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Academia Marshall,
cien años de estudios de piano
en Barcelona

TEXTO FELICIA ESQUINAS
FOTOS ENRIQUE MARCO

 

La Académia Marshall, la escuela de piano más importante de Barcelona, celebra este año su centenario. Tras suyo queda un capítulo imprescindible de la historia musical de nuestra ciudad y la huella de tres personas que lo han hecho posible: el compositor Enric Granados, fundador de la académia, y sus discípulos y continuadores, Frank Marshall y la pianista Alícia de Larrocha.

Alícia de Larrocha y Xavier Montsalvatge.
   

En el piso señorial de la calle Comte de Salvatierrra se amontonan los recuerdos. Es como pasear por el interior de un enorme álbum de fotos familiar, forrado de cortinajes de terciopelo, arañas de cristal y muebles isabelinos. Y del brillo negro de los pianos de cola que hay en las aulas, habitaciones repletas de fotografías dedicadas, de los maestros y de los alumnos, de las grandes figuras (Arthur Rubinstein, Emil von Sauer...) y también de los aprendices. En las vitrinas de la sala que hace de pequeño museo se pueden contemplar los manuscritos de la Sinfonía Sevillana, de Joaquín Turina, y del Concierto Breve, de Xavier Montsalvatge. En una de las habitaciones hay un clavicémbalo que tocó Manuel de Falla. Cualquier rincón de la Academia Marshall guarda la nota silenciosa de una historia que sería mejor escuchar que leer. A lo largo de cien años, la Academia Marshall ha sido un importante foco de difusión musical, cuna de grandes pianistas y punto de encuentro de compositores, intérpretes y discípulos. Son muchas las personalidades que han estado vinculadas a esta escuela, desde el musicólogo Felip Pedrell a los compositores Isaac Albéniz, Manuel de Falla, Joaquim Nin-Culmell o Xavier Montsalvatge, los pianistas Ricard Viñes y Joaquim Malats, el violoncelista y compositor Pau Casals, leyendas del piano del siglo XIX como Emil von Sauer y Édouard Risler, la soprano Victoria de los Ángeles... Pero la academia no habría sido posible sin el concurso de tres figuras básicas: Enric Granados, Frank Marshall y Alícia de Larrocha. Ellos la convirtieron en un centro de referencia, tanto a nivel de escuela de sonoridad como de interpretación y divulgación de la música española.


Frank Marshall con los hermanos Corma.
Robert Gerhard y Conxita Badia, en 1935, durante un recital en la Llotja de Mar.


Enric Granados fue su fundador. Hacía tiempo que el gran compositor y pianista leridano compaginaba la actividad musical con las clases. Eran un medio de ganarse la vida, pero también respondían a una clara vocación por la enseñanza. En 1901, con la ayuda de Felip Pedrell, creó la Academia Ganados, en el primer piso del número 14 de la calle Fontanella. Durante los primeros años, el subdirector fue el organista y compositor Domènech Mas i Serracant. La academia se trasladaría después a la calle Girona, donde tuvo dos sedes, primero en el número 89 y más tarde en el 20. Allí vivió el maestro con su familia.
En aquella primera época se ponen las bases de lo que será la academia a lo largo de su trayectoria. La personalidad carismática de Granados y su conocimiento del ambiente musical de principios de siglo hacen que la escuela sea un centro muy activo, frecuentado por los amigos del compositor.
Se organizan conciertos para la presentación de los alumnos, conferencias, sesiones especiales de música, concursos, y numerosas figuras artísticas participan en estas actividades. El propio Felip Pedrell, por ejemplo, o el célebre pianista Édouard Risler, que presidió el concurso de piano organizado en el curso de 1911. En 1912, con la inauguración de la Sala Granados en la avenida Tibidabo, las actividades musicales de la academia se amplían a este nuevo espacio, regalo del doctor Andreu al compositor. En la sala actuaban los alumnos de los cursos superiores, se estrenaban obras de Granados y se impartían clases magistrales. Permaneció abierta hasta finales de los años veinte.
Entre los discípulos de Enric Granados, Frank Marshall era el más destacado. Profesor de la academia desde los diecisiete años, a los veinte Granados lo nombró subdirector de los estudios de piano. Marshall era la mano derecha del compositor, y quien le sustituía durante sus ausencias. Al morir, trágicamente, Granados en 1916, Marshall se convirtió en el nuevo director y continuador de la escuela.

"El genio de Enric Granados se respira aun en la academia. El principal legadopedagógico es su preocupación por la sonoridad".
   


En 1920, y con Marshall como único propietario y responsable, la Academia Granados cambia su nombre por el de Academia Marshall y se traslada al número 106 de la Rambla de Catalunya. Volverá a cambiar de domicilio en 1941, año en que se instalará en el número 10 de Comte Salvatierra, su sede definitiva hasta la actualidad.
Al igual que sucedió con Granados, Marshall está plenamente integrado en la vida cultural barcelonesa y consolida el prestigio de la institución. Su esposa, Teresa Cabarrús, colabora en esta tarea e introduce en la academia cursos de literatura, declamación y sesiones de lo que se llamaba "teatro de cámara", para completar los estudios de música.
En los años veinte, en ella impartió clases uno de los pianistas europeos más prestigiosos, Emil von Sauer. Gracias al círculo de amistades de Marshall, en años sucesivos tendrán relación con la academia celebridades como Manuel de Falla, Alfred Cortot, Arthur Rubinstein, el director Igor Markevitch, Andrés Segovia o Pau Casals. También colaboran en los conciertos y las actividades reconocidos compositores, entre ellos Xavier Montsalvatge -que más tarde impartiría clases de armonía y de teoría de la música-, Joaquim Nin-Culmell y Frederic Mompou. Una joven Victoria de los Ángeles cantó por primera vez en público en la Academia Marshall, en los años cincuenta.
Frank Marshall murió en 1959. De nuevo, sería una discípula suya quien se pondría al frente de la academia. Se trataba de la pianista más brillante surgida de esta escuela, Alícia de Larrocha, que en aquel momento era una intérprete con gran proyección internacional: en 1954 había debutado en Estados Unidos con la Filarmónica de Los Ángeles. Alícia de Larrocha empezó a estudiar en la academia en 1926, con sólo tres años. Hoy, hace 41 años que también es su directora. Y continúa compaginando sus compromisos con las clases magistrales que ofrece en la escuela, cuatro veces al año, dentro de un máster de música española.

lA l'acadèmia s'han format quatre generacions de pianistes i músics. Molts d'ells van arribar a ser figures reconegudes.
   

"Alícia de Larrocha empezó a estudiar en la academia con solo 3 años. Hoy, hace 41 años que también es la directora.Y compagina los compromisos con las clases magistrales".

Un método pionero
Pedagógicamente, la importancia de la Academia Marshall se debe a la particularidad de su método, destinado a potenciar al máximo la sonoridad expresiva del piano. Se considera a Enric Granados uno de los creadores, junto con Albéniz, de la escuela catalana moderna de piano. El compositor leridano fue el autor del Método práctico para el uso de los pedales del piano (1912), el primer método sobre la mecánica del pedal publicado en España. Hasta aquel momento, el uso de esta palanca, que regula la vibración del sonido que emite el piano, era puramente intuitivo. Pero para Granados era el pilar que sostenía la técnica pianística, y fue el pionero en aplicarlo a la enseñanza. Marshall, que opinaba que en la utilización de los pedales "se esconde el mayor secreto del arte del piano", profundizó en el método, editando Estudio práctico sobre los pedales del piano (1919) y La sonoridad del piano (1940).
En la Academia Marshall se han formado cuatro generaciones de pianistas y músicos. Muchos de los alumnos de esta escuela llegaron a ser figuras reconocidas, y en ciertos casos más allá de nuestras fronteras. Alícia de Larrocha es el ejemplo más significativo, pero hay otros. Entre los discípulos destacados de Enric Granados figuran el compositor Robert Gerhard y la cantante Conxita Badia. Entre los de Frank Marshall, hay que citar a Mercè Roldó y Julia Albareda -que continuarían trabajando en la academia- Alberto Attenelle y, muy especialmente, Rosa Sabater, una de las mejores pianistas formadas en la escuela. Hija del director de orquesta Josep Sabater, Rosa Sabater debutó en el Palau de la Música en 1942, con trece años, y en 1948 se presentó en París con Eduard Toldrà. A partir de aquel momento, desarrolló una importante carrera internacional. En el momento de su muerte, en 1983, era catedrática de piano en el conservatorio de Friburgo.
El hecho de que Enric Granados fuese compositor ha hecho que la Academia Marshall sea un centro de referencia en la divulgación y el aprendizaje de la obra de los autores de nuestro país, desde el propio Granados a Falla, Rodrigo o Turina. Este año, la celebración del centenario ha rendido homenaje a la memoria del fundador. La Editorial Boileau ha editado, bajo la dirección de Alícia de Larrocha, la integral de la obra para piano de Granados, incluidas partituras todavía inéditas. También se ha publicado un libro conmemorativo (Acadèmia Granados-Marshall: cent anys d'escola pianística a Barcelona, de Mònica Pagès), y se está catalogando y digitalizando el archivo documental de la escuela, un fondo muy valioso que recoge este extenso legado artístico y que se abrirá al público el año próximo. Son algunos de los puntos destacados de un programa de actos que culminará el próximo 14 de septiembre, con la entrega de los premios del Concurso Internacional de Piano Enrique Granados en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. Habrá un premio especial para la mejor interpretación de la obra del gran compositor leridano y un concierto público con los ganadores el día 15 de diciembre en el Auditori Winterthur.