
ENCUESTA
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La
cultura a las puertas
del nuevo milenio
La opinión de 22 artistas
y profesionales
Retratos:
María Birulés
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"Barcelona. Metròpolis Mediterrània" llega al volumen 50 en el
primer número del año 2000. La coincidencia de dos guarismos tan
especiales es una buena excusa para erigir una atalaya desde la
que observar cuál es, hoy, la situación de la cultura en Barcelona.
Hemos pedido a 22 personalidades de campos y pensamientos muy
diversos una visión retrospectiva sobre el mundo cultural en los
últimos años, así como una prospectiva de lo que nos espera en
un futuro inmediato.
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Entre
el estancamiento
y la complacencia
Se trataba de tomar el pulso a la cultura barcelonesa, y nos hemos
dirigido a dos arquitectos, un catedrático de literatura
catalana, una directora y un productor de cine, dos gestores culturales
de la Administración, los directores del CCCB y del Museu
de la Ciència, una coreógrafa, un editor, un filósofo,
un director teatral, dos escritores, dos críticos de arte,
dos diseñadores, un pintor, un músico contemporáneo
y un actor.
El retrato resultante es muy crítico. Las respuestas de
las 22 personas consultadas deben ser, sin embargo, motivo de
reflexión y hay que situarlas como lo que son: las opiniones
de algunos de los protagonistas activos de la cultura, hombres
y mujeres conocedores de las virtudes y los defectos de un mundo
del que forman parte.
Este vínculo no tiene por qué permitir una valoración
mejor o peor de la que haría cualquier otro ciudadano.
Sencillamente, diferente.
De todos modos, sorprende constatar la coincidencia de pareceres
en tres grandes ejes. El primero es que la cultura vive, en Barcelona,
un periodo de estancamiento después de la época
de brillantez que se vivió desde la transición y
hasta 1992. Son numerosas las voces que denuncian este cerrarse
a toda influencia que venga de fuera que ha tenido lugar, si bien,
como apunta Rubert de Ventós, es normal que se produzca
a causa de una lógica histórica pendular en la que
Barcelona, y por extensión Cataluña, necesitaba
reencontrarse a sí misma con la recuperación de
la democracia. Sea lo que fuere, la consecuencia es la tendencia
a la endogamia y la pérdida de la hegemonía cultural
que Barcelona había tenido sobre el resto de España,
como afirma Joaquim Molas, pese a la evidente satisfacción
que evidencia Vicenç Altaió, el "localismo
gratificante" del que habla Daniel Giralt-Miracle, el conformismo
al que se refiere Joan Hernández Pijuan o la autocontemplación
que cita Rosa Vergés. En resumen, según opinan algunos,
como Giralt-Miracle, que "cerramos el siglo con una fatiga
manifiesta y con pocos proyectos entusiasmadores".
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El
Palau Nacional de Montjuïc,
sede del MNAC.
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El segundo
gran tema más repetido es el papel de las instituciones.
Los noventa han sido la década de los grandes equipamientos
-el Auditori, el Macba, el CCCB, el TNC
-, pero se denuncia
la ausencia de un verdadero proyecto cultural que vaya más
allá "de la piedra". Joaquim Molas señala
que la falta de una "programación coherente y eficaz"
ha llevado a una situación en la que predomina la búsqueda
de "los efectos políticos, publicitarios y comerciales
inmediatos, no los resultados a largo plazo" y que se traduce
en una oferta cultural que, para la coreógrafa Àngels
Margarit, no tiene "nada detrás". Félix
de Azúa considera que esta oferta es la normal en una ciudad
mediana, pero que "carece de atractivo para un público
internacional". Y pese a que hay alguna excepción
-Miquel Milà opina que "los que dirigen la ciudad
son mucho más cultos, están más sensibilizados,
y se nota"-, el parecer generalizado es que "la iniciativa
privada lleva adelante muchos proyectos; es emprendedora. La que
falla es la Administración", sintetiza Oriol Bohigas.
¿Y en que ha fallado la Administración? Josep Ramoneda
lo resume en una sola crítica: "Se ha dado poco apoyo
a la producción y a la creación". Los creadores
y la industria han sido los grandes olvidados en todo este proceso
de modernización cultural, con la consecuencia de que hoy
"no hay apoyo intelectual ni material a la creación
artística", apunta el compositor y músico Carles
Santos. Para Xavier Rubert de Ventós, es obvio que las
iniciativas deben surgir "de abajo, que se tienen que favorecer
y fomentar", pero que, curiosamente, "éste, que
tendría que ser el marco de nuestro país, no lo
hemos practicado".
Se da una gran coincidencia en denunciar un intervencionismo que
se considera excesivo, e incluso los hay que hablan de "dirigismo".
La crítica proviene, principalmente, de los creadores,
que reclaman el espíritu de libertad que, por definición,
implica el término cultura, aunque no hay que perder de
vista que son ellos mismos los que después piden subvenciones
para sus exposiciones y conciertos. Pero también proviene
de productores audiovisuales como Joan Antoni González,
que reconoce sentir "temor" cuando oye decir que las
administraciones públicas deben liderar proyectos culturales.
"Barcelona funciona como una ciudad. No como una serie de
instituciones", afirma Enric Miralles. Rosa Vergés,
por su parte, cree que el cine "se ha politizado de un modo
que ha estrangulado por completo la industria, con el resultado
de que la mayor parte de las empresas se han desplazado hacia
Madrid". En la misma línea, Enric Satué asegura
que "mientras en Cataluña se programan esas ferias,
feriuchas y mercados (
), tenemos que ir a ver las manifestaciones
más importantes de la estética contemporánea
a Madrid (al Reina Sofía), Valencia (al IVAM ) o Bilbao
(al Guggenheim)".
Mientras Jordi Herralde reclama "(obviamente) una política
cultural con más imaginación, recursos y entusiasmo",
otros, como Ricard Salvat, opinan que "falta programación
cultural al margen de los partidos políticos". Algunos
entrevistados, entre ellos Jorge Wagensberg, creen que la función
de la Administración sería la de crear una "atmósfera
adecuada" para la producción cultural. Y que diera
protagonismo a los creadores.
Sobre todo a los creadores jóvenes. Pero ¿dónde
están estos creadores? Ramoneda recuerda que "a veces
viven asilados, en espacios tribales" y que no encuentran
suficiente repercusión en los medios de comunicación,
donde se están imponiendo "los criterios de los directores
de marketing", como explica Vladimir de Semir. Para Joan
Hernández Pijuan, "hay mucho artista joven que trabaja
bien, pero demasiado en silencio", también porque
Barcelona "es una ciudad dura para al creador, sobre todo
para el joven", que no encuentra apoyo en su actividad.
Frente a estas críticas, Ferran Mascarell reconoce que
"posiblemente el esfuerzo en piedras (equipamientos culturales)
no siempre se ha visto acompañado de un resultado óptimo
en la gestión artística o gerencial". El concejal
de Cultura del Ayunta-miento de Barcelona pide que se canalicen
todos los esfuerzos "públicos y privados" hacia
la configuración de una ciudad "capaz de producir
contenidos culturales". Y reclama una implicación
mayor de las otras instituciones públicas, la Generalitat
y el Estado, en este proyecto.
La mercantilización de la cultura es el tercer y último
gran eje en torno al cual giran las respuestas a nuestra encuesta.
Los entrevistados afirman que la cultura actual, no sólo
en Barcelona, sino en todo el mundo occidental, está fuertemente
condicionada por las leyes del mercado. Faltan líneas maestras
en el pensamiento colectivo, explica Josep Corredor Matheos, de
manera que "el mercado domina todo lo que es susceptible
de ser vendido a gran escala". Y la cultura no es una excepción.
Sólo se produce lo que vende, y manda la ley de la oferta
y la demanda en un campo en el que debería imponerse la
creatividad del artista. En consecuencia, las creaciones cada
vez se preocupan más del cómo que del qué,
de las formas que de los contenidos. Y esta situación resulta
paradójica en una ciudad que, como dice Jordi Dauder, si
por algo se caracteriza y se ha caracterizado siempre es por su
creatividad.
Gabriel
Pernau / Felicia Esquinas
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El
panorama catalán
El
panorama cultural catalán no es demasiado estimulante,
según un informe promovido por la Fundació Jaume
Bofill. El trabajo, de 200 páginas, se incluye en un informe
mucho más amplio que repasa la evolución de la sociedad,
la economía y la política de Cataluña en
los últimos diez años. Las conclusiones son similares
a las que se extraen de la encuesta realizada por B.MM en el ámbito
barcelonés.
De entrada, el Informe para la Cataluña del 2000 detecta
la falta de una política cultural concreta y de unas relaciones
estrechas entre política cultural, industrial, comunicativa
y educativa. "Las instancias públicas han sido incapaces
de vertebrar una verdadera política nacional de cultura.
Se han alcanzado éxitos parciales, pero sin objetivos claros",
asegura Joan Manuel Tresserras, profesor de Ciencias de la Comunicación
en la UAB y coordinador de los autores del trabajo. Tresserras
puntuaría la cultura catalana con una nota de seis sobre
diez.
Además de la Administración, también el sector
privado -excepto las editoriales- y los intelectuales son blanco
de las críticas. El informe constata "dificultades
para tolerar la introducción de elementos nuevos"
en nuestra sociedad, la existencia de una cultura "banal"
vehiculada por los principales medios de comunicación y
el hecho de que la marca de los Juegos Olímpicos contribuye
a vender Barcelona, pero que es insuficiente si no va acompañada
de una política de fondo. Pese a todo, se detecta "cierta
progresión cultural", asegura.
Tresserras apuesta por acabar con el enfrentamiento estéril
entre los representantes de la cultureta y de la culturilla, y
cree que se impone aglutinar esfuerzos y contribuir, todos juntos,
a crear una cultura más plural y cercana a la sociedad.
De otro modo, se acentúa la pérdida de peso de Barcelona
respecto a Madrid.
En el plano positivo de la balanza, el trabajo destaca las grandes
infraestructuras que se han erigido en los últimos años,
si bien constata la falta de bibliotecas.
A la larga, sentencia Tresserras, la única vía de
supervivencia de la cultura de Cataluña pasa por ofrecer,
desde aquí, propuestas dirigidas al mercado mundial.
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1.
¿Cómo cree que ha evolucionado la cultura en Barcelona en los
últimos años? Podría citar algunas de las iniciativas más destacables?
2.
¿Cómo ve el momento actual y el futuro cultural inmediato de la
ciudad?
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VICENÇ
ALTAIÓ
escritor y director del KRTU
1.
Siempre debemos discernir lo ideal de la memoria de su quimera.
Si miramos atrás y ponemos la historia al alcance de la
mediatez, nos sorprenderemos de donde estábamos y donde
estamos desde la conquista de democracia, pero también
de las cosas que hemos dejado de hacer, de las cosas en las que
hemos fallado, de lo que tenemos que cambiar y de lo que todavía
tenemos que idear. Ilusión escéptica, de buen principio,
pues nunca llegaremos a donde queremos estar, puesto que la racionalidad
crítica nos ha enseñado que el mañana no
es el anhelo de hoy, que la sabiduría tampoco es estática
ni permanente, que el poder en sí no es un objetivo, ni
un medio, sino un ámbito. Una ficción que tenemos
que construir.
Hace unos días, para todos aquellos que fuimos autodidactas
en el catalanismo político, formados en una espiral asamblearia
desde las fuerzas del trabajo y la cultura, en una juventud universitaria
hecha de rebeliones y sueños bajo la represión del
último franquismo, la cultura era un frente común
de libertad que se oponía a la barbarie y un espacio de
confrontación. Y nos injertábamos, así, por
salto, en una memoria hecha de identidad, de diferencia, de igualdad,
de ideal y de cambio. Entre la norma y la subversión, cerca
de la cultura de riesgo, de agitación y de minorías,
construimos unas iniciativas alternativas, frágiles y dispersas
en cuyo valor estético primaba la norma de la ruptura,
mientras paralelamente reclamábamos la libre capacidad
de autogobernarnos desde instituciones propias
Y llegaron
los días en los que nos arremolinamos dentro, cerca y fuera
del gobierno público: el momento del diálogo entre
la reconstrucción de la memoria, la pluralidad de las formas
del presente, las redes civiles del instinto democrático,
el peso correctivo y normalizador de las infraestructuras, el
hecho de prestar atención a las mutaciones, lo efímero
y la apertura sólida hacia el devenir.
Ahora, para todos aquellos que llegada la hora de la democracia
hemos tenido un pie fuera, dentro de las iniciativas civiles,
a menudo expresamente minoritarias, y un pie dentro del diálogo
con nuestras instituciones, sin miedo a despatarrarnos y hemos
salido adelante sin herniarnos; que hemos jugado fuerte por romper
los callejones sin salida de nuestra cultura; que hemos apostado
por la modernización; que hemos reclamado un diálogo
entre científicos y humanistas; que hemos pretendido globalizar
la cultura como un todo multidisciplinario; que hemos cuestionado
la prepotencia de la relación entre cultura y economía
frente a cultura y desarrollo sostenible; que éramos partícipes
de la cultura horizontal, plural y diseminada frente a la cultura
de las infraestructuras; que hemos estado atentos a las oscilaciones
del gusto estético y los recambios generacionales; que
hemos reclamado más soberanía y más internacionalismo
sin regionalismo; que queríamos alimentar de ética
la estética y de estética la eficacia, saludamos
el efecto diálogo, cuando se ha dado, y lamentamos tantos
resultados.
Nada nuevo y profundo en una cultura de espectáculo y de
cajas mastodónticas. La cultura humanística, científica
y tecnológica tiene todavía unos niveles de analfabetismo
y de subdesarrollo demasiado graves, pese a las correcciones de
la socialización cultural de estos últimos años,
frente a -menos mal- individualidades excepcionales. Las vicisitudes
de nuestra historia han hecho que se produzca una grave escisión
entre educación, percepción y civilidad de lo colectivo
y la rareza de las individualidades. Barcelona
-apuntó J.V. Foix- vive de espaldas a la vanguardia. Sí,
a la vanguardia política, social y cultural. Y con todo,
la vida, como la vida social y la vida cultural, es el reino de
la multiplicidad de las estructuras.
2.
Nuestra identidad está hecha, y así ha sobrevivido,
de altibajos y descalabros, de persecuciones y de emergencias,
y pese a todo no hemos sufrido el complejo de lo agotado o de
lo inconcluso. Desde la propia estética no deberíamos
dejar de lado los grandes márgenes, lo universal. El lenguaje
de los funcionarios de aduanas y a la vez de los traductores,
el lenguaje de los arcaicos con el pensamiento trepidante de las
vanguardias, el lenguaje de la cultura popular y de la cultura
racional. Nuestra identidad cultural más moderna se ha
escrito en una pluralidad de preposiciones para unas proposiciones
hoy.
La ciudad es un microcosmos, como las culturas de ámbito
restringido, de las grandes culturas. Así, la endogamia
de las vanguardias convive con la pervivencia del abolengismo,
el humor filosófico se sienta frente al humor costumbrista
y satírico, el diseño neofuncional detrás
del diseño salido del cómic underground. Una ciudad
que defienda los valores humanos, que excluya la xenofobia también
estilística y el colonialismo también de género,
es tan idéntica a lo moderno como su no integración
en lo acabado. La ciudad, ya de por sí universal, debe
encontrar en la cultura la profundidad de la interrogación
sobre los derechos de los grupos más pequeños y
débiles y de los individuos artistas de crear su expresión
sin considerar como pérdida su justo espacio de diferencia.
La gran ciudad debe dar rostro a lo anónimo. No hay contradicción
entre cosmopolitismo y voluntad de identidad al alcance. La ciudad,
artífice de la modernidad, reclama hoy una ética
a la tecnocultura que penetra en el hogar y una nueva comunicación
entre el paisaje de lo artificial y la nueva sensibilidad resistencial
del individuo.
La cultura debe ser mucho más que "un conjunto socioeconómico
de personas y empresas dedicadas a la distribución de bienes
y servicios, y prestaciones culturales", y una política
cultural debe ser más que el ridículo papel no intervencionista
según el cual "no se trata de orientar ni de dirigir,
ni tan sólo de coordinar; se limitará a garantizar
el libre intercambio de bienes, la ampliación del mercado,
a velar por las condiciones del trabajo y la conservación
del patrimonio". No se puede confundir la asociación
entre cultura y mercado liberal; tampoco se tiene que confundir
el kitsch turístico que degenera una ciudad con el consumo
de masas y sus exigencias de desarrollo tecnológico. En
confluencia, todo ciudad, tan visible la fealdad y la ligereza,
como visible también el acento y la calidad.
Hay quien hace visibles unos e invisibles otros. De ahí
la escisión entre cultura alta y cultura de la especulación,
cultura de vanguardia y cultura popular, cultura de estilo y cultura
convencional, cultura moderna y cultura de maquillaje.
Barcelona ahora se muestra satisfecha de sí misma, y habiendo
sido tan sucia, inculta y desordenada, empieza a comportarse,
a enseñarse limpia, cultivada y ordenada. Con apologistas
y detractores, en conflicto permanente, malvivida por dentro y
asumida hacia fuera, Barcelona, con tanto desbarajuste y recelo,
pero también con proyectos de futuro y transformaciones
radicales, con tantos momentos culminantes y tanto por hacer,
es crédula de sí misma. Antes de producirse una
fuerte mutación, a causa del intercambio comunicacional
con la tecnocultura que puede relegar la ciudad a pueblo, se pone
en juego una convivencia implosiva, inédita, terminal.
Aquí la cultura es poco coherente en el conjunto, inacabada,
frágil, provisional, inestable... que no se mate la viveza
de lo activo hecha quizás de insuficiencia en lo infinitesimal
complejo.
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FÉLIX
DE AZÚA
escritor
1.
No por tópico es menos cierto que el esfuerzo más encomiable de
los últimos diez años ha sido la creación de grandes centros culturales
imprescindibles y muy caros. No entro a valorar si estas construcciones
son sensatas o disparatadas como el Teatre Nacional. Pero me gustaría
añadir que de todos ellos el más notable, en mi opinión, es el
Auditori. No sólo por su valor arquitectónico, sino también porque
es la primera vez que los barceloneses pueden escuchar música
sinfónica en condiciones aceptables para la orquesta y para los
aficionados. Es de lamentar, sin embargo, que algunos de estos
centros carezcan del transporte público mínimo exigible. Es una
hipoteca que debe amortizarse cuanto antes.
2.
La segunda pregunta atañe a los contenidos. Yo diría que la oferta
barcelonesa es la normal en una ciudad sureuropea de tamaño medio.
Seguramente responde a lo que da de sí la clientela. Pero es evidente
que carece de atractivo para un público internacional, cada vez
más numeroso y móvil. Evidentemente Barcelona no es París. De
manera que debe apostarse por una actividad que permita a la ciudad
ser centro cultural europeo de algo. Creo que se podría recuperar
la iniciativa en el terreno cinematográfico y musical, dos actividades
para las que la ciudad está perfectamente preparada y cuenta con
cierta experiencia en el pasado. El renacimiento del Festival
de Cine (sólo San Sebastián y Valladolid compiten en este momento),
o, mejor aún, la creación de un verdadero Festival de las Músicas,
podría poner a Barcelona en un circuito internacional de capitales
culturales.
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ORIOL BOHIGAS
arquitecto
1.
Culturalmente, Cataluña ha dado un paso adelante muy importante
en democracia. Ahora bien, ¿este es el paso que realmente había
que hacer? ¿Es suficiente o nos hemos quedado cortos y en pleno
vuelo gallináceo? Mi opinión es que nos hemos quedado cortos en
diversos aspectos, sobre todo en aquellos que han de llevar a
cabo los gobiernos locales y nacionales. Resulta difícil tener
claro el criterio sobre cuál debe ser la función de las subvenciones
para la mejora de la cultura. Desgraciadamente, no ha habido discusión.
Yo creo que las instituciones, más que organizar actos específicos,
deberían crear los instrumentos culturales. Hay aspectos que se
organizan directamente desde la sociedad civil; los instrumentos
para hacer cultura, no. Se tienen que crear buenos teatros para
que la producción teatral se desarrolle y, en el caso de las artes
plásticas, buenos museos. Hay que ofrecer el marco físico y organizativo.
En Barcelona se han hecho esfuerzos importantes, pero han tardado
demasiado y algunos no se han realizado. En general, llevamos
un retraso de diez o doce años. Era fundamental que se construyera
un auditorio, pero es escandaloso que el MNAC no se haya terminado.
Existe un desequilibrio en las inversiones. Es difícil desarrollar
las artes plásticas con dos tercios de los museos cerrados. No
entiendo cómo la Generalitat no ha tomado medidas radicales. Era
lo más importante que había que hacer. Se han retrasado las bibliotecas
de distrito, y la provincial no se ha realizado, lo que resulta
vergonzoso. En este aspecto, estamos a años luz de las necesidades
reales de la ciudad.
Pese
a ello, la iniciativa privada saca adelante muchos proyectos;
es emprendedora. La que ha fallado es la Administración. Es difícil
que la cultura funcione por sí misma. No se tienen que subvencionar
las actividades que ya funcionan por sí mismas. A veces, se ha
aplicado el criterio de subvencionar dependiendo de si había éxito
de público, y quizás deberían ser las otras obras, las no afectadas
por los criterios vulgarizados del gran público, las que recibieran
el dinero.
2.
De todos modos, no puede decirse que la cultura esté muerta, sino
bastante viva. Sorprende la actividad de los museos, incluso en
comparación con grandes capitales europeas. Pero a menudo son
iniciativas que funcionan gracias a la generosidad de los artistas,
no de los mecenas. El mecenazgo del Macba, por ejemplo, creo que
está mal enfocado. La situación tiende a mejorar porque las infraestructuras
se están acabando y empiezan a poner en marcha sus programaciones.
Poco a poco tienen que encontrar el lugar y los medios para funcionar.
Otro elemento necesario para que la cultura funcione, y que no
siempre se tiene en cuenta, es la educación. Resulta insuficiente.
Y es incomprensible que no se resuelva el caso del nuevo conservatorio
de música. ¿Cómo queremos tener público para la Orquestra si antes
no educamos musicalmente?
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JOSEP CORREDOR
MATHEOS
crítico de arte
1.
Barcelona ha ganado en espacios, en diferentes ámbitos.
Tanto las rehabilitaciones del Museu Nacional d'Art de Catalunya
y del Mercat de les Flors como el Macba, el Teatre Nacional, el
Auditori, la reconstrucción del Liceu, la nueva y reciente ampliación
del Museu Picasso y, naturalmente, la transformación producida
con las obras realizadas cuando los Juegos Olímpicos son muy importantes
para la ciudad y su área de influencia. Todo esto debe hacernos
optimistas de cara al futuro inmediato. Lo más decisivo es que
hay ilusión. A veces, nosotros somos críticos, y tenemos que serlo,
pero quizás a muchos les cuesta reconocer los progresos. El hecho
es que, cuando sales al extranjero, las reacciones al decir que
eres de Barcelona te hacen ver que nuestra ciudad ha ganado un
gran crédito y que se ha convertido en referente y, en algunos
aspectos, en un modelo.
2.
La cultura catalana se encuentra en un buen momento. Hay
escritores y artistas en general que están sobrevalorados,
mientras que otros no reciben la atención que merecen,
pero eso ha sido una realidad histórica desde que apareció
el artista individual. Hay inquietud, son bastantes los creadores
en plena producción y una serie de obras constatan un nivel
muy apreciable y que en ciertos casos es alto. Comprendo que muchos
no lo vean así, al igual que comprendo que otros, ufanos,
piensen todo lo contrario: todo depende del nivel de exigencia,
del talante personal, sin olvidar que nos falta perspectiva -y
todos nos podemos equivocar.
Creo que algunas carencias fundamentales que podemos apreciar
son debidas a unas razones de orden internacional. Se da en general
un alto grado de confusión. Las razones son diversas y
profundas, desde la falta de grandes ideas-guía, de líneas
maestras en el pensamiento colectivo, hasta que el mercado domina
todo lo que es susceptible de ser vendido a gran escala. Y eso
afecta no sólo a la pintura -la más afectada de
las artes plásticas-, sino también a todo lo que
puede ser producto de una cultura -generalmente subcultura- de
masas así como a la novela, contagiándolo todo,
aunque no haya intereses económicos de por medio. Además,
hay campos en los que las dificultades relacionadas con la lengua
agravan los problemas, como es el del cine.
Todo esto como circunstancias y problemas que podríamos
llamar de fondo. Hay muchos otros, naturalmente, a tener en cuenta.
Para referirme ahora a las artes plásticas, tengo que decir
que es lamentable, entre otras cosas, que el coleccionismo de
Barcelona no haya mostrado, en general, interés por las
obras realizadas fuera, por lo que en nuestros museos no hay una
buena representación del arte español ni del de
otros países. Barcelona tiene, además, grandes carencias
de espacios expositivos, mientras que se está dotando a
la música y al teatro de unas estructuras de una gran ambición
y que no es seguro que puedan llenarse. Las instituciones públicas
-aun teniendo en cuenta el esfuerzo que ha supuesto el Macba-
disponen de unos espacios que no llegan a ser los que necesita
una ciudad como Barcelona. Está claro que en nuestra ciudad
no hay muchos grandes palacios, pero me pregunto por qué
no se vuelven a utilizar, por ejemplo, la capilla del Hospital
de la Santa Creu y el gran salón del Palau del Tinell.
Entiendo que puede que haya algunas razones, pero, en todo caso,
es urgente darle solución.
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JORDI DAUDER
actor
1.
¿A qué cultura nos referimos? Si hablamos de lo
que se llama espectáculo y que se limita a distraer al
personal, a mí no me interesa. Vaya, que no creo que sea
cultura. Cuando se habla de pan y circo no hablamos de cultura,
sino de voluntad de entretener para ocultar las injusticias y
evitar cualquier toma de conciencia. La cultura, la cultura de
verdad, no es un consumo sino un elemento de conocimiento para
comprender la realidad y, si hace falta -¡y ya lo creo,
que hace falta!-, transformarla. Y, en Cataluña, eso no
existe, o muy poco. En el ámbito teatral, por ejemplo,
asistimos a una cierta madrileñización, puramente
comercial, de teatro bien hecho, ciertamente, pero que no va más
allá. Además, existe un centralismo barcelonés
preocupante y peligroso. En el resto de Cataluña, la situación
es bastante miserable. Ahora tenemos el Teatre Nacional de Catalunya
y hay que utilizarlo, pero quizás habría sido más
apropiado dedicar este abusivo presupuesto a crear teatros por
todo el país. En Francia es así; ¿por qué
aquí no? No sé si en Barcelona es necesario otro
espacio de la envergadura de la Ciutat del Teatre. En cualquier
caso, es un proyecto -que hay que someter a debate- apasionante:
investigación, proyectos a concurso, relación interdisciplinar,
espacios para grupos teatrales y otras disciplinas... Curiosamente,
Conver-gència i Unió dice que quizás no hace
falta, y la industria del teatro privado parece que también
se opone a ello. Para mí, quizás es uno de los proyectos
verdaderamente culturales más interesantes.
El panorama cinematográfico no es más alentador.
Hemos pasado de trece o catorce producciones anuales a cinco o
seis. No hay industria, y ni la Generalitat ni TV3 han asumido
la tarea. TV3 ha hecho telefilmes, no cine. La gente que intenta
hacer cine se encuentra con muchas trabas. ¿Por qué
funciona el cine español? Porque una combinación
de creación y de apoyo económico ha permitido el
surgimiento de un montón de gente. ¿No hay gente,
aquí, capaz de hacer una película como Flores de
otro mundo? Sí, pero tienen que emigrar a Madrid, porque
aquí no se ha asumido esto como hecho cultural. El cine
es un mosaico complejo que no se puede definir por la lengua.
Saïd es una película catalana, pese a estar hablada
también en otros idiomas. ¿Por qué pasa todo
esto? Porque nuestra cultura es pequeña... Deben facilitarse
espacios y ayudas a los jóvenes que tienen cosas que decir.
Hay problemas más profundos, naturalmente. Manda la televisión,
que se rige por el share. Únicamente se mira la rentabilidad.
En sociedades desculturalizadas como la catalana, la española
o la europea, se ofrecen productos cada vez más demagógicos
y de bajo nivel: entretenimiento, concursillos, la gente como
espectáculo. Es inimaginable que nuestra televisión
se pueda vincular a un proyecto como Arte. Sólo se mira
la rentabilidad, obviando que lo rentable es crear seres humanos
capaces de conocer, de aprender y formarse. Si no lo haces, si
sólo haces espectáculo, creas una sociedad amorfa
y pasiva. Es lo que interesa a los de arriba, para manipular:
"Vosotros consumid, que nosotros haremos las cosas".
Y por eso hay cada vez más abstención, desculturalización
y despolitización. Se genera un caldo de cultivo idóneo
para que surjan parafascismos o populismos. No se asume la crítica
como un hecho positivo. Cualquier crítica adquiere enseguida
una dimensión brutal, cuando no hay cosa más sana
para un país que la crítica. No tenemos tradición
democrática. Arrastramos un retraso cultural y tenemos
figuras intocables como el Rey o el Ejército.
Culturalmente, la sociedad parece muerta. Aceptamos que todo va
bien y que a todo tenemos que decir "amén". Surgen
las ONG porque la sociedad no deja de pensar. Hay una necesidad
de conocimiento imparable. Estamos un poco hartos de que nos utilicen
aquellos que nos representan sin dejarnos participar. O vamos
hacia una rebelión o bien hacia una sociedad pasiva culturalmente.
En Cataluña, ¿es aceptable un publicista como conseller
de Cultura? Se ha hecho una televisión de partido. Con
Joan Rigol se estableció un cierto pacto cultural que fue
interesante para conjuntar las fuerzas políticas. Pero
se acabó. ¿Cómo es posible que los intereses
partidistas pasen por delante de los intereses culturales? ¿Por
qué desaparece el Festival de Cine de Barcelona? Que respondan
ellos.
2.
Veo el panorama muy oscuro. Vivimos una situación endogámica;
Barcelona ha dejado de ser una ciudad abierta. La reacción
a la dictadura y al españolismo no ha de ser la endogamia,
que crea una sociedad cerrada en sí misma. Se habla de
pureza, y eso, culturalmente, es peligrosísimo. Si la sociedad
avanza, es por el mestizaje.
Cataluña es una sociedad bilingüe y bicultural, y
tenemos que aprovecharlo. Nos cerramos a las influencias y surge
la cultureta, que es el subproducto casero que no va más
allá, de la caseta i l'hortet. Es una visión pequeña
del fenómeno cultural. Hay una palabra peligrosa, cuando
se habla de cultura, que es tradición. Algunas tradiciones
se tienen que conservar, pero otras son retrógradas. En
los pueblos, parece que basta con que funcione la fiesta mayor,
y los tres o cuatro chavales que quieren hacer propuestas diferentes
no pueden. En Barcelona, BTV es una de las iniciativas más
interesantes que han surgido y no cuenta con suficiente reconocimiento.
En el campo teatral, la investigación es como si no existiera.
Los pocos que se dedican a ello son francotiradores.
La cultura, o hace frente al poder o está sometida a él.
Se está llegando al hecho literario del no-decir. La forma
es cada vez más importante que el contenido. Cuando solamente
hay contenido, el contenido se convierte en la forma. "No
sé qué dicen, pero lo dicen tan bien...".
En general, avanzamos, pero poco. Si no hay verdaderos cambios
estructurales y epistemológicos, de concepto, del significado
progresivo y corrosivo de la cultura, nos encaminamos hacia el
desierto. Y eso es una contradicción, porque somos una
de las zonas del país con más capacidad creativa.
Cuando se relaciona cultura y mercado, se exige que los productos
funcionen, pero la cultura no tiene nada que ver con el comercio.
El teatro tendría que ser como la Seguridad Social, asequible.
La cultura transgresora está en crisis. Lo que decide es
el mercado, y el mercado desarrolla el consumo individual, la
individualización de la sociedad al máximo, cada
uno encerrado en su casa. Es decir, que el mercado y sus productos
culturales crean una sociedad menos solidaria. A menudo me planteo
qué es culturalmente más importante: que la gente
vaya a los museos o que salga a la calle para cambiar las cosas.
La cultura también existe para despertar conciencias.
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DANIEL
GIRALT- MIRACLE
crítico de arte
1.
Si la cultura fue uno de los factores decisivos durante la resistencia
contra el franquismo, también ha sido uno de los elementos
más importantes de la modernización de la ciudad.
El empuje que vivió Barcelona en los años ochenta
y primeros noventa sorprendió a todo el mundo, incluso
a nosotros mismos. Todos los ámbitos de la cultura se beneficiaron
de este dinamismo, que alcanzó el máximo reconocimiento
internacional con los acontecimientos de 1992. Los equipamientos
culturales (más museos, más espacios de exposiciones,
el Auditori, más teatros, más escuelas de arquitectura
y diseño) ponen de manifiesto que se ha trabajado firmemente
en las infraestructuras y que se han invertido miles de millones
en una operación sin precedentes. Sin embargo, cerramos
el siglo con una fatiga manifiesta y con pocos proyectos entusiasmadores.
Y ¿por qué? ¿Es cuestión de creatividad
o es cuestión de presupuestos? Vivimos un momento peligroso,
en el que es fácil contemplar con demasiada complacencia
lo que hemos conseguido y no mirar hacia delante, olvidando provocar
experiencias interactivas y con el riesgo de caer en un localismo
gratificante. Los instrumentos (creadores, público y escenarios)
ya existen, así que hay que dar un salto y evitar que unos
y otros se instalen en la autocontemplación o se dejen
llevar por la pereza.
2.
El panorama, en cuanto a las políticas culturales, es desalentador.
En cada periodo electoral se nos promete la luna, es decir, más
atención y más dinero para la cultura. Al día
siguiente, todo queda en un recuerdo, porque no hay un compromiso
real con la cultura y su capacidad dinamizadora. Desburocratizar,
abrir las puertas a fuerzas emergentes, inventar, crear y vender,
y saber ser y estar en el mundo deben ser las divisas de un siglo
que, se ve venir, tendrá como constantes la aceleración
y la mutación. Un reto que, de hecho, no sólo tenemos
los barceloneses, sino todos aquellos que vivimos y trabajamos
en la cultura en todo el mundo. Sólo una diferencia respecto
a situaciones anteriores: el esfuerzo hecho por el Ayuntamiento
convocando a los distintos profesionales, centros e industrias
nos ha permitido, por fin, tener desde 1999 un Plan Estratégico
del Sector Cultural. La teoría es realmente buena, razonada
y puesta al día. Llevarlo a cabo es el compromiso del siglo
XXI.
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JOAN ANTONI
GONZÀLEZ I SERRET
productor audiovisual
1.
Creo que la cultura de los últimos años se ha empobrecido.
Las instituciones hablan de agentes culturales y a mí me
parece que hablan de agentes de la Guardia Urbana, como si hiciera
falta que alguien canalizase los flujos creativos; de ahí
el Empobrecimiento. "Las administraciones públicas
tienen que liderar, canalizar..." A mí, esto me produce
temor. Para que la creatividad en todos los campos de la cultura
fluya, hay que tener la más grande de las libertades.
Se han construido las infraestructuras -Macba, Teatre Nacional,
Auditori, MNAC, CCCB-, arquitectura de calidad no siempre acompañada
de unos contenidos de interés. El Liceu es toda una cuestión
aparte. Creo que debería haber servido para tener un teatro
de ópera nuevo, y no un clónico revestido de nuevas
tecnologías. Destacaré las actividades del CCCB,
que es, con mucho, el lugar en el que me encuentro más
libre.
Si la Ciutat del Teatre sirve para acercar, en parte, una programación
Odeon-Bobigny, bienvenida será; si lo que vemos es una
réplica del Nacional, tendremos otra infraestructura de
lujo y habremos perdido otra oportunidad.
2.
Hoy se teoriza mucho. "Plan Estratégico de la Cultura, la cultura
como motor de la ciudad del conocimiento, el 22 @". He leído las
conclusiones de los equipos de trabajo, que tienen grandes diferencias,
en buena medida fruto de su composición: se habla de implementar,
ordenar, canalizar, espolear, reflexionar y elevar a las altas
instancias de representatividad ciudadanas. Creo que estoy más
cerca de las reflexiones teóricas del Grup de Treball, ya que
sus teorizaciones eran más ingenuas y menos intervencionistas,
en el sentido ordenador. Sería mejor hablar más de los creadores
y menos de los agentes públicos o privados, ya que cada vez parece
que tenemos más superestructura y menos creatividad.
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JOAN HERNÁNDEZ
PIJUAN
pintor
1.
El pacto cultural en el ámbito político generó
un entusiasmo que se frustró enseguida. En cuanto a infraestructuras,
se ha hecho mucho y de un nivel aceptable: el Teatre Nacional
de Catalunya, el Auditori, el Macba
Ahora bien, una vez
construida la casa, hecho enormemente positivo, hay que llenarla.
Pero no se ha discutido a fondo qué debe tener en el interior
y cómo se han de hacer las colecciones. Se ha hablado del
sexo de los ángeles.
Al margen de esto, el hecho cultural está muy plano, sobre
todo en artes plásticas. No es un tema que se haya tocado
claramente desde la Generalitat. Institucionalmente, no se ha
cultivado el coleccionismo de arte para ir completando las colecciones
de los museos. La renovación del MNAC está pendiente,
las colecciones del Macba o del Museu d'Art Modern no se continúan.
Sería interesante encontrar una conexión entre el
Museu d'Art Modern y el Macba. ¿Dónde empieza uno
y dónde acaba el otro? No queda claro. Uno tiene el patrimonio
del país y el otro todavía está por completar.
Yo creo que el Macba debería empezar en los años
setenta, no antes.
Por lo que se refiere a teatro o música, se ha hecho un
trabajo correcto. La laguna está en artes plásticas.
2.
¿La
situación actual? La Administración ha desempeñado
un papel importante en la creación de infraestructuras.
Pero no creo en absoluto en las culturas dirigidas, porque la
cultura, por definición, es libertad. Se puede ayudar,
pero dirigir, no. En artes plásticas se tendría
que hacer más de lo que se hace ahora, pero no todo puede
quedar en manos de las instituciones. Las galerías tienen
un papel importante a jugar. Actualmente, hay mucha más
actividad en Madrid que en Barcelona. Hay más galerías
porque debe de haber más coleccionismo, supongo que procedente
de toda España. Barcelona pierde posiciones, no tanto en
creatividad, porque hay mucho artista joven que trabaja bien,
pero demasiado en silencio. Es una ciudad dura para el creador,
sobre todo para el joven. Se echa de menos el apoyo de las galerías,
de las instituciones, en forma de becas o ayudas para abrir talleres.
Hace veinte años, iba a la cabeza. ¿Recuperar el
terreno perdido? Las instituciones no pueden hacer mucho. Es cosa
de la propia sociedad barcelonesa, que actualmente está
más cerrada a diferentes propuestas de arte de lo que lo
había estado. Quizás se deba al conformismo de la
gente
El Ayuntamiento está más abierto que
la Generalitat; en este sentido, en momentos puntuales, parece
que lo ven más claro. Las ayudas institucionales deben
servir para crear un ambiente propicio a la creación. Y,
en Cataluña, los consellers de Cultura son los que han
de abrir el panorama, intentar que las colecciones sean completas,
porque eso es lo que atraerá a la gente. Si no, todo queda
como incitativas puntuales, individuales.
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JORDI HERRALDE
editor
1.
En los años noventa, Barcelona se ha distinguido por el
imperio de la piedra (arquitectura, urbanismo) con bastante acierto
y desatinos diversos. Continúa
el marasmo cinematográfico, mientras que ha despuntado
gloriosamente el teatro.
En
el ámbito de la comunicación -periódicos,
revistas, televisiones- ha habido una progresiva y alarmante pérdida
de protagonismo con respecto a Madrid.
Como
dato positivo, sigue con fuerza la industria editorial, debido
única y exclusivamente a las empresas privadas, la famosa
sociedad civil.
2.
La respuesta
anterior es una posible radiografía de la situación. Respecto
al futuro, hace falta (obviamente) una política cultural con más
imaginación, recursos y entusiasmo.
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ÀNGELS
MARGARIT
coreógrafa y bailarina
1.
Barcelona ha experimentado un importante cambio cualitativo y
cuantitativo con la reforma urbanística y la construcción
de infraestructuras. Se han creado unos espacios de cultura y
de ocio que facilitan el disfrute de este tipo de actividades.
Otro potencial de Barcelona es el impulso de sus habitantes. Esta
ciudad la crea la gente. Los barceloneses son dinámicos,
tienen muchas iniciativas y se apuntan a las iniciativas institucionales.
Aman su ciudad y han vivido a fondo este cambio que se ha producido.
Pero, pese a ello, Barcelona respira mal. Parece que tenga una
gran oferta cultural, pero si la analizas un poco te das cuenta
de que se trata más bien de un momento puntual, de euforia,
y que no hay nada detrás. Como si fuera un ataque de hipo.
Y Barcelona necesita una respiración regular, sosegada,
duradera. Es decir, una estrategia clara y a largo plazo para
las infraestructuras y las programaciones. En estos momentos,
la música vive un momento excelente, pero el teatro y la
danza están en un punto muerto, parados, pese al auge que
también experimenta el teatro comercial. Existe el peligro
de que toda esta transformación haya sido tan solo un lavado
de cara. Las artes escénicas se encuentran inmersas en
una etapa de transición que se inició antes de los
Juegos Olímpicos. Esperas que este proceso se traduzca
en unas ideas definidas, pero la verdad es que se está
haciendo muy largo y no sabemos dónde iremos a parar.
2.
A la
Barcelona que necesitamos le veo un futuro posible pero difícil.
Barcelona se autopromociona muy bien, habla continuamente de sí
misma, y las personas que vienen de fuera se quedan maravilladas
ante la ciudad. Se plantean ideas, pero las ideas acaban siendo
sólo eslóganes si no se llevan a la práctica.
En el caso de la danza, que tiene unas necesidades específicas,
no veo ninguna institución pública con ganas de
ponerse manos a la obra. Toda la cartografía de la producción
y programación de teatro y danza pasa por una coordinación
de las instituciones. Por otro lado, la Barcelona que yo quisiera
para el futuro es una ciudad con un poco más de onda expansiva.
Una ciudad abierta al intercambio en direcciones muy diferentes,
que se comunicase no tan sólo con Cataluña y España,
sino también con Europa y Latinoamérica. Barcelona
no puede quedarse cerrada, tiene que crear puentes.
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FERRAN
MASCARELL
concejal de Cultura
1.
La década de los noventa pasará a la historia cultural
de la ciudad como la más efectiva del siglo. Sobre todo
en un punto concreto: los equipamientos. A lo largo de los últimos
diez años Barcelona ha actualizado unos centros que habían
quedado obsoletos por razones esencialmente políticas.
Los años de dictadura implicaron un envejecimiento extraordinario
de toda la estructura cultural forjada en los años de la
Mancomunitat. El franquismo impuso entonces un mayor alejamiento
de los países vecinos en relación con el conjunto
de su estructura de instituciones culturales, que desde 1960 vivió
una extraordinaria renovación conceptual y física.
A lo largo de esta última década se han modernizado
o se han creado de nuevo la mayor parte de espacios culturales
básicos. Es el caso de la Fundació Tàpies,
la renovación del MNAC, la remodelación del Palau
de la Música, el Centre de Cultura Contempo-rània,
el Museu d'Art Contemporani, el Teatre Nacional, el nuevo Auditori,
el Liceu, diversas ampliaciones del Museu Picasso, el Institut
del Teatre, la Ciutat del Teatre.
Es cierto que posiblemente el esfuerzo en piedras no siempre se
ha visto acompañado de un resultado óptimo en la
gestión artística o gerencial. También es
cierto, paralelamente, que la propia inversión económica
en arquitectura ha condicionado más de la cuenta la inversión
en contenidos, imprescindible para obtener rendimientos culturales
óptimos e inmediatos. Con todo, el resultado es indiscutible:
en diez años la ciudad ha visto modificado sustancialmente
su parque de establecimientos culturales, lo que ha permitido
volver a situar Barcelona entre las ciudades significativas en
la producción y el intercambio de bienes culturales. En
otro sentido, la década habrá tenido una significación
muy ambivalente desde el punto de vista de las empresas culturales
de la ciudad. Por diversas razones -entre las que no es menor
la falta de políticas públicas del Gobierno catalán-,
el ámbito audiovisual y el discográfico siguen siendo
muy secundarios y cada vez más dependientes de Madrid.
Afortunadamente, el sector del libro ha mantenido su papel puntero
en el ámbito internacional.
Finalmente, tres aspectos positivos más. Hay que señalar
la capacidad de los creadores para mantenerse en la primera línea
de la innovación. Hay que destacar el incremento notable
de los espectadores en la mayor parte de las actividades. Y hay
que apreciar la importancia de toda una generación de nuevas
plataformas -como el Festival Sónar- que están significándose
muy positivamente.
2.
En primer
lugar, se trata de poner todos los esfuerzos públicos y
privados en la configuración de una ciudad capaz de producir
contenidos culturales, muy especialmente desde las grandes instituciones
culturales abiertas a lo largo de estos últimos años,
pero también desde los sectores empresariales de la cultura,
creando un marco de oportunidades favorables a los nuevos emprendedores
y a la creatividad. En segundo lugar, la Administración
municipal y el conjunto de operadores culturales y asociativos
de la ciudad deben trabajar conjuntamente, en la línea
ya iniciada en el Plan Estratégico de la Cultura, para
mantener la ciudad entre las diez capitales culturales del planeta.
En tercer lugar, hay que conseguir que, más allá
de mantener vivo y dinámico el pacto de ciudad, el Gobierno
de Cataluña y el Gobierno de España se comprometan
a favor de Barcelona y de sus empresas culturales -esencialmente
el libro, el cine y el audiovisual, la discografía y el
teatro de gran formato-, y que asimismo se comprometan en el máximo
desarrollo de las potencialidades que ofrecen los bienes patrimoniales
de la ciudad, muy especialmente en la tradición gótica,
modernista y picassiana. Y en cuarto lugar, con el Foro de las
Culturas del 2004, Barcelona tiene que ser capaz de situar la
cultura constituyente -valores, ideas, maneras de vivir, participación,
profundización democrática...- en un primer plano
de nuestra sociedad.
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MIQUEL
MILÀ
diseñador
1.
El mundo del diseño urbano, el mobiliario y la arquitectura,
que es el ámbito de la cultura en el que yo me muevo, ha
mejorado muchísimo. Los que dirigen la ciudad son mucho
más cultos, están más sensibilizados, y se
nota. En las calles, se percibe una mejora muy importante en cuanto
a estética. Las fachadas han mejorado tremendamente, se
han arreglado los rótulos de las tiendas. Lo que se ha
hecho en los últimos años era una cuestión
de orden para evitar el caos. Antes, las decisiones no estaban
en manos de gente sensible, sino de la especulación y de
lo de siempre. La Administración tiene una gran responsabilidad
en poner fin a esta situación, y lo ha hecho. En los últimos
dos o tres años, de todas maneras, se ha bajado un poco
el listón, pero creo que con el nombramiento de Acebillo
(nuevo arquitecto jefe del Ayuntamiento de Barcelona), con quien
personalmente puedo estar de acuerdo o no en cuestiones concretas,
se ganará. Es una persona sensible.
Solo hay una crítica, que hago siempre y a la que no se
hace caso. Es la de la señalización. En este aspecto,
no hemos avanzado nada. Dicen que depende del ministerio
No lo sé; la cuestión es que no se hace nada para
mejorar este aspecto. Antes, cuando llegabas a un pueblo era fácil
orientarse por el campanario de la iglesia. Hoy es diferente,
más complicado, porque para ir al centro quizás
tienes que dar una gran vuelta y las ciudades son un caos. Es
necesario que te dirijan.
2.
Ahora
mismo se inicia una etapa que mejora estos dos últimos
años, en los que se había empezado a hacer cosas,
algunas plazas, que no tenían el nivel de diseño
deseable. Eran feúchas, estaban descuidadas. Desearía
que los próximos años nos trajeran una buena señalización,
a ser posible como la de Francia, que dicen que es la mejor. Una
buena señalización debe estar hecha para burros
por personas muy inteligentes, y aquí pasa al revés.
Ha habido algunos intentos de mejora en el Eixample, pero
Y sobre el mundo de la cultura en general, me lo miro un poco
desde fuera, como espectador. Lo cierto es que ha mejorado una
barbaridad. Hay tantas oportunidades, tantas cosas que ver en
teatro, cine, música
La oferta es espléndida.
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ENRIC MIRALLES
arquitecto
Es difícil
ser objetivo.
Barcelona como lugar de paso para tantos viajeros.
Ofrece esta cultura e información muy
ligada a los viajes...
Se ofrece a sí misma.
Lo mismo que yo mismo como viajero encuentro en otros lugares.
Parece que producción cultural esté muy ligada a
viajar...
Al llevar noticias de un lugar a otro.
Barcelona se mueve bien en este terreno.
Barcelona funciona como una ciudad. No como una serie de instituciones...
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JOAQUIM
MOLAS
catedrático de literatura catalana
1.
Sin entrar en discusiones sobre el término cultura o sobre
la pugna que sostienen las diversas administraciones públicas,
haría, de entrada, tres constataciones.
Primera: la cultura, entendida en un sentido amplio, ha perdido
la capacidad creadora y movilizadora que, pese a todo, tenía
en 1975 (para comprobarlo, basta con dar un repaso a la atención
que le dedican los medios de comunicación. O, al menos,
la idea de cultura con la que trabajan).
Segunda: la cultura catalana ha perdido la hegemonía natural
que había tenido hasta en los momentos más oscuros
del franquismo (y no me refiero sólo a las cuestiones estrictamente
lingüísticas).
Y tercera: se han construido grandes estructuras culturales, algunas
necesarias y a pleno rendimiento, otras duplicadas y otras, en
fin, sin contenido de momento.
Para mí, las causas de la pérdida de tensión
podrían ser, entre otras, las siguientes:
1) la dimisión, en principio, de la sociedad civil, que,
por desconfianza o por falta de incentivos fiscales, ha traspasado
sus obligaciones culturales a las instituciones públicas,
incluidas las cajas de ahorros; 2) las instituciones públicas
han puesto la cultura en manos, según los casos, de funcionarios
o de burócratas, no siempre dotados de suficiente imaginación,
que sólo procuran llenar las "memorias" reglamentarias
de finales de año y, en el fondo, conservar el puesto de
trabajo; así, los funcionarios o burócratas 3) organizan
la investigación, aplicando los modelos científicos
al mundo de la cultura, en programas diseñados para las
estadísticas y con etiquetas brillantes pero sin contenidos
reales ("proyectos", "redes"
); 4) crean
grupos, fundaciones y asociaciones de todo tipo, cada uno, con
presidente y secretario, y convocan premios, foros, simposios
o seminarios, cuanto más internacionales mejor, destinados
a hinchar los informes anuales; además 5) las editoriales,
por razones obvias y con toda legitimidad, han entrado en el juego
de la globalización, la masificación y la industrialización;
pero, por el contrario, no han buscado equilibrar la producción
"dura", es decir, creadora e investigadora y, por tanto,
identificadora, y la "blanda", es decir: la que divulga
los hallazgos de ésta entre las diversas mayorías,
de las más selectas a las más indiscriminadas.
De ahí que, hoy, la cultura no obedezca a una programación
coherente y eficaz, con todas las variantes y contradicciones
que sean precisas y que, en general, consista en 1) buscar los
efectos "políticos", "publicitarios"
y "comerciales" inmediatos, no los resultados a largo
plazo; 2) hacer los currículos, más que con obras
de aliento positivo, con premios, medallas, presidencias, subsecretariados
; 3) organizar ciclos de conferencias para salas vacías
o grandes exposiciones y conciertos para multitudes pasivas y
distraídas
Conclusión: para mí, en general, se hace una cultura
sobre el "papel", no una cultura "real". Con
todo, quiero creer que existe una cultura "dura" que,
hoy, se desarrolla al margen de los medios "oficiales"
y que, por tanto, es desconocida. Y que, algún día,
quizás saldrá a la calle.
2.
¿Propuestas?
Analizar a fondo la situación e intentar invertirla, es decir:
reforzar la cultura "dura" y hacer coincidir la "realidad" con
el "papel". ¿Pero quién debe tomar la iniciativa? ¿Y cómo?.
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JOSEP RAMONEDA
director del Centre de Cultura
Contemporània de Barcelona (CCCB)
1.
Durante los últimos tiempos se ha realizado una labor muy
importante -y que era necesaria, imprescindible- para dotar a
la ciudad de las infraestructuras que no tenía. Ahora se
trata de que estas infraestructuras dispongan de los recursos
necesarios para poder salir adelante y competir con las instituciones
equivalentes de otros países que dedican mucho más
dinero a la cultura y tienen un público más amplio.
Y, sobre todo, debe iniciarse una etapa de estímulo a la
creación y la producción. Lo que se ha hecho en
una primera fase es potenciar la exhibición -cosa que no
me parece mal, porque no deja de ser también un factor
de estimulación-, pero si alguna crítica se puede
hacer del desarrollo de las políticas culturales de estos
últimos años es que se ha dado poco apoyo a la producción
y la creación, que es lo que, finalmente, acaba siendo
determinante. Para poner un ejemplo, todavía muchas de
las exposiciones que se programan en Barcelona han sido compradas
en otros países, cuando se tendría que ir hacia
una situación en la que fuesen producidas aquí,
o al menos coproducidas. Es evidente que si la única cosa
que interesa es llenar las salas y que venga gente, lo más
práctico es comprar. Pero un proyecto cultural es más
que eso, también teniendo en cuenta que una ciudad que
quiera ser tiene que ser modelo y no copia. Y el ejemplo de las
exposiciones es válido para todos los ámbitos. ¿Cómo
se estimula la creación y la producción? Pues de
muchas maneras. Los poderes públicos pueden dar facilidades
para que los jóvenes creadores se consoliden. Ésta
es una de las misiones de los centros culturales públicos:
posibilitar la acción de los nuevos creadores, con criterio
de calidad y con un cierto atrevimiento a la vez. Otro tema pendiente
es superar la ruptura que existe entre los medios de comunicación
y la realidad creativa cotidiana de Barcelona. Se tiene que favorecer
la comunicación tanto horizontal como vertical entre los
creadores culturales barceloneses -que a veces viven aislados,
en espacios tribales- y los medios de comunicación, que
son demasiado deudores de los criterios del star system cultural.
2.
El futuro
cultural de un país depende del sistema educativo. Si el
sistema educativo es potente, genera clientes y creadores culturales;
si no, crea una sociedad de la indiferencia. Y todo el mundo sabe
que el sistema educativo, en este país, no se encuentra
en un momento extraordinario. El sector de público cultural
es muy, muy reducido. En Barcelona son 200 o 300.000 personas
las que consumen habitualmente exposiciones, espectáculos
teatrales y todo lo que se hace en la ciudad. Cuando celebramos
que el museo más visitado de Barcelona, el Museu Picasso,
ha conseguido, por fin, en 1998, llegar al millón de visitantes,
se trata de una ridiculez clamorosa en comparación con
los grandes centros culturales europeos, pero son las cifras en
las que nos movemos. Y el Picasso ha llegado al millón
de visitantes gracias a que siete u ocho de cada diez clientes
suyos son turistas. El consumidor local de cultura es limitado.
En buena parte es por culpa de un sistema educativo que no genera
los estímulos necesarios, porque ahora oferta no falta.
Pero también depende del cultivo cultural, moral y social
de un país. Es decir, estas cosas no se inventan ni se
hacen dirigísticamente, ni desde las instituciones públicas
ni desde las privadas. Hay un país que crece culturalmente
o no, lo que es una suma de muchos factores: de ideología,
de mentalidad, de educación fundamentalmente. Creo que
la obsesión de la Generalitat de reducir la política
cultural a la política lingüística ha sido
extraordinariamente negativa para este país, porque ha
acabado creando la idea de que hacer cultura solo consiste en
traducir las cosas al catalán. Y esto es algo que se pagará.
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XAVIER
RUBERT DE VENTÓS
filósofo
1.
En cierto momento, la cultura, la gente, se dejaba ver y había
ciertos lugares. Había una imagen, tanto en Madrid como aquí,
de que en Barcelona se vivía una época cosmopolita. Cuando vino
la democratización, este papel, que había sido una manera de expresarse
cuando no había otra, cayó, y empezó a decirse lo de "vosotros,
los catalanes, que erais tan europeos, tan cosmopolitas, tan abiertos,
y ahora os habéis cerrado". Yo creo que era necesario, como había
sido necesario adoptar estas fórmulas a veces frívolas o europeístas;
había sido una diástole, y era preciso hacer una sístole estratégica
de repensar y redefinirse que desde fuera se vio con una visión
muy crítica. En mi opinión, aquel periodo fue bueno. Por otro
lado, había una cierta nostalgia del cosmopolitismo de los sesenta,
que era un tanto papanatas, ingenuo, vanguardista, atrevido, divertido.
2.
En este
momento, ya sabemos que no estamos en Madrid, que estamos en otro
sitio, que estamos en un momento menos brillante, en un momento
en el que lo importante no es lo que diga un filósofo de
Frankfurt o lo que pasa en Chechenia, sino lo que pase en la ciencia.
Son cosas que tienen que ver con la ideología, con las
identidades irredentas. Lo que sabemos en Cataluña es que
las cosas van más deprisa que las palabras: lo hemos ido
aprendiendo
Todo esto ha tenido unos costes, y es que no
hemos pensado en la infraestructura cultural, o se creyó
que podría hacerse de una manera muy automática,
sin miramientos, y a veces vascos, castellanos e incluso gallegos
nos han dado cien vueltas en un nivel que el catalán tendría
que saber, por propio seny, por tradición de la sociedad
civil. Sabemos que las cosas deben emerger de abajo, que se tienen
que favorecer y fomentar. Pues, curiosamente, este, que debería
ser el marco de nuestro país, no lo hemos practicado. Es
extraño, en cambio, que se haya desarrollado un sentido
de matiz, de lo evidente; esperas la liebre por un lado y aparece
por otro. Necesitamos un discurso valiente, no dogmático.
Pero se ha dado el fenómeno de la adquisición de
poder político, la capitalidad de Cataluña para
Convergència. Y esto ha conferido un tono a menudo de mediocridad
y una gran burocratización. Porque aquí no es que
hubiera habido otro poder político, es que nunca había
habido ninguno. Entonces, el primero que ha habido no lo ha hecho
bien. Supongo que es un aprendizaje para nosotros y para ellos.
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RICARD
SALVAT I FERRÉ
director de teatro
1.
Podríamos decir que, en general, la cultura en Barcelona
ha evolucionado en positivo, dado que ha habido un elemento fundamental,
que es el aumento de las subvenciones con relación a la
época de la dictadura y, sobre todo, la desaparición
formal de la censura. La censura económica a través
de las subvenciones sigue omnipresente. ¿Cómo es
posible que personas con casi cincuenta años de servicio
a Cataluña reciban subvenciones de 700.000 pesetas? Se
nota que los dos partidos dirigentes no han querido acabar de
definir una verdadera política cultural y han tendido a
la práctica desaparición de la sociedad civil y
a la aniquilación del papel del intelectual, como lo ejercieron
en tiempos del existencialismo Sartre, Camus, Jean Genet, etc.
En nuestra opinión, la iniciativa más destacable
ha sido todo lo que comportaron los Juegos Olímpicos de
1992. En el ámbito urbanístico y arquitectónico,
fueron modélicos el Anillo Olímpico de Montjuïc
y toda la teoría urbanística y arquitectónica
llevada a cabo en la Villa Olímpica, aunque en algunos
edificios se ha tacañeado a la hora de crear espacios interiores
y jardines. El momento del 92 fue un gran momento de ilusión
y alegría colectivas, un momento irrepetible. El ciudadano
de Barcelona sintió su ciudad. Después, esto ya
no se ha recuperado. En el mundo del espectáculo, consideramos
admirables las ceremonias de inauguración y clausura de
los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Fue una gran
conquista que, pese a todas las terribles presiones de determinados
lobbies, Alfredo Kraus pudiera cantar.
Las iniciativas más negativas han sido la alegre aceptación
del bilingüismo que hace que se considere como literatura
catalana en el extranjero, y sobre todo en Francia, la escrita
por escritores catalanes en castellano. Otra iniciativa negativa
es que, no queriendo crear un teatro municipal, se haya sustituido
dicho teatro por una empresa privada, el Teatre Lliure y, sobre
todo, que se haya designado a dedo al responsable de la Ciutat
del Teatre y no por concurso público, como parece -por
lo que nos informan- que es obligatorio en la Unión Europea.
También consideramos una iniciativa totalmente negativa
la remodelación de La Rambla y la destrucción del
Barrio Chino y de todo el Distrito V. Barcelona se está
quedando sin memoria y la parte del centro pierde todas sus connotaciones.
Prácticamente
no quedan cafés, lugares cívicos históricos,
y las nuevas casas construidas han eliminado los balcones y se
están convirtiendo en una serie de búnkeres, olvidando
que Barcelona es una ciudad mediterránea. Es absurdo pretender
arrancar el vientre y todas las zonas húmedas del cuerpo
a una ciudad portuaria como la nuestra. Limpiar no quiere decir
destruir. Si seguimos así, ninguno de los escritores que
se enamoraron de Barcelona -como Genet, Carco, Arnaud, Williams,
Frisch o los que hoy correspondan en importancia- podrán
volver a enamorarse de ella. Estamos totalmente de acuerdo con
las declaraciones que hizo Lluís Clotet el día que
le concedieron el Premio Nacional de Patrimonio Cultural: "Este
país tan amado y, al mismo tiempo, cada vez más
feo. Pero como dice Ferlosio: 'No podemos menospreciar el poder
de lo feo porque es la puerta de la estupidez y esta es, a su
vez, la puerta de la crueldad'"..
2.
Creemos
que este fin de siglo tiene una vitalidad similar a la que tuvo
el anterior fin de siglo. Pero parece que los partidos políticos
no quieren jugar el mismo papel que jugó, con todos sus
inconvenientes, la burguesía catalana dominante de 1888
a 1920.
Se tendría que acabar con el juego de las familias de poder,
con la exasperada teoría del ostracismo -pese a que un
famoso teórico de un partido de izquierdas declare que
la democracia comporta ostracismos-, con el provincianismo de
la mayoría de los periódicos, que prácticamente
ya no quedan. Con el superprovincianismo de los teatros subvencionados,
a los que invitan directores sin ningún nivel ni categoría
en la mayoría de los casos. Con el miedo de los intelectuales,
que nos estamos convirtiendo todos en servidores del poder. Falta
programación cultural al margen de los partidos políticos.
No puede ser que resulte imposible hacer un programa cultural
e, incluso, cívico a cinco o diez años vista porque
todo el mundo está pendiente de los vientos del poder.
Los cargos, los edificios públicos no se pueden dar más
a dedo como si esto fuera una república bananera, sino
que debe tomarse el modelo del British Council y del Consejo Sueco
para las Artes, la Arquitectura y el Urbanismo. Es muy preocupante
que durante todos los años de democracia no hayamos conseguido
un cine nacional y que el teatro sea, cada vez más, sinónimo
de teatro comercial, donde incluso las salas alternativas programan
obras, por ejemplo las de Harold Pinter, que hace veinticinco
o treinta años se programaban en los grandes teatros de
la ciudad. Es un hecho que se ha conseguido imponer Barcelona
al mundo y todos la conocen y la admiran en el plano turístico,
pero su oferta cultural no está a la altura de las ciudades
europeas con las que turísticamente ya está absolutamente
homologada.
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CARLES
SANTOS
músico y compositor
1.
Empecé a venir a Barcelona en los años sesenta,
y desde entonces he visto una transformación importante.
En aquel momento, en la ciudad había una burguesía
ilustrada que se gastaba dinero en promocionar cosas nuevas. Era
un fenómeno ligado a una cierta vanguardia de la época
y a una ideología, generalmente de izquierdas. Había
más aventura, una dosis de riesgo importante. El público
era reducido, pero más sofisticado que el actual y con
una profunda capacidad de análisis. Después, las
cosas han evolucionado de otro modo. Ahora, la burguesía
parece que se interesa más por el Barça que por
la cultura. El público es mucho más amplio, afortunadamente,
y quizás no hila tan fino, pero es que la programación
actual, en cuanto a novedades, tampoco lo hace. Yo, que he vivido
las dos situaciones, me divertí más en la primera.
La de hoy es más banal. Siempre se tienen que hacer números,
calcular cuánta gente vendrá al espectáculo,
si vale la pena hacerlo o no, si saldremos adelante, a ver si
hay una subvención
Entras en una especie de comercio
del arte. Por otro lado, hace siete u ocho años Barcelona
estaba más en contacto con la producción teatral
y musical del extranjero, se programaban más cosas, sobre
todo en el Mercat de les Flors. Ahora hay un exceso de producción
autóctona. Nosotros, que salimos bastante a festivales,
vemos muchas obras interesantes, pero ni el Nacional ni el Mercat
están por esta labor últimamente. En cuanto a música
en concreto, y en mi caso me refiero a música contemporánea,
creo que debido a la falta de atención, de comunicación
y de proyección no se ha avanzado demasiado desde los años
sesenta, que fueron el momento de la renovación, cuando
vinieron creadores como los Boulez y los Stockhausen. Si no existe
una relación público-intérpretes-compositores
que sea positiva, es muy difícil llegar a algo. Yo he ido
a parar al mundo del teatro, estoy con un pie en la música
y un pie en el teatro, lo que me ha permitido contactar con un
público totalmente diferente del que tiene la música
contemporánea.
2.
El público,
como he dicho antes, es ahora más amplio, informado pero
no mucho, y eso hace que no haya grandes exigencias, pero tampoco
un apoyo intelectual y material a la creación artística.
De manera que entraremos en este tipo de cosas bien hechas, más
o menos como ha entrado el cine: las películas han de tener
buena factura y la música que haces tiene que estar bien,
ha de ser original, pero que nadie se extrañe demasiado,
tampoco debe ser agresiva. De todas formas, lo que se confirma
es que la vanguardia ya no está en el arte. Si por vanguardia
se entiende la renovación de una sociedad, esta transformación
está en manos de la tecnología, de la ciencia, y
los artistas ya no tenemos esta misión que históricamente
nos correspondía. Algunos artistas todavía creen
que con su militancia o su sufrimiento pueden cambiar la sociedad.
Pero la situación es otra y lo encuentro bien, porque me
permite trabajar con tranquilidad y no estar pendiente de renovar
nada, ni tener esta sensación de vanguardia rabiosa...
porque aguantar eso toda la vida es horroroso. Las grandes pasiones,
dentro y fuera de casa, se van perdiendo. Como tenemos unas garantías
de supervivencia, de continuidad, nos apasionamos por cosas que
no son demasiado importantes. Y con la globalización todos
seremos y comeremos igual, y todavía será más
aburrido. Estoy contento de tener la edad que tengo, porque a
los jóvenes les espera un futuro complicado: la competitividad,
la exigencia, la falta de solidaridad, la gente que se matará
por un trabajo, y el que no lo aproveche, a la cuneta. Al estilo
de la sociedad americana. Es lo que nos espera.
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ENRIC SATUÉ
diseñador e historiador
1.
Nadie sabe qué pasará dentro de veinte años.
Como no tengo instrumentos para adivinar el futuro ni ninguna
pretensión de intuirlo, para responder a la pregunta que
me hacéis tendré que fiarme de los entendidos en
la cultura del diseño, que aseguran, convencidos, que el
año que viene comienza el Siglo de las Marcas.
¿Esto quiere decir, hablando claro, que las marcas comerciales,
financieras e institucionales lo invadirán todo? Pues sí,
casi todo. Está claro que a un diseñador o diseñadora
este descubrimiento no le parecerá demasiado original.
Ya hace tiempo que los patrocinadores y patrocinadoras descodifican
los actos culturales, artísticos y deportivos con la prepotencia
de unas marcas incompatibles con todo esto. ¿O quizás
no tanto? Por ejemplo, una marca de leche desnatada en las camisetas
de los jugadores de un equipo de fútbol de primera división,
¿quizás justifica que el árbitro les ayude?
Una marca de gas natural en los programas de un concierto de música
sinfónica, ¿quizás invita a un suicidio apoteósico
y colectivo? Una marca de una entidad de ahorro en un museo de
arte, ¿quiere decir que se puede atentar contra las obras
expuestas porque todos los riesgos están cubiertos?
Como ha pasado desde que el mundo es mundo, la realidad de hoy
hace entrever la de mañana. Vista ahora, esta dictadura
inminente no dibuja un panorama estimulante si pensamos en el
milenio que se acaba. Lleno de innovaciones, experimentos y vanguardias,
surgidas a menudo de la rabia que gastaban creadores y creadoras
contra los abuelos y abuelas de los patrocinadores actuales (los
representantes del capital, el ejército y el clero), la
economía se cultivó para estar a la altura de la
cultura. En el siglo que viene, en justa reciprocidad, la cultura
se tendrá que hacer competitiva para estar a la altura
de la economía triunfante.
Si queremos verlo por un lado menos malo, el crecimiento de las
marcas formará en primera línea de la cultura que
nos espera. Y me temo que cultura y marca serán al fin
una sola cosa. Todos seremos marcas y todo será una marca
(¡quién sabe si Cataluña volverá a
llamarse la Marca Hispánica!). Todos seremos marcados,
pero no al fuego y con la misma marca como el ganado, sino con
marcas individuales y policromadas si es necesario.
Pero no tenemos por qué sufrir por ello. Siempre habrá
alguien ensimismado con la divina curva praxiteliana, probablemente
un arquitecto o arquitecta, o bien un diseñador o diseñadora,
que serán el escultor o escultora y el pintor o pintora
del siglo que viene.
Quizás entre los empresarios y empresarias también
habrá excepciones: solo que haya uno o una entre mil que
no especule, se asegurará la libertad de expresión
de todos los creadores.
Sí, se alargará la vida y se alargara la paz, pero
si se acorta la capacidad crítica, la reivindicación
firme y la alternativa regeneradora, como todo parece indicar,
el mundo quizás ya no rimará con nada. Y ya se sabe
que sin poesía no hay vida intelectual de verdad.
2.
Creo
que la cultura ha evolucionado en Barcelona tal como era de esperar,
navegando hacia la empresarialización y pasando de una
relación decimonónica entre cultura y sociedad a
la del futuro inminente entre cultura y empresa. Con todo, la
teoría del diseño afirma que la función hace
la forma, y si aplicamos el axioma a la tradición barcelonesa
de ferias de muestras, encontramos en la cultura catalana una
metodología devota de las inauguraciones, la provisionalidad,
las circunstancias efímeras
Veamos, si no, el cariz
de algunos hechos recientes:
El proyecto del Foro 2004 ¿no será una gran feria
de muestras cultural y universal (como la de 1888)?.
2) Una manifestación de la cultura catalana actual ha sido
la celebración del centenario del F. C. Barcelona, una
feria nacional e internacional de primera. Afortunadamente, la
estatua con el célebre gol de Koeman se exhibirá
en el museo de exvotos de Can Barça y no en la Plaça
de Catalunya, que, por otro lado, no le vendría grande.
3) En la consolidación de la cultura como un asunto mediático
también es digna de una feria monográfica y repetitiva
la voluntad gubernamental de hacer que se doblen al catalán
las películas americanas.
4) Un asunto cultural más cercano al mercado que a la feria
ha sido la tesis, la antítesis y la síntesis de
la destitución del actor Flotats y la venganza bíblica
de triunfar en Madrid (un planteamiento de la más pura
tradición escénica catalana que ni Àngel
Guimerà ni Frederic Pitarra hubieran imaginado).
5) Un hecho cultural teñido de feria comarcal es la metamorfosis
formal de la Jove Orquestra Simfònica de Catalunya (que
gestionaba la Conselleria de Cultura y que ha pasado a llamarse
Jove Orquestra d'Ensenyament), en una pirueta transformista digna
de un Frègoli, que pone de relieve, de una manera patética,
el divorcio existente entre cultura y educación.
6) Una iniciativa de campeonato es la incorporación del
diseño gráfico, después de quince años,
a la lista de los premios Ciutat de Barcelona (para una ciudad
que se las da de entendida en la cultura del diseño gráfico,
era casi ofensiva, sobre todo después de los diez años
de Premios Nacionales de Diseño que se conceden en Madrid
con la colaboración, eso sí, de una institución
barcelonesa: el BCD).
7) También resulta pintoresca como la feria de Santa Llúcia
la visión en los telediarios, en los espacios reservados
a la cultura cívica -o industrial-, de los esfuerzos trasudados
de los castellers para cargar y descargar sus solidarias pero
también prometéicas torres humanas.
8) De las competitivas teleseries de duración venezolana
(Poble Nou, Nissaga de poder y Laberint d'ombres) capitaneadas
por el buen dramaturgo Benet i Jornet, hay que destacar unos interiores
inefables que la audiencia a estas alturas habrá mimetizado
(seguro que en Barberà del Vallès, Sant Fructuós
de Bages, Castellfollit de la Roca y Arsèguel, por ejemplo,
hay familias que han incorporado el estilo TV3 a sus casas, como
si hubieran ido a una feria del mueble posmoderno). Es, probablemente,
el plano de creación, producción y distribución
de bienes culturales más divulgado de la década
y una prueba del nivel de creatividad de nuestra industria cultural.
Punto.
Eso sí, son todas manifestaciones culturales que llenarían
de orgullo ciudades más pequeñas, más provincianas
y más deslucidas que Barcelona. Que las hay. Lo malo es
que en nuestra tierra ha arraigado un concepto de la estética
que dificulta mucho la consideración crítica y reverencial
que las formas culturales necesitan para salir adelante. Lo llaman
de pet i porró, términos escasamente excitantes
y de una ramplonería genuinamente catalana. Desgraciadamente.
Mientras en Cataluña se programan estas ferias, feriuchas
y mercados que aspiran a capitalizar la globalización de
la cultura catalana (la pela és la pela), tenemos que ir
a ver las manifestaciones más importantes de la estética
contemporánea a Madrid (al Reina Sofía), Valencia
(al IVAM) o Bilbao (al Guggenheim). Por qué será,
no lo sé, pero estoy seguro de que el año que viene,
el siglo que viene, el milenio que viene, todo esto mejorará.
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VLADIMIR
DE SEMIR
concejal ponente
de Ciudad del Conocimiento
1. Hay que diferenciar entre la proyección exterior
de nuestra actividad cultural y la valoración interna que
podamos hacer. No hay duda de que Barcelona se ha convertido en
una referencia mundial por su oferta cultural y arquitectónica,
que hemos de seguir consolidando porque cada vez es mayor la exigencia
de nuestros visitantes y más fuerte la competencia de otras
opciones y destinos turísticos. Barcelona ya no es sólo
una ciudad de paso, sino que tiene una oferta sólida que
hace que se haya convertido en un destino en sí misma,
pero es difícil valorar separadamente estos aspectos de
los otros muchos -clima, gastronomía, playas cercanas,
etc.- que también influyen en que sea un centro de atracción
mundial. No obstante, tenemos todavía alguna clara asignatura
pendiente; por ejemplo, nos hace falta poder traer a Barcelona
exposiciones de arte que mueven millones de personas en ciudades
como París, Londres o Nueva York.
Internamente, las nuevas infraestructuras culturales que hemos
creado en los últimos años junto a las de siempre
nos ofrecen una correcta oferta cinematográfica, musical
y artística. Sin embargo, todavía tenemos un buen
camino por andar. No deseo particularizar, pero sin duda nuestro
Teatre Nacional de Catalunya se ha resentido de la guerra Pujals-Flotats,
y lo menciono porque estimo que padecemos un preocupante problema
de fondo. En los últimos años se ha ido imponiendo
en nuestra sociedad catalana un concepto de cultura que yo me
atrevo a catalogar rotundamente de vuelo gallináceo y que
viene determinado por la fuerte influencia del modelo TV3, que
independientemente de su trasfondo de indiscutible manipulación
política, va calando con consecuencias graves. El círculo
vicioso, aparentemente cultural, de su programación con
el "tú me entrevistas a mí y yo te entrevisto
a ti" que se está practicando en la televisión
y radio públicas dependientes de la Generalitat hace que
arraigue entre nosotros más bien una descultura, en lugar
de fomentarse de verdad un debate de las ideas y estimularse la
creatividad cultural. Si unimos a esto el hecho de que el Gobierno
autónomo apuesta por agrupar en una conselleria la cultura
y los deportes y ofrecerle la dirección al publicista precisamente
responsable del modelo TV3 -todo ello después de la nefasta
etapa Pujals-, creo que el panorama no es nada halagüeño.
2. Vivimos una sociedad cada vez más determinada
por los medios de comunicación. Lamentablemente, es fácil
constatar que la formación cultural continuada de los ciudadanos
y ciudadanas de este final de siglo está muy condicionada
por los medios de comunicación. Si hablamos de la cultura
mayoritaria -no de la cultura selectiva, que ya tiene sus canales
establecidos, aunque obviamente minoritarios-, el fast thinking
-como lo ha bautizado el sociólogo francés Pierre
Bourdieu- se está imponiendo entre nosotros. La influencia
de los medios audiovisuales es decisiva para que se juegue con
las emociones y las sensaciones y se obvie el intercambio de las
ideas. Los medios de comunicación no han sabido evolucionar
con la rapidez que requiere nuestra sociedad para adaptarse al
papel que realmente desempeñan, y lo que es peor: se están
imponiendo en ellos los criterios de los directores de marketing
por encima incluso de los que corresponden a los postulados informativos
de los directores de las redacciones. Este patente reduccionismo
cultural que imponen hoy los medios de comunicación privados
y también los públicos -por un contagio del modelo
imperante- está asimismo fuertemente determinado por los
muchos intereses -políticos, económicos- en los
que están envueltos. Por lo tanto, el panorama es más
que pesimista, aunque haya modelos que hacen posible mantener
alguna esperanza, como por ejemplo el de Le Monde, y que sin duda
deberíamos importar. Así pues, ya no se trata de
plantear que hemos de trabajar por la unión de las tradicionalmente
separadas dos culturas, sobre todo cuando la influencia de las
ciencias y de las tecnologías se hace cada vez más
omnipresente en nuestra cotidianidad. Ni de que hemos de insistir
en saber gestionar la diversidad de este mundo multicultural al
que, por suerte, estamos abocados. Hemos de combatir para que
los principales vehículos de diseminación cultural,
los medios de comunicación, no nos hagan retroceder desculturizando
nuestra sociedad. El peligro es real, hace tiempo que lo tenemos
entre nosotros.
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ROSA
VERGÉS
directora de cine
1. Es evidente que, desde que se celebraron los Juegos
Olímpicos, Barcelona se ha convertido en punto de interés
fuera de nuestro país. La marca Barcelona debería
arrastrar todo un aspecto cultural, de difusión, también
vinculado con esta vertiente de ciudad turística, con una
cultura del ocio cada vez más grande. El momento es interesante,
ya que estar en el punto de mira ofrece oportunidades a proyectos
que en otras épocas no se hubieran podido realizar. Pero
también implica riesgos, como esta especie de moda universal
de tiendas de museos, de convertir la cultura en consumo de objetos
en lugar de divulgar las obras en sí. Es una actitud de
autosatisfacción inmediata que constituye un peligro enorme.
Desde el punto de vista del cine, Barcelona es actualmente el
escenario de muchas películas, pese a que esto no significa
que haya una producción propia importante. El cine, ya
no en Barcelona, sino en toda Cataluña, ha sido un sector
muy descuidado durante los últimos veinte años.
Se ha politizado de un modo que ha estrangulado por completo la
industria, con el resultado de que la mayor parte de las empresas
se ha desplazado a Madrid. En esta situación, cada película
de nuestro cine es como una isla que intenta montarse sola, cuando
creo que realmente sí que se dan las condiciones para aumentar
la producción. En términos logísticos, Barcelona
y sus alrededores ofrecen muchas facilidades para cambiar de ambientes
y de épocas. Y esta facilidad tendría que traducirse
en una infraestructura que permitiera rodar sin grandes costes.
Se supone que en un futuro inmediato se vendrán a rodar
a Barcelona muchos proyectos foráneos, y espero que también
se den las circunstancias para que la gente de aquí que
quiere hacer cine pueda hacerlo.
2. Me gusta saber que en la universidad se estudia cine,
que hay una escuela de cine como ESCAC, y creo en la gente joven.
El hecho de tener una televisión propia, que no emite en
el ámbito estatal y sin condicionantes políticos
fuertes, puede derivar en una programación estable en el
sentido de proponer novedades, porque no está presionada
por la necesidad apremiante de la audiencia. Si se aprovechan
bien, son canales interesantes. Como también lo es que
este año se haya celebrado en Barcelona la ceremonia de
los premios Goya. La gala puede funcionar como un aparato de difusión
de lo que es la ciudad, ya que la gente del cine que vive y trabaja
en Madrid ha venido a Barcelona y probablemente ha tenido ocasión
de descubrir todas las cosas que antes he comentado. Debe intentarse
que no todo sean fugas de catalanes hacia Madrid, sino que los
profesionales de fuera vengan a Barcelona y regresen, y que descubran
la ciudad como lo hizo Almodóvar. Que Todo sobre mi madre
muestre Barcelona como la muestra y se la invente como se la inventa
no deja de ser bueno para todos nosotros. Soy optimista y trabajo
de acuerdo con una visión positiva de las cosas, pero sin
perder el norte de cómo está la situación.
Ya lo he dicho, Barcelona vive inmersa en una autocontemplación
que la lleva a invertir más en imagen que en cuestiones
de base. Muchas veces la cultura se manifiesta de lo pequeño
a lo grande, no al revés. Esta ciudad tiene cosas espectaculares,
pero las hay muy pequeñas que no se dan a conocer. Me consta
y sé que hay mucha gente con iniciativas aparentemente
diminutas que merecerían más atención de
la que se les presta, como estas redes que a través de
las asociaciones de vecinos intentas organizar actividades de
cine o de teatro. No se trata de tener tres grandes teatros estables
y de invertir en cinco Maremàgnum, sino de potenciar la
cultura en la vida diaria de los ciudadanos, barrio por barrio.
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JORGE
WAGENSBERG
director del Museu de la Ciència
de la Fundació "la Caixa"
1. Es interesante lo que ha sucedido, geográficamente,
dentro de la ciudad. Hay tres puntos en los que, de una manera
espontánea, se han generado emergencias culturales de carácter
especial. En el puerto ha surgido el ocio, que es una forma de
cultura también importante. En el norte de la ciudad, en
la zona en la que se encuentra el Museu de la Ciència,
se ha instalado el conocimiento, con la apertura de nuevas universidades
-la UOC, Blanquerna, la Pompeu ...- y escuelas. Y el arte lo ha
hecho en el área de Montjuïc. Creo que este proceso
no corresponde a ninguna planificación, sino que la ciudad
se va reestructurando a sí misma. También es notable
el cambio que ha experimentado el Raval, con el Macba, el CCCB...
La ciudad, en fin, se encuentra en un momento que tiene una parte
positiva, de emergencia, de surgimiento de cosas, pero tenemos
problemas concretos a resolver. Por lo que se refiere al conocimiento,
y en particular al conocimiento científico, persiste una
paradoja característica de la sociedad actual. Y es que
si por un lado está clarísimo que la ciencia es
una forma de conocimiento cada día más importante
en la vida cotidiana, por otro aumenta la distancia entre el ciudadano
y la ciencia. Está pendiente una tarea de normalización.
La prueba está en las librerías. Cuesta encontrar
libros de ciencia: tienen -y eso sí que es gracioso- secciones
de ciencia ficción, de pseudociencia, de ciencias económicas
y sociales, pero no una sección científica. Son
muy pocas las librerías que saben tratar y divulgar las
obras científicas. Se trata de un problema general que
no tiene visos de corregirse, porque la ciencia continúa
siendo una forma de cultura no popular. Debería ser al
contrario, porque Barcelona cuenta con muchas universidades e
instituciones de investigación. Lo que pretendemos con
la futura ampliación del Museu de la Ciència es
colaborar a poner la ciencia al alcance del ciudadano y hacer
del museo un espacio de discusión científica continua,
porque en la ciudad no hay ninguno de este tipo. Siguiendo con
la crítica, hay otro problema pendiente, bastante importante,
con los museos municipales; centros como el Museu de Zoologia,
el Museu de Geologia, el Institut Botànic, etc. no cuentan
con suficientes recursos y se han dejado de lado. Asimismo, de
cara al futuro estaría muy bien que se pudiera poner en
marcha el proyecto de realizar un gran zoológico en el
área del Besòs, pese a que el parque actual ha mejorado
muchísimo últimamente.
2. Todo esto que he comentado son retos para el futuro.
Ahora existe un proyecto que encuentro interesante como idea:
es el de la Ciudad del Conocimiento. Me gusta que se haya cogido
el conocimiento como símbolo. El quid de la cuestión
es cómo se pone en marcha para no ser solo eso, un símbolo.
Yo he asistido a algunas reuniones, y mi opinión respecto
a esta iniciativa es que debe basarse en crear espacios en los
que el conocimiento sea posible. Es, sobre todo, una cuestión
de estímulos. Estoy convencido de que Barcelona es una
ciudad estimulante para los creadores y consumidores de cultura.
Pero debe abrirse al mundo. No se trata de subvenciones, de aprobar
programas y después desarrollarlos y almacenar los resultados
en un sótano. No. Se trata de realizar estructuras, organizaciones
en las que se puedan encontrar personas de diferentes disciplinas,
en especial aquellas que normalmente no tienen la oportunidad
de hacerlo -un físico y un músico, por ejemplo-.
Y estos lugares deben estar abiertos a profesionales de todas
partes, deben facilitar el contacto entre los barceloneses y la
gente de fuera. Para mí, el éxito de este proyecto
sería conseguir esto. Es imposible diseñar una política
que pueda forzar estas cosas, pero sí que es posible crear
una atmósfera adecuada.
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