La calamarsa

Carmen Amaya, gran "bailaora" gitana, pertany a un lloc i a un temps sense sociologia. La seva pātria no té relaciķ amb Barcelona, Catalunya o Espanya.

Carmen Amaya, a qui Barcelona dedica un espai per preservar el seu llegat.

Manuel Ortega  

Hi va haver una època en què m'agradava dir i escoltar que Carmen Amaya (1913-1963) pràcticament havia fundat el flamenc a Catalunya. Ja no m'agrada escoltar-ho, ni aquella època. Carmen Amaya va néixer a la platja del Somorrostro i en aquella sorra comença i acaba tota la seva pàtria. Fa uns mesos vaig descobrir unes cintes magnetofòniques, inèdites i oblidades, en què la bailaora explicava la seva vida, responent a les preguntes d'un admirador fidel i amic, Josep Maria Massip, corresponsal de Diario de Barcelona als Estats Units. La cinta, de quasi quatre hores, es va gravar una tarda que feia molt fred, un fred que pelava, a Amèrica, a mitjan anys cinquanta. L'aniré posant al llarg d'aquest text. La posaré ara, per exemple, per aclarir alguns detalls patriòtics.

"Hay un callejón para entrar en el Somorrostro, al lado del hospital de los infecciosos. Es un callejón para no hacer el rodeo y no tener que venir por la playa ni por las calderas del gas. Al entrar hay un poyete. Me extrañó mucho ver que el agua llegaba hasta allí. Eran como las dos y media. Papá iba muerto del susto. A ver qué ha pasado en la barraca nuestra, con tu madre y con los niños. Pero el agua había pasado milagrosamente por la tranquera de la choza, sin llegar hasta dentro. Como ya estábamos acostumbrados a estas cosas, nos pusimos a dormir. Hasta que al cabo de un rato, ¡ay, madre mía!, una ola entró hasta dentro, las camas, las ropas, todo flotando. Cogimos a los niños como pudimos y volvimos corriendo al callejón. Cientos de personas metidas en el callejón. Como a las nueve o las diez de la mañana, volvimos a las barracas. Las barracas, no existía ninguna, todas enterradas en arena. Veías lo que había sido tu barraca por un piquito que aparecía así, de cualquier cosa, así."

Carmen amb la seva tia Juana.

AHCB  

Després d'això, una dona que no aconsegueixo saber qui és, i que intervé sovint en la conversa gravada, evoca els dies en què havia vist passar pel carrer homes i dones que demanaven per al Somorrostro. Homes i dones que es posaven sota els balcons i desplegaven una manta perquè els llencessin roba, aliments, diners, qualsevol cosa. Carmen Amaya la interromp:

"Yo no vi nunca nada de eso, nada, no los vi, ni nunca vi que nos socorrieran, ni ropa ni nada. Se lo darían a los otros que no eran gitanos, pero a los que eran gitanos, ni una pastilla para envenenarnos. De lo único que me acuerdo, un día que yo me metí debajo de la cama, es que vinieron unos cuantos que eran médicos para vacunarnos. Las niñas, Antonia y Leo, estábamos metidas debajo de la cama. Hasta que vimos llegar unas niñas chupando un caramelo, sacamos la cabeza, y dicen: 'Pues no sois tontas ni nada, corred que dan caramelos', y aquí tengo la señal para toda la vida."

La "bailaora" en plena actuació.

Manuel Ortega  

Aquesta va ser la seva pàtria. No té res a veure amb Barcelona ni amb Catalunya ni amb Espanya. Comprenc que una certa sociologia ben intencionada necessiti la seva aparició majestuosa coronant el magma incert del flamenc que avui dia es fa a Catalunya. Però Carmen Amaya no és d'aquest món. Ella pertany a un lloc i a un temps sense sociologia. Era gitana i pobra, i quan va ser rica va viatjar tant que rostia les broquetes de sardines en el somier del seu llit del Waldorf Astoria novaiorquès, llegenda que els pornògrafs de l'exotisme coneixen bé i de la qual gaudeixen. Ella hauria donat el mateix en les coves del Sacromonte granadí, en els carrerons del Puerto de Santa María o en el barri de Santiago de Jerez del que va donar en el Somorrostro. Només li calia aixecar la mirada i veure els seus. No perquè els seus no fossin també miserables, roïns i grollers -que en algun moment de la seva vida els va dir tot això-, sinó perquè els seus parlaven la llengua de la música flamenca com d'altres parlaven el català. La gitaneria és una condició transhumant només en aparença. En realitat, i com passa amb qualsevol altra comunitat situada al marge del cànon històric, la seva mobilitat és la d'un enorme mamífer esbufegant. Allí on van fan el mateix i la seva impregnació de l'ambient dominant és episòdica i banal. L'ambient dominant? Vegem-ho.

"A nadie se lo he contado. A mí no me importa, porque de todas esas cosas yo estoy orgullosa. Papá se iba entre semana, para poner la olla, se iba a vender ropas, trajes, y mamá se iba a la plaza con su carrito de puntillas, también a vender. Yo tenía siete u ocho años; era la mayor. A mí me daba pena de que ella volviera y no hubiera en la barraca ni carbón ni leña. ¿Tú te acuerdas de las calderas del gas, en el Somorrostro? Pues allí iban los camiones a tirar todo el desperdicio del carbón. Yo tenía el valor como de meterme entre cien personas. Aquí venía el camión y aquí estaba la cortada de la montaña que caía al agua. Había lo menos como cien personas, no les importaba ni que les cayera el camión encima ni que se fueran al agua por la cortada: todo para coger el carbón que no cayera a las calderas. Yo tenía que meterme por los pies de los demás para coger un carboncito. Con todo y con eso, a mí me mataban, pero yo los cogía, y me llenaba mi saco y lo arrastraba desde las calderas de gas hasta el Somorrostro, carbón mojado, con lo que pesa. Los hombres llevaban carretillas, pero yo sólo tenía mi saco arrastrándolo por la arena. Podía tardar veinticuatro horas, pero yo ese saco lo llevaba a casa. Una vez con el carbón en mi casilla, buscaba leña por la arena, y antes de que llegara mi madre, tenía su fogoncito prendido. Ella venía siempre con chucherías para mí, un platanito o galletas rotas.

La "bailaora" visita el Somorrostro, l'any 1952.

AHCB  

"Un día vi a unas gitanillas cargadas con gallinas. '¡Uy!, ¿de dónde habéis sacado esto?' '¡Uy, mira!, de la estación. Hay un señor que trae las jaulas de gallinas llenas, y como están tan apretadas se ahogan las unas a las otras y las que salen ahogadas nos las dan a nosotros.' 'Ah, pues yo voy.' No hago más que pasar la barrera del tren, que estaba echada, y nada más pasar un guardia que me ve. 'Ibas a robar, ¿verdad?', me dice. Digo: '¿Yo señor?, ¿a robar? Yo no, señor, yo no iba a robar, yo iba porque me han dicho unas amigas mías que dicen que aquí dan gallinas, pero, señor, que yo no iba a robar.' 'Tú te vienes conmigo a la comisaría.' Pero, yo, el susto mío era que no me viera con aquella pinta, descalza y con toda aquella mugre que llevaba encima, porque acababa de venir del carbón, un comisario que era muy amigo mío y que algunas noches cuando salía de bailar me dejaba dormir en la cama con su hija para que no volviera de madrugada al Somorrostro. Iba llorando y gritando y el guardia no me soltaba de la mano. Hasta que por fin llegando a la plaza de toros esa que hay, la plaza antigua de la Barceloneta, al llegar allí, se ve que el hombre, al verme con la cara que tenía de llanto, se ve que le dio un poco de compasión, y me soltó de la mano, y soltarme de la mano y salir yo corriendo, figúrate tú. Es que aquí en España, desgraciadamente, a los gitanos… A la policía en España, los gitanos no le merecen consideración ninguna. Los tratan como perros."

Cartell de "Los Tarantos".

Manuel Ortega  

Carmen Amaya va ser una gran bailaora gitana. Què ballava? Ben bé no ho sé. Ben bé no ho sap ningú. Els últims, pocs, que la van veure ballar van morint. Jo he sentit el seu taloneig i les seves castanyoles -les preferia ronques- en els discos i he vist Los Tarantos, la pel.lícula de Rovira-Beleta que va protagonitzar una mica abans de morir. És evident que ballava flamenc; és a dir, que ballava sobre la música desenvolupada per les comunitats gitanoandaluses a partir d'un moment imprecís, situat per convenció a finals del segle XVIII. Sens dubte, Carmen Amaya hauria estat considerada andalusa si hagués nascut a Triana; o catalana si hagués nascut a la platja del Somorrostro. Però en tots dos llocs hauria estat el mateix: gitanassa. No vegeu en això, ni tan sols en l'augmentatiu, purament retòric, elogi o aposta ètnica. Es tracta més aviat de constatar el caràcter irrisori que tenen els terrenys: Carmen Amaya no va ser mai catalana, perquè, simplement, aquesta categoria no operava en el Somorrostro. Una altra cosa és que, ara, la bona gent la vulgui fer d'aquí, del lloc on escric, amb el bondadós propòsit d'ampliar el mesquí cànon del que és políticament correcte, del que és nacionalment correcte. Fer-la catalana seria un anacronisme: com si un escriptor fes dir "qué guay" al pobre Lázaro de Tormes. A la sorra del Somorrostro, i en el temps en què ella va aprendre a ballar, Catalunya no exercia.

Amaya en una escena de "Los Tarantos".

AHCB - Colita  

"Siempre iba con papá.
Cuando no estaba la policía, ni había ronda de noche, me dejaban bailar en el Villa Rosa. ¡Figúrate!, con cinco o seis años. Todo el mundo me daba dinero en cantidad. Llegó un momento en el que Miguel Borrull y Julia Borrull, que eran los dueños del café, como ellos vieron que yo me llevaba todo el dinero de las juergas, nos gritaban al vernos llegar: 'Vete, vete Chino -así le decían a mi padre-, que está la policía.' Era mentira. Pero nos teníamos que ir después de haber estado esperando, muchas noches con todo el frío del invierno."

Manuel Ortega

"Trabajaba también en casa El Manquet, en Santa Madrona, y en Juanito el Dorado. En El Manquet, había un gran cuadro de baile: Micaela, El Gato, El Farruquero, Tobalo, Lolilla la Cabezona, mi tía La Faraona, el Bulerías y mi padre. El Gato era físicamente extraordinario. No ha habido mujer con una cintura como ésa. No ha habido tipo como él. Y El Farruquero… El Farruquero era el mejor que ha habido de todos los tiempos y se morirá y vendrán veinte millones y nadie bailará como ese hombre. Otras noches bailaba en el bar Cádiz, de Juanito el Apañao, apoderado de los Bienvenida. Y también por los pueblos, por Tarrasa o Sabadell. Bailaba encima de las mesas. Cuando terminaba mi baile, bajaba y rifaba numeritos de lotería. Y con siete años ya había ido a París, en la compañía de Raquel Méller.

"A épocas, me pelaban al cero y me daban petróleo, para las liendres. ¡Cómo estaría, bailando con mi cabeza pelada y los ojos agachados como un burro, llenos de legañas, sin poderlos abrir por el humo del tabaco! Yo empecé a bailar a los cuatro años. Aunque lo que más me divertía no era eso, sino coger un trozo de cartón piedra, subir al turón y tirarme sentada turón abajo. Nunca me pegaron en casa. Mi padre decía: 'Si encima de partirse el pecho los sábados y los domingos para bailar, vas a pegarle, déjala que corra como un gamo y haga lo que le dé la gana.'

"En uno de los cafés, el de Joaquín Escaño, tuve una noche una alegría. Cuando llegué vi aquella muñeca que tanto había mirado en el escaparate. 'Es para ti', me dijeron. Luego querían que bailara, pero yo no quería separarme de mi muñeca. 'Yo te la pongo aquí delante', me dijeron. Me la sentaron delante, entre el público, y estuve toda la noche bailando para la muñeca.

Carmen Amaya amb el seu pare, el guitarrista José Amaya, "El Chino", el 1932.

AHCB  

"Cuando papá y yo llegábamos a casa, nos esperaban con ansia fuera la hora que fuese. Traíamos pan recién hecho, barras grandes y allí mismo lo abríamos y lo refregábamos con tomate y le metíamos jamón. Ese día vine con la muñeca. 'Es para las tres -les dije a mis hermanas-, pero para que no la rompamos, la colgaremos aquí.' 'Así que no me la dejas, ¿eh?', me dijo mi hermana Antonia. 'Sí, sí te la dejo. Pero, colgada, así, la disfrutaremos las tres.' Al día siguiente, le había arrancao la peluca y el traje. El traje le caía bien a Antonia, porque la muñeca era muy grande y ella era muy chica.

Dibuix de Ruano Llopis.

Manuel Ortega  

¿Mis vestidos? En Montevideo hay uno, cosido por mi madre, que está en el museo. Te voy a contar. Yo en la barraca mía, en la choza mía, allí en el Somorrostro, en las piedras, había hecho un agujero en la pared, donde escondía mis zapatos y mis medias de bailar. Porque yo en la playa iba descalza, de aquí para allá, corriendo como un gamo. Siempre. Por eso tengo abiertos los pies, aparte de bailar, y por eso tengo la fuerza que tengo en las piernas. Todo de la arena."

La sorra.
Coronem la tesi extraterritorial. El millor que s'ha dit de Carmen Amaya ho va dir un francès.
Jean Cocteau.
"C'est la grêle."
Calamarsa.

Arcadi Espada