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Los museos de Barcelona (1975-2000).

El Museu Nacional d'Art de Catalunya

El MACBA desde una perspectiva crítica de la cultura


Los museos de ciencias de Barcelona, un activo a potenciar


Principios fundamentales de la museología científica moderna


Historias y museos


Museos, patrimonio y territorio

El coleccionismo privado y los museos de Barcelona

El museo como espectáculo arquitectónico

Entre la pedagogia y el tour operator

Una ciudad de museos municipales

Cronología


 
 
Entre la pedagogia y el tour operator


TEXTO Jordi Pardo

©Antonio Lajusticia   

 

 

 


La ciudad de Barcelona, como cualquier otro destino turístico urbano, reencuentra sus recursos culturales para ofrecerlos a los visitantes. La cultura se convierte en un elemento del consumo turístico. Por otra parte, los escolares son uno de los públicos más habituales de los museos. Aunque habría que preguntarse si lo que se consume es una cultura inanimada pero bien presentada para los visitantes o bien el resultado de una realidad cultural que ofrece su dinamismo tanto a los ciudadanos como a los visitantes. ¿Nuestros museos son únicamente para turistas y escolares?

Un artículo publicado recientemente en The Economist con el título "Marketing de los museos: cuando los mercaderes entran en el templo" (1) plantea claramente la tendencia que arrastra a muchos museos en un momento marcado por el efecto de la franquicia Guggenheim y por la creación de centros que atraen a sus públicos mediante complejas operaciones de gestión del prestigio.
Algunos museos evolucionan como nuevos espacios comerciales en los que se vende cultura y en los que las leyes del mercado y la obsesión por los resultados cuantitativos determinan las estrategias de desarrollo. No obstante, en ciertos casos carecen de lo que justifica la existencia y la presentación de las colecciones: una voluntad de profundizar en el saber y en la reinterpretación de la realidad. Es la diferencia existente entre una colección y un museo: en éste, la creación, ya sea científica o artística, es lo que debe promover la actividad. La cuestión es la siguiente: ¿en qué medida estos museos llenos de visitantes -mayoritariamente turistas y escolares- son también espacios vivos de creación e investigación?
Es necesario reflexionar sobre los dos grandes extremos y cuestionar si los museos deben tender a ser espacios de entretenimiento y ocio, en los que la mixtificación comercial y divulgativa pueda seducir al máximo número de audiencias, o bien si deben evolucionar del estadio de contenedores de colecciones y reductos aislados para especialistas con el objetivo de convertirse en auténticas factorías de conocimientos y espacios de transferencia de información.
¿Qué es lo que tiene que determinar el desarrollo de los proyectos y servicios museísticos y del patrimonio? ¿Lo que resulta de consumo fácil para una amplia demanda inmediata o bien lo que forma parte de los objetivos institucionales relacionados con las colecciones, los temas de estudio y las áreas de conocimiento al servicio del interés general de los ciudadanos? ¿En qué medida el conjunto de la oferta patrimonial de Barcelona es conocida por los barceloneses?

Tienda del MACBA.
  © Eva Guillamet

Acceso a los espacios de exposición del Monasterio de Pedralbes.
© Eva Guillamet  

El binomio cultura y economía es tan bueno como el de calidad y divulgación. Pero la viabilidad de la sinergia recíproca que esta relación puede producir radica en la complementariedad y la diferencia entre los dos polos que deben mantener un equilibrio.
La cultura es un factor de desarrollo, un motor económico y un recurso estratégico para la creación de escenarios urbanos y territoriales atractivos y competitivos, de calidad, y al servicio de una sociedad en tránsito hacia la llamada sociedad de la información y el conocimiento.
Los museos y el patrimonio se encuentran en una encrucijada de tendencias. Un cruzamiento tan confuso y disperso como el de las ideas y valores en el marco de una única ideología que aparentemente parece imponerse a derecha e izquierda: la ley del mercado sin matices ni equilibrios.
En la comercialización banal de la cultura, no parece tener mucho peso el valor del trabajo y del esfuerzo, la innovación y la creatividad, el conocimiento y el rigor. Por esta razón, es peligroso que nuestro patrimonio acabe siendo únicamente para turistas y escolares.
Así pues, lo que parece que cuenta es la cantidad y la inmediatez. Pero, ¿y la calidad? ¿Y los resultados que únicamente pueden obtenerse a medio y largo plazo? Parece que los museos estuvieran en una tensión entre la pedagogía y los tour operator.

La sostenibilidad del éxito turístico y cultural de Barcelona están en relación con el atractivo de una ciudad culturalmente viva.En la imagen, turistas a la salida del Museu d'Història de la Ciutat, junto a la Plaça del Rei.


© Eva Guillamet

No hay ninguna duda de que Barcelona se ha convertido en un destino turístico importante. El efecto promocional de los Juegos Olímpicos de 1992 impulsó el descubrimiento internacional de una capital mediterránea en la que la capacidad e innovación organizativa, el atractivo de un escenario urbano renovado y el encuentro entre creación contemporánea y tradición fueron contagiados por el entusiasmo colectivo y el encanto calidoscópico de la ciudad.
A partir de este acontecimiento, Barcelona empezó a llenarse de visitantes. Visitantes que desean vivir la ciudad y todos sus atractivos, entre los que se encuentra el descubrimiento de los museos y del patrimonio urbano.
La mirada local ha sido, sin lugar a dudas, atraída por el efecto de la mirada foránea. Los turistas y visitantes han ayudado a constatar el interés por lo que tenemos. Sin embargo, el reto es evitar morir de éxito. Hay que evitar que la masificación turística suponga una degradación de la calidad.
La sostenibilidad y viabilidad del éxito turístico y cultural de Barcelona, y el factor clave de su continuidad como destino turístico, están en relación con el atractivo de una ciudad culturalmente viva, con el vigor, innovación y dinamismo de sus instituciones culturales, con la conservación y correcta difusión del patrimonio histórico y arquitectónico y con su capacidad para impulsar la creación artística y cultural contemporánea para continuar haciendo posible este encuentro entre creación y tradición, que tan bien representa a una ciudad portuaria como Barcelona.
Los museos y el patrimonio pueden tener, por tanto, una oportunidad estratégica para desarrollar la gestión de sus potenciales y frentes de actuación. El patrimonio cultural es mucho más que un legado del pasado que interesa a estudiosos y eruditos. De hecho, el patrimonio cultural es un préstamo que nos han hecho nuestros nietos, especialmente los que aún no han nacido. Nos lo han dejado para que se lo devolvamos, ya que realmente les pertenece a ellos. Así pues, nosotros somos usufructuarios y gestores temporales, con la responsabilidad de garantizar su preservación y aprovechar el enorme beneficio público que supone la divulgación de su conocimiento y el incremento de su investigación científica y artística.
Este uso equilibrado de sus frentes -la investigación, la conservación y la difusión- permite generar unos retornos sociales de un valor extremo, especialmente para una sociedad que se reconoce a ella misma en el tránsito hacia la sociedad de la información y el conocimiento. Aquí radica la importancia de trabajar para sensibilizar a nuevas audiencias y garantizar que el patrimonio no sea visto como un recurso únicamente asociado a las escuelas y al turismo. ¿Qué sentido tendría para los escolares estudiar algo que sólo es apreciado por los turistas?
Mucho más allá de la producción de contenidos, la creación de productos turísticos o la utilización de la cultura como un elemento estético para proyectos de desarrollo urbanístico, la cultura, y especialmente el patrimonio cultural, constituyen los elementos esenciales en los que las personas se reconocen como iguales aunque diferentes respecto del tiempo y el espacio. El patrimonio cultural es el testimonio de los errores y aciertos de nuestro pasado, de las contradicciones entre la felicidad y la penuria, del contrasentido de la historia y del valor relativo de los conceptos de progreso y evolución. En definitiva, los museos y el patrimonio son generadores de preguntas. Pueden proporcionarnos algunas respuestas e informaciones. Pero, lo que nos hace pensar en nuestros interrogantes personales y comunitarios y darles respuesta son las dudas, los interrogantes y las incertidumbres.

Tienda de la Fundació Joan Miró Y sala del Museu d'Història de Catalunya.

© Eva Guillamet © Imatge Municipal

Desconocemos más de lo que sabemos y éste es el estímulo intelectual que los museos y el patrimonio deben impulsar. El resultado servirá de acicate de la creación científica o artística y de acercamiento a su disfrute y delectación. Una experiencia individual que no puede reducirse a la fría y mercantilista contabilización de visitas. La medida del éxito de la oferta turística basada en la cultura debe ser el resultado de la viabilidad económica y de la evaluación de la calidad, un equilibrio entre el riesgo y el rigor, forma en la que se creó el patrimonio, tangible o intangible. Y es que todo el patrimonio fue, en algún momento, creación contemporánea.

"En la comercialización banal de la cultura, no parece tener mucho peso el valor del trabajo y del esfuerzo, de la innovación y la creatividad, del conocimiento y el rigor. Por esta razón, es peligroso que nuestro patrimonio acabe siendo sólo para turistas y escolares".

DEL ÁGORA A LAS GRANDES SUPERFÍCIES
Como dice Jeremy Riffkin en su sugerente trabajo La era del acceso (2), es fácil que acabemos comerciando con los espacios de relación social que han sido fundamentales para la construcción de nuestra cultura. Si los shopping malls sustituyen a las plazas y calles de las ciudades, entendidos como plataformas de convivencia, intercambio y escenario vital, habremos sustituido el ágora por la gran superficie. El paso siguiente será la comercialización de la palabra, el logos, que, de hecho, como siempre dice Josep Ramoneda, es lo único que nos queda. Los museos no pueden acabar siendo espacios comerciales basados en la cultura.
Sería necesario reflexionar sobre las cuestiones siguientes: los museos y el patrimonio de Barcelona ¿son sujetos pasivos de este proceso de eclosión del denominado turismo cultural y del consumo cultural masivo?
¿Tiene conciencia el sector turístico de que está empleando una materia prima muy frágil para la construcción de su actividad comercial? ¿Se trata a los museos y al patrimonio como generadores de oferta turística? ¿En qué medida revierten las plusvalías y los beneficios que generan la cultura y el patrimonio como producto de consumo turístico?
¿Qué harían nuestros turistas y visitantes si de un día para otro desaparecieran la Fundació Miró, el CCCB, el Museu Picasso, el Espai Gaudí, el barrio gótico, el MNAC, la Sagrada Familia y el resto de museos y elementos patrimoniales de la ciudad? ¿Con qué sostendrían toda la oferta turística? ¿Cuál ha sido el incremento en el conjunto de presupuestos de las administraciones responsables del patrimonio que operan en Barcelona? ¿Cómo se ha premiado la buena gestión (o censurado la mala gestión) inherente al esfuerzo por mejorar, hacer más amables y modernizar los museos y monumentos de la ciudad? ¿La ciudad tiene conciencia, a través de sus instituciones y entidades, de la importancia estratégica de la cultura en el desarrollo futuro de Barcelona?
Barcelona debe una parte de su PIB al impacto directo e indirecto del patrimonio y de la cultura como generador de atractivo y de oferta con lo que se ha construido este destino turístico, el escenario económico para ferias y negocios y la ciudad culturalmente activa a la que nos estamos acercando.
Pero es necesario tomar conciencia, especialmente desde otros sectores concurrentes, de que la cultura, además de su valor simbólico, estético y representativo, no puede ser utilizada pasivamente y debe continuar mereciendo un impulso que vaya más allá de modernizar su presentación.

"No se puede planificar un nuevo salto en el crecimiento urbanístico de la ciudad empleando la cultura como si fuera el concepto para un parque temático. Nos jugamos mucho más que el éxito o el fracaso de un gran acontecimiento".

Botiga del Museu Tèxtil i escolars visitant el Museu de Zoologia © Eva Guillamet

© Imatge Municipal

La creación de nuevos edificios y polos de atracción urbanística no puede emplear las infraestructuras museísticas como si fueran esculturas para decorar un escenario. Estas decisiones deben ser fruto del diálogo y la argumentación basados en un método de trabajo profesional. De la misma manera, no se puede planificar un nuevo salto en el crecimiento urbanístico de la ciudad empleando la cultura como si fuese el concepto para un parque temático. Nos jugamos mucho más que el éxito o el fracaso de un gran acontecimiento.
Otro aspecto que está en juego, por el secuestro noucentista al que aún está sometida Barcelona, y Cataluña en general, es la articulación territorial de las infraestructuras museísticas ubicadas en la ciudad. La concentración efectiva -y necesaria- de inversiones en infraestructuras museísticas en la ciudad de Barcelona sólo podrá ser comprendida, desde la periferia más lejana y desde el entorno metropolitano próximo, si se desarrolla un modelo de gestión de articulación territorial en el que los grandes museos existentes y futuros de Barcelona se conviertan en centros de servicio y cooperación efectiva de un sistema territorial, y en el que el conjunto de las principales infraestructuras museísticas del territorio se integren para cohesionar y equilibrar la demanda y la oferta.
Los museos de Barcelona tienen las condiciones necesarias para superar el binomio de la pedagogía y el turismo. Tan solo se necesita un empujón más para que sean las factorías de conocimiento que necesita la sociedad contemporánea. Nunca ha estado tan cerca el conseguirlo.


1 "Marketing museums. When the merchants enter the temple". The Economist, 21 de abril de 2001.
2 Rifkim, J. La era del acceso. Paidós, 2000.