english







portada de BMM
correu
arxiu

 


Los museos de Barcelona (1975-2000).

El Museu Nacional d'Art de Catalunya

El MACBA desde una perspectiva crítica de la cultura


Los museos de ciencias de Barcelona, un activo a potenciar


Principios fundamentales de la museología científica moderna


Historias y museos


Museos, patrimonio y territorio

El coleccionismo privado y los museos de Barcelona

El museo como espectáculo arquitectónico

Entre la pedagogia y el tour operator

Una ciudad de museos municipales

Cronología


 
 
Museos, patrimonio y territorio



TEXTO Carles Vicente Guitart
Historiador. Jefe de la Oficina de Patrimonio Cultural de la Diputació de Barcelona

ŠAntonio Lajusticia   

 

 

 


Si relacionamos las palabras museo y territorio, nos remiten a los conceptos de patrimonio local, memoria colectiva e identidad local. Patrimonio local o territorial es, por una parte, el producto de la evolución histórica de un territorio determinado y aquello que conforma la identidad, es decir, lo que el tiempo ha ido sedimentando (hechos, acontecimientos, testimonios...) y que constituye la memoria colectiva. Es también, por otra parte, lo que configura la imagen que actualmente tenemos de un territorio o bien la percepción que de él tienen sus habitantes. Esta identidad del territorio es el resultado de una multiplicidad de identidades. Así pues, la expresión museográfica debe tener en cuenta esta suma o combinación de diferentes identidades.

El patrimonio representa la base material e inmaterial de la cultura de un pueblo, su memoria colectiva; aunque esta herencia cultural no se suela vivir plenamente como elemento clave de la vida cultural contemporánea. Éste es uno de los retos que, desde la gestión del patrimonio, no se puede eludir, si se pretende responder realmente a los intereses del conjunto de la sociedad.
En general, los museos han sufrido transformaciones diversas a lo largo del tiempo y han desempeñado funciones muy diferentes: han pasado de ser espacios de representación simbólica a ser espacios de intercambio y comunicación de experiencias con una clara función social e integradora. En este proceso, los museos se han convertido en complejos centros culturales especializados en la recuperación e investigación del patrimonio que conservan, además de democratizar el acceso de los ciudadanos. Esta función se hace aún más evidente en los denominados museos de territorio, en los que este último se convierte en el objeto museístico primordial o elemento básico sobre el cual sostienen su discurso.

Una sala del Museu de la Pell d'Igualada y vista exterior del antiguo edificio fabril que lo aloja. Š Toni Coll Tort

Š Toni Coll Tort

En general, la actividad del museo está marcada por la estrecha vinculación existente entre las colecciones que alberga y los servicios que ofrece. En el caso de los museos de territorio, el objeto que se pretende investigar, con-servar y difundir es el ecosistema cultural y natural, y los servicios que han de ofrecer deben presentar la misma o mayor complejidad que la comunidad a la que sirven.
Estos equipamientos se definen y singularizan por la proximidad e implicación en su medio cultural-natural, por la vocación de uso comunitario basado en la participación ciudadana y por el tratamiento integral de los bienes patrimoniales de un espacio determinado, lo que se denomina el museo sin muros: la exposición como síntesis o preámbulo del auténtico "museo-territorio".
Los museos de territorio pueden considerar el patrimonio de dos formas distintas: por un lado, la forma tradicional y estática, que consiste en utilizarlo como refugio de la memoria y almacén de la historia (éste es el caso de muchas de las colecciones y pequeños museos dispersos por Cataluña); y por otro, una actitud dinámica que responde mejor a las necesidades de una política cultural activa y que pretende utilizar los testimonios del pasado para ayudar a comprender el presente. En este caso, la interpretación del patrimonio cultural no se realiza estrictamente partiendo de una visión localista, sino que admite interpretaciones especializadas del territorio que pueden ir desde la perspectiva interdisciplinaria de la formación y transformación del paisaje hasta lecturas específicas que se apoyan en aspectos etnológicos, arqueológicos, históricos, naturales o socioeconómicos. Son muchos los ejemplos de museos de territorio que se articulan a partir de lecturas especializadas de su patrimonio y que, no obstante, mantienen un discurso integrador y global con su entorno.

El Museu de Gavà y de las Minas Prehistóricas.

Š Toni Coll Tort

"Los museos de territorio representan un modelo de centro cultural basado en la proximidad a los intereses y motivaciones de los ciudadanos y en la utilidad que pueden tener para la comunidad. Tienen que ser útiles socialmente y culturalmente".

Los museos territoriales catalanes son básicamente de titularidad pública, en su mayoría municipal. Las dinámicas de renovación de las últimas décadas han provocado cierta especialización, y, si se interpretan en conjunto, se obtiene una auténtica visión nacional del patrimonio catalán. Para demostrar una biodiversidad rica y variada que constituye nuestro presente no se debe tener en cuenta ni la trascendencia ni el valor de las colecciones y bienes, sino la diversidad de matices y lecturas. Sin ser muy exhaustivos, podemos mencionar algunos ejemplos que configuran esta riqueza y diversidad del museo de territorio y del patrimonio cultural y natural que pretenden explicar:
- Museu de Gavà i de les Mines Prehistòriques, que ofrece una interpretación integral de la formación y transformación del paisaje desde el espacio natural del Garraf, pasando por la zona de dunas del litoral de Gavà, hasta la evolución económica y residencial del segundo anillo metropolitano.
- Museu Etnològic del Montseny-Arbúcies, que muestra el vínculo entre las actividades tradicionales de una comunidad agrícola y ganadera de montaña y su conversión en zona de protección natural y cultural como es, en la actualidad, el Montseny, con un fuerte componente de actividad terciaria.
- Museu de les Mines de Cercs, que muestra la realidad de una comunidad estrechamente ligada al desarrollo industrial de Cataluña, y, en particular, al elemento de transformación que supuso la implantación minera en el Alt Berguedà.
- Museu de la Pell d'Igualada, que también presenta la evolución de la industria del adobado de la piel y sus implicaciones en la realidad actual de buena parte de la comarca de Anoia.
- Museu Torre Balldovina de Santa Coloma de Gramenet y Museu de Badalona, que, desde una perspectiva arqueológica, muestran la importancia de los asentamientos históricos íberos y romanos en un entorno que se ha convertido en metropolitano con sentimientos de identidad de reciente importación.

Interior del Museu Torre Balldovina de Santa Coloma de Gramenet, que juntamente con el Museu de Badalona, muestra la importancia de los asentamientos ibéricos y romanos en un entorno que se haconvertido en metropolitano.

Š Toni Coll Tort
Imágen exterior del mismo centro.
Š Toni Coll Tort
 

Todos ellos, ya sea desde una lectura especializada o más globalizadora, actúan sobre un patrimonio que es mucho más amplio que el que conservan en el interior de sus edificios. Intervienen e inciden en el territorio al que hacen referencia, difundiéndolo entre el gran público a través de itinerarios, favoreciendo la sensibilización por la conservación del patrimonio o interviniendo en el estudio, coordinando programas de investigación, y, sobre todo, vinculándose a una comunidad inmediata que utiliza el equipamiento cultural museo para interrogarse sobre el presente. Una de las funciones básicas de los equipamientos museísticos, que no son sólo territoriales, está constituida por el aprendizaje informal, contemplación y deleite y, en especial, por plantear interrogantes sobre la sociedad actual y su estado de conocimientos y cuestionarlos. El museo es un espacio de incertidumbres. Aunque la sociedad es fruto de cierta evolución sociocultural, el camino no estaba predeterminado, sino que ha sido fruto de unas decisiones, conscientes o no, que han supuesto dejar en el camino otras alternativas posibles. El estudio de la historia, del pasado, desde una perspectiva pluridisciplinaria, nos muestra y explica estas alternativas. En este sentido el museo local puede actuar como ágora moderna en que replantearnos cómo hemos llegado hasta aquí.
Por otra parte, se puede aducir que, de algún modo, buena parte de los equipamientos museísticos están relacionados con un territorio, con el entorno en el que se ubican, aunque haya excepciones como los museos de arte contemporáneo, los de la ciencia y algunos monográficos especializados, procedentes de colecciones privadas (juguetes, arte precolombino, cultura egipcia...). Asimismo, los considerados museos nacionales, a pesar de su vinculación a un espacio de límites fundamentalmente administrativos (territorio-estado), mantienen una relación con la comunidad, basada en la representación de los bienes patrimoniales con finalidades exclusivamente simbólicas. Incluso su ubicación sólo depende de lo que el urbanismo indique en función de flujos y vías de comunicación. Por el contrario, el museo de territorio sólo tiene sentido allí donde se encuentra; trabaja en un territorio de límites administrativamente más difusos, de carácter biológico, geográfico o cultural; y sobre todo, trabaja para una comunidad mucho más reconocible, con nombres y apellidos. El sentido de servicio a la comunidad y de uso social del patrimonio deriva del hecho de plantearse y solucionar problemas contemporáneos. Los museos de territorio representan un modelo de centro cultural basado en la proximidad a los intereses y motivaciones de sus ciudadanos y en la utilidad que pueden tener para su comunidad. Los museos de territorio deben ser útiles social y culturalmente.
La presión de los indicadores cuantitativos (públicos y recursos) provoca que se deje de lado la idea del museo como servicio público y devalúa una determinada forma de conocimiento del patrimonio vinculada a la posibilidad de que éste sirva a la sociedad en la resolución de sus problemas. Sea cual sea la manera de intervenir en el patrimonio, se está haciendo un uso social de él, es decir, se utiliza como medio para incidir en la sociedad. Sin embargo, es preciso considerar cuál es el modelo de sociedad que, desde determinados usos del patrimonio, se contribuye a legitimar. El patrimonio es la forma en que se materializa la herencia cultural y puede ser asumido por la sociedad como referente de su identidad y como elemento de concienciación social.
El museo territorial es el que está mejor situado para abanderar la reconversión del sector patrimonial, que deberá permitir transformar lo que hasta ahora han sido los productos patrimoniales clásicos de finalidades exclusivamente simbólicas en auténticos servicios públicos de calidad, dirigidos al conjunto de ciudadanos, porque el patrimonio no es sólo lo que hemos heredado, sino también lo que tendremos que transmitir y que se irá incrementando con las aportaciones y los testimonios contemporáneos.