El flamenco en Barcelona:
un congreso y un estado del alma

Gerard Preminger
Director del XXVIII Congreso de Arte Flamenco

Se ha dicho que el flamenco lo merece todo el mundo. Los múltiples estudios académicos no lo han alejado ni un milímetro de su cuna popular, pero él, en cambio, ha hecho vibrar a más de un sesudo investigador con armónicos que desconocía. No resiste las clasificaciones asépticas, porque no es una disciplina, sino un arte. Y también por ello, sin duda, tiene la facultad de apelar a todo tipo de sensibilidades.

En la inauguración del Liceo de Barcelona, el 4 de abril de 1847, se bailaron malagueñas y fandangos. Valga el dato para ilustrar la antigüedad del flamenco y también la clase de vínculos que ha establecido en esta tierra. El flamenco convoca no sólo a los miembros de la nutrida comunidad andaluza que habita en Cataluña, sino que reúne en torno a él a un público heterogéneo, bilingüe y sin complejos, que lo ama y lo incorpora con naturalidad a sus vidas. Lejos de limitarse a concitar una atracción romántica, se revela como un movimiento vivo y en evolución. Nuevas figuras del cante, del baile y del toque se añaden así a una saga que venera a ancestros ilustres como el guitarrista Miguel Borrull o Carmen Amaya.

Por este haber riquísimo, y porque desea preservarlo y continuar acreciéndolo, Barcelona se enorgullece de acoger el XXVIII Congreso de Arte Flamenco, cuya realización se considera como un magno preludio del Foro del 2004, que convertirá la ciudad en punto de encuentro de las culturas de todo el mundo.

Tomando como referente y punto de partida las conclusiones de los dos anteriores congresos celebrados en localidades catalanas, el de L'Hospitalet de Llobregat, en 1986, y el de Santa Coloma de Gramenet, en 1995, el de Barcelona se propone desarrollar los estudios sobre dos géneros nacidos en esta tierra, la rumba catalana y el garrotín leridano; determinar los matices particulares que aquí ha tenido este arte; profundizar en las biografías de los flamencos catalanes, y discutir sus influencias sobre artistas de otras disciplinas. En el transcurso del congreso se abrirá el Espacio Carmen Amaya, dedicado al legado artístico de la gran bailaora y, por extensión, a la expresión flamenca de Barcelona, y se rendirá homenaje a otro genio vinculado a esta ciudad, Vicente Escudero, en el vigésimo aniversario de su muerte. Entrando más en detalle en la programación, conviene destacar las ponencias relativas al cante jondo en Sabadell y a la influencia del flamenco en los escritores catalanes del siglo XIX.

Todo ello estará acompañado de actuaciones de los artistas del cante y del toque, y muy en particular del baile, que ha sido una de las manifestaciones flamencas más arraigadas en Cataluña. El Pati de les Dones del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, en pleno corazón de la renovada Ciutat Vella, acogerá dos grandes espectáculos al aire libre: De los clásicos a los novísimos y La generación actual. Son actividades encaminadas a promover el interés de la juventud y a difundir el conocimiento de los artistas catalanes, y que se completarán con la edición de libros, exposiciones sobre los nuevos flamencos y una muestra de artistas plásticos relacionada con este mundo.

Pocas manifestaciones como el flamenco tienen tanta capacidad de profundizar en el sentir humano. El síntoma principal es su facilidad para unir a ejecutores y público en una misma catarsis. Oral y nómada, incluso en la entrada del siglo XXI, su calidad no se mide con cifras o adjetivos tradicionales. El flamenco es un estado del alma. En Barcelona queremos buscar el duende, pactar con él y disfrutar de su compañía.