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REVISTA BREVE: DES DEL CAMPUS



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Las universidades catalanas
evaluan sus estudios

TEXTO:JOSEP PLAYÀ MASET

A menudo todavía vemos que se repiten algunos tópicos sobre la universidad. Se la califica de "fábrica de parados", "institución dominada por la burocracia" o "espacio teórico desvinculado de la empresa", lo que, si bien tiene cierto fundamento, responde más al pasado que a la realidad actual. El hecho es que cuando vienen expertos europeos a evaluar nuestros centros (como acaba de ocurrir con la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma), los resultados son equiparables a los de las principales universidades, y cuando nuestros estudiantes atraviesan fronteras para ir a realizar posgrados y doctorados, no tienen excesivos problemas para ponerse al día. Los que han ido a Estados Unidos acostumbran a repetir que llegan con un nivel superior a la media de los universitarios nativos.
De entre estos tópicos habituales también había uno referente a las resistencias de los profesores y de los centros y escuelas a ser evaluados. Es cierto que hasta hace muy poco tampoco había ninguna iniciativa de control por parte de las administraciones. Si a esto le añadimos cierta opacidad en las estadísticas internas, también se explica que ni la prensa ni otras publicaciones hayan intentado nunca realizar ningún tipo de ranking o clasificación como los que se hacen en muchos países vecinos.
Pero también en este aspecto se está produciendo un cambio importante. Y no nos referimos precisamente a la elaboración de un ranking, ya que los que se han dado a conocer no han sido demasiado precisos. Hace unos meses se produjo un fuerte revuelo por la clasificación establecida en un estudio dirigido por el sociólogo de la Universidad de Barcelona Jesús de Miguel, en el que, si bien la Universidad Autónoma aparecía como una de las mejores, el sistema de ponderación, en el que se castigaba la escasa presencia de chicas y no se valoraba suficientemente la investigación, dejaba bastante mal a las universidades politécnicas. El cambio sustancial se ha producido en el terreno de la evaluación institucional, y especialmente en Cataluña. En el conjunto de Estado español ha habido intentos más tímidos y ahora parece que la nueva ley universitaria anuncia también la creación de una agencia específica.

La Generalitat creó en 1994 la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario en Cataluña, que puso bajo la presidencia del economista y ex rector Antoni Serra Ramoneda. Los primeros informes, referidos a los años 1996 y 1997 y dirigidos siempre por Gemma Rauret, provocaron cierta decepción en la opinión pública. Nadie podía discutir su metodología, pero tampoco sus conclusiones, porque se limitaba a publicar datos muy genéricos. Los rectores habían impuesto su criterio de silenciar los aspectos que podían ser más negativos y su concreción por centros por temor a una pérdida de alumnado. Las críticas de los medios de comunicación y de otros expertos obligaron a repensar los informes.
En los años 1999 y 2000 los trabajos de la agencia se han extendido a un mayor número de carreras y las conclusiones públicas son también mucho más detalladas y precisas. El resultado es un mejor conocimiento del sistema universitario catalán y, a la vez, las críticas representarán un acicate para superarse. En el último informe se han destacado especialmente dos aspectos: la necesidad de coordinar mejor la transición de la secundaria a la universidad y la de adaptar mejor los itinerarios curriculares a las capacidades del alumno. En cuanto a rendimientos académicos, se observan grandes diferencias entre las carreras de ciencias y las de humanidades y ciencias sociales, ya que en estas últimas la proporción de créditos (asignaturas) superadas por alumno es muy superior.
La publicación de dicho informe ha coincidido con otro estudio encargado por la Universidad de Barcelona (UB) sobre el rendimiento académico en los primeros cursos. El estudio, dirigido por el vicerrector Miquel Martínez y los doctores Gaspar Rosselló y Manel Viader, pretende profundizar en el conocimiento de los estudiantes de bachillerato. Precisamente, esta universidad y la Politécnica han sido pioneras en la realización de los llamados "cursos cero", que permiten dar un repaso de materias durante el primer semestre y retrasar el inicio de la carrera.
Pero el estudio de la UB pretendía también otro objetivo: comparar a los alumnos que habían hecho el bachillerato antiguo (por tanto, BUP y COU) con los procedentes del nuevo (que han hecho ESO y bachillerato Logse). Pese a que anteriores estudios de la Politécnica parecían indicar que los que habían hecho el bachillerato nuevo, entonces todavía experimental, obtenían resultados mucho peores, éste de la UB no señala tantas diferencias. "Resulta evidente -dicen los responsables- que el principal determinante del rendimiento académico es la nota de acceso a la universidad, muy por encima del género y de la procedencia (COU o Logse)". Aún así, se puede destacar que "hay una superioridad global de rendimiento de las chicas respecto a los chicos", excepto en la división de Ciencias Experimentales y Matemáticas, y un rendimiento ligeramente superior en los alumnos que siguieron el plan anterior a la reforma educativa.
Obtienen mejores resultados los alumnos que habían hecho el COU en las carreras de Ciencias de la Salud y, en menor medida, en Ciencias Experimentales y Ciencias Jurídicas y Sociales. En cambio, los alumnos que vienen de la Logse consiguen mejores resultados en algunas carreras de Ciencias Humanas y Sociales, probablemente por su mejor capacidad de trabajar en equipo y de enfrentarse a situaciones y conocimientos más diversos. Son estudios y evaluaciones que, como ha señalado la directora de la Agencia para la Evaluación, Gemma Rauret, "representan un paso adelante en la transparencia y son una prueba de la manera de hacer del sistema universitario catalán".

Josep Playà Maset