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La ciudad del
conocimiento

TEXTO: Vladimir de Semir
Concejal ponente de Ciudad del Conocimiento




Conocimiento, ciencia y nuevas tecnologías. Barcelona se prepara para la revolución que marcará el siglo XX con la Ciudad del Conocimiento, un proyecto que quiere convertir la ciudad en un punto de referencia en el debate de las ideas. Vladimir de Semir, concejal ponente de Ciudad del Conocimiento, explica el alcance y los objetivos de este gran reto. Por su parte, Jaume Josa, coordinador institucional del Consejo de Investigaciones Científicas (CSIC) de Cataluña, hace un repaso histórico de los vínculos entre nuestra ciudad y la ciencia. Este artículo está basado en la conferencia que Josa ofreció en la jornada "Ciencia y Ciudad", celebrada en el Ayuntamiento de Barcelona en noviembre.



La revolución del siglo XXI

Barcelona ha sido capaz de muchísimas cosas en los últimos años, cosas que están en la mente y en la retina de todos nosotros y que están sirviendo de ejemplo para muchas otras ciudades del mundo. Pero también debe ser capaz de más retos, entre ellos, llevar el conocimiento científico y tecnológico a la calle y conseguir que sus ciudadanas y ciudadanos participen en el mundo del conocimiento de la misma forma que son protagonistas de los actos culturales y festivos de la ciudad. Tal y como se produjo con los acontecimientos olímpicos, estamos en condiciones de provocar una reacción en cadena y aglutinar las complicidades necesarias -por encima de opciones ideológicas- para que Barcelona se convierta en la capital mediterránea de aquel poderoso conocimiento transformador, heredero del mítico saber que fue la cuna de la civilización occidental. ¿Por qué no pretender que Barcelona sea también una ciudad de referencia en el debate de las ideas?

Las condiciones para llevar a cabo esta gran apuesta de la ciudad no pueden ser más idóneas: a la evolución de las actividades económicas y del perfil de formación de los ciudadanos y ciudadanas, se añade la inversión en infraestructuras de telecomunicaciones. Estas tres condiciones son, por sí mismas, bastante favorables. Pero aún existe un cuarto elemento que ayuda a que el escenario y el momento sean tan propicios. Se trata del proyecto de convertir Poblenou -gran zona de Barcelona situada entre el frente marítimo y el río Besòs, con el vértice en la plaza de les Glòries- en un auténtico distrito del conocimiento, en el que convivan la investigación con la vivienda, la empresa con la universidad, las nuevas actividades económicas ligadas al conocimiento y a las tecnologías de la información y la comunicación con la oferta cultural, etc. Sin olvidar el motor que significará el Fòrum Universal de les Cultures 2004. Poblenou vivirá una profunda transformación en la que su pasado histórico, vinculado a la Revolución Indus-trial, será sustituido por otra revolución, la del conocimiento. Éste es uno de los grandes retos que Barcelona tiene planteados para los próximos años y que debe servir, además, para que en toda la ciudad aflore y se impulse el espíritu de esta revolución del conocimiento que marcará el siglo XXI.

Obviamente, y en esta transformación, es fundamental la planificación urbanística y estratégica. Pero para el proyecto Barcelona, Ciudad del Conocimiento sea realmente un éxito, es necesario promover, como ya se está haciendo, las herramientas básicas indispensables vinculadas con las nuevas tecnologías de la comunicación. Y todo esto debe hacerse no sólo en el marco de la concepción competitiva de la sociedad donde vivimos, sino también pensando en las personas e intentando que los actuales desequilibrios se vayan corrigiendo. Esta preparación para la revolución del conocimiento implica también la necesidad de asumir un papel proactivo y anticipatorio por parte de las administraciones para evitar los principales problemas que pueden presentar la implantación y difusión de las nuevas tecnologías, como es su potencialidad para dividir y polarizar la comunidad, por ejemplo entre conectados y no conectados, formados y no formados, con recursos y sin recursos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, habitantes de zonas periféricas y de zonas centrales. Dicho de otra forma: garantizar el acceso a la información, pero también -y sobre todo- facilitar una cultura que permita gestionar y seleccionar aquella información útil para nuestros objetivos.

 

Obras en el Poblenou, que se transformará en el gran centro neurálgico de la Ciudad del Conocimiento.

Enrique Marco  


Barcelona, Ciudad del Conocimiento es, por lo tanto, un proyecto destinado a fomentar la convivencia e interacción social al servicio de la formación y desarrollo de la imaginación, creatividad y cohesión social para:

  • Abrir la puerta a la realización de nuevas oportunidades.
  • Hacer realidad la existencia de una cultura integradora en nuestra sociedad en la que la sinergia de letras y ciencias plantee una dinámica que brinde nuevas opciones de actividades económicas.
  • Conseguir que el mundo universitario sea realmente el caldo de cultivo y el vivero en el que la imaginación de los jóvenes y la experiencia de las otras generaciones constituyan el impulso de nuestra sociedad.
  • Facilitar el acercamiento entre la universidad y la empresa, la innovación y la aplicación y, en general, construir un nuevo tejido social y cultural aprovechando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación.
  • Incentivar la creación de nuevas actividades y empresas en las que la innovación científica, biomédica y tecnológica sean el embrión de un modelo de crecimiento sostenido que asegure nuevas oportunidades para los más jóvenes.
  • Conseguir que la ilusión para mejorar su formación y abrirse camino sea una realidad para las generaciones más jóvenes, transmitiendo que todas las ideas puedan hacerse realidad.
  • Demostrar al mundo empresarial que el conocimiento es un potencial en el que se debe invertir
  • Demostrar que el planteamiento urbanístico está al servicio de las nuevas oportunidades económicas y de la calidad de vida.
  • Hacer de la ciudad un centro de atracción internacional del conocimiento.
  • Sentar las bases de la Barcelona del siglo XXI.

No debemos olvidar que esta unión entre el saber y el poder con el conocimiento como herramienta de transformación social y cultural significa revalorizar el mundo del saber para luchar contra la mediocridad uniformadora que nos invade, ya que conocimiento es la suma de información, de espíritu crítico y de poder de decisión, individual y colectivo, y la base de la credibilidad e independencia de los ciudadanos y ciudadanas para afrontar la creciente complejidad de nuestra sociedad.

En definitiva, la Ciudad del Conocimiento aspira a ser la demostración de que la política puede ponerse de verdad al servicio del mundo de las ideas con su enorme capacidad de transformación.

 

 

 

Barcelona científica

Barcelona no ha sido ajena al latido de la ciencia y tampoco la ciencia ha sido ajena a los ciudadanos de Barcelona. Sus ciudadanos, la gente de la calle y sus creadores también han estado atentos al latido de la ciencia. Recordamos a Salvat Papasseit con su excelente libro de poemas que llevaba por título Poemes en ones hertzianes; Salvat Papasseit, gran amigo de Pompeius Gener, que fue un gran polígrafo y paleógrafo del Ayuntamiento de Barcelona. La ciencia, pues, ha estado en Barcelona. Podríamos decir, como divisa, que roda el món i torna la ciència a Barcelona. Este podría ser un lema, una constante.

El ejemplo más claro es la gran dimensión nueva que tendrán los museos en esta nueva etapa. La cosas que funcionan son las bien hechas, los trabajos perdurables y las acciones que tienen gran renombre y enorme tradición detrás. Estas resonancias demuestran que las ondas hertzianas quieren ir, cada vez, más arriba. Ahora que hablamos de la Ciudad del Conocimiento es importante e imprescindible, desde mi punto de vista, tener en cuenta lo que nos ha precedido respecto a la ciencia; no empezamos de cero. Venimos de una larga tradición y Barcelona, como hemos dicho, ha estado emitiendo, sus instituciones, sus personas y los ciudadanos, en general, el latido de la ciencia.

Siempre que se habla de esta época es importantísimo remontarnos un poco a lo largo del tiempo e ir a los profetas de la ciencia, Bacon y Descartes, donde está el origen de lo que más tarde serían las sociedades científicas; tan importantes, con la interacción activa y de actuación sinérgica, fructífera y positiva que tuvieron en aquella época y que tienen y deben tener ahora. Las academias, el origen de las academias... ¡qué lugar más importante! Aquel grupo de intelectuales, de personas preocupadas que se reunían en la trastienda de una farmacia o en un piso alquilado o prestado para empezar a conocer los conocimientos, a intercambiar y dar sus conocimientos al resto de las sociedades. A lo largo del tiempo, irían a parar a la Academia secretorum naturae, una de aquellas importantes academias, con origen en Italia, y que después fueron exportadas y seguidas en otras partes del mundo.

Como academias importantes podemos citar aquí a la Academia del Cimento, que tenía como característica fundamental que sus publicaciones no estaban firmadas; la publicación, su autoría, era asumida por todos los miembros. Paralelamente a la reunión de las academias, fue muy importante la idea de transmitir los conocimientos que se creaban y, a la vez, recibir los conocimientos que se creaban en otros lugares; es el origen de las revistas científicas, que en un principio tenían el concepto de resúmenes de información de otros ("pasaban revista"). Más tarde, estos resúmenes de información de otros autores fueron cambiando por informaciones de autor propias de la academia; he aquí los orígenes de las primeras revistas de ciencia, de difusión de la ciencia. Respecto a estas revistas, hay dos muy importantes para la historia de la ciencia: una, Le journal des savants, que se fundó en Francia, y también la inglesa, portavoz de la Royal Society, la Phylosophy-cal Transactions. Siguiendo las páginas de la Phylosophycal Transactions podemos ver el desarrollo de toda la ciencia de la época. He tenido la ocasión de seguir todos los trabajos de Leeuwenhoek y los de Malpighi, excelentes trabajos de investigación y, en aquella época, de amplia difusión.

Siempre que llego a este punto me gusta mencionar unas palabras que el principal difusor del Phylosophycal Transactions, Olden-burg, secretario general de la Royal Society, dirigía a sus miembros. En cierta manera, son como un manifiesto, su alma: "No hay nada más necesario para el progreso de las cuestiones filosóficas que comunicar a los que se dedican al estudio la forma como otros llevan a cabo sus descubrimientos. Es conveniente utilizar la imprenta para gratificar a todos aquellos que, deleitándose sacando a la luz cosas de provecho, tienen derecho a conocer todo aquello que este reino y otras partes del mundo pueden ofrecerles y, también, a tener noticias del progreso de los estudios, trabajos y ensayos de los curiosos y preparados en asuntos de este tipo. Si estas producciones se comunican de una manera clara y fiel se conservará el deseo de adquirir conocimientos sólidos y útiles, se mantendrán las empresas y esfuerzos de talentos y todos aquellos versados en estas cuestiones se verán espoleados a investigar hechos nuevos, a impartir su saber a otros y a contribuir en el gran proyecto de perfeccionar el conocimiento de la naturaleza". Creo que estas palabras deben acompañar el proyecto de la Ciudad del Conocimiento.

Ca N'Andalet, centro de servicios de Barcelona
Activa en Horta-Guinardó. Barcelona Activa es
un organismo municipal dedicado a la promoción
económica y ocupación. .

R. Escudé  

 

La voluntad de futuro de la situación actual nos lleva -una vez hecha la referencia a estas academias de fuera, de Francia, de Inglaterra- a preguntarnos qué pasaba aquí, en nuestro país. Barcelona no fue ajena al hecho de las academias. Tenemos una, de especial interés, que era la Acadèmia dels Desconfiats, con un lema interesantísimo a tener en cuenta: "Segura, porque desconfiada", y precedente de la Acadèmia de Bones Lletres. Barcelona también tuvo la Acadèmia de Ciències i Arts, primero como Conferencia Fisicomatemá-tica Experimental, en 1764, que se reunía en la trastienda de una farmacia cerca de la plaza de Sant Jaume y después en el desván de un piso de la Boqueria. En 1765 cambió el nombre por el de la Reial Conferència de Física y, más tarde, sería la Reial Acadèmia de les Ciències i les Arts. Pasó también por un nombre anterior, la Reial Acadèmia de Ciències Naturals i Arts. Es decir, que las academias también han jugado un papel importante en nuestra ciudad.

Otro movimiento importante de influencia en las ciencias de Barcelona fue las asociaciones civiles, de carácter científico o no. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al excursionismo científico, que tan importante fue para todo el conocimiento de la naturaleza y que se enmarcaba en el movimiento de la Renaixença. Instituciones como la Institució Catalana d'Història Natural tienen aquí su origen. En este punto me gustaría citar una pequeña frase de uno de los fundadores y prohombres del excursionismo científico, mosén Norbert Font i Sagué, padre de la espeleología, que tantas veces bajó por las cuevas y las simas del Garraf. Norbert Font i Sagué decía: "¿Quién hay de nosotros, por ignorante que se considere, que no pueda observar, por ejemplo, la forma, dirección y constitución de una montaña. ¿Quién hay tan inútil que no sepa recoger una piedra, un mineral, una planta, un caracol o un insecto? ¿Quién hay tan negado que no esté en condiciones de anotar lo que ve o lo que oye? Es necesario, pues, para hacer excursionismo científico, observar, recoger y anotar. Pero, ¿qué es lo que se debe anotar, recoger y observar? La respuesta es muy sencilla: todo". Así nos hablaba Norbert Font i Sagué.

Otro punto capital en el que Barcelona jugó un papel muy importante fue la polémica darwinista, polémica alrededor del libro que trastocó el conocimiento y la interpretación no tan sólo de las ciencias biológicas, sino de la ciencia en general, del mundo y de toda la sociedad. La polémica darwinista en Barce-lona nos lleva a hablar de otro personaje. Y lo hago muy a gusto, igual que en el caso de Pompeius Gener... este personaje tan curioso y singular que paseó el nombre de la ciudad de Barcelona con sus famosas tarjetas savant catalan y con la dirección Gran Boulevard del carrer de Petritxol. Valga esta mención como una pequeña muestra de homenaje y reconocimiento del catedrático de Historia Natural de la Universidad de Barcelona, Odón de Buen, también concejal del Ayuntamiento de Barcelona. De Buen tuvo serios problemas en la Universidad, pero, gracias a la ayuda de los estudiantes y algunos miembros del claustro, no acabó en expulsión. Odón de Buen enmarca el gran hecho de la polémica darwinista. En España, esta polémica tuvo una gran importancia por todos los hechos que desencadenó aquel discurso de inicio de curso de Augusto González Linares -padre de la limnología, de los estudios del agua y de las relaciones vitales de los seres vivos- donde defendió las teorías de Darwin. El marqués de Orovio, ministro de Educación de la época -entonces ministro de Fomento-, dictó la Circular de Orovio, donde prohibió la libertad de cátedra y expulsó a González de su estamento escolar. Esto provocó la solidaridad de un grupo de profesores que, como consecuencia, fueron expulsados de la universidad o exiliados dentro de la península. Esto desencadenó el proyecto de renovación pedagógica que más ha influido en la historia de la enseñanza en España, que fue la creación de la Institución Libre de Enseñanza. Y, más tarde, independientemente, se fundó la Junta para Ampliación de Estudios.

Volvamos a la Institución Libre de Enseñan-za. Como uno de los hitos capitales de formación, se creó el famoso Instituto Escuela, que tuvo un profesor importantísimo de prácticas de física que hacía estudiar a sus alumnos con la práctica diaria. El punto principal de la enseñanza no eran los libros, eran los apuntes, los trabajos, las clases, las salidas al campo. Este profesor, que fue escogido por los directores de la Institución Libre de Enseñanza, era un catalán, Josep Estalella, que fue el primer profesor de física de la Institución Libre de Enseñanza, en aquel Instituto Escuela. Más tarde, cuando en Barcelona la Generalitat de Cataluña quiso fundar el Institut Escola en el parque de la Ciutadella, llamó a Josep Estalella, que fue el primer director del Institut Escola, institución cuya influencia reconocían tantas personas relacionadas con la ciudad, con la universidad y con muchos centros de investigación.

Es importante que Barcelona haga caso a la ciencia y piense en Barcelona, pero es muy importante también el espíritu que muchos ciudadanos tienen, que saben ir a Madrid, a Bruselas o a Estrasburgo cuando es necesario. Digo esto porque tenemos gente que trabaja en esta línea. En Bruselas tenemos al profesor del CSIC, Rafael Rodríguez, que está trabajando también por Barcelona, por la Universidad y por todos los centros de investigación, y por el doctor Banda, que también está en Estrasburgo, trabajando en la Fundación Europea de la Ciencia.

En esta misma línea recordaré a otro profesor importante, que nació en Barcelona y murió en Madrid; el profesor Antonio de Zulueta, personaje importante dentro de los tiempos pioneros de la genética. Él y uno de sus alumnos, Fernández Nonídez, fueron los introductores de la genética mendeliana en España. La Junta para Ampliación de Estudios, que fue el otro gran movimiento, estructura y organización que se creó -recordemos que su primer presidente fue Santiago Ramón y Cajal, y el secretario general, un gran personaje con una gran visión de estado y de situación organizativa, José Castillejo-, estaba atenta a los lugares del mundo donde había los trabajos pioneros de las ciencias, tanto si era física, química como biología. Se inventaron el sistema de pensionados de la Junta, que consistía en enviar estudiosos a los lugares más importantes y cuando volvían tenían la obligación de dar unas conferencias y publicar un libro. De esta manera se introdujo en España 1a genética mendeliana a través de Antonio de Zulueta i José Fernández Nonídez. Tenemos acceso a los primeros libros y los primeros pasos de esta genética mendeliana gracias a Fernández Nonídez, que se fue a un laboratorio de los Estados Unidos donde había un investigador, llamado Morgan, que estaba empezando unos estudios, que alguien decía que no serían eficaces, con una mosca, la mosca del vinagre, la Drosophila melanogaster, aquella de cromosomas múltiples y gigantes.

Otro de los puntos importantes, que tuvo Barcelona como origen y que se gestó en Madrid, fue el crucero por el Mediterráneo, una iniciativa puesta en marcha, hacia 1932, por la Residencia de Estudiantes y la Universidad Complutense. La Residencia de Estudiantes, creada por la Junta para la Ampliación de Estudios, fue un núcleo de creación y proyección cultural. En la misma época convivieron en ella un chico a quien gustaba el boxeo y estaba preocupado por las cuestiones de cine, que se llamaba Buñuel y que vivía en la habitación contigua a la de otro que soñaba con la luna, hacía poesía y se llamaba García Lorca, y un pintor alocado que llevaba de cabeza por las noches a medio Madrid por la Gran Vía, que se llamaba Dalí. Al lado, unos laboratorios de genética, el laboratorio de biología del doctor Zulueta, o el Museo de Ciencias Naturales, dirigido por Ignacio Bolivar, famoso entomólogo. Se propusieron hacer un crucero por el Mediterráneo y se fueron a hacer visitas a las grandes culturas: la árabe, la de Grecia, la de Roma. Salieron de Barcelona. En este crucero también había gente de Barcelona: Jaume Vicenç Vives; un poeta, Salvador Espriu, y otro poeta balear, Bartomeu Rosselló Pòrcel (algún día habrá que estudiar cuál fue la relación y la importancia que tuvo en aquellas excelentes publicaciones de la Junta de Ampliación de Estudios). Quizá algún día podríamos ir de nuevo de crucero por el Mediterráneo -hay que tener en cuenta el componente importante que tuvieron las humanidades en este crucero-, incidir en las cuestiones de carácter científico y seguro que haríamos una aportación importante para nosotros y para todos los ciudadanos que se enterasen del acontecimiento, sobre el interés de conocer el hecho científico de la época, de los griegos, de los romanos y de los árabes.

Barcelona ha tenido una gran importancia desde el punto de vista editorial, y me parece que otra de las propuestas que se deben hacer es la mejora de este sector. En Barcelona, hace cien años, se empezó a publicar una revista que se llamaba El mundo científico. Era otra época y aún hoy continúa publicándose una revista con este nombre. También había una revista que se llamaba Ciència, revista catalana de ciència i tecnologia, de carácter mensual, con un consejo de redacción formado por Pere Bosch Gimpera, Marià Faura, Pius Font i Quer, Carles Pi i Sunyer, Pau Vila, etc. Fueron muy importantes también las monografías médicas (Annals de Medicina, Crònica Científica) y muchas revistas de diferentes sociedades. Barcelona ha sido una gran potencia editorial en el campo de la ciencia y creo que es importante difundir los conocimientos y que esto siga. No es importante tan sólo hacer las cosas, sino también hacerlas saber. Esto me recuerda la pregunta: "¿Cuál es el animal que pone más huevos?". En una respuesta de urgencia todos piensan en al gallina, cuando en realidad cualquier pececito de la pecera más pequeña pone más; la única diferencia es que una explica cuándo pone uno y el otro no dice nada, cuando pone muchos. Es decir, que Barcelona debe continuar con este gran potencial respecto a las ediciones; ediciones de revistas y ediciones de libros. Tenemos, por ejemplo, la colección Metatemes de gran calidad y difusión.

Portada del libro de la memoria
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

   


Barcelona también ha sido una ciudad de conocer en común, de congresos. Está en la nómina internacional, los científicos quieren venir aquí. Según a quien preguntemos, hay quien no conoce ni qué es una universidad ni qué son unos departamentos de una universidad, pero si hablas con quien debes hablar, la Universidad de Barcelona se conoce, los centros del CSIC se conocen. Y aquí, los científicos, premiados o no, gente que trabaja en ciencia, tienen gran interés por venir. No sólo -aunque también está bien- para tomar el sol, sino para conocer e intercambiar. De cuando era estudiante recuerdo el gran congreso sobre el origen de la vida con las grandes figuras de la época: Oparin, que todos conocemos, y Carl Sagan, y otro científico que me impresionó como estudiante, que se llamaba Pomaperuna. En Barcelona hay también otros congresos importantes, un poco más lejos en el tiempo. Hace casi cien años, en mayo de 1929, en Barcelona se celebró el congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias. Las actas ocupan tres o cuatro volúmenes de seiscientas páginas. Vale la pena saberlo porque en la nómina de los contribuyentes de aquel congreso podemos encontrar a Francesc Duran Reynals, con aquellos estudios primerizos sobre el cáncer y el virus vacunal; también Santiago Alcové, que había llegado a ser rector de la Universidad de Barcelona y, en cierta manera, padre de la antropología biológica y origen de muchos de los estudios de genética junto con el doctor Antoni Prevosti, que aquella época invertía sus esfuerzos en el "estudio experimental de la patogenia de la ictericia fenilhidracínica". También encontramos trabajos de urbanismo, como los de Joan Dalmau, y trabajos de Telles, Plasencia, Carreras Artau, etc. En el apartado de las matemáticas, recordamos los trabajos de Julio Rey Pastor y en ciencias físicas José Baltá Elías, profesor de la Universidad de Barcelona, que nos hablaba de "la evolución de las teorías de la propagación de las ondas hertzianas"..., y tantos otros.

Podríamos continuar ofreciendo la ayuda del CSIC para poner al alcance de Barcelona todos los contactos que sean necesarios por parte de sus centros; más de cien institutos por todo el Estado, con centros de excelencia que pueden transferir tecnología y conocimiento a Barcelona, una acción importante para la ciudad y para los mismos institutos. No se debe olvidar el Centro de Información y Documentación en Ciencia y Tecnología del CSIC, el CINDOC; el Instituto de la Grasa de Sevilla, el de Acuicultura de Alicante, el Centro de la Estación Biológica de Doñana, etc. Encaramos, pues, el reto de la Barcelona científica convencidos de que Barcelona será científica o no será. Fuimos capaces de ganar la partida en los siglos XII y XIII con la batalla de la revolución comercial; más tarde, en los siglos XVIII y XIX, de la revolución industrial; queda la revolución del conocimiento, el conocimiento es industria y nos ayudará a vivir. Como decía el doctor Estalella, procuremos hacer gente sabia, primero; procuremos hacerla buena, antes.