Barcelona
científica
Barcelona
no ha sido ajena al latido de la ciencia y tampoco la ciencia
ha sido ajena a los ciudadanos de Barcelona. Sus ciudadanos, la
gente de la calle y sus creadores también han estado atentos
al latido de la ciencia. Recordamos a Salvat Papasseit con su
excelente libro de poemas que llevaba por título Poemes
en ones hertzianes; Salvat Papasseit, gran amigo de Pompeius Gener,
que fue un gran polígrafo y paleógrafo del Ayuntamiento
de Barcelona. La ciencia, pues, ha estado en Barcelona. Podríamos
decir, como divisa, que roda el món i torna la ciència
a Barcelona. Este podría ser un lema, una constante.
El ejemplo más claro es la gran dimensión nueva
que tendrán los museos en esta nueva etapa. La cosas que
funcionan son las bien hechas, los trabajos perdurables y las
acciones que tienen gran renombre y enorme tradición detrás.
Estas resonancias demuestran que las ondas hertzianas quieren
ir, cada vez, más arriba. Ahora que hablamos de la Ciudad
del Conocimiento es importante e imprescindible, desde mi punto
de vista, tener en cuenta lo que nos ha precedido respecto a la
ciencia; no empezamos de cero. Venimos de una larga tradición
y Barcelona, como hemos dicho, ha estado emitiendo, sus instituciones,
sus personas y los ciudadanos, en general, el latido de la ciencia.
Siempre que se habla de esta época es importantísimo
remontarnos un poco a lo largo del tiempo e ir a los profetas
de la ciencia, Bacon y Descartes, donde está el origen
de lo que más tarde serían las sociedades científicas;
tan importantes, con la interacción activa y de actuación
sinérgica, fructífera y positiva que tuvieron en
aquella época y que tienen y deben tener ahora. Las academias,
el origen de las academias... ¡qué lugar más
importante! Aquel grupo de intelectuales, de personas preocupadas
que se reunían en la trastienda de una farmacia o en un
piso alquilado o prestado para empezar a conocer los conocimientos,
a intercambiar y dar sus conocimientos al resto de las sociedades.
A lo largo del tiempo, irían a parar a la Academia secretorum
naturae, una de aquellas importantes academias, con origen en
Italia, y que después fueron exportadas y seguidas en otras
partes del mundo.
Como academias importantes podemos citar aquí a la Academia
del Cimento, que tenía como característica fundamental
que sus publicaciones no estaban firmadas; la publicación,
su autoría, era asumida por todos los miembros. Paralelamente
a la reunión de las academias, fue muy importante la idea
de transmitir los conocimientos que se creaban y, a la vez, recibir
los conocimientos que se creaban en otros lugares; es el origen
de las revistas científicas, que en un principio tenían
el concepto de resúmenes de información de otros
("pasaban revista"). Más tarde, estos resúmenes
de información de otros autores fueron cambiando por informaciones
de autor propias de la academia; he aquí los orígenes
de las primeras revistas de ciencia, de difusión de la
ciencia. Respecto a estas revistas, hay dos muy importantes para
la historia de la ciencia: una, Le journal des savants, que se
fundó en Francia, y también la inglesa, portavoz
de la Royal Society, la Phylosophy-cal Transactions. Siguiendo
las páginas de la Phylosophycal Transactions podemos ver
el desarrollo de toda la ciencia de la época. He tenido
la ocasión de seguir todos los trabajos de Leeuwenhoek
y los de Malpighi, excelentes trabajos de investigación
y, en aquella época, de amplia difusión.
Siempre que llego a este punto me gusta mencionar unas palabras
que el principal difusor del Phylosophycal Transactions, Olden-burg,
secretario general de la Royal Society, dirigía a sus miembros.
En cierta manera, son como un manifiesto, su alma: "No hay
nada más necesario para el progreso de las cuestiones filosóficas
que comunicar a los que se dedican al estudio la forma como otros
llevan a cabo sus descubrimientos. Es conveniente utilizar la
imprenta para gratificar a todos aquellos que, deleitándose
sacando a la luz cosas de provecho, tienen derecho a conocer todo
aquello que este reino y otras partes del mundo pueden ofrecerles
y, también, a tener noticias del progreso de los estudios,
trabajos y ensayos de los curiosos y preparados en asuntos de
este tipo. Si estas producciones se comunican de una manera clara
y fiel se conservará el deseo de adquirir conocimientos
sólidos y útiles, se mantendrán las empresas
y esfuerzos de talentos y todos aquellos versados en estas cuestiones
se verán espoleados a investigar hechos nuevos, a impartir
su saber a otros y a contribuir en el gran proyecto de perfeccionar
el conocimiento de la naturaleza". Creo que estas palabras
deben acompañar el proyecto de la Ciudad del Conocimiento.
 |
Ca
N'Andalet, centro de servicios de Barcelona
Activa en Horta-Guinardó. Barcelona Activa es
un organismo municipal dedicado a la promoción
económica y ocupación. .
|
| R.
Escudé |
|
La voluntad de futuro de la situación actual nos lleva
-una vez hecha la referencia a estas academias de fuera, de Francia,
de Inglaterra- a preguntarnos qué pasaba aquí, en
nuestro país. Barcelona no fue ajena al hecho de las academias.
Tenemos una, de especial interés, que era la Acadèmia
dels Desconfiats, con un lema interesantísimo a tener en
cuenta: "Segura, porque desconfiada", y precedente de
la Acadèmia de Bones Lletres. Barcelona también
tuvo la Acadèmia de Ciències i Arts, primero como
Conferencia Fisicomatemá-tica Experimental, en 1764, que
se reunía en la trastienda de una farmacia cerca de la
plaza de Sant Jaume y después en el desván de un
piso de la Boqueria. En 1765 cambió el nombre por el de
la Reial Conferència de Física y, más tarde,
sería la Reial Acadèmia de les Ciències i
les Arts. Pasó también por un nombre anterior, la
Reial Acadèmia de Ciències Naturals i Arts. Es decir,
que las academias también han jugado un papel importante
en nuestra ciudad.
Otro movimiento importante de influencia en las ciencias de Barcelona
fue las asociaciones civiles, de carácter científico
o no. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al excursionismo científico,
que tan importante fue para todo el conocimiento de la naturaleza
y que se enmarcaba en el movimiento de la Renaixença. Instituciones
como la Institució Catalana d'Història Natural tienen
aquí su origen. En este punto me gustaría citar
una pequeña frase de uno de los fundadores y prohombres
del excursionismo científico, mosén Norbert Font
i Sagué, padre de la espeleología, que tantas veces
bajó por las cuevas y las simas del Garraf. Norbert Font
i Sagué decía: "¿Quién hay de
nosotros, por ignorante que se considere, que no pueda observar,
por ejemplo, la forma, dirección y constitución
de una montaña. ¿Quién hay tan inútil
que no sepa recoger una piedra, un mineral, una planta, un caracol
o un insecto? ¿Quién hay tan negado que no esté
en condiciones de anotar lo que ve o lo que oye? Es necesario,
pues, para hacer excursionismo científico, observar, recoger
y anotar. Pero, ¿qué es lo que se debe anotar, recoger
y observar? La respuesta es muy sencilla: todo". Así
nos hablaba Norbert Font i Sagué.
Otro punto capital en el que Barcelona jugó un papel muy
importante fue la polémica darwinista, polémica
alrededor del libro que trastocó el conocimiento y la interpretación
no tan sólo de las ciencias biológicas, sino de
la ciencia en general, del mundo y de toda la sociedad. La polémica
darwinista en Barce-lona nos lleva a hablar de otro personaje.
Y lo hago muy a gusto, igual que en el caso de Pompeius Gener...
este personaje tan curioso y singular que paseó el nombre
de la ciudad de Barcelona con sus famosas tarjetas savant catalan
y con la dirección Gran Boulevard del carrer de Petritxol.
Valga esta mención como una pequeña muestra de homenaje
y reconocimiento del catedrático de Historia Natural de
la Universidad de Barcelona, Odón de Buen, también
concejal del Ayuntamiento de Barcelona. De Buen tuvo serios problemas
en la Universidad, pero, gracias a la ayuda de los estudiantes
y algunos miembros del claustro, no acabó en expulsión.
Odón de Buen enmarca el gran hecho de la polémica
darwinista. En España, esta polémica tuvo una gran
importancia por todos los hechos que desencadenó aquel
discurso de inicio de curso de Augusto González Linares
-padre de la limnología, de los estudios del agua y de
las relaciones vitales de los seres vivos- donde defendió
las teorías de Darwin. El marqués de Orovio, ministro
de Educación de la época -entonces ministro de Fomento-,
dictó la Circular de Orovio, donde prohibió la libertad
de cátedra y expulsó a González de su estamento
escolar. Esto provocó la solidaridad de un grupo de profesores
que, como consecuencia, fueron expulsados de la universidad o
exiliados dentro de la península. Esto desencadenó
el proyecto de renovación pedagógica que más
ha influido en la historia de la enseñanza en España,
que fue la creación de la Institución Libre de Enseñanza.
Y, más tarde, independientemente, se fundó la Junta
para Ampliación de Estudios.
Volvamos a la Institución Libre de Enseñan-za. Como
uno de los hitos capitales de formación, se creó
el famoso Instituto Escuela, que tuvo un profesor importantísimo
de prácticas de física que hacía estudiar
a sus alumnos con la práctica diaria. El punto principal
de la enseñanza no eran los libros, eran los apuntes, los
trabajos, las clases, las salidas al campo. Este profesor, que
fue escogido por los directores de la Institución Libre
de Enseñanza, era un catalán, Josep Estalella, que
fue el primer profesor de física de la Institución
Libre de Enseñanza, en aquel Instituto Escuela. Más
tarde, cuando en Barcelona la Generalitat de Cataluña quiso
fundar el Institut Escola en el parque de la Ciutadella, llamó
a Josep Estalella, que fue el primer director del Institut Escola,
institución cuya influencia reconocían tantas personas
relacionadas con la ciudad, con la universidad y con muchos centros
de investigación.
Es importante que Barcelona haga caso a la ciencia y piense en
Barcelona, pero es muy importante también el espíritu
que muchos ciudadanos tienen, que saben ir a Madrid, a Bruselas
o a Estrasburgo cuando es necesario. Digo esto porque tenemos
gente que trabaja en esta línea. En Bruselas tenemos al
profesor del CSIC, Rafael Rodríguez, que está trabajando
también por Barcelona, por la Universidad y por todos los
centros de investigación, y por el doctor Banda, que también
está en Estrasburgo, trabajando en la Fundación
Europea de la Ciencia.
En esta misma línea recordaré a otro profesor importante,
que nació en Barcelona y murió en Madrid; el profesor
Antonio de Zulueta, personaje importante dentro de los tiempos
pioneros de la genética. Él y uno de sus alumnos,
Fernández Nonídez, fueron los introductores de la
genética mendeliana en España. La Junta para Ampliación
de Estudios, que fue el otro gran movimiento, estructura y organización
que se creó -recordemos que su primer presidente fue Santiago
Ramón y Cajal, y el secretario general, un gran personaje
con una gran visión de estado y de situación organizativa,
José Castillejo-, estaba atenta a los lugares del mundo
donde había los trabajos pioneros de las ciencias, tanto
si era física, química como biología. Se
inventaron el sistema de pensionados de la Junta, que consistía
en enviar estudiosos a los lugares más importantes y cuando
volvían tenían la obligación de dar unas
conferencias y publicar un libro. De esta manera se introdujo
en España 1a genética mendeliana a través
de Antonio de Zulueta i José Fernández Nonídez.
Tenemos acceso a los primeros libros y los primeros pasos de esta
genética mendeliana gracias a Fernández Nonídez,
que se fue a un laboratorio de los Estados Unidos donde había
un investigador, llamado Morgan, que estaba empezando unos estudios,
que alguien decía que no serían eficaces, con una
mosca, la mosca del vinagre, la Drosophila melanogaster, aquella
de cromosomas múltiples y gigantes.
Otro de los puntos importantes, que tuvo Barcelona como origen
y que se gestó en Madrid, fue el crucero por el Mediterráneo,
una iniciativa puesta en marcha, hacia 1932, por la Residencia
de Estudiantes y la Universidad Complutense. La Residencia de
Estudiantes, creada por la Junta para la Ampliación de
Estudios, fue un núcleo de creación y proyección
cultural. En la misma época convivieron en ella un chico
a quien gustaba el boxeo y estaba preocupado por las cuestiones
de cine, que se llamaba Buñuel y que vivía en la
habitación contigua a la de otro que soñaba con
la luna, hacía poesía y se llamaba García
Lorca, y un pintor alocado que llevaba de cabeza por las noches
a medio Madrid por la Gran Vía, que se llamaba Dalí.
Al lado, unos laboratorios de genética, el laboratorio
de biología del doctor Zulueta, o el Museo de Ciencias
Naturales, dirigido por Ignacio Bolivar, famoso entomólogo.
Se propusieron hacer un crucero por el Mediterráneo y se
fueron a hacer visitas a las grandes culturas: la árabe,
la de Grecia, la de Roma. Salieron de Barcelona. En este crucero
también había gente de Barcelona: Jaume Vicenç
Vives; un poeta, Salvador Espriu, y otro poeta balear, Bartomeu
Rosselló Pòrcel (algún día habrá
que estudiar cuál fue la relación y la importancia
que tuvo en aquellas excelentes publicaciones de la Junta de Ampliación
de Estudios). Quizá algún día podríamos
ir de nuevo de crucero por el Mediterráneo -hay que tener
en cuenta el componente importante que tuvieron las humanidades
en este crucero-, incidir en las cuestiones de carácter
científico y seguro que haríamos una aportación
importante para nosotros y para todos los ciudadanos que se enterasen
del acontecimiento, sobre el interés de conocer el hecho
científico de la época, de los griegos, de los romanos
y de los árabes.
Barcelona ha tenido una gran importancia desde el punto de vista
editorial, y me parece que otra de las propuestas que se deben
hacer es la mejora de este sector. En Barcelona, hace cien años,
se empezó a publicar una revista que se llamaba El mundo
científico. Era otra época y aún hoy continúa
publicándose una revista con este nombre. También
había una revista que se llamaba Ciència, revista
catalana de ciència i tecnologia, de carácter mensual,
con un consejo de redacción formado por Pere Bosch Gimpera,
Marià Faura, Pius Font i Quer, Carles Pi i Sunyer, Pau
Vila, etc. Fueron muy importantes también las monografías
médicas (Annals de Medicina, Crònica Científica)
y muchas revistas de diferentes sociedades. Barcelona ha sido
una gran potencia editorial en el campo de la ciencia y creo que
es importante difundir los conocimientos y que esto siga. No es
importante tan sólo hacer las cosas, sino también
hacerlas saber. Esto me recuerda la pregunta: "¿Cuál
es el animal que pone más huevos?". En una respuesta
de urgencia todos piensan en al gallina, cuando en realidad cualquier
pececito de la pecera más pequeña pone más;
la única diferencia es que una explica cuándo pone
uno y el otro no dice nada, cuando pone muchos. Es decir, que
Barcelona debe continuar con este gran potencial respecto a las
ediciones; ediciones de revistas y ediciones de libros. Tenemos,
por ejemplo, la colección Metatemes de gran calidad y difusión.
 |
Portada
del libro de la memoria
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
|
| |
|
Barcelona también
ha sido una ciudad de conocer en común, de congresos. Está
en la nómina internacional, los científicos quieren
venir aquí. Según a quien preguntemos, hay quien
no conoce ni qué es una universidad ni qué son unos
departamentos de una universidad, pero si hablas con quien debes
hablar, la Universidad de Barcelona se conoce, los centros del
CSIC se conocen. Y aquí, los científicos, premiados
o no, gente que trabaja en ciencia, tienen gran interés
por venir. No sólo -aunque también está bien-
para tomar el sol, sino para conocer e intercambiar. De cuando
era estudiante recuerdo el gran congreso sobre el origen de la
vida con las grandes figuras de la época: Oparin, que todos
conocemos, y Carl Sagan, y otro científico que me impresionó
como estudiante, que se llamaba Pomaperuna. En Barcelona hay también
otros congresos importantes, un poco más lejos en el tiempo.
Hace casi cien años, en mayo de 1929, en Barcelona se celebró
el congreso de la Asociación Española para el Progreso
de las Ciencias. Las actas ocupan tres o cuatro volúmenes
de seiscientas páginas. Vale la pena saberlo porque en
la nómina de los contribuyentes de aquel congreso podemos
encontrar a Francesc Duran Reynals, con aquellos estudios primerizos
sobre el cáncer y el virus vacunal; también Santiago
Alcové, que había llegado a ser rector de la Universidad
de Barcelona y, en cierta manera, padre de la antropología
biológica y origen de muchos de los estudios de genética
junto con el doctor Antoni Prevosti, que aquella época
invertía sus esfuerzos en el "estudio experimental
de la patogenia de la ictericia fenilhidracínica".
También encontramos trabajos de urbanismo, como los de
Joan Dalmau, y trabajos de Telles, Plasencia, Carreras Artau,
etc. En el apartado de las matemáticas, recordamos los
trabajos de Julio Rey Pastor y en ciencias físicas José
Baltá Elías, profesor de la Universidad de Barcelona,
que nos hablaba de "la evolución de las teorías
de la propagación de las ondas hertzianas"..., y tantos
otros.
Podríamos continuar ofreciendo la ayuda del CSIC para poner
al alcance de Barcelona todos los contactos que sean necesarios
por parte de sus centros; más de cien institutos por todo
el Estado, con centros de excelencia que pueden transferir tecnología
y conocimiento a Barcelona, una acción importante para
la ciudad y para los mismos institutos. No se debe olvidar el
Centro de Información y Documentación en Ciencia
y Tecnología del CSIC, el CINDOC; el Instituto de la Grasa
de Sevilla, el de Acuicultura de Alicante, el Centro de la Estación
Biológica de Doñana, etc. Encaramos, pues, el reto
de la Barcelona científica convencidos de que Barcelona
será científica o no será. Fuimos capaces
de ganar la partida en los siglos XII y XIII con la batalla de
la revolución comercial; más tarde, en los siglos
XVIII y XIX, de la revolución industrial; queda la revolución
del conocimiento, el conocimiento es industria y nos ayudará
a vivir. Como decía el doctor Estalella, procuremos hacer
gente sabia, primero; procuremos hacerla buena, antes.