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La metrópolis del cable: to dig or not to dig

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La metrópolis del cable: to dig or not to dig


TEXTO David Esteban
Consejero delegado
Fura Consultores
GRÁFICOS Transcreativa

ŠAnna Portnoy

 

 

 

To dig or not to dig? (¿hacer zanja o no hacerla?) ¿Hacer zanja y soterrar fibra óptica como estrategia para disponer de una infraestructura de telecomunicaciones avanzadas, o bien replantear las apuestas en ejecución a fin de aceptar que hay alternativas que no lo requieren?
La persistente discusión sobre la situación del despliegue del cable en las demarcaciones catalanas se ha visto ampliada en los últimos tiempos por la apertura de una encarnizada polémica sobre la vigencia tecnológica de este tipo de infraestructuras. En estas discusiones han participado, no sólo los actores más directamente afectados (operadores, Administración pública), sino también el conjunto de la sociedad desde diferentes ámbitos, ya sea técnico, empresarial, universitario, o los propios medios de comunicación.
¿Cuál es el problema? ¿Cuál es la razón que justifica la aparición de estas discusiones? No se trata simplemente de una cuestión referente a incumplimientos de las obligaciones derivadas de las concesiones otorgadas (que también), sino que el debate se ha extendido hasta el núcleo mismo de la apuesta tecnológica original, incorporando en el discurso la disponibilidad actual de tecnologías alternativas que aportan dimensiones adicionales al problema.
La situación se agrava cuando el cuestionamiento de la vigencia tecnológica del cable (de fibra óptica, se entiende) es utilizado sistemáticamente desde el operador incumbente (una nueva forma más técnica de referirse al operador dominante, es decir, Telefónica de España) como la base estratégica para atacar las capacidades de sus competidores (en este caso, las ofertas planteadas por los operadores de cable, particularmente en Cataluña).
¿Nos encontramos realmente ante una situación de obsolescencia prematura? ¿Se nos ha muerto la tecnología del cable incluso antes de haber conseguido desplegarla operativamente en Cataluña? ¿Tenemos que creer las voces que nos dicen que la oferta de ADSL es la respuesta y una solución de presente y de futuro que sustituye con todas las ventajas al cable? ¿Tendríamos que considerar, pese a todo, el cable como una apuesta tecnológica irrenunciable?
El objetivo de este artículo es explorar de una manera metódica la situación actual, revisando las bases reales de la polémica generada, explorando las alternativas existentes, valorando la coyuntura bajo la perspectiva de los condicionantes que la han generado y aportando elementos de reflexión y análisis que contribuyan a clarificar la evolución de futuro de las infraestructuras avanzadas de telecomunicaciones en Cataluña.
En este sentido, efectuaremos un recorrido a través de la regulación que afecta al sector de las telecomunicaciones, especialmente al cable; introduciremos las posiciones desde las que se están haciendo las valoraciones que han generado la polémica, identificando a sus actores; describiremos las tecnologías emergentes que están propiciando la existencia de nuevas ofertas que compiten (o competirán) con el cable, y, por último, situaremos en el tiempo la evolución más inmediata de las diferentes ofertas.
El primer elemento a introducir a fin de conducir conceptualmente la polémica que nos ocupa es mencionar la tradicional separación que se ha aplicado sistemáticamente a los regímenes reguladores del sector audiovisual y del sector de las telecomunicaciones.

CARÁCTER SOCIAL DEL SECTOR AUDIOVISUAL
Hay una razón fundamental que justifica esta separación: el carácter social del sector audiovisual, en particular cuando se lo considera generador de servicios de difusión de información a la población. Como consecuencia inmediata, el Estado actúa según el principio de garantizar la pluralidad de la sociedad y de las lenguas del ámbito territorial estatal. La Constitución española considera los servicios audiovisuales como medios de comunicación social, justificando la presencia del Estado en el sector mediante empresas públicas. Se trata de una regulación orientada al mensaje e independiente del canal.
Esta posición de los gobiernos está totalmente avalada por la Unión Europea, que apoya este régimen específico y bien diferenciado del sector audiovisual en sus tratados constitutivos, argumentando las mismas razones de pluralidad ideológica y de salvaguarda de las lenguas y culturas europeas, y justificando las subvenciones de los Estados a las empresas audiovisuales públicas.
Las telecomunicaciones, por el contrario, son consideradas como mecanismos de comunicación puramente instrumental. En este sentido, no justifican la necesidad de ninguna intervención por parte del Estado, dado que tienen un componente básicamente de servicio a los ciudadanos y a las empresas y organismos de la sociedad en general. Entran dentro del concepto genérico de utilities (en el sentido anglosajón del término) y, consecuentemente, se enfrentan a un entorno de liberalización en principio totalmente exento de intervencionismo por parte del Estado, al menos en teoría, si no nos planteamos hacer en este momento una lectura entre líneas de los acontecimientos de los últimos tiempos, considerando las connotaciones políticas derivadas de los nombramientos de los máximos responsables de las empresas más significadas del sector de las telecomunicaciones (pero esto sería objeto de otro artículo).
La separación reguladora entre ambos sectores se desdibuja cuando nos enfrentamos al transporte físico del mensaje mediante las infraestructuras de difusión. Estas redes e infraestructuras son consideradas como redes de telecomunicaciones y quedan, en consecuencia, bajo el régimen jurídico aplicable al sector de las telecomunicaciones.
En síntesis, las diferencias fundamentales son las siguientes:
o En el sector de las telecomunicaciones únicamente se regula la prestación de redes y servicios de transporte de información. Existe un único marco regulador, representado por la Ley General de Telecomunicaciones (LGTel) y anteriormente la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones (LOT).
o El sector audiovisual se regula, por una parte, mediante la concesión para difundir el mensaje y, por otra, mediante el servicio de transporte de la información. Cada uno de ellos se regula mediante un marco regulador completamente separado (el audiovisual mediante el Estatuto Básico de la Radio y Televisión, y el transporte mediante la LGTel y anteriormente la LOT).
Llegados a este punto, nos encontramos con una de las primeras razones que propician la polémica, dado que en un caso como el de las redes de cable nos situamos en un escenario completamente nuevo y que cuestiona este modelo de separación de regímenes reguladores. Las nuevas redes de telecomunicaciones por cable integran servicios audiovisuales y de telecomunicaciones, haciendo más compleja la tarea de armonizar los intereses derivados de este nuevo mercado. Y haciendo más atractivo un mercado que integra ofertas que llegan al mismo tiempo al ciudadano y también al mundo empresarial (una buena cantidad de los primeros clientes de Menta son las empresas que utilizan sus servicios de telefonía y de Internet de alta velocidad).
Si nos situamos en el núcleo de la discusión planteada, podemos ver que en estos momentos tenemos que identificar tres elementos que forman parte de los atributos que delimitan la oferta de los actores que compiten por dominar este mercado: telefonía, Internet y TV. No todos ofrecen lo mismo. No todos se dirigen a los mismos mercados, aunque a veces lo parece. Y, sobre todo, no todos están sujetos a la misma regulación y a los mismos compromisos.
Por otra parte, en la actualidad el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el Ministerio de Fomento están tramitando la transformación de las concesiones del cable en licencias de tipo B1 (para comunicaciones en red). Con este motivo se está produciendo una presión para replantear los compromisos adquiridos en relación con las concesiones originales, tanto por parte de los operadores de cable como de Telefónica de España.
¿Cuáles fueron los compromisos adquiridos en su momento respecto al cable? Veámoslos con más detalle.

EL CONCURSO DEL CABLE
La inminente liberalización del sector de las telecomunicaciones por cable hacía improrrogable la aprobación de una normativa reguladora del sector. El Gobierno presentó el proyecto de ley de las telecomunicaciones por cable en el mes de enero de 1995. Con este proyecto se rompía el monopolio de Telefónica en el ámbito de la prestación del servicio de telecomunicaciones por cable y se establecían los ámbitos territoriales de prestación del servicio.
Después de un largo proceso de negociaciones, enmiendas y debates, se aprobó la Ley 42/1995, de 22 de diciembre, de las telecomunicaciones por cable, marco normativo que establece las condiciones para la implantación de una red diferente de la de Telefónica, que determina las dimensiones poblacionales a las que se tienen que prestar los servicios, el proceso de aprobación de las demarcaciones (1) y las concesiones administrativas para la prestación, entre otras cuestiones.
En estas demarcaciones operará, además de Telefónica de España -en calidad de operador dominante-, un segundo operador, que tenía que presentarse a un concurso y que podría actuar mediante el sistema de gestión de la concesión administrativa.
Pero ¿qué significado tenía el hecho de que la figura jurídica empleada fuese la de la concesión administrativa? La concesión administrativa es una forma de gestión indirecta, por parte de un privado, de un servicio de titularidad pública -en este caso, el servicio de telecomunicaciones por cable-. Este concepto se encuentra normalmente ligado a los regímenes de monopolio o duopolio o, en cualquier caso, se relaciona poco con una situación de libre concurrencia. Así pues, pese a que la Ley 42/95 permite la existencia de una segunda red de cable diferente de la de Telefónica, no abría, todavía, el mercado de las telecomunicaciones a la libre competencia plena. Y este hecho explica, en cierto modo, la previsión de la existencia de las demarcaciones del cable: por medio de éstas se estructurará administrativamente la entrada de una segunda empresa prestadora de los servicios de telecomunicaciones.
El 13 de septiembre de 1996 se aprobó el Reglamento Técnico y de Prestación del Servicio de Telecomunicaciones por Cable. Seguidamente, se inició el proceso de redacción de los pliegos de condiciones que debían regir los concursos. Así, el 2 de febrero de 1997 se aprobaron las tres órdenes del Ministerio de Fomento por las que se definían los Pliegos de Bases Administrativas y de Condiciones Técnicas y quedaban convocados los concursos para la adjudicación, mediante procedimiento abierto, de las concesiones para la prestación del servicio en cada una de las demarcaciones catalanas. En julio de 1997 se adjudica la prestación a la única empresa concurrente: Cable i Televisió de Catalunya (actualmente conocida con el nombre comercial de Menta).

CTC Y LOS COMPROMISOS DE DESPLIEGUE
Cable i Televisió de Catalunya (de ahora en adelante CTC) es la empresa que se constituyó para presentarse al concurso que le permitiría desarrollar una prueba piloto para la instalación y explotación de una red de telecomunicaciones por cable en la ciudad de Barcelona y que resultó la adjudicataria de la misma.
De acuerdo con lo que se ha dicho, CTC fue, en 1997, la adjudicataria de los concursos en las tres demarcaciones catalanas. Es en este punto en el que radica su importancia dpara la implantación de las infraestructuras de banda ancha en el territorio catalán: Telefónica, como empresa dominante, y sin la necesidad de presentarse a ningún concurso, tiene la obligación, establecida por ley, de prestar el servicio de telecomunicaciones por cable a todas las demarcaciones constituidas en el Estado español. Pero CTC, como empresa concesionaria del servicio en las tres demarcaciones catalanas, tiene también la obligación de extender su red en todo este territorio.
Los Pliegos de Bases Administrativas y de Condiciones Técnicas establecen las obligaciones que el titular de la concesión debe cumplir para la prestación del servicio de telecomunicaciones por cable. En concreto, y en lo que se refiere al régimen del servicio, CTC tiene unos compromisos adquiridos respecto a la cobertura territorial y al calendario de implantación en las tres demarcaciones catalanas.
De este modo, la cobertura de la demarcación de Barcelona debe completarse en un plazo máximo de cuatro años y seis meses (plazo que finalizará el 27 de abril de 2002. En cuanto a las otras dos demarcaciones, noreste y oeste, los calendarios de cobertura son los que se exponen en el cuadro siguiente:

"Las nuevas redes de cable integran servicios audiovisuales y de telecomunicaciones, haciendo más compleja la tarea de armonizar los intereses de este nuevo mercado y a la vez haciendo más atractivo un mercado que integra ofertas dirigidas al ciudadano y al mundo empresarial".

En caso de incumplimiento, por parte de CTC, de los plazos a los que se ha comprometido para el establecimiento de la red de cable necesaria para la prestación del servicio, la Administración podrá optar por resolver el contrato o por la imposición de una penalización por día de retraso.
Otro actor fundamental en este escenario ha sido el Centre de Telecomunicacions de la Generalitat de Cataluña. El centro se configuró como un organismo autónomo cuyo objetivo era prestar diversos servicios en materia de telecomunicaciones, según se establecía en la Ley 15/1993, de 28 de diciembre.
El Centre de Telecomunicacions era titular de una red de infraestructuras de telecomunicación que servía para dar señal televisiva a los ciudadanos (repetidores de Televisió de Catalunya), servicios de telefonía móvil relacionados con la seguridad ciudadana (Mossos d'Esquadra, bomberos) y servicios de voz a través de su propia red para autoconsumo corporativo.
En virtud del Acuerdo de Gobierno de 17 de noviembre de 1998, se autorizó al Centre de Telecomunicacions de la Generalitat de Cataluña para promover la privatización de Catalana de Telecomunicacions, Societat Operadora de Xarxes, SA, con la finalidad de impulsar y desarrollar proyectos de telecomunicaciones que favorecieran la extensión de las redes de telecomunicaciones, facilitando así la llegada de los servicios de telecomunicaciones avanzados en toda Cataluña y contribuyendo de este modo al equilibrio territorial del país.
Mediante concurso, el Centre de Telecomunicacions vendió a Uni2 la red relativa a los servicios de voz. La Generalitat mantiene un 25% de participación en la sociedad constituida al efecto (Catalana de Telecomunicacions Operadora de Xarxes, SA, que actúa con el nombre comercial de Al-pi).
La venta a Uni2 incorporaba dos tipos de condiciones. Por un lado, el compromiso de Catalana de Telecomunicacions de llegar a las capitales de comarca en un plazo de dos años y, por otro, llegar a equipamientos públicos de la Generalitat (fundamentalmente, centros de enseñanza secundaria y hospitales).
Con este objetivo, Localret y el Centre de Telecomunicacions de la Generalitat de Cataluña firmaron un convenio por el que en el plazo de dos años, desde la fecha de firma del convenio, es decir, en marzo de 2001, todas las capitales de comarca deberían estar conectadas mediante enlaces fijos de fibra óptica a las redes de banda ancha y de servicios avanzados de telecomunicaciones que existan en Cataluña.
Recientemente, el Centre de Telecomunicacions ha creado la sociedad Difusió Digital, SA (actualmente, Tradia), que se configura como un ente con vocación de ser un operador de infraestructuras dirigido al mercado de los soportes y de las antenas de telefonía móvil y del que ha privatizado una parte importante dando entrada a ACESA, también vinculada accionarialmente a Xfera (UMTS).

LAS ALTERNATIVAS TECNOLÓGICAS
La aparición de alternativas tecnológicas a las redes de cable como infraestructuras fijas de telecomunicación ha introducido un nuevo ámbito de reflexión y de apuestas empresariales que ha generado una enorme controversia en el mercado. A grandes rasgos, podemos plantear tres dimensiones en las que estas alternativas se hacen evidentes:

  • Tecnologías digitales en el bucle analógico: ADSL.
  • Acceso sin hilos al cliente: LMDS.
  • La alternativa del satélite

Como es lógico, cada una de estas nuevas líneas de actuación en la disponibilidad de nuevos servicios de telecomunicaciones ha generado un agrupamiento de oferta empresarial. En este punto es necesario definir con claridad los tipos de servicios que pueden ser soportados y a qué tipo de mercado se dirigen estas ofertas. Demos un breve repaso a la situación de cada una de las alternativas planteadas.





"La aparición de alternativas tecnológicas a las redes de cable como infraestructuras fijas de telecomunicación ha introducido un nuevo ámbito de reflexión y de apuestas empresariales que ha generado una enorme controversia".

La apuesta por el cable se ha visto cuestionada justamente por aquellos actores que en su momento realizaron una apuesta más decidida por el despliegue de este medio de transmisión, en particular por Telefónica.
La red ADSL (Asymmetrical Digital Subscriber Line) se basa en una tecnología que transforma una línea telefónica convencional en una línea de alta velocidad establecida permanentemente. Como oferta comercial, permite en estos momentos la telefonía, la conexión a Internet y la transmisión de datos. Técnicamente no hay ningún obstáculo para que también pueda ofrecer canales de televisión, incluso de televisión interactiva. En definitiva, obtiene un rendimiento más efectivo de los cables de cobre que llegan hasta la casa del usuario, utilizando una técnica de codificación digital que permite ampliar el rendimiento del cableado telefónico actual.
La tecnología ADSL añade dos canales digitales de datos de alta velocidad a la línea de teléfono convencional. El canal de datos es asimétrico, de modo que la velocidad máxima en el sentido de la red al usuario es más grande que en el del usuario a la red.
El hecho de que los canales de voz y de datos estén separados permite recibir o hacer llamadas y tener el ordenador conectado a la vez, de forma que se evita que el teléfono comunique cuando se navega por Internet. Los aparatos existentes, como teléfono, contestador automático, etc., se pueden continuar usando como hasta ahora.
Con el ADSL la conexión de datos es permanente y se cobra un importe fijo por la línea al mes, cantidad independiente de las horas de conexión del usuario y la información que se transmite.
Hay que instalar un aparato llamado splitter tanto en el domicilio del usuario como en la central del operador. Su función es diferenciar entre una llamada de voz y una de datos. Tiene dos conexiones: una conectada al aparato de teléfono, que sigue funcionando como hasta ahora, y la otra a un módem especial ADSL, que irá conectado también al ordenador. El módem ADSL se conecta al ordenador, normalmente a una tarjeta de área local, por cuestiones de velocidad.
Las redes LMDS (Local Multipoint Distribution System) utilizan el acceso radio por el último tramo de la red (lo que se llama "bucle de abonado" en telefonía fija). Utilizan un sistema de distribución de señales mediante microondas capaz de distribuir vídeo, audio y datos.
Las redes LMDS utilizan el espacio radioeléctrico para interconectar puntos fijos. Esta tecnología permite trabajar con una gran capacidad de transmisión, lo que le permite ofrecer múltiples servicios, tanto a usuarios residenciales como a empresas. No obstante, se trata de una oferta fundamentalmente dirigida al sector empresarial, en particular al ámbito de las empresas medianas y pequeñas.


El despliegue de una red LMDS se consigue mediante la instalación de estaciones base en zonas de alta cobertura -de tres a siete kilómetros de radio- a fin de cubrir el máximo número de hogares de clientes potenciales. El cliente recibe la señal desde la estación base mediante una antena receptora de dimensiones reducidas, que se puede instalar en ventanas, terrazas o fachadas.
Los operadores habilitados para utilizar la banda de frecuencias más baja (3,5 GHz) podrán ofrecer una menor capacidad de transmisión que los operadores que utilicen las bandas superiores (26 GHz), aunque los equipos necesarios para el despliegue tienen un coste inferior y están más probados comercialmente. Con los equipos de 3,5 GHz se espera que se puedan proporcionar servicios similares a los de las líneas telefónicas convencionales (transmisión de voz y datos). La banda de 26 GHz, por el contrario, permite una alta capacidad de transmisión y la prestación de servicios de voz, datos, Internet a alta velocidad, videoconferencia en tiempo real y otros servicios, incluyendo los servicios audiovisuales.

EL SATÉLITE Y EL MUNDO MÓVIL
Las actuales tecnologías de satélite permiten la construcción de redes de telecomunicaciones para la distribución de servicio de TV y de distribución de información de Internet a través del espacio dando cobertura a grandes extensiones del territorio.
La utilización de esta alternativa para la distribución de servicios es una realidad que se está comercializando en todo el mundo y también en Cataluña. En este apartado se hace referencia únicamente al servicio de acceso a Internet, pese a que, obviamente, ya estamos acostumbrados a disponer del acceso a los servicios de televisión por satélite (del tipo Canal Satélite Digital y Vía Digital).

En cuanto a la telefonía móvil, los grandes cambios experimentados en este ámbito se pueden constatar en dos grandes entornos: la impresionante penetración de estos servicios (25 millones de teléfonos móviles) y el dinámico ritmo de renovación de las tecnologías utilizadas, pasando de entornos analógicos a alternativas de segunda, tercera y cuarta generación totalmente digitales en un corto espacio de tiempo.
En estos momentos hay que considerar las redes móviles como una opción más para disponer de banda ancha interactiva, particularmente en el caso de la tercera generación (UMTS) y posteriores. Se trata de verdaderas alternativas para cubrir servicios multimedia con calidad audiovisual profesional, por lo que es necesario ubicar estas nuevas opciones en el entorno que les corresponde.
Las nuevas redes GPRS (General Packet Radio Service) aportan como nuevas capacidades la transmisión eficiente de datos utilizando en el entorno móvil (y, por tanto, radio) tecnologías digitales ya operativas en las redes fijas (las técnicas llamadas de transmisión de paquetes).
Se trata de unas redes de telefonía móvil digital que utilizan una tecnología intermedia entre la segunda y la tercera generación, la llamada Generación 2 y 1/2.
Utilizan las mismas redes físicas que el actual GSM (Global System for Mobile) debidamente adaptadas. No requieren, por tanto, desplegar nuevas redes, sino adaptar las existentes incorporando la nueva tecnología a fin de disponer de las nuevas capacidades.

Las actuales tecnologías de satélite permiten la construcción de redes de
telecomunicaciones que dan cobertura a grandes extensiones de territorio para la distribución de televisión y de información de Internet.Un satélite de comunicaciones en órbita alrededor de la Tierra.


La transmisión de datos en GPRS no genera un flujo continuo de información mediante una conexión permanente, ya que la técnica de conmutación conexión por paquetes sólo utiliza la red si hay información por enviar. El sistema multiplica por doce la velocidad de transmisión del GSM y mantiene el teléfono permanentemente conectado para datos. Está especialmente indicado para aplicaciones como el correo electrónico, el acceso a Internet o el acceso remoto de ordenadores portátiles o agendas electrónicas (PDA). Se necesitan nuevos terminales, ya que no sirven los teléfonos de las actuales redes GSM.

"Las manifestaciones de Telefónica en referencia a la supuesta obsolescencia de la tecnología de cable son vigorosamente contestadas desde distitntos estamentos, sean técnicos, universitarios o incluso políticos".

La tarificación ya no es por duración y destino de la llamada, sino por volumen de información intercambiada, calidad del servicio y tipo de servicio. La red GPRS se puede comunicar con redes Internet externas (públicas o privadas) o internas del mismo operador.
En cuanto al UMTS, es el sistema que se utilizará en la tercera generación de telefonía móvil digital. Permitirá más capacidad (telefonía, Internet, multimedia, envío de imágenes, audio, vídeo, realización de transacciones bancarias, etc.) y cobertura en todo el mundo.
Desde un mismo terminal se podrán mantener múltiples conexiones simultáneas. UMTS son las siglas de Universal Mobile Telecommu-nication System (Sistema Universal de Telecomunicaciones Móviles), un canal de comunicación en el que todo es nuevo: nuevas frecuencias, nuevos proveedores, nuevas infraestructuras básicas, nuevos teléfonos, etc. Es un sistema que revolucionará el mundo de la telefonía móvil.
Básicamente, los servicios de tercera generación combinan el acceso móvil de alta velocidad con los servicios basados en el Protocolo Internet (IP). Pero eso no sólo implica una conexión rápida a Internet, sino también realizar transacciones bancarias a través del teléfono, realizar compras o consultar todo tipo de información. Por otra parte, mientras que el sistema actual GSM y los terminales móviles están preparados para la transmisión rápida de datos de voz y texto, la red de tercera generación UMTS permitirá el traspaso de información multimedia a una velocidad de 2 megabits por segundo. Actualmente, en transmitir 2 Mb de vídeo mediante la red GSM tarda media hora, mientras que con el sistema UMTS serán necesarios sólo ocho segundos. Permitirá estar conectado a la red de manera permanente, pagando tan sólo cuando se utilice el terminal para realizar una operación.

LOS CAMBIOS EN LOS OPERADORES
La apertura del mercado a nuevos entrantes (operadores de cable, operadores LMDS, operadores de móviles, operadores especializados) ha generado nuevos espacios para la competencia.
En este contexto, y bajo una fuerte presión en compromisos de inversión y despliegue, se han ido introduciendo nuevas dimensiones en el mercado, como una creciente demanda de generar nuevos ingresos en concepto de impuestos sobre la base de una fiscalidad revisada (a todos los niveles de la Administración pública, desde la estatal hasta la local) y también la necesidad de asegurar las tecnologías de base para los diferentes despliegues.
¿Cuáles han sido los resultados de todo ello? Telefónica de España anuncia su decisión de abandonar la opción del cable, argumentando que "el cable coaxial es una tecnología superada por los nuevos desarrollos del bucle local sin hilos (LMDS) y del bucle digital de las tecnologías ADSL".
Una lectura alternativa de estos planteamientos la podemos extraer de las declaraciones realizadas desde el Consorcio Localret, que agrupa a 767 ayuntamientos de Cataluña. En palabras de su director general, Xavier Marcet, "Telefónica no está apostando decididamente por la extensión de la fibra óptica hasta el usuario por miedo a que le parasiten, es decir, que le obliguen a compartirla con los otros operadores, como ha pasado con el bucle local."

En cualquier caso, y prácticamente al mismo tiempo, Telefónica firmó el pasado 27 de octubre un convenio con la Generalitat de Cataluña y Localret que garantiza un compromiso de inversión de 50.000 millones de pesetas para el 2001 a fin de asegurar que la red ADSL llegue al 92% de la población catalana.
Colt Telecom, operador especializado en ofrecer telecomunicaciones profesionales al sector empresarial sobre la base de una red propia de fibra óptica desplegada en entornos urbanos, anuncia su intención inmediata de comercializar acceso ADSL.
Las manifestaciones de Telefónica en referencia a la supuesta obsolescencia de la tecnología de cable son vigorosamente contestadas desde diferentes estamentos, ya sean técnicos, universitarios o incluso políticos. Se sigue defendiendo el carácter irrenunciable de la alternativa del cable como opción de futuro, en detrimento de cualquier otra propuesta que plantee redefinir los compromisos adquiridos.
¿Y los operadores de cable? Menta prepara alegaciones para justificar su actuación en el caso -previsible- de que no llegue a algunas poblaciones en los plazos marcados. Al mismo tiempo, y amparándose en el proceso de transformación de la concesión en licencia, empieza a abrir espacios de maniobra para impugnar los compromisos de despliegue asociados a la concesión original, bajo la atenta vigilancia y el seguimiento del Consorcio Localret, que defiende la necesidad de asegurar el estricto cumplimiento de los compromisos adquiridos.
Al mismo tiempo aparece un nuevo actor, Flash10, un operador que plantea cablear con fibra óptica un total de 32 poblaciones catalanas de menos de 50.000 habitantes. Y empieza a activar las inversiones necesarias, población a población.
Mientras tanto, los operadores habilitados para desplegar las nuevas redes LMDS (Uni2, Retevisión, Banda 26, Skypoint y Broadnet en la banda de 26 GHz, y Retevisión, Aló 2000, Firstmark y Abranet en la banda de 3,5 GHz) continúan su proceso, sin que la posterior apertura a la competencia del bucle local propiedad de Telefónica parezca haber afectado a su espacio natural. Los operadores Firstmark y Skypoint ya han anunciado sus proyectos respectivos de despliegue en Cataluña, sin esperar que llegue la fecha a la que se han comprometido en sus licencias.
En cuanto a los operadores de móviles, ya se ha abierto la competencia en el nuevo mercado de las redes GPRS con el reciente anuncio de la apertura comercial del servicio por parte de Telefónica Móviles de España, lo que hace previsible que muy pronto se presenten las correspondientes por parte de los otros operadores, Airtel y Amena.
Una situación bien diferente es la que se produce en el ámbito de la tercera generación, las redes UMTS, en el que tanto los operadores como los fabricantes de equipamiento ya han comenzado a anunciar la imposibilidad de disponer de los sistemas necesarios a fin de cumplir con las fechas pactadas, es decir, el mes de agosto de 2001. El nuevo operador de móviles Xfera anuncia, al mismo tiempo, su intención de entrar en el mercado con una tecnología alternativa, GPRS, a fin de superar las dificultades para desplegar en los plazos establecidos la red UMTS.
Una lectura prudente de la situación actual lleva a pensar que la disponibilidad real de UMTS, en una escala comercial suficiente, no tendrá lugar antes de los años 2003 o 2004. Mientras tanto, los ministerios competentes siguen la discusión sobre la habilitación de dos nuevas licencias de móviles (¿quizás por los ingresos en concepto de nuevos impuestos?).

CONCLUSIONES
Las discusiones generadas en torno a la vigencia de las redes de cable están en todos los casos impregnadas de un fuerte componente de competencia. Lo cierto es que el atractivo generado originalmente por el cable, desde la perspectiva de los operadores, se ha visto erosionado por la aparición de ofertas alternativas de televisión (un componente importante del negocio), bien sea en forma de televisión por satélite o de televisión digital.
Las capacidades de las diversas redes examinadas no siempre son directamente comparables. En particular, si introducimos en el discurso la necesaria separación entre las necesidades del segmento residencial y las necesidades del segmento profesional y el de negocios.
Hablamos, en realidad, de ofertas comerciales que pretenden cubrir un mercado generando las barreras más significativas a la competencia y, por tanto, cerrando en la medida de lo posible el acceso de los competidores a las infraestructuras desplegadas con inversiones propias.
Cuando Telefónica describe la tecnología del cable como superada por los nuevos desarrollos, lo hace justo después de haber estado desplegando un importante proyecto de cable (Imagenio), que ha desaparecido milagrosamente de la escena.
Un problema real asociado al despliegue de las redes de telecomunicación es la cobertura del territorio en Cataluña. Los despliegues de todas las redes que se anuncian como alternativas al cable coinciden con los territorios ya cubiertos por la oferta del cable.

SOLUCIÓN PRAGMÁTICA
Desde el consorcio de los ayuntamientos catalanes representados por Localret se propone una posición pragmática: se entiende que el cable es la tecnología que ofrece más posibilidades de futuro, pero se apuesta por aprovechar cualquier otra tecnología que reduzca el coste de oportunidad que significaría para muchos territorios el hecho de que el cable llegase tarde o no llegase en absoluto.
Se plantea no defender el cable dogmáticamente y, en lugar de ello, se aconseja estar atento a la innovación tecnológica y a la capacidad de servicio de las diferentes tecnologías que van apareciendo, especialmente de aquellas que ya tienen licencias para operar en un futuro próximo.
Nunca como ahora se ha manifestado el carácter de infraestructura de las telecomunicaciones, que se despliegan en el territorio y que, en consecuencia, sólo se encuentran allí donde los operadores han encontrado justificaciones de carácter empresarial que las sustenten, es decir, rentabilidad. Compensar y equilibrar los efectos derivados de un mercado que sigue la dinámica de un sector liberalizado es la responsabilidad de las administraciones públicas, y la imaginación para generar mecanismos de corrección operativos el reto a superar.
Lo demás son discusiones que, con mucha probabilidad, se han de entender desde el contexto que las han generado y dentro del marco de una intensa lucha por los mercados y los territorios en un sector recientemente abierto a la competencia, como es el caso de las telecomunicaciones.

1 Se entiende por demarcación territorial el ámbito de prestación del servicio de telecomunicaciones por cable que, de manera general, no excederá de 2.000.000 de habitantes.