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Fotos: EVA GUILLAMET

¿Cómo dinamizar un área cultural metropolitana?

 

La cultura es el principal reto de la Barcelona del siglo XXI. La ciudad y su área metropolitana empiezan a vivir una nueva realidad marcada por la diversificación de los orígenes territoriales, raciales y culturales de sus habitantes y por la aparición de un nuevo policentrismo que requiere un aumento de la innovación cultural y la creación de una nueva red cultural más identificada con la realidad metropolitana de Barcelona. Una red extendida en el territorio que iguale en servicios culturales básicos a todos los ciudadanos y que fomente un consumo cultural que no apunte sólo hacia el centro, sino también hacia las periferias. Manuel de Forn, ingeniero y director de GFE Associats, y Jordi Font, comisionado de estudios y relaciones culturales del Área de Cultura de la Diputación de Barcelona, analizan un tema que requiere una apuesta decidida de todas las administraciones implicadas, y al que, dada su importancia, dedicamos el Cuaderno Central del presente número de B.MM.




 

Diez aproximaciones para un espacio cultural metropolitano

 

Jordi Font
comisionado de estudios y relaciones culturales
del area de cultura de la diputación de barcelona



La necesidad de un espacio cultural metropolitano se siente en Barcelona, tanto en el centro como en la periferia; es decir, tanto en Barcelona-municipio como en los demás municipios.

La Barcelona-municipio tiene necesidad, en el escaparate internacional, de aparecer referida en la ciudad real, en la conurbación de los cuatro millones de habitantes. Ello implica la dimensión cultural y simbólica, la que permite leer la ciudad como un sistema integrado, venderla como plataforma potente, como sede de flujos europeos y universales. Los demás municipios metropolitanos necesitan como el aire algún tipo de acuerdo regulador que les salve del arrollador protagonismo de su vecina y que a la vez les permita aprovechar sus posibilidades. Éste es el sentido de un enunciado que hemos ido repitiendo sin acabar de encontrar su cuadratura: "Mercado común metropolitano de la cultura".

La Escola Superior d'Arquitectura de Sant Cugat

   

Un espacio cultural metropolitano debería surgir, en primera instancia, de la concertación de las actuaciones públicas locales que concurren en él (Ayuntamiento de Barcelo-na, Diputación de Barcelona, otros ayuntamientos metropolitanos...). Acto seguido debe contemplarse la concertación indispensable con el Gobierno, así como la concertación del esfuerzo público mancomunado con los agentes empresariales y asociativos en juego. La concertación entre los estamentos públicos, en mi opinión, debería avanzar en los parámetros que especificamos a continuación.

1. El policentrismo cultural metropolitano es la condición básica. Es decir, la potenciación de la horizontalidad de la ciudad y de sus servicios culturales, así como la realización de las virtualidades de proyección general de cada municipio, de cada parte. La cohesión social, muy especialmente a partir de la creciente multiculturalidad, reclama marcos cercanos de referencias culturales que sean porosos, integradores, y que a la vez estén presentes en el conjunto y sean competentes, capaces de desarrollar una función identificadora y cohesionadora. La proximidad del marco es fundamental. En los grandes municipios metropolitanos, incluso han tendido más a desempeñar esta función los barrios que el propio municipio (Bellvitge, La Florida, Fondo, Pomar, etc.).

2. Este policentrismo cultural debe basarse, en primer lugar, en una red extendida en el territorio metropolitano que iguale en servicios culturales básicos a todos los ciudadanos: biblioteca-centro de información, teatro-auditorio, centro de las artes con docencia y sala de exposiciones, museo-centro de interpretación del patrimonio, casa de cultura-centro polivalente, etc. Cataluña no dispone de planes de equipamientos en el territorio ni del sistema de mapas y estándares que deberían articularlos. Tampoco dispone de previsiones nacionales para su mantenimiento. Los equipamientos culturales son actualmente, pues, una realidad discontinua realizada sobre todo a partir de recursos locales; con una excepción que confirma la regla: las bibliotecas (éstas sí, competencia legal), que han contado con una Diputación dispuesta. La Barcelona metropolitana sufre especialmente esta situación de déficit en las infraestructuras culturales. Sería preciso avanzar hacia un Plan Metropolitano de Infraestructuras Culturales.

3. La concepción del policentrismo cultural va más allá. Se basa sobre todo en la capacidad de cada municipio para adquirir personalidad propia en el conjunto, para ejercer de capital y de Meca en un ramo o segmento de actividad cultural, en uno o en más. Esta facultad, además de abrirle nuevas posibilidades de desarrollo económico local, se convierte en un valioso mecanismo de homologación cultural y actúa como generador de sinergias locales, como desencadenante de dinámicas y como plataforma de interrelación local-global. Que esto pueda desarrollarse depende de la capacidad imaginativa y emprendedora de cada municipio, pero tambiénde la disposición de la Barcelona-municipio para ceder capitalidad, para reconocer y alimentar esta perspectiva de capitalidad cultural compartida entre los municipios metropolitanos y, sobre todo, de la disposición del Gobierno de Cataluña para invertir en esta dirección.

L'Arxiu Nacional de Catalunya.

   

4. El espacio cultural metropolitano debe comportar también una Agenda Cultural Concertada entre los municipios y en especial con Barcelona-municipio. El "Grec Metropolità" ya ha iniciado este camino. Se trata de abundar en el concepto de "Merca-do Común Metropolitano de la Cultura". Es decir, tendiendo hacia la complementariedad de la oferta de los diferentes municipios y propiciando la percepción del conjunto de la oferta metropolitana multidi- reccional; o sea, hacia un consumo cultural que no apunte sólo hacia el centro, sino en todas direcciones. También tiene que inducir a que los operadores del turismo interior y exterior consideren el conjunto de la oferta metropolitana a la hora de configurar sus circuitos.

5. Los circuitos estables de difusión cultural -teatro, danza, música y artes visuales- son hoy un hecho en la provincia, de la mano de la Oficina de Difusión Artística (ODA) de la Diputación, concertadamente con los ayuntamientos. Funciona a todo gas un circuito de teatros-auditorio municipales y, más embrionariamente, un circuito de artes visuales. Y, aunque mediáticamente desconocido, también un importantísimo y creciente circuito escolar. Esto comporta una cuota de mercado muy considerable y, en consecuencia, una capacidad creciente de incidencia en la producción. Esta es una realidad impulsada con recursos locales, mientras que la difusión artística no figura entre las competencias locales, sino entre las autonómicas. Sería preciso llegar a una concertación con el Gobierno. Podría considerarse también establecer acuerdos con el Ayuntamiento de Barcelona y con el Gobierno para la rentabilización de sus producciones.

6. Los centros de educación artística son una realidad que se ha impuesto, impulsada por algunos ayuntamientos, más allá de sus obligaciones competenciales y prácticamente ignorada hasta hace muy poco por el Gobierno. Sus potencialidades de futuro son importantes y se configuran como auténticas canteras, con una gran implantación social, y más aún si las relacionamos con las previsiones de la LOGSE sobre educación artística en la enseñanza obligatoria. Habría que promover al respecto una red metropolitana de escuelas de las artes.

7. En el campo del patrimonio como factor de desarrollo económico local. Se ha recorrido un largo camino en esta dirección, siempre también por iniciativa local. Los viejos museos locales se encuentran en proceso de evolución hacia el modelo de centro de interpretación del patrimonio (Gavà es el pionero), que vincula en un relato sugerente todo el patrimonio cultural del entorno y, a veces, incluso el patrimonio natural, ofreciendo una perspectiva importante de turismo interior y exterior, con la consecuente actividad económica. Habría que avanzar hacia un compromiso institucional más amplio y hacia una oferta conjunta metropolitana que destapara las grandes posibilidades que este campo ofrece.

Museu de la Ciència i la Tècnica de Terrassa.

   

8. En el campo del patrimonio se hace necesaria una logística metropolitana que se refiera a la restauración y conservación, que rentabilice los servicios existentes y permita utilizarlos sistemáticamente. Ello reclamaría un acuerdo entre el Ayuntamiento y la Diputación, de cara al establecimiento de una plataforma metropolitana de restauración y conservación, que, por su parte, debería concertar con los servicios nacionales de que dispone el Gobierno.

9. El espacio cultural metropolitano tiene que convertirse en una plataforma privilegiada de relación y de cooperación con las empresas culturales y con los creadores de cada sector, un marco de iniciativas concertadas potentes que apunten a la implantación y el fortalecimiento de las industrias culturales y a unas mejores condiciones para la creación. Asimismo, tiene que permitir generar estrategias de conjunto, propiciando elementos de capitalidad española, europea e internacional y ofertando el ámbito metropolitano como sede ideal donde implantar nuevas industrias y actividades.

10. Sería preciso establecer, como ya prevé el Plan Estratégico de Cultura, un Observatorio Metropolitano de la Cultura, una plataforma de análisis y prospectiva cultural, en contacto con otras realidades. Con la capacidad de realizar seguimientos y evaluaciones sistemáticas de las dinámicas culturales del ámbito metropolitano, tanto territoriales como sectoriales. Con la finalidad de poner en común informaciones y valoraciones, de impulsar reflexiones, de elaborar modelos y propuestas, de impulsar experiencias piloto... En definitiva, un instrumento básico y común de referencia y de impulso en la construcción y el funcionamiento del espacio cultural metropolitano.

 

 

 

En tiempos de crisis, reflexión

 

Manuel de Forn
ingeniero,
director general de gfe associats

Ha llegado la crisis, y ya era hora. Ya hace unos dos años que se han ido creando las condiciones para iniciar un proceso de reflexión y de actuación decidida que pase por encima de los intereses de las tradicionales capillitas de Cataluña. ¿Cuáles son los fenómenos que permiten apoyar esta afirmación? Por un lado, los rápidos cambios en el ámbito de la palabra, la imagen y la información y, sobre todo, en su economía y función en el sistema productivo. Por otro lado, experiencias como Barcelona Accent de Cultura, que establecen las bases para un análisis y la colaboración entre los sectores implicados.

La crisis tiene varias expresiones: la necesidad de que la cultura se convierta en un sector productivo de gran alcance, ya que dado su alto valor añadido sustituye con creces las pérdidas en el sector secundario y, a la vez, crea un alto factor de atracción de la ciudad para ser base de actividades y de visita. Este discurso tiene la expresión mediática de ciudad del conocimiento, pero hasta el momento resulta muy difícil encontrar un contenido operativo (el más concreto y probablemente interesante es el 22@ de Poble Nou). Este fenómeno se complementa con el cambio de escala de la ciudad y la efectiva metropolización que comporta una diversificación de ofertas y sensibilidades, la necesidad de nuevas centra- lidades y la formalización de redes sobre el territorio.

Un segundo aspecto de la crisis lo encontramos en el cambio generacional de los protagonistas. El franquismo y la correspondiente necesidad de respuesta cultural, la transición, la recomposición democrática y la recuperación de las vanguardias y el éxito de la ciudad poniendo el urbanismo en primer plano han provocado que durante cuarenta años una misma generación haya dominado y controlado el ámbito cultural y se estén agotando tanto su mundo como el dominio de la modernidad cultural, que ha pasado a manos mucho más jóvenes, menos comprometidas políticamente pero, a la vez, más arraigadas en el fenómeno cultural como objetivo en sí mismo. Un tercer aspecto a tener en cuenta es que la cultura ha dejado de ser el elemento básico de la convivencia: las relaciones entre cultura y educación han dejado de ser estrechas. La cultura no cumple la función de integración social que tenía.

Por último, lo más emergente es lo que se encuentra en la base de todos los debates: la cultura deja de ser territorial para pasar a ser componente del bagaje de las personas. Los medios de comunicación, las facilidades de transporte y las tecnologías de la información facilitan que cada cual viva la cultura que desea. Barcelona y su entorno, que hasta hoy había sido una ciudad blanca, empiezan a vivir la diversificación de los orígenes territoriales, raciales y culturales que se incorporan a la ciudad y le dan nueva vida. Esta situación plantea una discusión histórica: ¿por qué hemos tardado tanto en acceder a la diversificación?, ¿cuál es en realidad la capacidad de acogida de nuestra sociedad? Pero también plantea el gran debate entre integración cultural y multiculturalidad.
En el entorno de cambios que acabamos de citar, el análisis de la cultura es complejo.

1. Creación. Hay que desmitificar la satisfacción envanecida; "somos buenos creadores de lo efímero y buenos organizadores de actos, pero no de las continuidades".

2. El problema se centra en la falta de gestión de la innovación, creación de riesgo y demanda de riesgo como paso previo. Esta gestión de la innovación es la que lleva a tener grandes figuras (la producción masiva es mayoritaria y, por lo tanto, menos vanguardista) y la que hace que la ruptura generacional sea más grande. Sólo en el teatro, en el que el proceso de innovación es más fácil, se dispone de sistema productivo. La debilidad del sector audiovisual y de contenidos es el punto más crítico a la hora de plantearse la Barcelona capital mediterránea del conocimiento y la cultura. Es necesario potenciar sistemas de capital-riesgo para la innovación cultural y potenciar los sistemas de mecenazgo y ayudas fiscales.

3. Tratar el tema productivo exige, en primer lugar, el acuerdo institucional en lo referente a ofertas de suelo, ventajas comparativas, etc. El caso de Retevisión podría ser un ejemplo de ello, así como el aprovechamiento de las batallas en Telefónica para atraer algunas de sus bases de actuación o el ya citado 22@. En segundo lugar, la ruptura de una dinámica que nos lleva a que el sector económico catalán no considere todavía, salvo honrosas excepciones, la cultura como una industria. Con todo, el coste para entrar en la industria de contenidos es muy alto y exige una decidida acción política por parte de la Administración.

4. Incorporar las nuevas tecnologías a todo el proceso cultural -creación, innovación, producción y difusión- y no tratarlas como algo extraño. Es preciso que el uso de las redes de información y telecomunicaciones sea creativo. Las administraciones tienen mucho que decir en esto. El Plan Estratégi-co para la Sociedad de la Información carece de la operatividad necesaria. En Barce-lona, la experiencia iniciada de los centros de difusión de tecnologías en los barrios es un paso hacia delante que debe complementarse con políticas específicas. Las opciones hacia la atracción de actividades basadas en las tecnologías de la información son generales en los ayuntamientos de los alrededores de Barcelona, pero los resultados son pobres y difusos.

5. En la definición de lo que es cultura se producen contradicciones vinculadas a las dificultades de conexión de las culturas tradicionales con el mundo prosaico de la realidad cotidiana. Investigación y desarrollo es cultura, pero después de expresarlo no se encuentra el modo de incorporación. La conexión cultura-universidad con el sector tradicional de la cultura tiene que ser uno de los principales objetivos de cualquier proyecto de revitalización cultural de la ciudad.

6. La oferta cultural interna crece, pero la demanda está más estancada pese al crecimiento de universitarios y personas con mejor formación básica. Aquí hay que intervenir desde los sectores público y privado: mejorar y aclarar los sistemas de distribución, crear canales para la comercialización y exportación de la cultura hecha en la Barcelona real, y establecer instrumentos de apoyo en temas jurídicos, de gestión, de marketing, de recursos...
7. El papel de la Administración debería ser, además de coordinarse y dejar de utilizar la cultura como elemento de confrontación política, la generación de demanda y la gestión de la innovación. En general, no se funciona así. La Administración se convierte en demanda encareciendo el mercado y contribuyendo a crear consagraciones que pueden obedecer a criterios de los gestores, incluidos los ideólogos, mucho más que a criterios objetivos. Las fórmulas de autofinanciación en boga y admitidas de manera seguidista comportan que la Administración intente gestionar el riesgo escaso y no la innovación, rompiéndose en el punto en que la sociedad barcelonesa es más débil.

8. Gestionar la innovación exige, en primer lugar, definir contratos-programa en los que se incluya el riesgo dentro de los objetivos de oferta; encontrar el equilibrio entre financiación en el mercado y financiación pública necesaria. Actuar, pues, sobre la oferta dando más oportunidades y ofertando la gestión de la experimentación o innovación. En segundo lugar, actuar sobre la demanda, ampliándola. Por esta razón debe introducirse un criterio fundamental en la gestión de las infraestructuras e instituciones generales que es la dimensión proyección. Se coincide en que Barcelona ciudad está sobrada de infraestructuras y que, en cambio, carece de gestión activa y conexión con la sociedad real.

9. El equipamiento cultural del futuro. Es el paradigma que debe marcar el paso de Barcelona por la cultura y la sociedad del conocimiento. Los equipamientos culturales poseen la estructura de museo, espacio centralizador de un área de conocimientos o creatividad. Hasta hace poco, se caracterizaban por su contenido; hoy, a menudo se caracterizan por su continente y el carácter estructurante urbano. Pero el Guggenheim es del siglo XX y no del XXI, y la Villette tiene veinticinco años. En un momento en el que el mundo se articula en redes y éstas responden mucho mejor a la dialéctica entre local y global, el equipamiento del futuro es crear el nodo principal de red o nueva universidad que permita la centralidad y la cooperación internacional, al mismo tiempo que, por su estructura, se adapte a la lógica metropolitana.

10. El Fòrum 2004 es una pieza clave. La impresión desde el plan es que se aborda como acontecimiento para crear marketing de ciudad y generar un nuevo impacto urbano de envergadura. Desde el punto de vista de la estrategia cultural, lo importante es el proceso hasta el año 2004, que debe permitir la comunicación entre jóvenes basada en la multiculturalidad favoreciendo creación y universalidad, pero que al mismo tiempo tiene que permitir industrializar todos los fenómenos vinculados a la incardinación de las culturas locales en el mundo global: sistemas de traducción automática, inteligencia artificial adaptada a la interpretación y contextualización de hechos, simulación virtual de entornos, etc. Éste debe ser el esfuerzo central de conexión de la cultura con el Fòrum, y no tanto el hecho de prever actos para entretener al personal durante seis meses.
Continuar con el debate y encontrar respuestas y soluciones a todos los puntos es básico y fundamental. También requiere mucho tiempo. Yo propondría empezar hoy creando el portal "Cultura Barcelona", que tuviera como objetivo ayudar al sector, dar a conocer las actividades culturales, crear una intranet de intercambios profesionales y una extranet para conectar el sector cultural con el exterior, proporcionar noticias, comparar políticas culturales, etc. Si de las barraquitas y las capillitas debe salir un sector cultural, potente y motor de la Barcelona del futuro, lo primero que debe hacerse es romper los compartimentos estancos y abrir y difundir la información. Con buena información nos ahorraremos debates estériles y genéricos.