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Los barceloneses cierran el grifo

Texto: ANTONIO CERRILLO
Gráficos: LAURA QUESADA


El Plan Hidrológico Nacional y el trasvase del Ebro han puesto de actualidad la procedencia y el uso que a diario hacemos del agua. Un estudio prevé que, en el plazo de veinte años, Cataluña tendrá un déficit de 350 hectómetros cúbicos de agua. El siguiente reportaje analiza el precio, la procedencia, los planes de ahorro y cómo gastamos los barceloneses esta preciosa, y limitada, fuente de vida.
  Dani Codina  

El año 2000 volvió a registrar un nuevo récord en el descenso del consumo de agua para usos domésticos en los 23 municipios que componen el área metropolitana a la que presta servicio Aguas de Barcelona. La merma de población en el núcleo central de la metrópolis, el éxodo industrial a las zonas más alejadas de la periferia y el elevado coste del suministro son algunas de las causas que explican esta disminución. Otra razón que incide indudablemente son las campañas de ahorro organizadas por las administraciones que suelen acompañar los episodios cíclicos de sequía, el último de los cuales se registró en 1999. El éxito que supone este ahorro -tengamos en cuenta que hablamos de un recurso natural- se ve empañado, sin embargo, por el aumento de los consumos de agua en el conjunto de la región de Barcelona en su sentido más amplio (la que agrupa a más de un centenar de municipios que van desde el Montseny hasta el Garraf) y en Cataluña en su totalidad.
La disminución del consumo de agua tiene su origen a principios de los años noventa en la primera campaña de ahorro (organizada a raíz de la fuerte sequía del año anterior) y en la introducción de un nuevo recibo que encareció el servicio para penalizar los consumos elevados.
Sin embargo, la bajada del consumo en el año 2000 sólo fue de un 1%, y existe claramente la convicción de que los ahorros domésticos no pueden reducirse mucho más, porque las dotaciones ya son justas, y los efectos de las campañas se irán haciendo necesariamente cada vez más reducidos. Mientras que en el núcleo urbano central (Barcelona, Santa Coloma, Hospitalet) este fenómeno es claro y acusado, en las localidades de la segunda corona metropolitana (situada fuera ya de los 23 municipios que abastece Aguas de Barcelona) el gasto se está incrementando. La razón es la expansión de un urbanismo basado en casas unifamiliares o adosadas con jardín, en las que se utilizan servicios que hacen un uso muy intensivo de agua (jardín, electrodomésticos como lavadoras y lavavajillas, duchas e, incluso, piscinas).
En el área de Barcelona, el servicio de agua potable viene dado ahora por caudales del Ter y del Llobregat, sometidos a oscilaciones en las épocas de estiaje. En el primer caso, el agua acumulada en los embalses de Sau y Susqueda se transporta hasta la potabilizadora de Cardedeu y llega a Barcelona a través de los depósitos de Trinitat. Y, en el caso del Llobregat, el agua se capta a la altura de Sant Joan Despí antes de ser distribuida en la red urbana. Un tercer "grifo" son las reservas subterráneas del Llobregat, un recurso estratégico del que se puede echar mano -aunque limitadamente para evitar la sobreexplotación- gracias a los pozos de Aguas de Barcelona. E, incluso, se puede recurrir -ahora se hace en casos extremos- a la potabilizadora de Abrera, de donde nace una gran conducción que lleva agua a municipios del valle del Llobregat.
El problema central del agua en el área de Barcelona son las periódicas sequías, que merman los recursos en el Ter o el Llobregat en determinados períodos del año hasta poner en jaque todo el servicio. La existencia de un doble "grifo" (Ter y Llobregat) permite a la administración hidráulica maniobrar y recurrir a uno u otro según las reservas que existan en los embalses en cada momento, pero en diversas ocasiones se ha rozado una situación límite. De hecho, la Generalitat puso en práctica entre 1998 y 1999 un decreto que incluía medidas para luchar contra la sequía, que comportaban una reducción en el nivel de los desembalses y medidas para ahorrar agua en la ciudad en el riego de jardines, la limpieza de calles o los usos ornamentales (fuentes). Aún no ha habido restricciones domésticas, pero éste es siempre un temor de la administración hidráulica catalana.

"Una de las carencias del servicio es la calidad del agua. A los barceloneses no les gusta su sabor. Sólo el 53% de los barceloneses bebe agua del grifo, mientras que un 44% prefiere comprar agua envasada".


El parque del Guinardó; el reaprovechamiento del agua almacenada en las capas freáticas permite ahorrar un bien limitado como es el agua.


La peor agua, la del Llobregat
Una de las carencias del servicio es la calidad del agua. A los barceloneses no les gusta el sabor del agua del grifo. Las encuestas de Aguas de Barcelona (Agbar) señalan que sólo el 53% de los usuarios bebe agua del grifo, mientras que otro 44% prefiere comprar agua envasada. El sabor del agua es el punto negro del abastecimiento doméstico, pues los usuarios dan a este concepto un aprobado justo: 5,3 puntos sobre un máximo de 10.
El problema se debe a la elevada presencia de sales en el caudal del Llobregat (sodio y potasio) a causa de las explotaciones salinas de Súria, Cardona y Sallent. Por el contrario, los usuarios servidos por el caudal del Ter -los situados al noreste de una línea imaginaria que aproximadamente corresponde al paseo de Sant Joan- disfrutan de un servicio mejor desde este punto de vista.
La normativa comunitaria prevé la posibilidad de que, en determinadas condiciones excepcionales, se supere el nivel de salinidad, al estimarse que se trata de una situación que viene dada por las características naturales. Y a esa excepción se acoge el Departamento de Sanidad de la Generalitat para permitir que se consuma agua más salada. La normativa sitúa el listón en 50 miligramos de sal por litro, mientras que la que estamos bebiendo llega a 300 y 400 miligramos por litro.
Una de las posibilidades para mejorar el sabor sería instalar una planta de desalación, como la planta piloto instalada por la empresa pública de la Generalitat Aigües Ter-Llobregat en la potabilizadora de Abrera -que abastece al Vallès, Baix Llobregat, Anoia y Penedès-Garraf, y algo a Barcelona-, en la que se eliminan las sales mediante un tratamiento con membranas (sistema de ósmosis inversa). "Ésta sería la única alternativa viable. Estamos analizando la viabilidad, tanto técnica como económica, de implantar una línea adicional a las que ya hay de tratamiento del agua para eliminar los cloruros de sodio y de potasio", explica Antoni Sala, director de planeamiento y construcción de la empresa pública Aigües Ter-Llobregat (ATLL).
El objetivo no sería desalinizar toda el agua de la planta de Abrera, sino un importante volumen que permita obtener una mezcla de caudales de agua dulce y salada que haga posible lograr una calidad suficientemente aceptable. Hay quien se consuela, sin embargo, recordando que la calidad del agua del Llobregat aún era peor antes, porque no se contaba con el colector de salmueras que recogiera los residuos salinos. El funcionamiento de esta instalación, que lleva esos desechos de sal al mar, ha permitido mejorar la calidad del agua.
A pesar de que en Barcelona ciudad disminuye el consumo, el problema del abastecimiento de agua en Cataluña se sitúa sobre todo en la región metropolitana, y en el conjunto de Cataluña, donde el consumo de agua en el 2000 se incrementó un 2%, según un estudio que elaboró la Agrupació de Serveis d'Aigua de Catalunya (ASAC), que agrupa las empresas públicas y privadas suministradoras de este servicio. En base a estos incrementos de demanda, la Generalitat calcula que Cataluña tendrá en veinte años un déficit de agua de unos 350 hectómetros cúbicos, que justifican la necesidad de extremar las medidas para proveer nuevos recursos hídricos dentro de las cuencas internas catalanas (desalinizadoras, interconexión de redes de suministro, etc.) y de recurrir a los recursos exteriores. En concreto, el Plan Hidrológico Nacional prevé el trasvase desde el Ebro hasta la región de Barcelona de 180 hectómetros cúbicos, mientras que descarta una transferencia desde el Ródano, como la que proponía la Generalitat.

"En principio, el agua del Ebro llegará a Barcelona por una tubería de 2,4 metros de diàmetro y 22 kilómetros de longitud, considerada por algunos sectores como una obra faraónica y sin mucho sentido".

La entrada del Ebro en Barcelona
¿Pero, por dónde llegaría el agua del Ebro a Barcelona? La entrada del agua del Ebro a Barcelona se haría en principio a través de una tubería ahora poco utilizada, el "tubo de 2,40" de Abrera. Si se lleva a cabo el trasvase, por fin se podría sacar todo el partido a este acueducto subterráneo, una impresionante tubería de 2,4 metros de diámetro por 22 kilómetros de longitud y cuyo elevado coste (16.840 millones de pesetas) ha hecho que sea considerada por algunos sectores como una obra faraónica y sin mucho sentido.
Esta conducción se acabó de construir en 1994 y su misión era llevar agua de buena calidad del Llobregat desde la potabilizadora de Abrera hasta la red de distribución en Sant Joan Despí. Su finalidad era, pues, dotar a Barcelona de una nueva garantía de suministro. Sin embargo, el tubo entre Abrera y Sant Joan Despí está infrautilizado. Tiene una capacidad para transportar 6 metros cúbicos por segundo, pero sólo lleva de 0,3 a 1 metro cúbico a diversos municipios del Baix Llobregat.
La previsión concreta es que el trasvase del Ebro transporte el agua hasta la potabilizadora de Abrera (en el Llobregat), que sería el epicentro de distribución en la región metropolitana de Barcelona. La puerta de entrada concreta a Barcelona sería la tubería de 2,40 metros de diámetro, que ahora sólo sirve a algunos municipios del Baix Llobregat (Castellbisbal, Sant Andreu de la Barca, Corbera, Molins de Rei, Pallejà, El Papiol y Sant Vicenç dels Horts) antes de finalizar en el depósito de la Fontsanta (Sant Joan Despí). Este tubo, en cambio, apenas ha servido hasta ahora a la ciudad de Barcelona, que ha seguido usando preferentemente agua captada en Sant Joan Despí. El tubo sólo proporciona agua a Barcelona cuando se paraliza la potabilizadora de Sant Joan Despí, debido a episodios de contaminación del río o malas condiciones del agua que obligan a recurrir al caudal alternativo de Abrera.
El tubo de 2,40 metros de diámetro fue ideado en su día como posible punto de entrada del Ebro en Barcelona -de ahí sus dimensiones- y también para obtener una garantía de suministro adicional al de la potabilizadora de Sant Joan Despí, que suministra agua a Barcelona.
Sabedores de la fragilidad del sistema, los expertos recomiendan hacer un uso más cuidadoso de los recursos disponibles. El ahorro, la reutilización de los caudales o el aprovechamiento de las reservas subterráneas ahora desusadas son algunas de las políticas recomendadas. En este capítulo, desempeña también un papel importante la reparación de las fugas. La empresa Agbar calcula que entre un 6% y un 7% del agua se pierde en el área de Barcelona por las fugas, si bien estos porcentajes son muchísimo más importantes en otras redes peor gestionadas.

"Cerca de la mitad de lo que acaba pagando el usuario corresponde a tributos
y tasas".

Los precios más altos
Un instrumento clave para hacer una adecuada gestión del agua son las campañas de ahorro. Y de eso los barceloneses saben mucho, como demuestran las estadísticas. La población ha aprendido ya a hacer un uso más racional. El consumo global metropolitano sigue descendiendo (250 millones de metros cúbicos en el año 2000). Sin embargo, la dotación per cápita se mantiene en 135 litros por persona y día, frente a los 164 litros del resto de Cataluña.
La población de Barcelona, mientras tanto, paga el precio más alto de toda España por el recibo del agua, según recoge el Plan Hidrológico Nacional (PHN). El precio medio en la capital catalana es de 211 pesetas el metro cúbico; esto es, un 73% más que en Madrid (122 pesetas) y el doble que en otras grandes capitales como Valencia, Sevilla o Bilbao.
El análisis de los precios del agua en las ciudades españolas muestra una enorme disparidad en las tarifas. Después de la capital catalana, los precios más altos corresponden a Las Palmas (204 pesetas el metro cúbico), Murcia (191), Alicante (132) y Córdoba (127). Otras grandes capitales, como Valencia, Sevilla o Bilbao, tienen precios que oscilan entre las 114 pesetas y las 99 pesetas (véase gráfico).
La clave que explica el elevado precio del agua en Barcelona radica en que los usuarios pagan un tributo con el que se financian las obras hidráulicas que sirven para sanear y depurar los ríos. Aproximadamente, la mitad de lo que acaba pagando el usuario corresponde a tributos y tasas. Además, el precio del agua penaliza los consumos excesivos. En muchas ciudades de España no existe el tributo, y en ocasiones las plantas depuradoras han sido costeadas por la Administración central y no por el usuario a través del recibo. Un elemento que encarece el precio del agua en Barcelona es que el recibo incorpora una tasa ajena al ciclo del agua, como es el tratamiento de la basura, así como la del alcantarillado.
El fuerte encarecimiento registrado en la década de los noventa se debió a la introducción del canon de infraestructuras hidráulicas, que motivó una larga "guerra del agua" por 70.000 familias que dejaron de pagar el recibo. Un principio de acuerdo entre la Agència Catalana de l'Aigua y las entidades vecinales permitió moderar las subidas hasta ajustarla de tal manera que las subidas para el periodo 1990-1999 han quedado igualadas al incremento del IPC anual.

"Un instrumento clave para hacer una gestión del agua son las campañas de ahorro. Y de eso los barceloneses saben mucho. La dotación per cápita es de 135 litros por persona y día, frente a los 164 litros del resto de Cataluña".


El tesoro del subsuelo de Barcelona

El Ayuntamiento de Barcelona ha descubierto además el fabuloso tesoro que representan los caudales subterráneos de la ciudad de Barcelona para ser empleados en diversos usos (como riego de parques y jardines, abastecimiento de fuentes y limpieza de calles). Estos recursos permiten evitar tener que echar mano de recursos que se tienen que potabilizar -con lo que se consigue una notable reducción de costes económicos-, pues se van a destinar a tareas que no necesitan tan exigente nivel de saneamiento. Históricamente, la ciudad de Barcelona tenía pozos y los utilizaba para diversos usos. Eso hacía que el nivel de los acuíferos estuviera bajo. El problema se suscitó cuando en los años sesenta y setenta se construyeron edificaciones con varias plantas subterráneas a la par que se dejaron de extraer caudales por estar salinizados o contaminados. La consecuencia fue una elevación del nivel de estos acuíferos y la inundación de parkings y plantas subterráneas.
El programa municipal para aprovechar el agua de freático persigue utilizar un 25% del total de los recursos aprovechables en el subsuelo (2,5 hectómetros cúbicos sobre los 10 existentes). Entre las diversas actuaciones previstas, destaca el abastecimiento de agua para la montaña de Montjuïc
-fuentes, limpieza, riego de jardines- a partir del caudal que hay en el subsuelo del Liceu -7 litros por segundo- y de los alrededores de la estación de metro de Poble-Sec
-20 litros por segundo-). Para el período 2000-2003, se espera servir de esta manera a la zona del Jardí Botànic, los Vivers de Tres Pins, el entorno del Palauet Albéniz, el Teatre Grec, la zona del Palau Nacional y la avenida del Estadi. De la misma manera, está previsto ampliar el riego de las zonas verdes del frente litoral del Poblenou y extenderlo hacia la zona del Parc de la Ciutadella a partir del agua del subsuelo en la zona de la estación de metro de Alfons el Magnànim.
Finalmente, las diversas administraciones tienen previsto reutilizar los caudales saneados en la futura planta depuradora de El Prat. En este caso, el agua tratada podría ser destinada a usos industriales, a riegos o a realimentar la reserva subterránea del Delta. Otra solución prevista es bombearla aguas arriba del Llobregat, lo que permitiría dotar al río de un mayor caudal ecológico en su tramo final.
La entrada en funcionamiento de la depuradora del Prat permitirá bañarse en su hasta ahora contaminada playa. Un gran emisario submarino vertirá las aguas residuales mar adentro, en lugar de hacerlo directamente al río o a poca distancia de la costa. De esta forma, la playa del Prat de Llobregat puede desaparecer como punto negro el verano de 2002.


La expansión de un urbanismo basado en la casa con jardín está disparando los
consumos en los municipios situados alrededor de Barcelona.