english


portada

INFORME



portada de BMM
correo
archivo

El Espai 13, el laboratorio
de investigación artística

Texto: VICENÇ ALTAIÓ


A lo largo de sus veinticinco años, la Fundació Miró ha sido el centro de arte contemporáneo más importante de Barcelona. Y el Espai 13, la iniciativa más innovadora que ha surgido dentro de este equipamiento privilegiado de Montjuïc. Por este ámbito reservado a los nuevos
creadores han desfilado, a lo largo de más de dos décadas, casi trescientos artistas. Según Vicenç Altaió, responsable del Espai durante muchos años, se trata del laboratorio de arte más significativo de Barcelona. Coincidiendo con la publicación del balance sobre lo más relevante que se ha producido en los diferentes sectores de la cultura, hemos escogido el Espai 13 como la
iniciativa más destacada en artes plásticas.
 © Pere Pratdesalba  

Sobre la puerta de entrada de la Fundació Joan Miró pueden verse unas caligrafías amplias, vivas y coloristas. Están dibujadas a mano por Miró, son tan espaciales que conviven hermanadas con la arquitectura racionalista mediterránea de Sert y, fundidas, con los signos nocturnos y diurnos del Universo. No todo el mundo repara en ellas al pasar por debajo; unos cuantos lo leen, y muy pocos, todavía menos, conocen el sentido de la palabra "CEAC". Ésta era la proclama de Miró y el nombre con el que quería que se proyectara su fundación patronímica: Centre d'Estudis d'Art Contemporani. La Fundació desempeñaría, en consecuencia, una doble actividad: la de conservar un fondo de Miró, estudiarlo y difundirlo, y la de ser un centro abierto al arte más nuevo, en el que tuvieran cabida la poesía, la música, la danza y otras actividades del espíritu.

No debe olvidarse que Miró formó parte, de joven, del grupo surrealista según el cual la renovación e investigación plástica era equivalente a renovación espiritual, política y social. El Miró plácido fue siempre un infatigable trabajador individualista que combatía con su arte, pero también una persona solidaria con la resistencia civil catalanista. Ya de mayor, adinerado y con un inmenso reconocimiento internacional, dejó a Barcelona un reto para el futuro, en contra del espíritu adormecido y anclado en el pasado, a favor de la vanguardia liberadora y de la creación como lenguaje. También más a favor, huelga decirlo, de la fuerza poética nacida de lo inconsciente, de lo anónimo y de la cultura popular que de la civilización industrial-racional occidental. Bajo la dirección, en un primer momento y a lo largo de los cinco primeros años, de Francesc Vicens y, muy pronto y con gran relevancia, de Rosa Maria Malet, las dos funciones se han fusionado en una y ha logrado un gran éxito. En el momento de celebrarse los veinticinco años de su apertura, el balance realizado por la crítica especializada y los medios de comunicación es inmejorable, y hay que destacar sobre todo la alta estima en que lo tienen los barceloneses y el turismo cultural. No hay ningún otro centro de arte de la ciudad que tenga, entre nosotros, tanto prestigio cultural, civil y republicano, imaginativo y festivo como la Fundació Miró. También es el museo más reconocido internacionalmente.

INVESTIGACIÓN
Con todo, quisiera llamar la atención sobre una de sus actividades que no por menor es menos relevante en su programación: el Espai 10 (1977-1987), posteriormente llamado Espai 13 (desde 1988 hasta ahora). Esta pequeña sala, ubicada primero con el nombre de Espai 10 en primer plano, en la entrada, junto al patio del olivo, y más tarde, cuando aquí se instaló la tienda de subproductos de calidad derivados del mercado popular made in Miró, desplazada al sótano con el nombre de Espai 13, se ha constituido en el auténtico laboratorio dedicado a los jóvenes creadores y al arte más nuevo.

INVESTIGACIÓN+DIFUSIÓN
Las cifras de resultados son espectaculares: más de una veintena de temporadas con una media de ocho exposiciones anuales, más instalaciones fuera de los límites del Espai, más acciones y otras exposiciones colectivas que suman un total de unas 150 exposiciones. Esto quiere decir que aquí se han mostrado obras de unos trescientos artistas, sin prácticamente ninguna repetición y con una regeneración de edad y tendencia estética permanente. Por su trayectoria temporal y de continuidad, podríamos asegurar que ha sido el laboratorio de arte más significativo de Barcelona. Más adelante me ocuparé de señalar aspectos de calidad estética y de renovación ideológica.

De hecho, por la dimensión del espacio y los presupuestos dedicados, podríamos encontrar un paralelismo -poco habitual en las políticas culturales en el mundo de las letras y las artes- con el tanto por ciento que en ciencia y tecnología se dedica a investigación más desarrollo. Esta voluntad ha sido constante, sin decaer a lo largo de los años y sin reducción, pese a los cambios experimentados en los museos de cara a buscar resultados de consumo por encima de la independencia intelectual. Además, el hecho de que la primera exposición del Espai 10 se realizara en enero de 1977 quiere decir que tenemos un conjunto preciso que nos permite evaluar de manera compacta la evolución del arte en la democracia que vino después de la dictadura hasta hoy.

Vicenç Altaió y el fotógrafo Francesc Català Roca escuchando música de Badouin Oosterlynck en
una instalación musical-performance

   

PARTICULARIDADES
Si estableciéramos una cronología y la marcásemos con cortes conceptuales, podríamos señalar diversos periodos diferenciados y a la vez diversas características comunes. Estas últimas ayudan como constantes a entender la dinámica de selección:

1. Artistas jóvenes y a menudo inéditos, no reconocidos y al margen del circuito museográfico y comercial. Muchos de los nombres, sobre todo de los primeros años, son por edad artistas que hoy ya han alcanzado un amplio reconocimiento y que con frecuencia figuran en la escena nacional e internacional con exposiciones individuales y retrospectivas en museos y centros de arte contemporáneo. Su obra, además, tiene un elevado valor en el mercado del arte. Por otro lado, los de prácticas más atrevidas e inmateriales son artistas que trabajan por encargo y que a menudo participan en exposiciones de tesis. Al grupo de los primeros pertenecen artistas catalanes como Susana Solano, Frederic Amat, Perejaume, Jaume Plensa, Duran Esteva, Riera i Aragó, Jordi Colomer, Antoni Abad, Aureli Ruiz, Joan Rom y Jesús Galdón; artistas del resto de España de la talla de Miquel Navarro, Ángel Bados y Eva Lootz; o artistas procedentes de otras culturas y lugares como Panamarenko, Jacques Vieille, Bill Viola, Ange Leccia, David Mach, General Idea y Chéri Samba. Y del segundo grupo, de orden más conceptual, citamos unos cuantos muy significativos: Pere Noguera, Jordi Benito, Carles Pujol, Francesc Torres y Àngel Jové; y, de prácticas tecnológicas, destacan Roc y Narcís Parés de Galeria Virtual. En ambos casos, todos figuran con nombre propio en la historia del arte.

2. Prácticas artísticas abiertas y interdisciplinarias. De la experimentación en las artes llamadas tradicionales como el tejido (Codina, Ximénez), el vestuario (Duran Esteva) y la cerámica (Noguera, Benet Ferrer) a la experimentación con nuevos materiales para la escultura (Carr, Solano, Plensa, Gabriel); de la performance (Benito) a las primeras tentativas tecnológicas (Pujol); de la ilustración (Rossell) a la fotografía (Colita, Esclusa, Sentís); de la danza (Petit Comitè) al teatro visual (el colectivo +++); de la música electroacústica (Polonio) al arte sonoro (Oosterlynck); del arte del comer (Selz) a la arquitectura (Viaplana y Piñón); de los límites de la pintura de género (Borrell) y la escultura (Navarro) a instalaciones efímeras o ensamblajes objetuales (¡los hay a mares!).
3. Un papel de debate y de formación de comisariado para la crítica de arte. A excepción de los inicios, las cinco primeras temporadas, desde el año 1982, desde que Rosa Maria Malet fue nombrada directora en funciones, la programación que hasta entonces realizaba el mismo colectivo de artistas pasó a ser propuesta por la crítica de arte, ya fuera de manera colectiva, a título individual o confrontando entre ellos y ellas diversas opciones en un mismo ciclo. Éstos a menudo presentaron el ciclo con un título común, y si bien repitieron como comisarios en alguna ocasión, muy pocas veces lo fueron más de dos temporadas.

Los miembros del grupo General Idea, dentro del túnel del sida de la exposición "A.I.D.S."

© Martín García  

La lista de críticos es breve, pero el sentido que le dieron describe orientaciones y oscilaciones y convierte lo que allí pasaba en el termómetro del estado de la creatividad, a la vez que nos sirve para observar las diversas mutaciones que el arte ha sufrido en estos años. El poeta y amigo de artistas Altaió y las críticas de arte Glòria Picazo y Rosa Queralt, seguidoras puntuales de todo lo que se cocía en los talleres, fueron los primeros a los que se les encargó esta tarea. El viatge era el nexo de unión bajo el que se plantearon, además de las exposiciones individuales, otras colectivas, además de presentar entornos en el exterior y el interior del edificio y diversos acontecimientos, acciones y fiestas. El Espai se abrió a artistas extranjeros. Al año siguiente el poeta Hac Mor y las críticas Pilar Parcerisas y M. Josep Balsach optaron por confrontar opciones diferentes, la pervivencia de artistas conceptuales, la estructura del laberinto o el maquinismo. Pere Salabert, María José Coromines y Lena Balaguer optaron por un planteamiento más ecléctico, en plena crisis de la vanguardia y la aparición de la transvanguardia. De nuevo, Altaió y Picazo presentaron dos ciclos seguidos: El gust i les diferències, no tanto como discernimiento de lo bello y lo feo como en cuanto forma de concretar alternativas radicales bajo el denominador común del gusto, y De la causa i de l'objecte, donde se presentaron trabajos singulares de un nuevo imaginario conceptual y narrativo a la vez. Margit Rowell fue durante los años 1988 y 1999 una excepción; estaba avalada por un notable prestigio como crítica de arte, comisaria en grandes exposiciones y conservadora en grandes museos instituciones. Sus propuestas fueron más formales que experimentales y muy individualizadas. Miquel Molins, durante el primer año, 1990, dio cierta continuidad a este espíritu con artistas del país bajo el representativo título de Figuracions a l'espai, pero en su segundo comisariado se decantó por problemáticas más políticas: la naturaleza contaminada por el arte, el sida, el tercer mundo, el genocidio en Formes de la dissensió. La década de los noventa vino guiada por críticos de arte de una nueva generación que se habían preparado académica y experiencialmente como tales mediante formación en el extranjero. Es el caso de Frederic Montornès, que venía del Magasin de Grenoble; de Mònica Regàs, que vivía en París, y de Ferran Barenblit, que había trabajado en los EE.UU. Las dos últimas temporadas han estado marcadas por la propuesta de la tecnología crítica, experimental y creativa, de la mano de Jorge Luís Marzo, Teresa Badia y Rosa Sánchez, o bien, este año, por un ciclo preparado por Michy Marxuach donde se presenta arte de jóvenes artistas del Caribe que plantean la problemática de identidad y frontera.

Si marcásemos los periodos de manera cronológica e histórica, diríamos que el Espai 10 se inició con una confrontación doble, entre artistas pintores que hurgaban en los límites de la pintura y aquellos otros que se abrían a experimentos más objetuales y conceptuales. Y que el Espai 13, hoy, después de una progresiva diseminación y desmaterialización del arte, ha trasladado aquella problemática artística a lo social. Sin embargo, si entonces la tensión de lo social afectaba al arte como núcleo exploratorio, ahora diría que pasa al revés. De la dureza y experimentación del arte a un arte menos innovador que quiere expresar las nuevas problemáticas de la globalización y la tecnología.

Los periodos son relativamente claros:
1977-1982: Su característica primera fue la autoprogramación de un colectivo de artistas y críticos, Àmbit de recerca, que se arremolinaron en torno al que era prácticamente el único espacio artístico que se consolidó en Barcelona desde el primer momento. Su primera propuesta fue Art amb nous mitjans, a la que siguieron muestras tan significativas como Objecte i Pintura, en las que se consolida una ruptura histórica entre los conceptuales, unos por la pintura-pintura y otros por prácticas con otros medios. Aquí nace el Espai 10 según los criterios de selección de un comité de actividades. Exponían únicamente -síntoma del aislamiento de la dictadura- artistas catalanes residentes en Barcelona o en el extranjero y artistas extranjeros residentes en Barcelona. Hay que constatar la presencia de artistas de la Cataluña Norte. Se nota el callejón sin salida al que había llegado lo conceptual, pese a que no se diferencia la obra de la actitud ni del discurso crítico. Lo que es puro y natural, abstracto y mental, prima. Desde una pretendida reinvención de la pintura (Franquesa) hasta el daño en suelos y soportes, hasta su relación con la naturaleza (Miralles, Girós) y las pruebas de volúmenes y materiales (Palomer, Foulon). Los trabajos más anticonvencionales y subjetivos, a la vez que marcados por una deriva de lo conceptual, son, en perspectiva, los más determinantes: Ribé, Miralles, Pujol y Torres.

1982-1987: Es un momento de eclosión de nuevas actitudes y de una nueva generación, que mantenía una estrecha relación interdisciplinaria con la teoría y el acontecimiento. Oasis y punta de lanza. Amparados por críticos de arte, se tematizan los ciclos de un modo abierto y contrastado. La desmovilización política recibió el nombre de desencanto; en cambio, el prestigio del arte de vanguardia llegó al gran público y se difundió a través de los medios de comunicación. La progresiva socialización de la cultura fue acompañada de la internacionalización, y con el apoyo de las culturas europeas al arte más innovador los artistas recibían ayudas con dinero público. Se alcanzó una presencia internacional continuada, de acuerdo con los cambios estéticos y los nuevos valores punta. La encrucijada acortó distancias generacionales, de lenguajes y de maneras. Las tendencias dominantes neoexpresionistas y la transvanguardia quedaron al margen, mientras que un cierto neodadaismo y la liberación de la adhesión política o formal llevaban a un arte de medios múltiples y ficciones subversivas: obras abiertas y muchas instalaciones. El hecho de que la primera apertura de este ciclo fuera una acción de Perejaume, en la que los decorados paisajísticos y pasatistas se apoyasen sobre la fisonomía de la vanguardia racional e higiénica, acentuaba unas nuevas relaciones, acercaba mundos autoexcluyentes. Se iniciaba, muy pronto entre nosotros, la posmodernidad. Brossa y Mestres Quadreny estaban presentes, como referencia y como primeros espectadores que daban su apoyo.

Obra iluminada inaugural, de Viaplana-Piñón, la pareja de arquitectos más apreciada por los artistas en los años ochenta

© Martín García  

1988-1991: Fueron unos años de paréntesis. El arte innovador realizado por gente joven estaba presente en todas partes. En Barcelona, nuevos espacios como Metrònom o la sala Montcada, espacios institucionales como Santa Mònica, u otros diseminados por todo el territorio, como Espais en Girona y el Tinglado 2 en Tarragona, se ocupaban igual que exposiciones punteras, muy difundidas o en la dinámica de nuevas galerías, de lo más atrevido. El laboratorio se había extendido por todas partes. Paradójicamente, lo que se había extendido aquí, retrocedió. El amontonamiento de las formas lúdicas de utopía, la seducción despierta, se paralizaría a favor de la ortodoxia formal. Sense títol fue el programa de Margit Rowell que presentaba experiencias cualificadas de artistas avalados por una trayectoria internacional en pujanza. La ausencia de interrelación con el contexto y su violencia crítica hicieron fracasar su pureza. El primer programa de Miquel Molins acentuó las variables con el esfuerzo de contextualizar variadas propuestas únicamente catalanas de calidad. La calidad de las propuestas (Jové, Esclusa, Mauri, Valverde y Rom), sin embargo, actuaba por selección sobre un entramado más vivo y potencialmente arriesgado. El desplazamiento físico del espacio, que fue a parar a las catacumbas, hacía perder el sentido de apuesta o prólogo para convertirse en epílogo. Una inteligente corrección, políticamente comprometida, haría que el ciclo con el que se cerraría el paréntesis irrumpiera con fuerza en el debate sobre política y arte.

1992-1998: De la mano de comisarios cíclicamente jóvenes, el Espai 13 recuperó viejos anhelos. Con una programación estable, interna, sin rupturas pero con curiosidad despierta, este periodo está marcado por la normalidad. "Un arte -en palabras de Mònica Regàs- a veces sucio, ebrio; otras ingenuo o chapucero, humilde o corrosivo, según los días, pero siempre en contacto, siempre amigo de las cosas cercanas, de las cosas frágiles, de todas las cosas". Imágenes y objetos en un proceso de deconstrucción y de citación, de subjetivación y de atención a las nuevas emergencias. El ciclo Bloc de fragments, a cargo de Montornès, por ejemplo, destaca porque casi todos los artistas son mujeres. En este proceso de desmaterialización, Ferran Barenblit propuso dos ciclos antagónicos que giran en torno a la identidad y la condición humana: en Anatomies de l'ànima toma la descripción del cuerpo como objetivo de la esencia del espíritu y en Cercles invisibles analiza el entorno que nos separa del mundo exterior. Él mismo observa que el artista del fin de siglo, el artista-intérprete, analiza el contexto propio por encima de la introspección del yo, como era propio del arte de principios de siglo.

1998-2000: La irrupción de las nuevas tecnologías en el mundo de la comunicación y la globalización de la economía ha desencadenado una problemática que el arte como ilusión ya había ido prefigurando. El ciclo Singular Electrics, como apuntaron sus comisarios, se interesaba más por la singularidad que por la generalidad, y ofreció propuestas experimentales, interactivas y virtuales. Más allá del mundo físico, las nuevas tecnologías cambian de representación y desbordan los límites del conocimiento. Como contrapunto, el último ciclo Un oasi en el desert blau, comisariado por una crítica puertorriqueña, presenta artistas de un país y de una cultura lejanos que se han formado en la gran metrópoli, el símil de una ciudad ascendente hacia donde el arte y la sociedad entera emigran.


Propuestas para la temporada 2000-2001

Nos han pedido a tres ex comisarios del Espai 13 que volvamos, ahora que el centro ya se ha hecho mayorcito: 25 años, una generación, ni más ni menos. El triunvirato catalizará, eso esperamos, las energías y las oposiciones de los tres a fin de abrir el Espai a la madurez, inscribiéndolo dentro de un circuito internacional.

Queremos abrir el Espai 13 a propuestas de artistas difícilmente visibles en otros lugares de esta ciudad; resituándolo debidamente a la altura de las necesidades artístico-culturales que a nuestro entender deberían estar cubiertas en Barcelona; replanteando su función sobre la base del tiempo en que vivimos.

El ciclo 2000-2001 ha quedado bastante sólido, con una sabia mezcla de apuestas jóvenes (Carles Congost, Santiago Mayo), en continuidad respecto a las programaciones anteriores; una serie de propuestas de artistas algo mayores, con trayectorias muy independientes (Michel François, Erwin Wurm, Joseph Grigely), y algunas estrellas internacionales (Claude Lévêque, por ejemplo) que todavía no se han visto en Barcelona.

Per a tots els públics es el resultado de la propia historia de este programa. Nuestra propuesta para el 2000-2001 comparte algunos de los rasgos que han distinguido la programación del Espai 13 desde su concepción -la apuesta por unos artistas y unos lenguajes comprometidos con las tendencias contemporáneas- a la vez que propone algunos nuevos, como por ejemplo una diversidad aún mayor de los creadores que participan y la extensión del programa a otras salas de la Fundación.

La obra de Nicola Costantino (Rosario, Argentina, 1964) es una buena muestra de esta voluntad. En esta exposición tendremos la oportunidad de ver su impresionante friso, una larga banda de bajorrelieves obtenidos a partir de calcar cuerpos de animales nonatos, una reflexión sobre la morbosidad y sobre los límites que separan la belleza de lo siniestro. El artista también presentará su Pelleteria amb pell humana, una vestimenta que uno podrá probarse en la propia sala. La exposición dedicada a Joseph Grigely (Springfield, Massachusetts, 1956) nos permitirá conocer la obra de este artista, basada casi exclusivamente en textos de otras personas. Sordo desde los once años, Grigely colecciona las conversaciones apuntadas sobre papel que genera a diario, creando una obra que reflexiona sobre los actos comunicativos, llevando a los espectadores a enfrentarse a las complejidades de la palabra escrita y su condición de lenguaje paralelo al que habitualmente encontramos.

Hay que ver el ciclo globalmente para intuir un futuro posible del Espai 13: apuesta, radicalidad, diversidad, violencia incluso; pero también vitalidad, ternura, alegría, y lo más importante: ¡simpatía! Un ciclo apto para todos los públicos.

¡Que tengas una larga y feliz vida, querido Espai 13!

Ferran Barenblit,
Frederic Montornés y Monica Regàs
Comisarios del Espai 13


Fieles al espíritu de la letra

1977-1978
Artistas: Maria Teresa Codina,
Josep Ponsatí, Carme Serra Viaplana,
Pilar Palomer, Xavier Franquesa,
Pere Noguera, Àngels Ribé y Antoni Egea.

Àngels Ribé no separaba el arte del artista. Con actitud introspectiva se defendía del objetivo de buscar la belleza fuera. Hac Mor veía en su gesto "una estética de la no-gratuidad, del no-perfeccionismo y la no-complacencia en los elementos formales". Hacía seis años que Ribé residía en Nueva York.

1978-1979
Artistas: Alfons Borrell, Josefina Miralles, Jordi Cerdà, Carles Pujol, Ernesto Fontecilla, Miquel Buades, Colita y Xavier Olivé, Bernadette Foulon, Font Díaz,
Francesc Torres y Jordi Benito.

Jordi Benito bañado en sangre en plena acción de Barcelona Toro Performance. TRA-SA V = B.P.L.W.B.78.79. A través del ritual, el sacrificio, el misterio y el dolor, el artista se fundía en una conciencia colectiva adormecida y provocaba la participación anímica. Teatro real igual que arte en tiempo real.

1979-1980
Artistas: Joan Mora, Duran Esteva,
Joan Hernàndez i Casellas, Rosa Valverde, Merche Hoyos Serra, Rosa Vives, Benet, Susana Solano, Hannes van Es,
Enric Pladevall, Rufino Mesa, Jaume Plensa.

Cartel de la exposición Museu de Primavera. Enric Pladevall reunió y recreó armas para jugar a guerra, como cerbatanas (tubos de bolígrafo Bic), pistolas hechas con agujas de tender la ropa, arcos y otros juegos de calle fabricados con los materiales característicos: cajas viejas, trozos de aulaga y cornejo, cañas, etc.

1980-1981
Artistas: Tom Carr, Antoni Forcada,
Michel Goday, Guillemot-Navares,
Salvador Juanpere, Ernest Puig,
Lluís Doñate.

La pareja Guillemot-Navares se retrató junto a un experto que verifica la autenticidad de un Leger, de un Picasso y un Mondrian con un Miró al fondo. Bajo un lema de Satie, "Pese a que nuestras informaciones sean falsas, nosotros no las podemos desmentir", presentaron un centenar de pastiches de arte con mentira e iconoclastia.

Imágen de "Country Girls", la historia ficticia de tres adolescentes, explicada por Carles Congost como si fuera un cuento transportable y adaptable a cualquier espacio

© Eva Guillamet  

1981-1982
Artistas: Gerard Joncà, Seve Flores, Shichiro Enjoi, Albert Girós, Maria Helguera, Josep M. Sans, Laura Lamiel, Eduardo Polonio y Rafael Santamaria.

1982-1983
Ciclo
: "El viatge".
Comisarios: Vicenç Altaió, Rosa Queralt
y Glòria Picazo.
Artistas: Perejaume, Noël Cuin, Deidi von Schaewen, Carles Pujol, Miquel Navarro, Lisa Rehsteiner, Vollrad Kutscher, colectiva "El vestit", Gabriel, colectiva "Quaderns de viatge", Marta Sentís, Andreu Terrades, Claude Caillol, Antoine Laval y Jordi Valverde.

Miquel Navarro presentó un inmenso complejo escultórico que cobraba forma de ciudad. En el fragmento se puede observar la autonomía de las piezas y la independencia de los materiales que acababan creando una totalidad global con vestigios de arquitectura antigua y moderna, popular e industrial.

1983-1984
Comisarios: Carles Hac Mor, Pilar Parcerisas y Maria Josep Balsach.
Artistas: Eugènia Balcells,
Carmen de la Calzada, Dorothée Selz,
Jordi Colomer, Àngels Ribé, Marga Ximènez, Pep Domènech, Lluís Vilà, Elena Tondi,
colectiva "Els laberints", Tom Pupkievicz, Robert Bofarull, Carles Martínez,
Francesc Vidal, Ricard Baquié, Lluís Cortés, Riera i Aragó, Panamarenko, Benet Rossell, colectiva "La ruïna" y Àngel Bados.

Panamarenko presentó un insólito aeroplano de formato considerable lleno de ingenio y fragilidad. Como un artista renacentista fascinado por la trepidante erótica de la modernidad, inventaba máquinas de vuelo cuya utilidad es la belleza onírica de la utopía.

1984-1985
Comisarios: Pere Salabert, María José Corominas y Lena Balaguer.
Artistas: Xavier Canals, Esther Ferrer,
Roger Esteve, Grup Positura, Eric Snell,
Geles Viladomiu, Jean-Luc Fournier,
Pep Kamps, Leonard Beard, Isaac Víctor Kerlow, Alejandro Dhers, Jorge Sarraute,
Alfio Bonnano, Gunner Moller Pedersen,
Jean Clareboudt, Eberhard Bosslet.

1986-1987
Ciclo: "El gust i les diferències".
Comisarios: Vicenç Altaió y Glòria Picazo.
Artistas: Pep Duran Esteva, Luigi Stoissa, Noëlle Tissier, Jacques Vieille, Gabriel, Baudouin Oosterlynck, Eva Lootz, Miquel Egaña, colectiva "Aigua i aigua", Pere Noguera, Chérif & Silvie Defraoui.

Jacques Vieille constreñía, con una monumental pirámide de caballetes de madera, el espacio, del techo al suelo. El objeto escultórico deja de construirse en sí para reformular con la repetición del objeto ya hecho una masa en tensión con el espacio del arte y construir así una ficción de arquitecturas frágiles.

Eva Lootz en "Arenes" unía y diferenciaba dos elementos, lo vacío y lo lleno. Embalse y trasvase de tierras líquidas en un circuito de comunicación cruzada. Esta construcción de arte pobre, ligada al arte de la tierra, exploraba más allá de las reminiscencias arquitectónicas el sentido de arquetipo universal y la diferencia de géneros.

Chérif & Silvie Defraoui, en la instalación I si la terra perdés el seu poder de atracció, ponían en desequilibrio oposiciones fundamentales como la geometría y la figura, lo cotidiano y la memoria. Interesados por el sentido de la catástrofe en la historia, inventaban ficciones históricas banales y creaban una ecología de la percepción.

1987-1988
Ciclo: "De la causa i de l'objecte".
Comisarios: Vicenç Altaió y Glòria Picazo.
Artistas: Petit Comitè, Jordi Colomer, Antoni Abad, Ange Leccia, Aureli Ruiz, colectiva Actituds, Natividad Bermejo, Francisco Felipe, Juan Hernández Loeck, Luc Deleu, Erna Verlinden, David Mach, colectiva "So i llum", Joan Duran, Pere Noguera, Riera i Aragó.

Jordi Colomer, nacido en 1962, representa la tercera generación de los artistas del Espai 10, después del dogma conceptual y los últimos vanguardistas. En Prototips ideals recrea un ideal con humor y absurdo. Estructuras y arquitecturas fuertes y objetos domésticos provisionales con toques de lírica aleatoria. El reciclaje de los materiales acentúa la sostenibilidad del progreso.

Ange Leccia era considerado uno de los escultores más significativos del objetualismo deconstructivo francés. Ordena, pone en escena y transforma objetos de fuerte contenido. En esta situación, encaró en el centro del espacio dos porterías de fútbol. Liga virtualmente lo que sugiere el desplazamiento, el encuentro y el roce en la zona de contacto.

David Mach era uno de los artistas más singulares de la escultura inglesa que promovieron la recuperación del objeto cotidiano. En el ciclo De la causa i de l'objecte propuso una gran ficción de encanto: una infinidad de pequeños ositos de fieltro entraban un árbol de grandes dimensiones cortado a trozos por encima de un mobiliario antiguo de sueño. El arte de lo posible entre lo imposible.

1988-1989
Comisaria: Margit Rowell.
Artistas: Pello Irazu, Marie Ponchelet,
Bruno Bolze, Federico Guzmán, Erik Levine.

Erik Levine presentó tres esculturas muy formales y cuidadas dentro de la tradición culta norteamericana, que procediendo del arte minimal, se impregnaba de una espiritualidad distinta. Con el contraplacado propio del mobiliario introducía una sutil ironía en una geometría impregnada de lirismo y sensualidad.

1989-1990
Ciclo
: "Figuracions de l'espai".
Comisario: Miquel Molins.
Artistas: Àngel Jové, Manel Esclusa,
Anna Mauri, Lorenzo Valverde, Joan Rom, Albert Viaplana y Helio Piñón.

Viaplana-Piñón eran la pareja de arquitectos más apreciada por los artistas en los años ochenta. Obras iluminadas, inaugurales, llenas de silencio e invención. Por el espacio experimental de la Fundació Miró habían pasado todo tipo de artistas, pero pocos arquitectos, pese a que la arquitectura había sido capital en el pensamiento artístico, como más tarde lo sería la ciencia. La arquitectura es anterior a la arquitectura, inhabitada como una mesa puesta para la contemplación.

1991
Ciclo: "Formes de la dissensió".
Comisario: Miquel Molins.
Artistas: Perejaume, General Idea,
Chéri Samba, Roberto Sánchez
y Guillermo Gómez Peña.

Perejaume, en la fiesta de apertura del Espai 10 de 1982, había instalado telones de teatro con paisajes pasatistas dentro de la arquitectura racionalista higiénica. Acercando dos cañones distantes inauguraba una época sin fronteras, de libertad en los géneros, las escuelas y las formas. En estos montones de figuración estable, la pintura es naturaleza, y la naturaleza, grumos de pintura seca. Así, la estética no se alejaba de la política, ni el paisajismo de la ecología.

1991-1992
Ciclo: "Comunicacions. El vigor de l'efímer".
Comisario: Frederic Montornès.
Artistas: Jarg Geismar, Esther Rovira, Manuel Saiz, Paco Vacas, Idroj Sanicne, André Jasinski.

Manuel Saiz nos hacía atravesar el umbral, una pared efímera de ladrillo construida dentro del espacio, a fin de devorar la obra o la información del otro lado del tabique. El artista saludaba nuestra impotencia, la visibilidad de la dificultad. Nada es accesible, la comunicación se basa en un malentendido, el arte dura mientras niega.

1992-1993
Ciclo
: "Bloc de fragments".
Comisario: Frederic Montornès.
Artistas: Montserrat Soto, Ana Laura Aláez y Alberto Peral, Ester Baulida, Mitja Tusek.

Ana Laura Aláez nos mostró un mundo personal en el que la seducción y la angustia se exaltaban con la misma intensidad. En un momento de dilentantismos y de actitudes subjetivas, el artista se repliega en su mundo y se identifica con recreaciones banales. El arte perdía utopía, independencia y subjetividad. El objeto externo común ya no pertenece al sujeto, ni al lenguaje, más que a la época.

1993-1994
Ciclo
: "Sense títol".
Comisario: Frederic Montornès.
Artistas: Serafín Rodríguez, Susy Gómez, Jesús Martínez Oliva, Tere Recarens,
colectiva "Corpus delicti".

Susy Gómez afirmaba que un "sin título" era "un no querer poner límites a una cosa a fin de no definirla". Cada uno se ha ido transformando en un "s. t.". Ya no es aquel sentido colectivo de "cuando digo yo, quiero decir nosotros". Con la vanguardia se mató la obra como unidad; con el posmodernismo se mató al autor. La obra ya es anónima, inquietante, fragmentada, abierta y, a la vez, cerrada. El autor, el estertor de la lírica.

1994-1995
Ciclo: "Balcons".
Comisaria: Mònica Regàs.
Artistas: Veit Stratmann, Rosa Vázquez, Santiago Serra, Manuel Ludeña y Juan Manuel Forte, Raimond Chaves, Neus Buira, C-72r.

Veit Stratmann realizó un espacio anónimo dentro del espacio de arte. Unos cajones de hierro, similares a los que sirven de salida a los caballos de carreras, creaban un sistema de orden. No provocaban otra cosa que espacio lacónico y frío, como el orden de un espacio público, de un hipermercado, de un aeropuerto o de un centro de arte. El adulto vive en la estructura y crea estructura. ¿Y el artista?

1995-1996
Ciclo
: "Pandemònium".
Comisaria: Mònica Regàs.
Artistas: Fundació Joan Tabique, Fernando Prats, Ariane Epars, Benjamín Álvarez,
Anne-Marie Schneider y David Renaud, Ramon Roig, José Aja de los Ríos, Ignacio Hernando, Yves Bélorgey y Mireille Kassar.

Fundació Joan Tabique era el nombre de un personaje de ficción bajo el cual se presentaban unos artistas con prácticas poéticas. Como si presentasen libros, llenaron el espacio de baúles de viaje dentro de los cuales diversos mecanismos disparaban una emoción más allá de la razón. Sus lemas: supremacía de la poesía; experiencia sensible contra elucubración; picaresca contra ironía intelectual; creación contra cultura; pequeñez contra grandeza. Fantasía para acceder a lo real.

1996-1997
Ciclo
: "Anatomies de l'ànima".
Comisario: Ferran Barenblit.
Artistas: Jesús Galdón, el colectivo ***, LoCurto/Outcault, Paco Cao, colectiva "Espai Obert", Stephen Taylor Woodrow, Jackie Brookner.

Jesús Galdón buscaba nuestra geografía particular en la representación humana primera como si ésta representara el mundo. Esto es una pintura posible, culta y poética que no rehuye el punto encontrado del retrato de pintor ni la reproductibilidad de la imagen multiplicada. Al otro lado del espejo, signos y códigos; en éste, investigaciones y combinatorias abren la representación sin evitar la tradición.

1997-1998
Ciclo: "Cercles invisibles".
Comisario: Ferran Barenblit.
Artistas: Leopoldo Ferran y Agustina Otero, Anna Marín, Liza Lou, Yaya Tur,
colectiva "Espai Obert", Heidi Kumao.

Marín nos preparaba el tránsito hacia un arte que vendría ya no inmaterial, sino tecnológico. Antes de cerrar el ciclo, transitamos sobre la crisis y la transformación. Como la emigración social, el éxodo y el exilio cuando atraviesan un mar hecho con clavos de acero. Las huellas del espectador son las pinceladas sobre una superficie de riesgo.

1998-1999
Ciclo
: "Singular Electrics".
Comisarios: Jorge Luis Marzo, Teresa Badia y Rosa Sánchez.
Artistas: Perry Hoberman & Galeria Virtual, Xavier Hurtado, Seiko Mikami, David Hoffos.

Perry Hoberman & Galeria Virtual presentaron conjuntamente Lightpools o el Ball del Fanalet, la primera manifestación de arte interactivo y virtual que se presentó en el Espai 13. En una pista de baile a oscuras, cuando el farolillo de un espectador entraba en contacto con la luz del otro, estallaba en la pantalla que pisábamos una célula inédita. Así se multiplicaban. El autor real era el programador del sistema, pero el actor se convertía en el auténtico autor.

1999-2000
Ciclo
: "Un oasi en el desert blau".
Comisaria: Michy Marxuach.
Artistas: Charles Juhasz Alvarado, Adam de Croix, Ignacio Lang, Chemi Rosado Seijo, Dhara Rivera, colectiva "Espai Obert".

Dhara Rivera cierra el ciclo del año en curso dedicado a presentar artistas del área centroamericana, en concreto de la caribeña. La globalización comporta el tema de los límites, de fronteras geográficas y mentales e identidad, de tensión entre el todo visible y la privacidad. El artista ha sufrido siempre la misma crisis entre real e imaginario, entre espacio exterior e interior.