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ENTREVISTA Núria Escur
FOTOS  Anna Boyé

Pere Portabella,
el "gentleman" de los pactos

 

 



Si en algo coinciden quienes le conocen, es en su probada imparcialidad y sus innegables dotes de seducción. Con la palabra o con el gesto consiguió que gentes de distinta ideología comieran y pactaran juntos, cada año, alrededor de un "suquet" famoso. Hoy, Pere Portabella, privilegiado amigo de genios de la pintura y el cine y testimonio de momentos clave de la historia de Cataluña, todavía se emociona mirando, a cámara lenta, fotogramas de su propia vida. En su lista de últimos descubrimientos está "Amsterdam" de Ian McEwan, "El violí d´Auschwitz" de M. Àngels Anglada y todo lo que caiga de Camilleri. Fuma sólo cuando escribe o cuando hace entrevistas y le duele la parte izquierda de su alma porque ahí se cobija su patrimonio cultural.

Suena algo celestial que parece Vivaldi en alta precisión. Es una radio rompedora, último modelo, una especie de aparato minúsculo, de coleccionista. Creí primero que era una cámara que nos filmaba, pero un gentleman nunca lo haría. De modo que sigo. Aquí, en este salón con alfombra persa, dice relajarse Pere Portabella i Ràfols, sobre todo por las tardes, plácidamente tumbado en uno de los sofás de color crudo, respaldado por dos cuadros tan gigantes como turbadores que le regalaron sus amigos Millares y Tàpies. Las puertas del generoso piso de l´Eixample se abren a la Gaudiniana. Al interfecto se le achinan los ojos cuando piensa respuestas comprometidas. Des-pués, desde el balcón de este principal que da a la Rambla Catalunya, entre las hojas ocres de los plátanos, he visto pasar la sombra del historiador Josep Benet. Aquí dentro se respira a limpio. Las estanterías crujen bajo el peso de recuerdos de tribus africanas, máscaras y una escultura de Oteiza.

- Está obsesionado en defender causas perdidas.
¿Le molesta que le llamen mecenas?


Me molesta porque esa figura no debería existir. Es la evidencia de un déficit. El espacio de la solidaridad no está bien delimitado: existe una distribución perversa de la riqueza y una gente estupenda que está luchando contra ella. Y como todo lo que nos rodea está ligado a la publicidad, parece que hay cosas que, si no alcanzan una cuota de audiencia, si no venden, no merecen nuestro interés.

- ¿Por eso no le ha importado nunca que le digan que sus películas no se entienden?

Las hubiera hecho igual. Lo puramente comercial es algo que no me interesa, conozco perfectamente los pasos que requiere, cómo debería hacerlo, pero solo pensar en ello me aburro soberanamente. Hoy por hoy, en cine, se siguen explicando historias de Balzac, todo se ha dicho ya... Yo busco otros caminos. ¿Cree que a Saura o a Tàpies les ha importado alguna vez que les digan que no se les entiende? Yo experimento y luego muestro el resultado de esa trayectoria. Nada más.

-¿Tener las espaldas cubiertas le ayudó a hacer el producto que más le apetecía sin ningún tipo de servidumbre?

No, no... Mi familia nunca quiso saber nada de mis affaires artísticos. Pero también es cierto que en una película nunca he perdido un duro.

- Luego, en cine, ¿el dinero no hace más libre?

No necesariamente. Hoy en día, una película ya no es sólo una película, es un producto en un circuito. Del mismo modo que un libro ya no es un libro. Puede ser una página de Internet, una grabación, un diseño... ¿Por qué ganaban los Planeta los presentadores de televisión? Por ese fenómeno.

- También un político puede diseñarse.

Claro. Pero es esa especie de sensibilidad masiva que emana de un partido lo que seduce.

- Nunca parece conforme, ¿no le basta el presente?

No añoro nada, ni una época política, ni un sitio para vivir, ni cuando trabajaba con Buñuel...

- Pues encima de esta mesa todavía veo un libro con su nombre. Un recuerdo de un segundo...

Buñuel dispuesto a dormir. En el suelo, encima de una manta. Con un frío de órdago y él como si nada.

- Como a él, ¿le gusta experimentar?

Sólo se puede experimentar en casa, en secreto, para uno mismo. Pero cuando ese producto que has creado ya está listo, desde el preciso momento en que lo pones ante los ojos de otro ser humano, públicamente, se acaba el experimento. Con las películas ocurre lo mismo, y con los científicos: nadie te dirá "estoy probando esto" hasta que haya terminado. Tal vez porque quieren evitar el fracaso o silenciarlo .

- Tal vez porque quieren evitar el fracaso o silenciarlo.

Claro, porque sólo el final responde a ese esfuerzo. Una película sólo se acaba cuando la has resuelto, ya sea bien o mal; un cuadro sólo es un cuadro cuando tú lo ves.

- ¿Nunca se ha atrevido a pintar?

No. Intenté hacer escultura, eso sí. Pero no pinté ni siquiera como mi padre, que hacía unas acuarelas bastante bonitas, coloristas; creo que todos los miembros de la familia tenemos alguna de esas piezas.

-¿Con la perspectiva de los años ha cambiado mucho su concepto del arte?

Esencialmente no, instrumentalmente sí. Uno tiene unas referencias que nunca olvida. Yo, por ejemplo, empecé a interesarme, a meterme en esa aventura del arte y me llamaba más la atención Max Ernst que un pintor de la Escuela de Olot, por decir algo. Quise saber por qué razón me atraía más, por ejemplo, Miró, que otros pintores clásicos. Rápida-mente vi que lo mío era un arte...

- ¿Distinto, alternativo?

Nada de alternativo, el más importante del siglo XX.

- Hay una cita que usted repite, creo que sin darse cuenta: "El compromiso depende de la conciencia, pero la dedicación, de las posibilidades".

Eso es lo mismo que el arte abstracto o la música. Si no tienes la curiosidad suficiente, y las posibilidades, como para meterte en ese mundo que de entrada no entiendes, para descifrarlo, jamás llegarás a amarlo. Para mucha gente sigue siendo incomprensible cómo narices puede salir algo de dentro de ese trasto que llamamos televisor.

- ¿Hasta qué punto le marcó tener, en su adolescencia, amigos como Saura, Tàpies, Chillida o Brossa?

Vivíamos cerca, en el mismo barrio. Eso nos unió, crecimos juntos, era cuando yo iba a los escolapios...

- ¿Entró en política vía intelectuales?

Bueno, en realidad yo vivía bastante aislado, en el seno de una familia burguesa de los que habían ganado la guerra. Eso marca.

- ¿Una familia al estilo de la que explica Rosa Regàs en Luna Lunera?

Todavía no he leído el libro, pero me han dicho que está muy bien, lo imagino. Rosa es un encanto de mujer. El caso es que mi familia vivió muy mal que yo me metiera en cosas de arte y, por supuesto, en política. Lo veían fatal.

- Tal vez su padre hubiera preferido que usted continuara el negocio, algo que tuviera que ver con alguna de sus empresas, Danone, por ejemplo.

Por supuesto. Cualquier cosa, lo que fuera, mientras tuviera una continuidad con su mundo.

- Empezó Químicas...

Sí, pero lo dejé por culpa de las malas compañías... Dau al Set, las vanguardias... En casa estaban convencidos de que si yo continuaba por ese camino, iba derecho al fracaso, a la perdición. Pero yo notaba que aquello era mi verdadero mundo, mi gente.

- ¿Le dio tiempo a demostrarle a su padre que podía salir airoso y sentirse orgulloso de su vida?

Sí, al final se dio cuenta. Lo que yo hice, mientras tanto, durante muchos años, fue trabajarme y cuidar muchísimo la relación con mi madre. Recuerdo que, en la mesa, primero servían el plato a mi padre y después a mí (algo muy comentado entre el resto de hermanos, y de lo que yo, que era el segundo -difícil posición- hacía uso tal vez indebido), a veces comíamos lo que yo decidía porque me lo consultaban en exclusiva. Durante años cultivé lazos de refuerzo con mi madre.

- Sí, pero aquello debía de continuar siendo un patriarcado...

Claro, claro. Y mi padre, que era abogado, me advirtió muchas veces de los peligros que corría con mi actitud de aventura. Le recuerdo, perfectamente -la primera vez que me detuvieron- diciéndome aquello de "tú no sabes cómo es esta gente, no puedes ni imaginártelo, no te fíes de ninguno de ellos". Tenía razón. Y a un tiempo supo que yo rompía con mis raíces.

-¿La clandestinidad cohesiona más, ideológicamente, a las personas que la libertad?

No. Aglutina sentimientos. Hablas un mismo idioma. Sabes contra quién vas. Histórica-mente está demostrado que luego todo se diluye. Pero la clandestinidad me permitió saber que si hay algo que no soporto en esta vida, es la pérdida de la dignidad.

- ¿Se la jugó muchas veces?

Yo me comprometí como muchísimos otros, pasé el mismo miedo y los mismos nervios. Pero mi generación está llena de personas que fueron más allá, que lo sacrificaron todo, el amor, la familia, el futuro...

-Deduzco que tiene una poderosa tendencia a no estar nunca en paz consigo mismo.

Nunca, nunca. Y lo soluciono como puedo, intento arriesgarme. Hay un proverbio oriental, que Brossa utilizaba, que me define: "Para llegar a un lugar desconocido hace falta hacerlo también por caminos desconocidos". Siempre he creído que mi proyecto de vida debía pasar por esos márgenes, por esos caminos desconocidos. Y en política, lo mismo; llega un momento en el que debes pactar porque convives con ella.

- Como en el matrimonio.

Exactamente. Sabes que tu vida pasa por esa mujer, por esa cotidianidad, que está ahí y convives con ella, luego tienes que negociar, pactar lo mejor que puedas. Debes saber que después de pasar por la cama, donde todo lo solucionas, cuando ya estás vestidito y presentable es cuando debes dar la talla. Así es como ocurre también en la política.

- ¿Qué debería ocurrir para que un hombre como Pere Portabella, que se ha mantenido independiente hasta ahora, decidiera tener el carnet de un partido?

Si la izquierda se une alguna vez, se sienta, reflexiona y decide lo que quiere, entonces yo tendré un carnet de partido político por primera vez en mi vida. Esto no lo había dicho jamás porque, además, pienso que en este país los partidos generan una dinámica que no es correcta, todavía no han aprendido lo suficiente.


Política y vanguardia
cinematográfica



Político y cineasta, Pere Portabella nació en Figueres, el 11 de febrero de 1927, en el seno de una familia de la burguesía industrial catalana. Participó en los movimientos artísticos de vanguardia desde la oposición al franquismo.

Su intervención, siempre como independiente y hombre mediador, ha sido destacada en momentos clave de la historia de Cataluña: la Capuchinada, el encierro de Montserrat, la Assemblea de Catalunya, la Comissió Permanent del Congrés de Cultura Catalana...
Su trayectoria en el cine pasa por sus trabajos como productor (Los golfos, Viridiana, El cochecito). Su andadura como director, colabo-
rando con sus amigos Joan Brossa y Carles Santos, generó películas de dudoso éxito comercial, pero que fueron un hito en la cinematografía catalana por su lenguaje revolucionario y la búsqueda experimental de nuevos valores.

En 1977 fue elegido senador independiente por Entesa dels Catalans y escogido para ser quien acompañara a Tarradellas, en coche descubierto, a su vuelta al gobierno de la Generalitat. Después fue diputado en el Parlament catalán (1980), senador por el PSUC (1982) y desde 1990 (cuando volvió al cine con El puente de Varsovia, después de trece años) es miembro de la Comisión Política Nacional de Iniciativa per Catalunya. Está preparando una nueva película, de la que todavía no quiere contar nada, y delira con un mundo equitativo (No nos resignamos, manifiesto de 1995, y Fundación Alternativa, creada en 1997 para renovar el pensamiento progresista) y una concepción más abierta del arte. Es un buen promotor de sueños.

- ¿Ha tenido alguna vez ambición de poder?

Yo soy muy ambicioso. Mucho. Lo que no soy es vanidoso. Y lo que más ambiciono es mi proyección personal. Prefiero el prestigio al triunfo, quiero que la gente me conozca y pueda fiarse, es la base de la autoestima.

-¿El poder emborracha?

Nunca he creído que al que ostenta un cargo lo respeten por lo que es humanamente, tengo claro que los que se te cuadran, los que te saludan, los funcionarios, el protocolo... no te respetan a ti, sino a tu cargo, a lo que tú representas. Lo harían igual con cualquier otro que estuviera en tu lugar.

- Eso lo descubriría cuando fue senador...

Descubrí entonces que un cargo es algo puramente efímero, que no responde a nada especial. A menudo es una pura casualidad la que te lleva a eso. Tu presencia en un escenario no depende de tu mérito personal. Lo peor es que siempre hay alguien que se confunde y llega a creer que es algo.

- Dígame un momento político que le conmocionó.

En el estómago, esos momentos los siento en el estómago. Ocurre cuando tienes la ocasión de ver a un montón de gente delante, que sabes que te agradece algo, de alguna manera, que reconocen quién eres y te quieren como eres. Y eso que yo siempre he tenido una gran prevención ante los heroísmos. Me veo, por ejemplo, subiendo una escalera, de fondo Els Segadors, y yo subiendo solo, absolutamente solo. Si en ese momento me dicen que arriba hay un cañón que se accionará si avanzo... sé que no me hubiera detenido. Tenía toda la fuerza interior imaginable. Hay momentos de esos..

- ¿Impagables?
Estados de gracia.

- Dígame otro.

Nos encontramos todos en el Congreso, por primera vez. Veo a Dolores Ibarruri, con su pelo blanco recogido y su chal sobre los hombros, alguien nos ha dicho que procuremos controlarnos, nos aleccionan para que no gritemos, y ella sale decidida, avanzando entre todos aquellos que habían sido enemigos. Eso es de una emoción irreprimible.

-¿Si le pido un tercer recuerdo de estado de gracia me excedo?

Tercero: estamos reunidos, proceso para abolir la pena de muerte, te ves allí, en tus manos un papel, una palabra apenas que desaparece del papel, algo que se borra entre una coma y otra, algo que significa tanto, lo que supone ese frágil gesto... ¡Esas cosas, a mí, me pueden!

- Si usted pasa a la historia, será bajo las siguientes definiciones: "mediador", "buscador de pactos", "imparcial"... ¿algún consejo para saber negociar?

Responde a mi carácter. Dicen que me dieron la Creu de Sant Jordi por esas cuestiones. No sé. Siempre he creído que había que buscar soluciones bajo una sola condición: nunca he escondido mis opiniones.

- ¿Ha sido mejor negociador en política que en su vida privada?

En política me ha salido mucho mejor.

- No me parece un hombre sentimentalmente muy estable.

La mujer que más me duró fue la primera, seis años. Tengo muy buen recuerdo de ella. Pero, del mismo modo que soy un hombre algo caótico, he sido capaz, en varias ocasiones, de sacrificar mis actividades profesionales por cosas como el amor.

- ¿Es cierto que odia la ostentación?

No la soporto, en ninguna de sus versiones. No puedo con la chulería, con la exageración, me ofende incluso estéticamente.

- Pues en ciertos círculos que usted frecuenta debe ser algo habitual.

Sí, resulta tremendo. Cada vez me molesta más. Incluso una persona muy competente en un tema no puede ir propagándolo cada día. Y todavía es peor cuando eso se traduce en ostentación materialista, consumista, "tengo esto, he comprado aquello..." Lo que uno no puede hacer nunca, incluso por estilo, es exteriorizar sus posesiones.

- ¿Alguna asignatura pendiente en su vida?

No haber adquirido una sólida formación universitaria, una carrera, la que fuera, por cuestión de disciplina. Estudié por mi cuenta, sí, de todo, incluso filosofía, todo lo probé, todo lo rompí, todo lo que no sirve para nada, pero que da satisfacciones.

- Por curiosidad, ¿sus invitados al suquet de cada año se dedican a hablar de la langosta o aprovechan para hacer pactos políticos?

Hablan de todo porque están como en cualquier otra cena de amigos. Yo empecé a hacerlo con dos condiciones: primero, que no fuera oficial, que fuera una convocatoria libre y, segundo, que los periodistas la respetaran como tal.

- ¿Ha dejado de celebrarse en alguna ocasión?

Cuando ha coincidido con acontecimientos familiares que me superan: la muerte de un hermano, la muerte de mi padre, la muerte -en el último caso- del cocinero que hacía el suquet, Pitu de Palau-Sator, que era todo un personaje, presidía, llenaba. Lo bonito de todo ello fue que la gente empezara a acudir cada año porque sabía que allí podía encontrar a personas procedentes de muy diversas ideologías. .

- En una ocasión coincidió con la boda de su hija.

Tengo dos hijos de distintas madres. Y su relación conmigo yo diría que ha sido curiosa, simpática, porque ni tan sólo discutimos de política. Los he hecho míos con el tiempo, porque cuando tenía que estar allí tal vez no estuve. Y deben considerar que fui un desastre de padre, pero un gran amigo.

- ¿Fue un padre benévolo?

El caso es que yo hablaba mucho con ellos, pero no ejercía de padre. En el sentido clásico de la palabra, quiero decir...

- ¿El padre riguroso?

No, no, el padre cabrón. El que te obligaba a ciertas cosas dentro de ciertos horarios.

-Ha cumplido 72 años. ¿Con la edad se aprende a renunciar a algo?

Solamente a lo coyuntural.

- Y con las mujeres ¿es merecida su fama de playboy?

No, no, es algo que todavía no acierto a comprender del todo.

-Pues hace exactamente veintiún años, tal día como hoy, su foto salía en Diario 16 enmarcada con esta frase: "No soy mujeriego, pero me gusta que las mujeres me cuiden".

¡Veintiún años después lo suscribo exactamente! Con mis mujeres me ocurre que he estado encantado de conocerlas. También es cierto que, si les preguntas a algunas por mí, tal vez te digan que "muy bien, muy bien", pero que es mejor olvidarme.

- ¿Un buen parlamentario debe utilizar las mismas artes que un buen seductor?

Hay que utilizar un lenguaje lo más lejano posible de lo afectado, lo más cercano posible a tu manera de ser. No caer en la trampa de la complicación. Llegar, romper las barreras, entrar convencido.

- ¿A usted le ha tocado conspirar en muchas ocasiones?

En muchas, en muchas. Todavía lo hago.

- Pues tengo entendido que su profesor de ética le decía: "Nunca lo des todo por una sola cosa, porque eso no permite resituar la ética."

Tenía razón. La ética es una actitud interior, personal, mientras que la moral es la que presentamos ante los demás.

- ¿Y en su caso, está más en paz con su ética o con su moral?

Yo no estoy en paz con nada. Nunca. Siempre estoy en pie de guerra. Pero procuro cuidar mi ética, porque uno no puede proyectar nada interesante si no tiene nada en su interior.

- Dígame alguna pequeña o gran traición suya.

¿Traición? ¿Y qué es traición?

- Supongo que hacer algo que no se corresponde con la realidad. Faltar a la lealtad..

¿Violar la fidelidad, por ejemplo? ¿Ser infiel? Pues claro que he sido infiel alguna vez, ¿y quién no?

- Hay otros modos de traicionar.

Sí, la de los espías, por ejemplo, como esa abuelita... Melita. Pues bien, eso requiere su valor. En una ocasión, Buñuel me dijo: "Hace falta ser cojonudo para saber traicionar, hace falta tener empaque, es algo grande, difícil de conseguir y de asumir. Requiere su fuerza". Ciertas traiciones entran dentro del juego de vivir. En el amor, como en la política, si saben quién eres y lo que quieres, nunca engañas.

- ¿Sabría resumirme la historia de amor más hermosa de su vida?

Bueno... He tenido muchas historias de amor. Y están ahí, en mí. Lo que ocurre es que, con el tiempo, uno no las asocia a un nombre propio, exclusivamente, sino a una etapa de tu vida. Se forma un ensamblaje en la memoria y, al final, lo único que recuerdas es la intensidad.

- ¿Es verdad que tiene claustrofobia?

Sí, aguanto mal los ascensores y los metros. Subo, pero siempre pienso que puedo quedarme encerrado en ellos. Pero lo que tengo, ante todo, es una especie de vértigo curioso. Cuando estoy a cierta altura, procuro no acercarme mucho. Tengo que apartarme. Pero no es por miedo a caerme sino todo lo contrario, por una tremenda atracción a caerme. O sea, que no tiene miedo de caerse, sino de tirarse .

- ¿Es verdad que tiene claustrofobia?

Sí, aguanto mal los ascensores y los metros. Subo, pero siempre pienso que puedo quedarme encerrado en ellos. Pero lo que tengo, ante todo, es una especie de vértigo curioso. Cuando estoy a cierta altura, procuro no acercarme mucho. Tengo que apartarme. Pero no es por miedo a caerme sino todo lo contrario, por una tremenda atracción a caerme.

- O sea, que no tiene miedo de caerse, sino de tirarse.

Cuando estoy allí arriba siento que, por un segundo, me lanzaría al vacío, sin pensarlo, que me atrae poderosamente esa sensación. De manera que debo reprimirme. El vacío me atrae brutalmente, sensualmente.

- Más vértigo debe dar, por ejemplo, ser el responsable público de la vuelta de un personaje como Tarradellas. ¿Por qué usted y no, por ejemplo, Carles Sentís?

En eso se pusieron todos de acuerdo, me designaron único responsable por unanimidad y jamás nadie me ha pedido explicaciones posteriores. Me siento orgulloso de que así lo decidieran. Pero en cuanto al vértigo... Si se fija, mirando las fotos que nos hicieron en el balcón, yo estoy cerca de Tarradellas, pero con la mano sobre la barandilla y el cuerpo a un metro de distancia.

- Igual que conoció a Tarradellas o a Sem-prún, convivió con Buñuel y se fue de farra con Gil de Biedma. Experiencias de lujo, un privilegio personal. Seguro que las editoriales persiguen sus memorias.

Pues sí, no paran de decírmelo, pero me cuesta decidirme. Saldrían cosas sobre las que no estoy seguro si es mejor callar. Pero es cierto que en mi vida han confluido muchos personajes interesantes, amigos.

- ¿Qué le recriminan sus amigos?

Mi capacidad para distanciarme. Yo no necesito la asiduidad para la amistad. Soy capaz de pasar meses sin llamar a alguien, si no existe una razón concreta, cosa que algunos interpretan, erróneamente, como un olvido o, lo que es peor, como si hubiera dejado de apreciarlos. No entienden que sigo teniéndolos conmigo. Hay cosas que no necesitan repetirse.

-¿Dónde pasará la noche del fin de milenio?

Ya he hablado con varios amigos y todavía no nos hemos decidido. Lo que no hay que hacer es eso tan visto de irse a la otra punta de mundo, a viajar, eso puedes hacerlo cualquier otro año. Debería ser algo simbólico y no sé por qué siempre lo asocio a una gran hoguera. Hay que crear un espacio determinado. Y esperar que tus hijos te puedan decir, con razón, aquello de "papá, es que tú eres del siglo pasado" (bien, mis hijos siempre me llamaron por el nombre de pila, pero bueno...).

- ¿Sigue siendo nocturno?

Las noches son fantásticas. Aguanto mucho. Antes más, claro, y con más contraste de emociones. ¿Se imagina lo que era salir de reuniones clandestinas, con la cabeza en efervescencia, y empalmar con unas copas en Bocaccio, y reunirte luego con unos amigos para hablar de pintura, por ejemplo?

- Da la impresión de que usted ha vivido varias vidas en una.

Sí, yo también lo pienso a veces. Pero me queda una cosa por hacer: recuperar las pequeñas cosas. Siempre me he visto envuelto en macrocosas, montajes multitudinarios, movimientos de masas, reuniones de muchos amigos, movidas culturales, proyectos políticos, todo a lo grande... Pero no cambio eso por la sensación que da, después, llegar a casa, quedarte solo, echarte en el sofá y poner música.