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Los motores
de la Fundaciķ Joan Mirķ

Texto: PILAR PARCERISAS


La Fundació Joan Miró nació como consecuencia de una creciente estima y reconocimiento de la ciudad de Barcelona por la figura de Joan Miró. Esta iniciativa venía precedida de unos homenajes: la exposición de obras de Miró en las colecciones catalanas, organizada por el Club 49 en las galerías Layetanas el mismo año 1949 y, sobre todo, de la antológica en la capilla de l'Antic Hospital de la Santa Creu (1968) y de la exposición Miró, otro (Colegio de Arquitectos, 1969). Pero los vínculos entre Miró y Barcelona se fueron ampliando y los artistas y amigos de Miró, procedentes de las filas del ADLAN (Amics de l'Art Nou) de los años 30 y que siguieron reuniendo sus inquietudes en torno al Club 49 (Joan Prats, Joaquim Gomis, Eudald Serra, los arquitectos del GATCPAC, etc.), a los que se añadió una nueva generación más vinculada a Dau al Set (Tàpies, Brossa, Cirici) consiguieron la fuerza suficiente para obtener la colaboración de Lluís Sert y del mismo Miró a fin de dejar un doble legado a Barcelona, un edificio y una obra reunidos en la Fundació Joan Miró.

Cuando se abrió la Fundació Joan Miró en Barcelona el año 1975 era, como institución, la gran esperanza de reencuentro con una normalidad de la vanguardia internacional y, una vez fracasado el proyecto de Museu d'Art Contemporani que Alexandre Cirici había movido a la Cúpula del Coliseum, la nueva entidad tuvo que suplir las funciones que no realizaba ningún centro o museo en Barcelona. Así, algunas exposiciones marcaron aquellos inicios de obsesión por muestras internacionales de vanguardia, como Amèrica/Amèrica de arte abstracto norteamericano o una memorable muestra sobre la Bauhaus. En el ámbito local, la Fundació acogió las grandes exposiciones del arte conceptual catalán y del arte de los 70, con Art amb nous mitjans, 1966-1976 (1976), o Pintura-1 (1976), abriendo las puertas al arte joven y experimental con el Espai 10, programación que ha continuado con el Espai 13, aunque quizás haya sido en los ochenta cuando este espacio obtuvo eco.

Con los años, la Fundació ha ejercido poco los contenidos de su subtítulo (CEAC. Centre d'Estudis d'Art Contemporani) y se ha ido aproximando a lo que sería un museo Miró, ampliando su patrimonio con la colección de obras de amigos en homenaje a Miró u obteniendo depósitos de colecciones privadas, contribuyendo a una investigación, profundización y divulgación de la obra de Miró a partir de una serie de muestras de gran nivel que ayudaron a preparar el brillante centenario de 1993, comenzando por Miró, anys 20. Mutació de la realitat (1983), a la que siguieron Miró, escultor (1987), Joan Miró, 1893-1993 (1993) o Miró en escena (1994).

Aunque cada vez más ha ejercido de museo Miró, la entidad ha dispensado una atención especial a los amigos de Miró en su programación temporal (Prats, Brossa, Català-Roca), acogió los debates de las Jornades Fotogràfiques de 1981, manteniendo un interés abierto por la fotografía, y si bien ha cedido su espacio a muchas exposiciones de artistas internacionales, pocas han sido de producción propia. Una memorable excepción, hoy ya irrepetible, fue la antológica de Marcel Duchamp en 1983. La Fundació se ha preocupado por abrirse interdisciplinariamente por medio de las actividades musicales, cinematográficas y los espectáculos infantiles, que han mantenido su vínculo con la ciudad y con la filosofía de sus orígenes.

El ambiente turístico generado por la Barcelona postolímpica ha propiciado una avalancha de visitantes a la Fundació. Pero con la "turistada" ha perdido intimidad y relación con la ciudad y su sector artístico, que responde unitariamente tan sólo a grandes convocatorias, como la de este 25º aniversario, punto de encuentro, de recuerdos y de homenaje. Se ha convertido más en "Fundació-souvenir" de su propia historia, y el debate artístico pasa ya por otros recorridos, un vez se ha multiplicado de una manera sin precedentes la oferta de espacios, museos y centros de arte.

Por el camino, se ha perdido el Premi de Dibuix que llevaba el nombre de Joan Miró -tal vez no se le ha sabido dar una dimensión actualizada- y, por contra, se ha ganado una beca para el estudio de su obra, que es un hecho positivo. La Fundació Joan Miró sigue siendo una institución vital para el emplazamiento de Barcelona en la comunidad artística internacional, y la opción tomada de reforzar la colección, la obra y el nombre de Joan Miró empieza a tomar cuerpo y a dar resultados con la aportación de la colección japonesa de Kazumasa Katsuta, prestador de relevantes obras a la muestra del centenario.