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Más allá del bricolaje

La metrópoli del cable: to dig or not to dig

Ciudad, innovación y economía del conocimiento

La re-información de la ciudad


El Ayuntamiento en la ciudad digital


Participación ciudadana e Internet


 
 
Ciudad, innovación y economía
del conocimiento




TEXTO Francesc Solé Parellada
Catedrático de la UPC

©Anna Portnoy

 

 

 

En un artículo del que se espera que anuncie un cambio sustantivo en el modo de reunirse y relacionarse los humanos en el espacio, como consecuencia de las nuevas tecnologías y la sociedad del conocimiento, lo primero que hay que afirmar es que la naturaleza de la ciudad y sus problemas no son las tecnologías, ni las nuevas ni las viejas, sino el sistema del que los propios humanos nos hemos dotado para resolver nuestras supuestas necesidades económicas. La forma singular en que enfocamos la utilización de la tecnología es su fruto y no su causa.
La ciencia económica se ha podido formalizar gracias al hecho de que los diferentes actores, y en particular las personas, se comportan racionalmente, es decir, responden lógicamente a los estímulos de lo que desean. Por lo tanto, su comportamiento es modelizable. Lo que no se dice es que una cosa es comportarse racionalmente, es decir, en concordancia con lo que uno desea, y otra cosa muy diferente es que lo que uno desea sea razonable. Cualquier observador imparcial, o incluso un poco parcial, se da cuenta de que lo que los hombres deseamos, y a menudo obtenemos, no tiene demasiado sentido.
De hecho, ya no tiene demasiado sentido la forma de resolver las relaciones que la ciudad, tal como la estamos viviendo desde hace bastantes años, nos propone. El hecho de vivir hacinado, circunscrito a unos metros cuadrados; las mismas escaleras, complementadas con los ascensores, la separación entre consumo y producción y, por tanto, la necesidad del transporte; la retribución alejada de la comprensión del servicio que se ofrece; los servicios públicos como desiderátum de la cultura; la adquisición como sustituto paranoico de la vivencia, etc., son males endémicos en nuestro mundo. Males con los que estamos acostumbrados a vivir, y que incluso nos agradan.
Por lo tanto, el hecho de que ahora se produzca un cambio por el que se vuelve a cuestionar el papel del espacio en la vida, trabajo y ocio de las personas, no cambia sustancialmente la realidad principal, que es que "posiblemente el sistema sea racional, pero no tiene ni pies ni cabeza.

El nacinamiento propio de las ciudades, rasgo que destaca la fotografía de Barcelona, es uno de los males endémicos del mundo actual.
© José Luis Dorado - Godó Foto
 

De todos modos, en este artículo no se nos pide que seamos aguafiestas, ni que pasemos del discurso profesoral a la acracia rupturista. Por lo tanto, para cumplir con responsabilidad, volveremos ordenadamente a la carretera del discurso convencional. El título de nuestro artículo es Ciudad, innovación y economía del conocimiento y, por tanto, empezaremos por trabajar los conceptos de ciudad, innovación y economía del conocimiento, intentando establecer los vínculos pertinentes.
El concepto de ciudad no es en absoluto sencillo. De hecho, expertos de renombres se han distinguido por tener serios problemas para definir la ciudad. La mayoría de las definiciones disponibles, o bien son una obviedad poco precisa, o bien son tan elaboradas que al lector le cuesta identificarlas con la ciudad de la que disfruta y sufre. Por ejemplo, según C. S. Bertuglia, G. Bianchi y A. Mela (1998): "La ciudad es un agente altamente complejo que se caracteriza por un creciente número de interacciones no lineales entre numerosos actores urbanos que generan dinámicas espacio-tiempo siempre irreversibles, a menudo discontinuas y siempre caóticas", es decir, "no sabemos muy bien lo que es".
Los nombres que sirven para describir los espacios más o menos identificables y/o aislables en los que se produce la actividad humana así lo reflejan. En el vocabulario común y técnico, para bautizar el hecho urbano encontramos los siguientes nombres: ciudad, pueblo, vecindario, aglomeración, ciudad administrativa, conurbación, regiones urbanas, aglomeraciones urbanas, regiones metropolitanas, áreas metropolitanas, áreas urbanas, regiones urbanas funcionales (FUR), áreas urbanas funcionales, municipalidades, ciudades nucleares o centrales (core cities), etc. La abundancia de vocablos sólo sirve para confirmar la dificultad de la definición. La tarea de identificación de este ámbito de relación de los humanos no es sencilla. C. S. Bertuglia, G. Bianchi y A. Mela lo reflejan con estas otras palabras: "En la sociedad contemporánea, la ciudad parece haber perdido, al menos parcialmente, aquellas características que la hacían aparecer como una entidad fácilmente identificable en referencia con otros sistemas espaciales y que, por lo tanto, era un término de referencia utilizado de manera natural", y en este punto sí que se entiende perfectamente lo que quieren decir estos tres autores. ¿A qué se debe esta pluralidad y este desconcierto? En la vida de los humanos, las ciudades son más recientes de lo que pueda parecer. La aparición de las ciudades es inseparable de la especialización horizontal-compleja, que no es adoptada por los humanos hasta superar los nomadismos y las primitivas localizaciones agrícolas estables. La ciudad comercio, la ciudad dominio, la ciudad castillo-protección, la ciudad artesana, la ciudad industrial, etc., son formas que la ciudad ofrece a la organización de la sociedad en cada momento y que transforman su propia naturaleza... Y lo que la organización de la sociedad pide ahora es múltiple y bastante enrevesado y, por tanto, es razonable que la ciudad se corresponda con ello.
Además, la naturaleza de la ciudad es diferente dependiendo de la renta media de sus ciudadanos. Crecimiento urbano y crecimiento económico no están relacionados linealmente. Una ciudad grande no es necesariamente expresión de riqueza. Una ciudad rica es expresión de complejidad y, con todo, depende del ámbito físico que le asignemos. De hecho, el papel de las ciudades es diferente en función de la renta media de sus ciudadanos y de cómo se resuelve y distribuye su base económica.
No es fácil, por tanto, hacer una predicción sobre la influencia de una variable en la ciudad, no es sencillo hacer una prospectiva sobre la influencia de los cambios de la nueva economía en la realidad urbana, aunque restrinjamos el análisis a los países ricos de la OCDE.
Sin embargo, en la búsqueda de un enfoque que nos permita trabajar la relación ciudad-innovación-conocimiento, observamos que la ciudad es el espacio en el que se manifiestan los problemas que se deben resolver en relación con casi todas las personas. Por lo tanto, puede ser que sea ésta la vía para enfocar el análisis. Si nos falla la aproximación por la dimensión física y convencional, puede que nos sirva la aproximación "dimensión-problemas-soluciones.

Fotograma de la película Blade Runner, donde se presenta un retrato imaginario de uno de los posibles modelos de ciudad del futuro..

© Godó Foto

LUGAR DE INTERCAMBIO
Un altre enfocament possible es dedueix del que ens diu Manuel Castells: "Les ciutats són l'espai dels fluxos". La ciutat seria, doncs, el lloc on es produeixen els intercanvis. Sobre aquesta dimensió, sí que podríem treballar les conseqüències de les noves tecnologies de la informació i de la comunicació, però no estic massa segur que aquest punt de vista sigui prou concret per treure'n conclusions. Per a aquells que no estan en el món de la ciència regional i urbana, s'ha d'advertir que durant els darrers vint anys hi ha hagut un corrent molt estès d'estudiosos que ens hem dedicat a considerar l'espai urbà com un continent del capital humà i de les seves relacions. La relació entre capital humà s'interpreta com informació que passa d'un cervell a un altre. Si el capital humà viu a les ciutats i aquestes són el seu lloc de relació, la còpia dels uns als altres, entesa com l'externalitat econòmica més substancial, es produeix en el si de les ciutats.
Una ciutat que organitzi correctament els seus intercanvis d'informació és una ciutat predestinada a la prosperitat. Com més informació concretable, més capacitat d'innovació. El paradigma d'aquest fenomen és la cèlebre Silicon Valley, per a molts… realitat palpable i comprovable del que serà la ciutat del futur. Aquesta regla de tres ha estat la base per crear la teoria del medi innovador, la qual, en aquest moment històric, és posada en qüestió per la xarxa, en deslocalitzar la interrelació entre el capital humà. Per tant, en el segon enfocament hauríem d'estudiar com la societat del coneixement i les NTIC (noves tecnologies de la informació i les comunicacions) canviaran la localització de la relació capital humà-informació utilitzable i, per tant, la naturalesa de les decisions de localització.
Finalment, el tercer enfocament possible és el de la reducció del que és immaterial al que és material. Passi el que passi amb l'aterratge de l'immaterial, del virtual i de les diferents expressions del coneixement, la ciutat com a lloc d'intercanvi, de residència i d'activitat humana, és per definició l'expressió genuïna d'allò humà, és a dir, del que és netament local. En resum, en un món global les organitzacions i les persones es produeixen a partir del fet local. No tots els factors es troben localitzats; tanmateix, és una obvietat que la localització imposa restriccions notables a l'activitat econòmica, i que és substancial per a l'activitat social. El que és local és, doncs, on s'ha de reforçar el salt al que és global i des d'on aquest es produeix.
Aquesta és una visió restrictiva de la relació entre la matèria i la informació, encara que, malgrat que sigui miop, és bastant realista. Aquesta visió afirma que per molt discurs que fem, les coses s'acaben concretant en algun lloc, i a aquest s'acaba anomenant ciutat. Per tant, assegurar-se el que és real és més important que assegurar-se el que és immaterial o, més ben dit, també "cal assegurar-se l'immaterial per no perdre el material", perquè, finalment, aquest segueix essent important.
Dels tres enfocaments, el primer, el de la influència de la nova economia en els problemes actuals de la ciutat, és el mes urbà/humà, i els altres dos, el de la ciutat com a lloc de relació entre el capital humà i el de la ciutat com a lloc de materialització del fet econòmic (i, per tant, de la creació de la riquesa) són més economicistes, en la línia d'assegurar la prosperitat i/o continuïtat en el territori del tàndem urbà/humà.
Però tot plegat no impedeix que la pregunta continuï sent la següent: és veritat que en el segle XXI l'aparició de la societat del coneixement, de la tecnologia i de la innovació planteja a la ciutat nous reptes en forma de canvis notables en les seves funcions i estructura?

"La pregunta continúa siendo la siguiente: ¿es verdad que en el siglo XXI la aparición de la sociedad del conocimiento, de la tecnología y de la innovación plantea a la ciudad nuevos retos en forma de cambios notables en su función y estructura?"


Una ciudad que organice correctamente sus intercambios de información está predestinada a la prosperidad. El paradigma de este fenómeno es Silicon Valley -en la fotografía-, considerada por muchos como el ejemplo de lo que será la ciudad del futuro.
© Alfa Omega  

¿QUÉ ES LA INNOVACIÓN?
Quizá sorprenda a algún lector no muy ducho en ciencia económica descubrir que los economistas sólo hablan de innovación cuando hay un cambio que es aceptado por el mercado. Por ejemplo, se habla de innovación tecnológica cuando hay un cambio en un producto o en un proceso que se transforma en ventas solventes. Por tanto, para un economista, un cambio o una novedad que no llegan al mercado no suponen una innovación, sino un error. Quizá más adelante el cambio significará una innovación, pero, de momento, es un fracaso. Las palabras, descubrimientos e invenciones se reservan para calificar otros productos de la imaginación y del esfuerzo de los humanos previos a la innovación.
Entenderemos por nuevas tecnologías las que son fruto de la aplicación de nuevos descubrimientos teóricos, que forman ramas compactas de la ciencia o del stock tecnológico. Así pues, en lo que se refiere a las nuevas tecnologías, entenderemos por innovación tecnológica todos los cambios en el proceso de producción o en los productos, fruto de la aplicación de las nuevas tecnologías. Esta disquisición es útil para distinguir entre lo que el sistema incorpora y lo que el sistema está considerando si merece la pena incorporar o descartar. En este momento, hay dos nuevas tecnologías por las que el sistema está apostando y va incorporando porque entiende que tienen posibilidades: las NTIC y la biotecnología.
Estas nuevas tecnologías son tecnologías transversales, que afectan a todos los sectores, y que tienen una influencia muy notable en el cambio de relación entre las empresas en las cadenas de valores sectoriales. Las NTIC, por ejemplo, no son sólo la expresión de un nuevo sector económico, sino que su influencia en la naturaleza de las relaciones económicas entre empresas y dentro de la empresa justifica ampliamente el calificativo de agente de una auténtica revolución tecnológico-económica. Además, las NTIC están empezando a cambiar la naturaleza de la relación entre los humanos y tal vez su disposición en las ciudades.
Llegados a este punto, podemos preguntarnos si lo que tratamos de encontrar es un paralelismo entre, por ejemplo, la innovación del ferrocarril, el teléfono, la electricidad, el motor de explosión y los cambios en la disposición y la relación entre las personas y las NTIC y sus eventuales consecuencias. Éste sería otro posible enfoque. Por poner un ejemplo elemental y utilizando las posibilidades que las NTIC abren al teletrabajo, nos podemos preguntar si el teletrabajo puede reequilibrar el territorio en Cataluña o si puede hacer desaparecer los puestos de trabajo en nuestro país e importar el trabajo de la India o si puede cambiar el tráfico de Barcelona al sedentarizar a la población.
Sin embargo, parece que todos los interrogantes de origen tecnológico o técnico van más allá de la respuesta a estas preguntas. El neoprogresismo, cada vez más vivo, no se conforma con advertirnos de las consecuencias de las innovaciones relacionadas con los eventuales cambios en la disposición física de las cosas o en los cambios en la naturaleza de las relaciones entre personas o agentes diversos. La protesta tiene más consistencia. No es precisamente la disposición física lo que preocupa. En cualquier caso, sí es cierto que las NTIC pueden cambiar la disposición de las personas sobre el terreno globalmente, la disposición de las personas sobre el terreno en el ámbito ciudadano e incluso la relación entre las personas.
La relación innovación tecnológica-ciudad permite un cuarto enfoque, que es algo primitivo en la línea de la ciencia ficción de primer nivel, aunque no se puede menospreciar. Se trata de hacerse una imagen de la transformación de la ciudad, fruto de los inventos y después, si es necesario, buscarle las consecuencias sociológicas y en el comportamiento para llegar a un Blade Runner aceptable.



© Eva Guillamet
      © Dani Codina
La implantación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación abre nuevos interrogantes sobre la evolución de las relaciones entre las personas y su disposición física en las ciudades.
Junto estas líneas.Imagen característica del tráfico en una hora punta y un café Internet

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
La sociedad del conocimiento es una expresión que nos ha servido para describir una situación novedosa: que el conocimiento ha pasado a ser lo más importante para una empresa. Dicho de otro modo, los humanos nos hemos encontrado de repente con una economía basada en el conocimiento. La economía basada en el conocimiento resulta de una inversión constante en formación, en investigación y en coordinación económica y de la aparición de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. El conjunto de estos factores ha producido un fenómeno interesante e imprevisto: los costes de comprar, tramitar y vender los conocimientos se han reducido de forma muy considerable y, lo que es más importante, las organizaciones de todo el mundo estaban preparadas para sacarle provecho. Es la primera vez en la historia de la humanidad en que ha aparecido un mercado de conocimientos en que éstos, además, se pueden tratar en gran parte como un producto y, por tanto, pueden ser empaquetados. Las posibilidades y consecuencias de este hecho son impredecibles.
El éxito de las empresas y de los territorios es cada vez más dependiente de la capacidad de gestionar los conocimientos que produzcan y los que puedan incorporar y esta capacidad tiene mucho que ver con su organización como colectivo. Este hecho acentúa la importancia del esquema de la ciudad como lugar en el que el conocimiento se pueda captar, procesar y convertir en hechos. Pero la ciudad no es una organización jerárquica, sino la suma de agentes e interrelaciones y de conexión con el exterior en su ámbito territorial. El elemento de cohesión y coordinación de esta capacidad de gestionar de forma provechosa el conocimiento, que es al mismo tiempo local y global, puede ser la ciudad. Esta dimensión de la ciudad, esta nueva habilidad que se le exige, no es fácil de describir e imposible de organizar desde la autoridad. Por ello, en las ciudades eficaces, que viven al día de la sociedad del conocimiento, bajo la apariencia de orden, existe un espacio de notable complejidad.
La gestión de la dimensión ciudad-conocimiento ya no es sólo un tema de formación-investigación, sino un asunto de administración de la complejidad y de las externalidades posibles.
Llegado a este punto del artículo, siento mucho haber caído en la tentación de la solemnidad académica. Quizá los profesores Bertuglia, G. Bianchi y A. Mela tenían razón cuando, más arriba, decían que la "ciudad es un agente altamente complejo que se caracteriza por un creciente número de interacciones no lineales entre numerosos actores urbanos que generan dinámicas espacio-tiempo siempre irreversibles, a menudo discontinuas y siempre caóticas", definición que yo reproducía con cierta ironía.
El quinto posible enfoque de análisis está servido. Desde el punto de vista del conocimiento y de la nueva economía, no sólo deberíamos hablar -como hacíamos en el tercer enfoque- de la información y las externalidades creadas como fruto de la interrelación, sino del conjunto, es decir, de la ciudad como agente que compite como administrador y productor de conocimiento al servicio de sus ciudadanos. Este enfoque es el del medio innovador ampliado y, en consecuencia, no es disociable del modo en que esta producción y administración deben ser gestionadas y administradas con la necesaria governance.
En este punto de la reflexión, queda claro que las transformaciones de la ciudad como resultado de la aparición de un hecho incontrovertible, que llamamos sociedad del conocimiento, en su versión modesta, y la nueva economía como versión completa del presente, deben estudiarse en términos de modelo complejo y que los enfoques parciales sólo nos darán visiones parciales del futuro. De todas formas, no tenemos mucho más.

"La ciudad tradicional ha perdido sus anteriores funciones para una parte de la población y un elemento tan modesto como el transporte ha contribuido a este cambio. Este es el caso, por ejemplo, de los hábitos de compra"


En las ciudades eficaces hay un espacio notable de complejidad bajo la apariencia de orden. El contraste entre las diferentes dinámicas coexistentes en una ciudad se hace patente en esta imagen de las torres de la Vila Olímpica, tomada desde la calle Pujades.
© Eva Guillamet  

CONCLUSIONES
Cada generación, con cierta ingenuidad, ha tenido sus cinco minutos de gloria, al pensar que el cambio que estaba viviendo era histórico y digno de ser analizado. Ésta es hoy nuestra situación. Estamos metidos en el espacio de estos cinco minutos, pensando que hay un nuevo motor del cambio que se denomina nueva economía, o si se prefiere, en su versión restringida, sociedad del conocimiento. Pensamos que la ciudad no escapará a su influencia. Nos sobran supuestos modelos del cambio.
En este artículo hemos propuesto cinco enfoques para reflexionar sobre las consecuencias de la nueva economía, es decir, de la innovación y el conocimiento, entre otras cosas, en el hecho ciudad.
En el primer enfoque se consideraban las consecuencias de la nueva economía sobre la ciudad considerada como un espacio en el que se manifiestan los problemas que es preciso resolver, en relación con las personas, que no son pocos: cambios en la composición social, un nuevo balance de emigración de una mayor diversidad cultural, con los problemas de formación y marginación añadidos, problemas por la dispersión física de las actividades de las personas, etc. De hecho, la ciudad tradicional ha perdido sus anteriores funcionalidades para una parte de la población y un elemento tan modesto como el transporte ha contribuido a este cambio. Tal es el caso, por ejemplo, de los hábitos de compra. También se ha abierto una nueva posibilidad a la aparición de guetos, de nuevos problemas de pobreza y marginalidad y de nuevas formas de delincuencia.

Ciertamente, la red puede contribuir en la resolución de muchos problemas, por ejemplo, puede mejorar muchas situaciones de aislamiento social y de bienestar. Las NTIC pueden mantener la población de los países más pobres en su lugar de residencia, haciendo innecesaria la emigración, gracias a los subcontratos de servicios, como es el caso de los call services. Frente a los problemas económicos, a los ligados a la financiación en relación con los ámbitos geográficos e, incluso, frente a los problemas de gobierno, las nuevas tecnologías pueden, ciertamente, ayudar gracias al crecimiento de las capacidades de empaquetar las coordinaciones posibles y mejorar las representaciones democráticas. Sin embargo, si la situación no cambia, el panorama es más bien pesimista.

La economía basada en la sociedad del conocimiento puede generar nuevos problemas de pobreza y marginalidad. Paneles informativos en la sede del Parc Científic, una de las grandes apuestas de futuro de Barcelona..
© Eva Guillamet

Segundo enfoque: la ciudad considerada como un lugar de relación entre el capital humano. Este segundo enfoque nos obligaba a plantearnos cómo la nueva sociedad del conocimiento y las NTIC cambiarían la localización de la relación "capital humano-información utilizable" y la "naturaleza de las decisiones de localización". De hecho, aquí se podría centrar la reflexión sobre el espacio económico de la ciudad, una vez que se haya desdibujado la economía local en el nuevo escenario de globalización, y hablar de cómo afectará a la ciudad la emergencia del comercio electrónico, del teletrabajo y de las empresas en red. Es verdad que la deslocalización del capital humano, gracias a las NTIC, es decir, la posibilidad de obtener información y conocimiento de todo el planeta sin moverse de la silla, pone en peligro la ciudad como lugar de sinergias informativas, como productora de externalidades. Sin embargo, las redes se tienen que construir y las redes tienen nodos. Ésta es una realidad que reforzará la tendencia centrífuga de los núcleos (core), pero no parece que esté muy próxima la liberación del hombre del espacio físico, es decir, la constitución de un espacio del conocimiento, aislado del "espacio de relación" física.
En este momento, el conocimiento requiere organización y laboratorios donde aplicarlo y organizaciones en las que construirlo y, por lo tanto, lo más probable es el refuerzo de la dimensión relacional global pero arraigada en la organización que la hace posible y útil.
Tercer enfoque: la ciudad como lugar de materialización del hecho económico y, por tanto, de creación de la riqueza. ¿Cómo se puede asegurar la continuidad de la prosperidad de nuestras ciudades por el posicionamiento correcto en estas nuevas realidades? Éste es un enfoque más prosaico; sin embargo, es el más real. Una reflexión superficial sobre el territorio y la naturaleza de las demandas que se hacen sobre él nos permite darnos cuenta de la gran importancia que tiene su gestión y de la trascendencia de ordenarlo de forma que la actividad económica y humana sea tan fácil como sea posible y la más sinérgica. No profundizaremos en el tema, pero basta con observar las zonas más activas en el campo del conocimiento para descubrir una disposición física determinada.
Cuarto enfoque: este enfoque, como decíamos, es un poco ingenuo en la línea de la ciencia ficción de primer nivel. Se trata de hacerse una imagen de la transformación de la ciudad fruto de los inventos. Hay una parte de prospectiva y una buena parte de utopía. Sin embargo, las utopías son la expresión de problemas que hay que resolver y las utopías tecnológicas no son la excepción, con el añadido de la sorpresa de las tecnologías emergentes. Éste es el caso de las ciudades eco-media de Kisho Kurosawa, preocupado por la biodiversidad y por el medio ambiente (no tanto por la salud mental de sus habitantes), o las propuestas de Alberto Magnaghi, empeñado en hacer el camino inverso del pueblo a la ciudad y hacernos pasar de la ciudad al pueblo. Utopía, esta última, con la buena intención de volver a la sensatez de las relaciones humanas convencionales destruidas por la globalidad. La verdadera utopía es hacerlo posible para 6.000 millones de personas. Las fábricas (y sus productos) biodegradables de William Mc Donough constituyen otra propuesta para poner parches a los espacios industriales degradados, etc.
Si de los proyectos autocontenidos (como es propio de cualquier utopía) pasamos a las aplicaciones del stock tecnológico disponible, encontramos novedades más o menos conocidas como los transportes neumáticos, la videoconferencia, como sustituto de la presencia, etc. Todas juntas son propuestas para encajar un imposible. Los problemas de las ciudades, como hemos dicho al comenzar el artículo, no son técnicos, o al menos no solamente técnicos, sino de modelo.

AGENTE PRODUCTOR DE CONOCIMIENTO
Quinto enfoque posible: la ciudad como agente que compite con otros territorios como administrador y productor de conocimiento al servicio de sus ciudadanos. En este enfoque, la ciudad se convierte en un agente. Pasa a actuar como un todo. La ciudad se convierte en una organización que compite. Una organización en la que se produce conocimiento y se gestiona, a la vez, lo que existe distribuido por el mundo en función de la propia capacidad de organización. La ciudad es la que compite, y las empresas, las universidades, los institutos de investigación e incluso las instituciones culturales están comprometidos en el proyecto en una red compleja gobernada por el interés mutuo. La producción de externalidades, cuanto más importantes mejor, es la función de todo ciudadano y de toda organización ciudadana. Los servicios, la administración de la ciudad, son su complemento necesario, pero la primera obligación de su gobierno es ordenar la producción y la materialización del conocimiento. La innovación es el producto y el conocimiento es su motor; el resto, son los medios.


Una imagen característica de marginación.
© Eva Guillamet  

Puesto que las reglas son las del mercado y la gestión del conocimiento global requiere la integración completa en el juego, la cosa no es sencilla y es necesaria la complicidad de todos los ciudadanos individualmente u organizados; de aquí la governance y la participación como principio. El mercado no puede gobernarlo todo y la ciudad es la excepción, en términos de toma de decisiones, pero el objetivo, la financiación del bienestar creciente de los ciudadanos, se rige por sus propias normas. Es el resultado de la nueva economía. Es el resultado de la combinación explosiva de la extensión del sistema globalmente (desregulación, privatización, etc.), de la posibilidad que promueven las NTIC de hacer posible la interrelación, de años de bajar las barreras institucionales, de la homogeneización del lenguaje MBA, de los crecimientos sostenidos de la riqueza, etc.
Finalmente, la combinación de los cinco enfoques nos da una imagen precisa, y no precisamente simple, del futuro del gobierno de la ciudad. Complejidad, permanencia del núcleo de base económica, riesgos sociales y ambientales crecientes y necesidad de una governance eficaz e imaginativa son los condicionantes de la distribución de la relación.