcos y platea, siguió al estruendo y en el mismo
momento se elevaron por el aire cientos de astillas y humareda, que partía del centro de
la platea.
(...) Sonar una detonación y oirse un clamoreo espantoso fue una misma
cosa y se siguieron carreras de gente que huia alocada, sin saber lo que sucedía, que
caían y volvían á levantarse, y se herían contra las filas de sillones, que saltaban
de fila en fila, que se atropellaban á ganar los corredores con ese pánico instintivo
que siente todo sér en el momento de amenazar una catástrofe su vida. (...) Abríanse
las puertas de los palcos de golpe empujados por los que en la huida buscaban la
salvación. (...) Durante los primeros minutos sólo se oyó la trepidación causada por
la huida general; después cuando se calmó un tanto el pánico empezaron á sonar los
gritos de las señoras todavía asustadas (...).
Solo se veian por allí rostros pálidos y desencajados y hombres y
mujeres que buscaban (...) el rostro de alguna persona querida, de algún deudo o de
algún amigo.
(...) Aumentaba la pavura de aquella escena la semioscuridad que
reinaba en la inmensa sala á consecuencia de haberse apagado por la conmoción
atmosférica la mayor parte de las luces. (...)
Entrando por el pasillo del centro, á mano derecha, en las filas trece
y catorce, que es donde debió de caer ó de estar colocada la bomba, se veían rotos,
materialmente hechos astillas dos sillones y volcados otros.
Allí, entre la madera astillada y el terciopelo desgarrado, se veía
un montón de cadáveres. Yacía en primer término en la fila catorce, bañada en sangre,
que formaba un gran charco que se estendía hasta la fila doce, una señora vestida de
blanco con la cara completamente destrozada lo mismo que la parte superior del tronco, de
tal manera abierta, que dejaba al descubierto la cavidad torácica, convertida en una masa
infame de pulpa sanguinolenta. (...)
Se supuso, por el número de heridos y muertos que ha ocasionado, que
(la bomba) era de gran tamaño ó contenía además del explosivo, abundante carga de
metralla. La primera precaución que tomaron las autoridades, fué impedir la salida de
todos los espectadores, con el fin de detener si era posible al criminal (...).
parece ser que la segunda bomba cayó sobre la falda de la señora
Cardellach, cuñada del conocido procurador señor Guardiola. Al ser trasladada la señora
de Cardellach al salón de descanso, la bomba, de ser cierta esa versión, debió caer al
suelo sin que lo advirtiera nadie, pues gran rato después fué hallada debajo de una de
las butacas.
Además de la detención de que damos cuenta en otra parte, la policía
detuvo también á otro sujeto, al cual se le ocupó un pañuelo en el cual se veían
algunos agujeros, que se cree sean producidos por los pistones de las bombas. (...) Aun
añadir que intentó el peluquero agarrar al autor del atentado, consiguiendo cogerle por
el vestido, pero que no pudo realizar su intento porque cinco o seis sugetos que se
hallaban por allí se abalanzaron sobre el peluquero. (...) No falta quien asegura que al
empezar el segundo acto de la ópera notó en las butacas de la once a la catorce la
presencia de dos señoras las cuales permanecieron sentadas un rato, levantándose luego
bruscamente. (...)