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Más fuerte, más cercano, más democrático

 


El 6 de junio de 2001 se ha convertido ya en una fecha para la historia de la ciudad de Barcelona y para las organizaciones internacionales en las que se integran la mayoría de las ciudades y gobiernos locales de todo el mundo. La intervención personal de Joan Clos en la Asamblea General de Naciones Unidas -la primera de un alcalde ante este organismo- ha significado la confirmación concluyente del liderazgo que ejerce Barcelona a la hora de defender y proclamar la racionalidad de una descentralización efectiva que otorgue más recursos y una mayor capacidad de decisión y actuación a los poderes municipales de las grandes ciudades.
Como es lógico, el hecho no puede contemplarse, tan sólo, desde la vertiente del "prestigio barcelonés" que legítimamente ha de enorgullecer a los ciudadanos de Barcelona y de todo el país. Los deslumbramientos políticos y mediáticos que ha suscitado el acontecimiento no deberían hacer que se menospreciaran los contenidos de un mensaje en el que no ha habido, ciertamente, ninguna expresión de autocomplacencia ni de triunfalismo. Todo lo contrario, las palabras del alcalde Joan Clos han planteado a los representantes de todos los estados del mundo la alarma razonada ante los gravísimos problemas, cada vez más agudos, que se concentran en las megápolis del planeta, que no dejan de crecer en número y en población.
Los diagnósticos y pronósticos sobre la acelerada explosión urbana de nuestros días no permiten, sin embargo, el esbozo de un panorama demasiado halagüeño. Clos recordó a los miembros de la ONU una realidad estremecedora: en los últimos veinticinco años, el número de ciudades de más de diez millones de habitantes se ha multiplicado por cuatro y nada indica que este proceso vaya a detenerse. Como pudo constatar la II Asamblea Mundial de Ciudades y Autoridades Locales, celebrada en mayo en Río de Janeiro, en el siglo XXI que empieza, y por primera vez en la historia de la Humanidad, "más de la mitad de la población mundial vivirá en un medio urbano".
La marginación y la miseria que se generan a causa de la fascinación que provoca la gran ciudad a las poblaciones de las áreas rurales más precarias de tantas regiones del planeta tienden a engrandecer y cronificar problemas de medio ambiente, de inseguridad, de violencia, de tráfico, de suministros y servicios..., a la vez que retroalimentan más pobreza y segregación social. De acuerdo con la Declaración del Milenio de Naciones Unidas, los gobiernos locales quieren fortalecer su compromiso para erradicar la situación de pobreza extrema a la que se enfrentan, a menudo con el último recurso de la resignación, más de cien millones de habitantes de las grandes ciudades.
Este compromiso, sin embargo, con todas las implicaciones que conlleva, exige a los poderes legislativos y ejecutivos de los estados una mayor confianza en los poderes locales, es decir, el convencimiento de que estos son, en palabras del alcalde de Barcelona, "la otra cara de la moneda para garantizar el equilibrio social, la cohesión, la solidaridad imprescindible para que el nuevo orden que se está desarrollando no caiga en el círculo vicioso de generar una mayor desigualdad, un mayor desconcierto social y, en consecuencia, inseguridad y malestar. La ciudad puede y debe ser la factoría de la pacífica convivencia cotidiana". La excepcionalidad y el interés del mensaje de Joan Clos se acentuaron cuando éste se dirigió a la Asamblea de Naciones Unidas en catalán en el momento de proclamar que la hora actual exige, por todo ello, "un gobierno de las ciudades más fuerte, más cercano y más democrático".
Las organizaciones internacionales de ciudades escribieron una página decisiva el 6 de junio de cara a los objetivos que tienen planteados. Sin duda, la colaboración de los poderes locales con el Centro de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (CNUAH), que se consolidó en la reunión de Río, la participación creciente en las cuestiones que recoge la Agenda Hábitat o los trabajos dirigidos a la constitución de un foro intergubernamental, en el seno de Naciones Unidas, de los que salió la Carta Mundial de Autonomía Local, tendrán un punto de referencia en esta fecha que confirmó a Barcelona como abanderada del reconocimiento del "papel real y efectivo" que deben tener los gobiernos locales. B.MM