A
sus 73 años, Marta Àngela Mata i Garriga vive sola
en una casa del pueblecito de Saifores, en la provincia del Penedès,
el mismo en el que dio forma a su proyecto educativo. Un rincón
que poco a poco se ha ido convirtiendo en centro de peregrinaje
de pedagogos y enseñantes. Pero dos veces por semana vuelve
a éste, su hogar de maestros, que es la institución
Rosa Sensat, para no perder el contacto con los más jóvenes
y acaso para no olvidar que su fundación es algo que la
puede llenar de orgullo.
Viste un ortodoxo traje chaqueta y su porte oscila entre el de
la funcionaria diligente y el de la política expeditiva.
Pero dentro hay una mujer tierna. Generosa en su actitud y su
quehacer, soporte de muchas batallas, que apenas se ha quedado
con vida privada por recuperar una escuela que, como ella explica,
vio morir tras el paraíso republicano y vio resucitar hace
unos años. No lleva pendientes. Sólo un anillo y
un camafeo de plata y ónix. Su pelo es de ese color lápiz
de las maestras de siempre y tiene un finísimo, estratégico,
sentido del humor, que le permite dejar varios segundos en el
aire antes de contestar cualquier cosa.
¿Qué le
ha proporcionado los mejores momentos de su vida: la pedagogía
o la política?
Seguramente la pedagogía. Pero desde mi concepción del mundo,
que ya deriva de los años treinta, cuando ya existía un libro
con el título Política significa pedagogía, yo me he sentido muy
bien uniendo las dos cosas. Sólo que yo, en un momento determinado,
entendí que debía utilizar la frase al revés: "pedagogía es política".
En el
pueblecito de Saifores donde usted quiso reproducir su propia
escuela.
Es uno de los pueblecitos más pequeños que conozco, apenas sesenta
habitantes. Hice una escuela como yo la entendía. Y ver la extraordinaria
respuesta de los maestros catalanes a esa visión es mi mayor orgullo.
¿Y el deseo
de los maestros que en 1975 pedían a gritos la escuela pública
catalana?
Después de un gran trabajo de grupo, de muchos años, después de
la Escola d'Estiu y de montones de documentos, en verano del 75
pedíamos escuela catalana con un dictador aún vivo. Al cabo de
cinco años, el milagro se hizo: contábamos incluso con las competencias.
La Escuela
de la República es su referencia. Usted vio como muchos de sus
maestros tenían que escapar, desaparecer.
Cada uno tiene su historia, y ésa, en efecto, es la mía. Yo tenía
diez años cuando empezó la guerra. Tuve tiempo de conocer una
excelente escuela, el Institut Escola de la Generalitat de Cataluña.
Oía que mis mayores decían: "La guerra es dura, pero tal vez sea
peor la posguerra". Y efectivamente para mí fue peor, en muchos
aspectos, que el hambre y la supervivencia; peor desde el punto
de vista de la mediocridad de la vida pública.
¿Recuerda
su primer maestro?
Afortunadamente, puedo recordar, uno por uno, todos, absolutamente
todos los maestros que he tenido en mi vida. Y sus cualidades.
La primera fue una mujer asturiana que hablaba castellano, la
señorita Chávarri. Y recuerdo el gran esfuerzo que hacía para
hacerse entender en catalán. Usted tuvo en su madre, Àngels Garriga,
otro buen ejemplo de gran maestra. Perteneció a la generación
del primer tercio de siglo. Por circunstancias de su vida pudo
cursar, aparte de los estudios normales y macarrónicos, otros
que marcaron su vida. Y sus cuatro hijos nos aprovechamos de ello,
porque supo transmitirnos la alegría que ella libó de la época
de la Mancomu-nitat.
¿Por qué
los padres tenemos siempre la sensación de que no acabamos de
hacerlo bien? ¿Es malo dudar?
Dudar en tu interior es bueno. Dudar delante de ellos, no. No
es cuestión de hacerles creer que somos poseedores de una única
verdad. Basta con darles la seguridad de que ellos saldrán adelante,
de que podrán llevar a cabo sus sueños, sencillamente darles la
confianza de que ellos lo conseguirán. Aunque por dentro tengas
tus angustias, debes intentar no transmitírselas.
Explíqueme
quién y cómo era Rosa Sensat.
Una maestra de escuela pública, de Barcelona, que, como
otras, fue mimada por el Ayuntamiento, porque se le proporcionó
todo lo que necesitaba para mejorar su escuela, como por ejemplo
organizar viajes al extranjero para conocer cómo eran allí
las escuelas. Ella vivió en la época en que aquí
se inventaron la trampa de las escuelas especiales para niños
con problemas de salud. Eran las escuelas al aire libre, las de
bosque y las escuelas de mar. Fue la primera maestra de escuela
municipal a quien daban una fuerte responsabilidad de dirección.
Mi madre fue alumna suya y yo alumna de la hija de Rosa, de modo
que a veces coincidíamos dos madres y dos hijas haciendo
visita.
¿Un
buen maestro debe ser necesariamente vocacional?
Yo nunca tuve conciencia de querer ser maestra. Solamente supe
que tenía que hacer algo con aquellos niños de aquel
pueblo pequeñito. Cuando empecé en la universidad
dudaba entre Literatura e Historia. Una compañera me dijo
que volvía a la especialidad de Pedagogía. Éramos
unos treinta, muchos de ellos licenciados que se dedicaban a la
enseñanza y que sentían la obligación de
saber algo más para dar clases.
¿La
pedagogía que aquí en el año 1954 se podía
encontrar en la universidad le resultó útil?
Muy poco. Pero la que nos hicimos nosotros, en nuestro grupo,
al poner en común deseos y carencias, ésa dio maravillosos
frutos.
Usted,
que como maestra ha sido buena, ¿cómo fue como alumna?
Me he divertido mucho en los dos bandos. La primera mesa de Rosa
Sensat era como ésta en la que estamos ahora, sólo
que nos sentábamos quince alrededor. Y le aseguro que yo
no sabía dónde estaban los maestros y dónde
los alumnos. No había frontera.
¿Cree
en el mito del hijo de maestro?
Eso era algo que en aquel entonces se repetía mucho: "Claro,
como tú eres hijo de maestro". Tal vez sí,
es posible que eso te diera una cierta tranquilidad, un saber
estar, cuando eras alumno, porque la escuela formaba parte de
tu propia familia.
¿Por
qué cree que un oficio que precisa tanta paciencia y tanto
acierto resulta a veces algo desprestigiado?
Para algunos, porque es una carrera de tres años (que unos
quisieran recortar y otros alargar).
La verdad es que si se mide por años o por el sueldo que
cobras, efectivamente, la de Magisterio es una carrera que no
es de las fuertes. El sueldo no es, precisamente, algo que nos
caracterice. Y encima suenan frases como "cobran poco, pero
tienen muchas vacaciones".
Dicen que
uno es fiel reflejo de su primer patio de escuela.
Sí, cada vez que en un país se han producido cambios
de fondo, de un modo u otro se implica a la escuela y entonces
la figura del maestro es valorada. Que en cuarenta años
de dictadura la figura de un maestro haya sido dudosa no me extraña.
Más bien les molestábamos.
¿Por
tener criterios propios o por transmitirlos?
Por eso, y porque representábamos al hombre libre, el hombre
que vale en la medida en que se forma y aprende a convivir.
¿Qué
añora en el sistema escolar actual?
Muy sencillo. Una implicación real de las personas. Lo
que hace tiempo soñábamos y que hace ya 160 años
que Froebel predicaba. En una institución de la categoría
de una escuela deben intervenir todos: gobiernos y municipios,
ciudadanos y payeses, maestros y jóvenes, padres y madres.
Y el entusiasmo por la capacidad de aprender, por el progreso
de la humanidad, en definitiva, eso ya es doctrina. Pero yo quisiera
que fuera vivencia. Lo que muchos ya vivimos en tiempos de la
República y que ahora, cuando las creencias son más
firmes pero menos vividas, parece que se ha diluido.
¿Algún
episodio actual que merezca su admiración?
Ésa es una de nuestras obligaciones, explicar alguno de
esos milagros que se están produciendo. Por ejemplo: el
de Vicky Sherpa. Es la historia de una maestra catalana que ha
conocido bien la profesión desde una casa sencilla, trabajando...
Un día se va al Tíbet. Y allí ve que hay
unos niños que no pueden ir a la escuela. Se le mete en
la cabeza solucionarlo. En ocho años ha llegado a convencer
a dos universidades para que se facilite incluso formación
de maestros, algo que nunca se había hecho antes en Katmandú.
¿Creían
que los maestros nacían enseñados?
Allí uno era maestro si era contratado después de
pasar unos exámenes y punto. Vicky es un milagro. Fuimos
hasta allí y oímos que todos los niños del
mundo tienen derecho a la educación, en catalán,
en nepalés y en inglés.
¿El
mensaje pedagógico es universal, sirve para todos?
M. Antonia Canals, que es Vicky, dijo las mismas palabras en Nepal,
este año, que en el barrio de Verdum en el año 62.
Con el mismo entusiasmo.
¿Por
qué los maestros tienen tantas depresiones, según
nos cuentan las estadísticas?
Porque es muy fuerte tener un panorama tan amplio de posibilidades
delante y darte cuenta de que por muchas razones nunca llegarás
a conseguir lo que sueñas. Yo nunca he sufrido depresión,
no soy de ésas, pero me consta el testimonio de muchos
compañeros. Recuerdo especialmente a una compañera.
Hay que tener en cuenta que antes obteníamos el título
de maestra a los dieciséis años (aunque no podías
trabajar hasta los dieciocho), cuando todavía eras una
niña. Ella salió con su título, con un gran
entusiasmo, pero le pusieron delante sesenta niños, de
los más pequeños, y ese sueño no pudo cumplirse.
¿Dejó
la carrera?
Se suicidó. Ése es uno de los episodios que más
me ha afectado en toda mi vida. No puede enviarse a una criatura
a asumir la responsabilidad de sesenta niños.
No puede aceptarse una sociedad capaz de ilusionar a jóvenes
y luego lanzarlos al vacío, sin medios, no puede aceptarse,
no se puede...
Dicen que
muchos grandes maestros lo han sido porque precisamente han superado
las peores condiciones.
Es cierto. Desde Freinet hasta McKinder. Freinet se quedó
sin voz y tenía que trabajar con sesenta alumnos. Bien,
pues se inventó la manera de que trabajaran entre ellos,
por equipos. Y de ahí nació el método Freinet.
Y McKinder, en un suburbio de Londres, se encontró con
clases de más de cien niños y para hacerles aprender
a leer se inventó una serie de cartones y cartulinas. Total:
de ahí nació el método McKinder.
¿Y
qué se parece más al método Marta Mata?
Bueno, yo intervine tanto como pude, en la lectura en catalán
y castellano y en la dosificación de las dos, que es el
problema con el que me encontré.
¿Puedo
preguntarle por qué usted no ha tenido hijos?
A los dieciocho años sufrí una tuberculosis de posguerra,
que me duró cuatro años, y quedé como vacunada
de maternidad. Se decía entonces que se transmitía
hereditariamente, que existía una cierta propensión
a esa enfermedad, y me daba pánico pensar que un hijo mío
pudiera pasar por eso.
Dicen que
el demonio da sobrinos.
Ahora tengo diecinueve. Y muchos resobrinos. En casa yo soy "tía
Marta" y reivindico totalmente ese papel.
Debe de
ser pesado que toda la familia le pida consejo sobre sus propios
hijos.
Ocurre como con los médicos.
¿Si
se hubiera casado, hubiera podido dedicarse con tanta intensidad
a lo suyo?
Muchos de los maestros que he conocido en mi vida han estado casados
y han hecho bien las dos cosas. Pero yo, ciertamente, he llevado
una vida bastante "a mi aire" entre fundar Rosa Sensat
y meterme en política. Seguramente, no lo hubiera podido
hacer si hubiera estado casada.
Siendo un hombre, entonces tal vez sí, porque se les aguantan
más cosas. Pero yo estoy verdaderamente contenta de haber
escogido esta opción.
¿Un
sacerdocio?
No exactamente, más bien una labor que me entusiasma.
Usted
ha sido, entre otras cosas, diputada. ¿Dentro de su trayectoria
política recuerda algún momento en que pensara tirar
la toalla?
Era un trabajo demasiado variado para eso. Desde Madrid, estudiando
la Constitución y el Estatut, desde el Parlamento en Cataluña
y desde el Ayuntamiento en Barcelona, en un momento extraordinario,
he podido verlo casi todo. He podido rehacer la historia y, francamente,
nunca tuve ganas de tirar la toalla. Aunque me dolió no
conseguir algunas cosas.
¿Por
ejemplo?
Recuperar la colaboración entre diversos entes locales.
Yo soy alumna de una escuela de patronato municipal. Eso significaba
"la Administración central y local se han puesto de
acuerdo para hacer las mejores escuelas". Y eso, la verdad,
no lo hemos conseguido. Por lo que se refiere a personas, existen
seres extraordinarios como Sara Blasi, pero en general, no. Hay,
en política, una sensación única: notar que
se ponen de acuerdo Ministerio y Ayuntamiento, y esa experiencia
extraordinaria se vivió, se dejó sentir, sólo
durante unos años.
¿Tiene
algún reproche que hacerse?
La mayor pena, con la que me fui, fue la de no haber conseguido
de una manera franca y definitiva un acuerdo real entre entidades
para vuestras generaciones.
¿Vio
la película de Tavernier Hoy empieza todo, las peripecias
de un maestro por salir adelante cuando todo iba en su contra?
Es de las que te hacen pensar. Curiosa-mente, una compañera
mía recomendó a sus alumnos que fueran a ver tres
películas: La lengua de las mariposas, Hoy empieza todo
y una del Paquistán. Y a mí, que ya soy mayor, lo
que me hizo pensar de golpe fue: aquí hay tres países
distintos, capaces de producir cada uno su película sobre
la educación. Cada uno lo ha hecho a su modo, y España
todavía piensa en el prototipo de maestro de la República,
mientras que Francia lo hace en el prototipo progresista, sesenta
años después del anterior.
Su escena
preferida...
El maestro, en coche, atraviesa un barrio, pasando por unos campos
trabajados con tractor, aquéllos en los que siempre se
reservaba un rincón para sentar al abuelo... El viaje desde
ahí hasta un barrio que es un verdadero gueto, al lado
de la autopista. ¡Cómo ha cambiado ese país!
Él es hijo de un minero republicano y se da cuenta de que
no puede fiarse ni del asistente social, que nadie le asegura
aquello de la liberté, egalité y fraternité.
La escuela clásica no puede dar respuesta a nuevas necesidades
de su sociedad.
¿Por
qué la película paquistaní, la historia entre
dos hermanos, le llegó tanto al alma?
Es de una ternura inimaginable. Dos hermanos de una familia fundamentalista
exponen relaciones humanas extremas. Uno pierde los únicos
zapatos de su hermana. Los dos hermanos comparten el único
par que les queda. Uno se los pone, va a la escuela y vuelve corriendo
para dejárselos al otro hermano. Entonces el otro hace
lo mismo, se los pone y va corriendo a la escuela, porque la sed
por saber, la curiosidad, es algo que les urge. Pensé ¿y
en ese país son capaces de valorar esta esencia de la vida
que es la educación?
Dígame
un país al que pedagógicamente envidie, del que
robaría su sistema educativo.
Dinamarca. Es, sin etiquetas, muy participativa. Ligada al municipio
y con doble sistema: la escuela tradicional y la institución
de acogida de la criatura. Cuando la criatura ya no puede estar
con la familia, pasa a lo que ellos llaman "la casa de los
niños", regentada por pedagogos (¡ojo! no por
maestros, sino por pedagogos) y de allí va a la escuela.
Tienen un subsistema de albergue. Yo vi eso, como una utopía,
en un kibutz de Israel hace treinta y pocos años.
¿Cuál
ha sido su mejor viaje?
El de este año, recorriendo fielmente los puntos donde
Froebel desarrolló su trayectoria. Un viaje por Alemania
preparado por Internet y que me ha permitido un contacto tan fidedigno
con lugares y personas que he podido reconstruir toda su vida.
¿Marta
Mata tiene discípulos a los que confiar su legado?
Siempre he trabajado en equipo, siempre. De modo que tengo la
plena convicción de que sabrán continuar la labor
que yo empecé. Entre otras cosas, porque en muchas ocasiones
soy yo misma quien no sabe continuarla.
¿Cómo
es su relación con antiguos alumnos?
Un día sí y otro no. No me he desvinculado jamás
del ambiente de esta casa que es Rosa Sensat. Y la casa de Saifores
se ha ido convirtiendo con el tiempo en lugar de peregrinación
de maestros. Aunque vivo sola, continúo sin romper ese
lazo vital con ex alumnos y vengo a Barcelona dos veces a la semana.
¿Y
si le pidiera la ley de oro para educar a nuestros hijos?
Intentad descubrir en los hijos aquello que ni ellos se han encontrado
en sí mismos todavía. Entended lo que discurre por
su interior antes de que ellos puedan ni siquiera intuirlo. Lo
veréis todo. Consideradlos como personas.
Entonces,
¿al niño no hay que tratarlo como niño?
¡Nooo! Pero tampoco con una relación de tú
a tú. Vamos a ver: hay que ser conscientes de que ellos
tienen más campo para correr que nosotros; están
en el inicio, pero sus valores tienen la misma fuerza que los
nuestros, y con ese respeto debemos considerarlos.
Tengo entendido
que hay algo que usted siempre le pide a un maestro antes de empezar
una clase.
Que intente recordar su propio paso por la escuela. Lo que no
le gustaba, lo que necesitaba, lo que no soportó... Solamente
así no caerá en el mismo error. Si no eres consciente
de cómo viviste tu escuela, volverás a hacer las
mismas barrabasadas que te hicieron a ti. Muy a menudo lo que
ocurría es que nos hacían dar pasos hacia atrás
en lugar de hacia delante. Y los últimos libros de pedagogía
coinciden en ello: en pedagogía no se pueden demostrar
muchas tesis. Porque existe un factor distinto a todo.
¿Qué
factor?
La sorpresa. Cada niño es una sorpresa, eso es lo único
real. Y puede tirarte por el suelo cualquier teoría.
¿Qué
es peor, un niño demasiado protegido o un niño demasiado
libre?
La solución entre un extremo y otro no está en el
medio. Está en ponerte en otro plano, en otro registro.
Ayudarle a ver cómo puede progresar.
¿Qué
han perdido los niños de ciudad respecto a niños
de pueblo?
La estructura rural permitía una educación natural.
Hace 150 años el campo era perfecto para desarrollar la
educación: el padre y la madre con un trabajo fuera y dentro
de la casa, el ritmo de la naturaleza de base... La mitad del
trabajo que ahora hay que hacer en la escuela ya estaba solucionado.
El día que llovía se aprovechaba para explicar los
fenómenos ambientales y los críos aprendían
cosas tan ejemplares como conseguir comida para los conejos.
Se explicaban cuentos. Y el padre trabajaba con las manos y los
niños entendían lo que era un artesano. En un pueblo,
los maestros tenían garantizados muchos elementos que hoy,
en nuestras escuelas, son pura instrucción.
¿Y
la presencia de una persona mayor es importante?
Ahora mucho más que antes. Los padres ahora deben ayudar
a educar a sus niños en un medio que ya no es educativo.
Antes no se exigía nada más que llegar a saber hacer
lo mismo que el padre o la madre. Ahora no. Ahora, muchas veces
ni saben en qué trabajan sus padres, porque no los ven
en todo el día. Parece imposible que no nos hayamos parado
a pensar algo tan sencillo como esto: "Para ser padre y madre
hay que aprender".
¿Cursillos
de paternidad y maternidad?
El oficio de padre es difícil, muy difícil. Y lo
más fácil es delegarlo en los maestros. Para poder
enseñar a leer hay que hacer una carrera. Para enseñar
a educar a unos hijos, a nadie se le ha ocurrido todavía.
Eso es lo que creo que debe cambiar, y lo que en lugares como
Dinamarca se ha hecho.
Entonces
las asociaciones de padres de alumnos deberían ser previas,
casi, a la criatura.
Desde el momento en que una pareja supiera que espera una criatura.
¿Se
da cuenta de que le apasiona tanto su trabajo que no se detiene
a hablar de usted?
Es cierto. Pero le diré una cosa: hay un momento personal,
de gratificación, que no cambio por ningún otro.
Aquel en que un maestro me dice: "Gracias, conocerte me ha
cambiado la vida". Eso me ha ocurrido en ocasiones.
Dígame
lo último que le ha conmovido en el mundo en el que se
mueve.
Ahora pienso, por ejemplo, en las reacciones de dos niños
de entre uno y dos años, en una guardería. Salen
sus buenos sentimientos porque todavía nadie les ha enseñado
los malos. Un niño quiere un juego, el otro se lo da, el
primero continúa llorando. El segundo le coge las manos
y se las pone sobre el juguete para que él entienda que
sí, que se lo deja, que es suyo, que no se preocupe...
¿Cuándo ha visto usted ese sentimiento tan puro
en dos mayores?
A estas
alturas, ¿qué espera de la vida?
Que tanto en educación como en política tengan clara
una evidencia: la globalización. He vivido todo tipo de
guerra, civil y fría, real e imaginada, y cada vez se ve
más la absurdidad de la lucha. A veces pienso, con verdadera
angustia por las criaturas, que tal vez volvamos a pasar por un
período de guerra. Pero ya el informe de la UNESCO, por
ejemplo, da una idea de educación como algo universal,
algo que creo que ya es irreversible.
¿Todavía
se siente socialista o socialista con matices?
Socialista.
¿Socialista
como el primer día?
Algo más que el primer día.
¿Un
hombre solo no es nada?
Hay un ministro danés que lo explica muy claro: "En
el mercado, la educación es un gran servidor y un malísimo
dueño". La recuperación de la entidad catalana
en la escuela es el resultado de un socialismo utópico,
porque el real ya se ve que se desintegra.
¿Qué
diferencia ha encontrado entre los maestros de las últimas
generaciones y los suyos?
No hay evolución. Son distintas realidades. Es el resultado
de una dialéctica entre una ética y una sociedad,
algo que a veces se mueve por reacción, a veces por revolución.
Yo he visto matar la escuela y resucitar la escuela. Y ni una
cosa ni otra se produce por evolución.
Los de
hoy, vamos a los de hoy y sus posibles defectos...
Soy respetuosa con todos, entiendo que la educación es
historia, es el resultado de las décadas anteriores. El
maestro de hoy debería saber de dónde viene antes
de pensar a dónde quiere ir, debería saber quiénes
fueron sus antecesores. La ilusión de los años sesenta,
cuando los maestros jóvenes nos pedían que les explicáramos
nuestra historia, fue el resultado de una sequía mental.
Ahora tenemos más agua. Pero por eso vale la pena valorarla.