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LA OPINIÓN DE JOAN CLOS



portada de BMM


De la sociedad industrial
a la sociedad de la información

Texto: JOAN CLOS, Alcalde de Barcelona


El hecho de estar dentro de la red se configura como uno de los derechos ciudadanos básicos, y disponer de una red de comunicaciones potente es ya una condición indispensable para el desarrollo económico.

La sociedad del conocimiento ya está aquí. La telefonía móvil e Internet, las dos puntas de lanza de las nuevas tecnologías de la información, están cada vez más extendidas en nuestra sociedad, y con su uso nacen conceptos que, como el de la nueva economía, no hacen más que reflejar los cambios que tan rápidamente estas tecnologías van introduciendo en nuestros hábitos, en nuestra manera de comprar, en nuestra manera de trabajar.
Con su implantación surge un debate esencial para el futuro de nuestra sociedad: ¿de qué infraestructuras debemos dotarnos para sacar el máximo provecho de las nuevas tecnologías?
De lo que hablamos es de cuáles son las infraestructuras tecnológicas que ofrecen un soporte mejor para garantizar el funcionamiento de las comunicaciones. El cable puede cumplir esta función con creces, tanto en lo referente al coste como en cuanto al tiempo, y tiene la suficiente capacidad para garantizar el acceso a los servicios que Internet ofrecerá en un futuro cercano, cuando se convierta en un formato multimedia avanzado y la televisión sea un instrumento interactivo.
Los ayuntamientos sabemos lo que nos jugamos con un desarrollo correcto de las nuevas tecnologías de la información. Su despliegue y la calidad de las prestaciones que ofrece esta red tecnológica serán un indicador básico de la calidad de vida de los ciudadanos. El crecimiento económico, pero también muchos de los servicios básicos ofrecidos por las administraciones, como la enseñanza, la sanidad o las prestaciones sociales, irán directamente vinculados a las nuevas capacidades que las tecnologías de la información nos ofrecen .

Tenemos que gestionar la transición de la sociedad industrial a la sociedad de la información. Para ello debemos tomar decisiones básicas, como dotar al conjunto del país de una red de telecomunicaciones sólida. Y debemos poner en funcionamiento un sistema de formación permanente para los ciudadanos que permita ampliar el escaso 20% de personas que ahora acceden a la red hasta llegar a conseguir un acceso universal.


Instalaciones de cable en una calle de Barcelona

De estas decisiones dependen el equilibrio social y territorial de la nueva era.
El cable, un tubo que incorporará conductos de fibra óptica con gran capacidad para transmitir datos, es la infraestructura que tiene que dar soporte físico a esta red de telecomunicaciones. Lo es por su indiscutible capacidad y fiabilidad tecnológica a la hora de transmitir datos multimedia que integran sonido, texto e imagen, pero también por su capacidad de complementarse con el resto de redes tecnológicas.

Ésta es la razón por la que 775 municipios de Cataluña se han reunido en torno al consorcio Localret para garantizar el despliegue de esta red, y es por esta razón también por la que los ayuntamientos están haciendo un esfuerzo importantísimo por implantar el cable, con las molestias que las zanjas suponen para muchos ciudadanos que todavía no perciben esta infraestructura como algo tan necesario como las instalaciones de la electricidad, el gas o el teléfono. Lo hacemos con el convencimiento de que este esfuerzo valdrá la pena, porque se trata de un paso decisivo para conseguir que todos los ciudadanos puedan acceder en igualdad de condiciones a las nuevas tecnologías.
La voluntad de los ciudadanos de Cataluña es actuar de una manera coordinada mediante una estructura que permita la integración y la participación activa en la configuración de un nuevo modelo de sociedad que integrará o discriminará en función del dominio en la aplicación y el uso de nuevas tecnologías, así como en el conocimiento y la selección de la información.

El hecho de estar dentro de la red se configura, cada vez más, como uno de los derechos ciudadanos básicos, y disponer de una red de comunicaciones potente es ya una condición indispensable para el desarrollo económico de una ciudad.
Es por todo esto por lo que hay que aclarar algunos interrogantes que se han planteado en los últimos tiempos sobre el cable. Implantar el cable significa garantizar la competencia en el sector de las telecomunicaciones, acabar con los monopolios o los oligopolios de facto, gracias a la presencia de diversos operadores que disponen de una red propia.
Hoy en día, lo que genera valores no es tanto la capacidad manufacturera, que se puede trasladar de un territorio a otro, como el conocimiento y la ciencia, que, contrariamente a lo que todavía se cree, no son transportables. Los resultados de la producción científica no se pueden formalizar en un simple manual de instrucciones. La experiencia de otras ciudades nos demuestra que la investigación efectuada en una determinada región eleva la productividad de las empresas situadas en su entorno, pero sus efectos positivos disminuyen en proporción a la distancia del centro generador de conocimientos.
El caso de las empresas japonesas, que durante muchos años se tuvieron como paradigma de la capacidad para apropiarse de lo que se hace en otros lugares, nos lo demuestra. Hoy en día, y pese a las sucesivas crisis que ha sufrido, Japón tiene una industria construida sobre una estructura científica y de investigación muy importante.
Barcelona quiere potenciar la concentración en su territorio de actividades de investigación y desarrollo, especialmente en los sectores industriales más competitivos, como son la fabricación de materiales electrónicos, la edición, la electromedicina, los productos farmacéuticos o los sectores más avanzados.

"El hecho de estar dentro de la red se configura como uno de los derechos ciudadanos básicos, y disponer de una red de comunicaciones potente es ya una condición indispensable para el
desarrollo económico

© Dani Codina  

Queremos crear las condiciones necesarias para que aquellos emprendedores que tengan una idea, sea cual sea su origen, puedan encontrar en nuestra ciudad un entorno que les sea favorable y les permita desarrollarla.
Y también queremos atraer empresas de ámbito internacional, que no precisen de la regulación del Estado, sino que se rijan por las normativas de la Unión Europea, que conviertan Barcelona en un centro de actividades estratégicas y especializadas con un alto valor añadido o un contenido innovador como centro de servicios, de investigación y desarrollo, de negocios electrónicos, administrativos o de distribución.
Todos estos sectores tienen algo en común: su capacidad para generar y capitalizar el conocimiento.

Pero la capitalización de los conocimientos va más allá de las estrategias que puedan seguir las empresas de manera individual. Nos hace falta el desarrollo de nuevas infraestructuras que permitan su progreso.
Por eso reclamamos la mejora de nuestras infraestructuras a través del aeropuerto y la llegada del tren de alta velocidad, trabajamos para alcanzar un sistema de transporte público de primer nivel y promovemos el protagonismo de las universidades en la innovación y la investigación. Y también por eso invertimos una buena parte de nuestro esfuerzo en dotar de una red de cable solvente; porque los sectores económicos emergentes sólo se instalarán en la ciudad si disponemos de una red de telecomunicaciones potente que actúe como sistema nervioso de su actividad.

De hecho, los nuevos proyectos de instalación de fibra óptica que se están llevando a cabo en nuestra ciudad son una de las claves principales de la confianza que Barcelona transmite a las empresas respecto al uso de las nuevas tecnologías. El despliegue completo del cable, sin olvidar ninguna de las opciones que aporte, lo más pronto posible, mayor velocidad y capacidad tecnológica, es la mejor apuesta que podemos hacer.