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REVISTA BREVE: ENTREVISTA



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Josep Maria Castellet,
el profeta de los "novísimos"

Entrevista: FELICIA ESQUINAS


                                 Š Eva Guillamet

En 1970, una especie de terremoto sacudió los medios literarios españoles: Josep Maria Castellet publicaba Nueve novísimos poetas españoles. Los nueve novísimos eran Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. Ahora nos llega la primera reedición (Península) de aquella antología polémica. Es uno de los actos de homenaje que el Grup 62 dedica a Castellet, su presidente, que en diciembre cumple 75 años. En junio, el Grup 62 también recuperará uno de los ensayos más importantes del escritor y ex crítico literario, La hora del lector (1957), donde propugnaba el papel activo del lector en la creación del texto literario. La obra se publica con un estudio crítico de Laureà Bonet.

¿Cómo ha recibido esta primera reedición de Nueve novísimos poetas españoles?
Con un poco de sorpresa, la sorpresa de ver que ha despertado curiosidad en los medios. Una de las justificaciones para reeditar el libro es que los nombres escogidos en la antología se han convertido en personas más o menos importantes en el campo literario. Unos lo han hecho académicamente, otros a través de la prensa.

¿Por qué razón un libro mítico como este no se ha reeditado antes?
Barral Editores, responsable de la primera edición, ya quería reeditarlo en 1972. Pero al planteárselo a los autores presentes en la antología, cada uno quería introducir poemas nuevos, retocar sus Poéticas. Este era el problema: no se podían ir haciendo reediciones y que cada uno fuera modificando los textos. Más tarde, Barral Editores desapareció y quedó la antología, que había acabado en el mercado de libros de viejo.

Y no se ha vuelto a publicar hasta ahora, treinta años después. ¿No se planteó revisar el texto?
Cuando Joaquim Palau, director editorial de esta casa (Grup 62), comenzó a perseguirme con esta idea hace tres años, yo le dije -es lo que creo- que esta antología, tanto o más que a mí, pertenece a los autores que aparecen en ella y que debían ser ellos quienes dijeran qué hacer. Pero mi criterio era que la obra sólo se podía reproducir exactamente igual que salió, porque han pasado treinta años y si se modifica, se desvirtúa lo que fue en aquellos momentos. La única novedad es que se ha añadido un apéndice con las críticas con que fue acogida la obra.

En 1970 el libro fue recibido como una provocación. ¿Esperaba tanto revuelo?
No. Lo escribí porque, en mi antología anterior -Veinte años de poesía española, después Un cuarto de siglo de poesía española- había defendido el realismo histórico de los años cincuenta. Estos postulados estéticos fueron cayendo en los sesenta, y había un grupo de gente joven al que la propuesta de Veinte años... ya no les interesaba. Yo sentía curiosidad por saber qué había pasado y por qué. Me parecía que tenía que levantar acta notarial de que, en lugar de lo que yo mismo quizás pensaba, las cosas iban por otro lado; y habían ido por otro lado, efectivamente.

¿Por qué cree que fue tan polémico?

Las cosas cambian inevitablemente, y esto debía sorprender. Debían sorprender los planteamientos que hacían estos jóvenes. Quizás también sorprendió el hecho de que yo había defendido otro tipo de poesía y escribía una antología que no tenía nada que ver con aquélla. O también, puesto que era una selección de sólo nueve nombres, hubo gente que se sintió excluida. Pero no me esperaba ni la polémica con que fue recibida ni aún menos que hablaran de ello treinta años después.

"Amiguismo", "centralismo", "ensalada a lo divino", "interpretación abusiva"... Acos-tumbrados al tono de la crítica literaria de hoy, sorprende la virulencia de las opiniones vertidas sobre la obra en aquel momento.
Esta antología, como las otras que he escrito, no era una antología académica. No había una investigación a fondo y únicamente literaria. En ella también había una investigación sociológica, muy metida en el mundo ya europeo y distante del español, porque ésta era una de las características de las que esos escritores estaban hartos: de la España, una, grande y libre y del españolismo de entonces. Por tanto, la academia -y con academia quiero decir la universidad- no podía aceptar este tipo de cosas. Pienso que algunas críticas fueron bastante acertadas, y que cada uno habrá quedado retratado en el punto de vista en que se posicionó, de la misma manera que yo me retraté al hacer el libro.

¿Y cómo ve ahora estos Nueve novísimos?

Con la gracia de la perspectiva histórica. El libro da una imagen de lo que estaba pasando en aquella época. Uno de sus aciertos es que se podía sacar la conclusión -cosa que el libro no recoge porque pasaba por censura, como todos los libros entonces- de que, literariamente hablando, el franquismo había muerto. Ya no contaba el hecho de tener que estar luchando. La lucha era otra cosa, una lucha colectiva, pero no una lucha literaria.

¿Qué aportaron a la poesía española?
Una ruptura, simplemente. Rompieron con aquella visión, que yo contribuí a crear, de una poesía un poco encerrada en el realismo histórico. Vázquez Montalbán, en Reflexiones ante el neocapitalismo, recoge unas palabras de Antonio Machado para su discurso de ingreso en la Academia: "Cuando una pesadilla estética se hace insoportable, es señal inequívoca de que se anuncia un cambio". Creo que habíamos llegado sin saberlo al momento de la pesadilla estética. Estaba el realismo socialista, de hacer de la poesía un arma de combate. Pues bien, a esta gente, cuando menos, se les había convertido en una pesadilla estética. Esta es la cultura que creo que se produjo a raíz de la antología.

¿Qué lugar cree que ocupa actualmente la poesía escrita en castellano hecha en Cataluña?

Seguir hoy la poesía, en castellano e incluso en catalán, que es un ámbito más reducido, es muy difícil. Existen muchas publicaciones de poesía, pero están muy dispersas y no llegan al circuito comercial. Sólo los críticos que están en activo, que son reconocidos y a los que la gente envía libros, saben exactamente, si quieren saberlo, lo que está pasando ahora en la poesía española.

¿Cree que todavía están vigentes las tesis que exponía en La hora del lector?

Yo pensaba que era un libro muerto y enterrado. Es cierto que hubo aquel comentario de Umberto Eco que decía que había sido un libro profético (en un ciclo de conferencias en la Universidad de Cambridge, en 1990). Lo escribí en 1957, y no considero que sea una obra totalmente vigente, porque las teorías que exponía han ido avanzando. Pero si me han pedido reeditarlo, ahora el público o los estudiosos ya dirán lo que quieran.