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Más allá del bricolage

La metrópolis del cable: to dig or not to dig

Ciudad, inovación y economía del conocimiento


La re-información de la ciudad

El Ayuntamiento en la ciudad digital


Participación ciudadana y Internet


 
 
La re-información de la ciudad



TEXTO Vicente Guallart
Arquitecto

©Anna Portnoy

 

 

 

La sociedad de la información permite potencialmente el desarrollo de diferentes modelos de espacio público, en función de la cultura y de la tradición urbana de las sociedades en las que se desarrolla.
Por ejemplo, en Estados Unidos, lugar en el que se han producido la mayoría de desarrollos tecnológicos y comerciales vinculados a esta nueva situación, el espacio público no existe tal como lo entendemos en Europa. Los espacios de encuentro públicos son casi siempre privados, en lobbies de rascacielos, o en centros comerciales. La tecnología allí no está orientada al espacio, sino al objeto, que es industrializable y comercializable. Las tecnologías de la información difícilmente transformarán el espacio común, ya sea de la vivienda o de la ciudad, porque no lo conocen.
¿Tiene Europa otra versión de los hechos? Y en especial, ¿puede Barcelona impulsar un modelo de definición de los entornos públicos propios de esta nueva situación tecnológica y cultural? Mi opinión es que sí. La primera aproximación a la relación entre la información y el espacio público ha sido infraestructural, mediante el inicio del cableado de la ciudad. Un cable que debe llegar a las viviendas, atravesando las calles, con el fin de procurar nuevos servicios. Lo sorprendente es que parece que las calles no lo van a notar. Cuando se llevó la electricidad a las ciudades, casi fue simultánea la electrificación de los edificios y de las calles mediante el alumbrado público. En el caso del desarrollo de la red de cable, que se añadirá a las redes de cobre ya existentes, parece evidente que se requiere de una estrategia de emergencia hacia el estrato superior con el fin de que se manifieste públicamente una nueva condición informacional de la ciudad. Que en los espacios públicos interactúe lo físico y lo digital, la función y el contenido, es una de las apuestas necesarias en las ciudades que quieran liderar ideológica y estratégicamente el diseño urbano de los próximos años. En los ochenta Barcelona definió una nueva actividad urbana -el diseño del espacio público- que ahora necesita nuevos contenidos.

¿Qué relación hay en las ciudades entre contenedor y contenido, entre espacio y objetos? En un mundo donde las corporaciones multinacionales globales son capaces de crear corrientes de consumo, los objetos que producen son cada vez más sofisticados. Los chips y las conexiones de ordenadores, automóviles, videojuegos, etc. les transfieren propiedades espaciales y funcionales con relación al ocio, al comercio o al trabajo que tradicionalmente poseía únicamente el espacio común de la plaza, el parque, la oficina, etc. Los objetos generan su propio espacio funcional y vital. Al existir el espacio de la red (manifestado mediante una interfaz plana de páginas, o mediante entornos tridimensionales) el espacio físico se tiende a menospreciar.


© Dani Codina
  ©Sygma
Un espacio público de Nueva York y una imágen de la nueva zona de desarrollo urbano de Diagonal Mar.

ESTRATEGIAS PÚBLICAS
¿Existe alguna estrategia posible en esta situación desde la acción pública? Desde luego que sí. La respuesta a esta situación es la hibridación entre lo físico y lo digital, entre lo público y lo privado. Hacer que la mejor interfaz para relacionarnos con el mundo digital sea el propio mundo físico. Que la arquitectura y los espacios sustituyan a las pantallas y los ratones. Que la interacción se produzca a la escala de la vivienda, del edificio y de la ciudad. Hay que integrar totalmente la arquitectura, que es algo inerte, con los contenidos, con el conocimiento.
¿Son los lugares públicos consumidores de información? La clave de nuestro tiempo está en convertir la información, que es algo cuantitativo, en conocimiento, que es cualitativo. Los lugares generan y consumen conocimiento. Un espacio público en el que se superponen flujos de tráfico, en el que interaccionan personas, en un entorno construido mediante arquitectura (que en el mejor de los casos será culturalmente propositiva), donde se produce el comercio, es un lugar que potencialmente genera conocimiento. Si se dispone de los dispositivos adecuados, podremos interactuar con él. Al igual que creo que la energía que se consume en un lugar se debería producir en él, la información que se produce en un lugar debería también actuar sobre él (además de proyectarse a entornos digitales, donde puede interactuar con otros entornos digitales, o con otros entornos físicos). Hasta ahora, mediante la arquitectura, se han construido instrumentos. Ahora hay que crear música con ella.
¿Podemos pensar en una ciudad donde los automóviles son inteligentes, se conectan con el mundo exterior, y sin embargo la ciudad que los contiene no lo es? ¿Puede un automóvil conocer a una ciudad y la ciudad no conocer a los automóviles que la habitan? Un sencillo ejemplo: si todos los automóviles le dicen a la ciudad a dónde van, la ciudad debería ser capaz de transformar el sentido de sus calles con el fin de adaptarse a los flujos de este movimiento de forma integral, y comunicárselo a los automóviles y sus conductores. De esta manera se podría lograr una mayor eficacia en la gestión del tráfico.
En efecto, la reversibilidad, la flexibilidad (no sólo en cuanto al tráfico) es uno de los nuevos paradigmas para la ciudad. Tal como dice Willy Muller, la ciudad debería ser como los chips, que cada vez hacen más cosas en menos espacio. Y para ello hay que definir sistemas flexibles, definir los espacios en función más de procesos que de acontecimientos fijos y aislados. La inteligencia, o la capacidad computacional, debería llegar a espacios, objetos y personas y fomentar que la interacción entre estas tres entidades creara una nueva relación entre lo local (el mundo físico) y lo global (los procesos informacionales), haciendo del hombre el centro de este proceso.
¿Quién debe liderar esta nueva estrategia en el entorno urbano? ¿Existe I+D del proyecto de la ciudad? La política es en demasiadas ocasiones una actividad muy alejada del riesgo de la innovación. Pero si una ciudad quiere ser la ciudad del conocimiento, ¿no deberían ser la innovación y la investigación uno de sus métodos de trabajo fundamentales? ¿Qué presupuesto se debe destinar al I+D urbano? Los grandes avances tecnológicos o económicos en nuestro tiempo se basan en ideas sencillas que requieren una cierta solución tecnológica-informacional para llevarse a cabo. Pero cuando surge esta nueva idea, existen muchas otras subideas o acontecimientos relacionados con ello. Por lo tanto, es muy difícil separar una idea de sus consecuencias, a menos que se asuma el riesgo de perder posibles potenciales de calidad y de excelencia. No se puede especular con la innovación. No es algo que se cuantifique en tantos por cientos.

"No solamente hay que construir calles cableadas que lleven la información a alta velocidad a las viviendas limítrofes, sino que también hay que conseguir que la información fluya por el espacio público".


 
Página web de Telecat.org, una de las entidades surgidas para promover y organizar la autoocupación mediante el teletrabajo.
© Enrique Marco  

INNOVAR ES EL PAPEL DE LOS LÍDERES
Las ciudades más innovadoras, como Barcelona, son conscientes de esa necesidad de cambio, y están en proceso de asumir la necesidad de probar en situaciones reales la re-información del espacio urbano. Innovar es siempre el papel de los líderes. Y Barcelona tiene hoy, en el mercado global, a la arquitectura y el proyecto del espacio urbano como uno de sus mejores productos.
¿En qué cuestiones se puede concretar esta re-información de los edificios y del espacio urbano? Ante un mundo donde el trabajo, el ocio y el comercio se pueden realizar a través de ordenadores que ocupan espacios que no necesitan una cualificación, la función no debería ser un parámetro fundamental para definir una porción de suelo de la ciudad.
Admitiendo que el número de alturas de un terreno (es decir, cuántas veces se puede multiplicar una porción de suelo sobre sí mismo) sea un parámetro a definir, la re-información de los edificios debería incidir en organizar el funcionamiento de los mismos en sección más que en planta. Con el subsuelo dedicado a funciones de almacenamiento (automóviles, bienes), la planta baja y su entorno a funciones de comercio y atención al público, las plantas del edificio a usos mixtos (vivienda, trabajo de la información), la cubierta sería el nuevo espacio a descubrir, permitiendo actividades de ocio y esparcimiento en el ámbito público o semipúblico. La organización de las plantas debería permitir una flexibilidad total que permita variar el uso de los espacios a lo largo del día y a lo largo de la vida del edificio.
¿Cómo transforma la llegada masiva de información el entorno de la vivienda? El cable debería producir una transformación en el edificio similar a la llegada de agua corriente o de electricidad hace más de cien años.
El teletrabajo (realizado en la vivienda, o en un apartamento o local en las proximidades) necesitará de espacios específicos en entornos domésticos para evitar "el síndrome del trabajo permanente". El aumento del tiempo del ocio doméstico hará que se disfrute de espectáculos desde la vivienda en gran formato, desde salas audiovisuales. La vivienda, ya informacional, pasará a formar parte de la red de lugares donde discurre la vida de las personas (que incluye el automóvil, el lugar de trabajo, o los lugares de ocio) según el proceso al que asistimos de desaparición de los ordenadores y la creación de un entorno conectado.
Asimismo la re-información de los edificios supone que el edificio es sensible al medio que lo rodea, y por lo tanto organiza su interacción con el ecosistema urbano de forma sostenible. Por ello, el edificio produce la mayor parte de la energía que consume mediante superficies fotovoltaicas instaladas en la fachada del propio edificio o mediante árboles fotovoltaicos emplazados en la cubierta. Además, el edificio debería ser capaz de acumular agua, o extraerla del subsuelo próximo, con el fin de disminuir el consumo externo al mismo.
En cuanto al espacio público, su re-información supone que cada nueva calle a urbanizar ha de estar preparada para reflejar y reflejarse en el mundo virtual. Se han de construir no únicamente calles cableadas que lleven información a alta velocidad a las viviendas colindantes, sino que se ha de conseguir que la información fluya también por el espacio público. Que éste sea sensible a las personas que lo habitan de forma continua (desde el suelo), y a través de nuevos iconos urbanos que interactúan con los habitantes de entornos próximos y lejanos. Que permita la expansión activa mediante el deporte y el ocio de las personas concentradas digitalmente en las viviendas próximas. Que permita regular el tráfico de vehículos y personas de forma flexible a lo largo del día, de la semana y del año (y en permanente interacción con los propios vehículos que también gestionan su información).
Un espacio público que permita, por otra parte, nuevas relaciones entre los elementos orgánicos (los árboles, las plantas...), no ya simplemente para responder a una lógica urbana (alineación, perspectiva, repetición), sino en función de una lógica propia. Que asimile de forma activa los fenómenos climáticos y atmosféricos de su entorno, produciendo la energía que se consume. En este contexto surgen nuevos elementos urbanos propios de la cultura digital como el árbol fotovoltaico, el avatar urbano, el pavimento reactivo, las sport-rocks, la agricultura urbana y los minitelecentros.
La sociedad industrial produjo una transformación encaminada a conseguir una calidad mínima para el máximo número de personas, en la ciudad y en la vivienda. La sociedad de la información debe buscar una calidad máxima para todos aquellos lugares que transforma.

La re-información de los edificios permite:
1. Regulación funcional en sección.
2. Flexibilidad funcional en planta con la aparición de nuevos espacios.
3. Utilización de la cubierta con fines de esparcimiento.
4. Llegada masiva de información a través del cable para el trabajo, el ocio y el comercio.
5. Interacción entre la vivienda y el resto de objetos y lugares de los
individuos.
6. Interacción sostenible con el medio.

La re-información del espacio público permite:
1. Diseño de espacios reactivos y sensibles a los individuos con acceso
a los entornos telemáticos.
2. Producción de nuevos iconos urbanos que interactúen con los
individuos.
3. Zonas de esparcimiento y ocio continuo.
4. Flexibilidad en los flujos de tráfico y en la relación peatón - vehículos.
5. Producción de energía en la calle e interacción inteligente con el medio.
6. Nuevos tipos de plantaciones.

La calle digital: elementos urbanos

Cristóbal de Moura es una calle del Eixample barcelonés, en la zona de Poblenou, que va desde el río Besòs hasta el parque central de Poblenou. En 1998, el Ayuntamiento encargó un proyecto básico para la construcción de su parte final, entre la Diagonal, Bac de Roda y Selva de Mar. Este proyecto permitió concebir cómo serían las calles de la Ciudad del Conocimiento. La calle se construye a partir de una trama edificada predefinida.


© Enrique Marco

Zona dónde se construirá
la prolongación de la calle Cristóbal de Moura.

En ella se define un pentagrama de banda de movimientos diferentes (peatones, coches, bicis, deporte) que atraviesa una masa boscosa amorfa definida mediante árboles frutales. De esta forma, la calle ya no surge de la repetición de una sección como las calles tradicionales, que crea situaciones repetitivas unidireccionales, sino que se producen visiones y relaciones multidireccionales.
El pentagrama inicial se construye con un suelo estructurado por canales de datos, que le permite capturar y emitir luz, aguas y datos en cualquier lugar. La base de este suelo es la acera digital.
La acera digital es una pieza fabricada en fundición que permite colocar en su interior conducciones para el flujo de la luz, el aire y el agua y para la transmisión de datos, así como sensores capaces de interactuar de forma inteligente con el espacio urbano.
Con este sistema se pueden capturar datos del funcionamiento de la ciudad para organizarlo de forma más eficaz; desarrollar un sistema de control ambiental en climas cálidos y fríos; acceder a la información de la red a gran velocidad desde el espacio urbano; organizar los flujos del tráfico de forma flexible; emitir mensajes en el espacio urbano y convertir la calle en un lugar para el encuentro y la fiesta.
La acera digital es la base estructural para desarrollar submallas en diferentes lugares del espacio público, que creen condiciones específicas para desarrollar actividades en el interior de la ciudad.


Acumulación de coches en una vía pública, que la digitalización de la vida urbana tendría que poder evitar.
© Archivo Imprenta Municipal  

La fibra óptica, como vehículo de transmisión luminosa, permite emitir luz a nivel de suelo, que varía su color en función del filtro que lleva su fuente de emisión. Gracias a lo cual se puede organizar de forma flexible el paso de peatones y vehículos (automóviles, autobuses y bicicletas). Como vehículo de transmisión de datos, permite acceder desde determinados lugares del espacio urbano a las redes de información a una determinada velocidad.
El agua puede ser utilizada con la finalidad de regular la temperatura ambiente, mediante la emisión de agua pulverizada (la calle produce un leve sonido de emisión previo a la expulsión). Y también con finalidad comunicativa, con la intención de crear cortinas sobre las que se proyectan imágenes. El agua que se consume en un lugar se debe producir en ese mismo lugar, ya proceda del cielo o del subsuelo. En el caso de Cristóbal de Moura, el nivel freático se sitúa a tres metros por debajo del nivel de la calle, lo que comienza a ser problemático para los edificios. La proximidad del mar y el abandono de gran cantidad de industrias de Poblenou, que con anterioridad extraían los recursos hídricos del subsuelo para su funcionamiento, aconseja incluso un uso en masa de los recursos hídricos del subsuelo. Para ello se ha previsto la instalación de bombas para capturar los recursos hídricos subterráneos y acumularlos en un depósito para su posterior uso en la calle.
Pero este proceso debe ser cíclico. Es decir, se extrae el agua, se utiliza en la calle con finalidades térmicas y ambientales y, posteriormente, se devuelve a la calle.

"Es una calle productiva. Que fomenta el intercambio y el encuentro. Que cambia con las estaciones. Que emite olores, sonidos, luz. Que es sensible al entorno y a sus habitantes. Una calle de nueva generación, en una palabra".

Creaciones virtuales del proyecto para la construcción de la parte final de la calle Cristóbal de Moura, entre la Diagonal, Bac de Roda y Selva de Mar, que permitió pensar cómo serían las calles de la Ciudad del Conocimiento.

© Vicente Guallart

Pero este proceso debe ser cíclico. Es decir, se extrae el agua, se utiliza en la calle con finalidades térmicas y ambientales y, posteriormente, se devuelve a la calle.
El suelo es una superficie modelada con conglomerados asfálticos, delimitada mediante la acera digital, que tiene una superficie del 35%, con un pavimento que permite incorporar césped, permeable al agua. La calle incorpora árboles fotovoltaicos, que capturan la energía solar y la envían a la red eléctrica. Por la noche, la luz de la calle se genera a partir de esta energía producida en el mismo lugar en que se consume.
Por otra parte, la calle incorpora árboles avatares, una nueva generación de elementos urbanos que son representaciones físicas de otros tipos de objetos. Por ejemplo, un avatar de un piano con forma de árbol o de una jaula de pájaros o de un fragmento de naturaleza... Asimismo, un conjunto de rocas potencia la calle como un lugar para practicar deporte, creando circuitos estudiados para diferentes edades y complejidades. Por lo que respecta a los árboles, todos son frutales, en principio naranjos.
Se trata, por lo tanto de una calle productiva, que fomenta el intercambio y el encuentro, que cambia con las estaciones, que emite olores, sonidos y luces, que es sensible a su entorno y a sus habitantes. En una palabra, una calle de nueva generación. V. G.

Creaciones virtuales del proyecto para la construcción de la parte final de la calle Cristóbal de Moura, entre la Diagonal, Bac de Roda y Selva de Mar, que permitió pensar cómo serían las calles de la Ciudad del Conocimiento.

© Vicente Guallart