El triángulo de oro del cante y el baile

Entre la Rambla, la calle Sant Pau y el Paral.lel florecieron en los aņos treinta numerosos locales que atrajeron a turistas, literatos y artistas de todo el mundo.

El Villa Rosa.

AHCB  

Los locales flamencos barceloneses estuvieron concentrados prácticamente en una única zona geográfica que constituía el triángulo de oro del flamenco barcelonés. El vértice base lo hemos de colocar en el Portal de la Pau. Subiendo por la derecha tendremos el primer lado: la Rambla de Santa Mònica y la Rambla dels Caputxins. El segundo lado no nace exactamente en la misma plaza, pero está muy próximo: el Paral.lel. El tercer lado, que cierra el triángulo, es la calle Sant Pau, que va precisamente desde la Rambla dels Caputxins hasta el Paral.lel. Como bisectriz, la avenida antiguamente denominada García Morato, actualmente Drassanes. Pocos barrios de la geografía española habrán tenido al mismo tiempo tantos locales dedicados al flamenco; quizás ninguno.

Demos un paseo por esa zona a comienzos de los años treinta y vayamos deteniéndonos, aunque sea brevemente, en cada uno de sus locales para conocerlos. Entrando por el Arc del Teatre nos encontraremos enseguida con el ya conocido Villa Rosa. Sigamos adelante. En la calle Guàrdia, junto a un local de la CNT, hallaremos el local de Juanito el Dorado, uno de los mejores y con más sabor, para Sebastià Gasch "indudablemente el mejor". Fue primitivamente un corralón destartalado, crudo y desnudo, con cuatro carteles de toros y un tabladillo en un rincón; después, en vista de las enormes posibilidades del local y por complacer a la nueva clientela que a él se acercaba -turistas, literatos y artistas-, Juanito introdujo una serie de reformas, intentando mejorarlo. Fueron atracción principal del local durante algún tiempo La Ciega de Jerez y las hermanas Chicharra. En él, los camareros alternaban el cante con el servicio. A veces había que esperar que despacharan a un cliente para que el camarero subiera al tablado a cantar su par de coplas. Otras, se interrumpía el cante porque el parroquiano quería aprovechar la ocasión para hacerse el loco y marcharse sin pagar.

Tuvo temporadas de apogeo en la segunda mitad de los veinte, con actuaciones de prácticamente todos los artistas que participaban en los espectáculos flamencos organizados por el propio dueño en el Circo Barcelonés que, cómo no, estaba también enclavado en el distrito V, en la calle Montserrat. Entre otros, actuaron Cepero, Varea, Marchena, Niño de las Moras, Vallejo, Chacón, La Ciega de Jerez, las hermanas Chicharra, Niña de los Peines, Niño de los Marianas, El Sevillano, Caracol y Manuel Torre, amigo personal del guitarrista y empresario Carbonerillo.


Españolada y andalucismo auténtico
Delante del local del mallorquín abrieron La Nueva Pastora para hacerle la competencia, en palabras de Gasch, "usando y abusando de todos los tópicos de la españolada que el Villa Rosa inició y donde el pintoresquismo llamativo ha sido elevado a la enésima potencia".1 Este local se denominó posteriormente La Feria. Adentrémonos ahora en la calle Montserrat, arteria de verdadero flamenquismo.

Una moderna actuación en el Tablao Cordobés.

Enrique Marco  

A mano izquierda está El Cangrejo Flamenco, en el número 9. Inaugurado hacia 1902 por Manolo González, resistió el paso del tiempo manteniéndose en pie e incluso reverdeciendo esporádicamente laureles. Fue lugar y centro de contratación de bailaores y cantaores para actuar en toda clase de juergas, en los grandes acontecimientos de los miércoles en el Barcelonés, en los pueblos y ciudades de Cataluña e incluso del resto de la Península, o en cualquier sitio que se presentara. Allí sentó sus reales, por ejemplo, El Gran Fanegas, "que se duele amargamente al son de la guitarra de José Montesinos, que inventa ritmos obsesionantes, ritmos que languidecen, que parece que van a caer, y que se elevan de golpe vigorosamente...". 2

Delante de El Cangrejo Flamenco, en el número 12, está el Bar Cádiz, popularmente conocido como Casa el Apañao, local de la Peña Marchena. "Aquí, toda la sabrosa imaginería del andalucismo auténtico -las paredes recubiertas de fotos de toreros célebres, el pliego de telegramas reseñando las faenas cumbre de los ídolos del momento, el cantaor y el tocaor, el mostrador presidido por cuatro frisos de botellas con etiquetas maravillosas- crea una atmósfera propicia a todas las evocaciones líricas."

El Bar Brasileño,
de la Barceloneta.

AHCB  

Durante la oscura posguerra siguió siendo lugar de reunión y encuentro de los flamencos. En el año 1973 dejaba de existir. Josep Maria Carandell escribía: "Popularmente se llamaba a éste Casa el Apañao, y estaba decorado con carteles de toreros, pero desde hace bastantes años su mayor interés estuvo en la sala de baile, forrada de cañas, con una orquesta de seis músicos que se iban turnando -dos pianistas, dos saxos, dos baterías- que llevaban muchos años en la casa tocando rumbas, boleros, fox de la posguerra hasta el día del cierre. Dos carteles ordenaban: 'Por disponer de orquesta a disposición del público, queda prohibido cantar y bailar flamenco y hacer palmas' y 'En este local no se puede bailar sin pareja ni formar pareja del mismo sexo'. Un guardián corpulento vigilaba que se cumpliesen estas ordenanzas, metiendo la mano entre las piernas de los hombres para pellizcar a las mujeres en los muslos, con lo que mataba dos pájaros de un tiro".3


De La Taurina al Nuevo Mundo
Vayamos ahora a La Taurina, en plena calle del Cid número 8 y al lado de la eternamente brillante Criolla. En las paredes, unos maravillosos carteles de toros. "Hay uno, una manola de un linealismo clásico y de proporciones perfectas de la que dice Joan Miró que es tan buena como las vírgenes de Rafael". Si se estaba de suerte, se podía encontrar allí a una jovencísima Carmen Amaya actuando con su padre, El Chino, y su tía, La Faraona.

La Taurina en 1931.

AHCB  

En la calle Nou, podemos pararnos unos instantes en el Nuevo Mundo, "tienda de comestibles regentada por el 'zenó Manolo', un meridional muy castizo, y donde os servirán productos andaluces típicos y auténticos, de primera calidad. Este rincón ignorado es uno de los lugares donde se come mejor en Barcelona. Tomamos unas aceitunas aliñás y un chato de la manzanilla más buena que se despacha en estas latitudes". En la calle Sant Oleguer está Granada en Cataluña, "donde unas botellas dentro de unos botelleros de madera -eso calma el afán de sorpresa y de lo inesperado del caro Miró-, una bota de vidrio en forma de delfín, una pintura ingenua de la Alhambra y unos chatos con almendras tostadas colaboran a crear una atmósfera especial".

Otro local, Casa José María, de la calle Espalter, es uno de los "rincones más insobornablemente castizos del barrio andaluz de Barcelona". En él actuaron a comienzos de los años treinta la cantaora Maruja de Sevilla y la bailaora Encarna la Malagueña. En él, el músico Pous, el pintor Villà y Sebastià Gasch, únicos clientes esa noche, fueron espectadores emocionados de una juerga organizada por el famoso Guerrita, "el as del cante jondo. Una juerga sorda, diríamos. Una juerga silenciosa. La cosa más triste y desgraciada que se pueda contemplar".

El Tablao Cordobés, en la Rambla

Enrique Marco  

Nuestro paseo no ha acabado aún. Gasch nos dice: "Si sois verdaderamente flamencos, no dejéis de ir al Bar Triana, de la calle de la Gla, emocionante de tan normal, al Bar Candelas de la calle de Zurbano, con su cabeza de toro impresionante, y sobre todo al Bar Veloz (Casa León), taberna casticísima situada allá donde no os podríais imaginar nunca: en la plaza Arrieros, desolada y trágica en la noche. En este rincón del mundo, si os atrevéis a entrar, veréis cómo Rafael el Moreno ('rey de los tocaores de guitarra'), una especie de mulato impasible y terriblemente hermético, extrae los ritmos más insólitos de su maravillosa guitarra".

El recorrido o paseo aún daba para más. A la entrada de la calle Olmo estaba situado el local Los Cotos. En su puerta, un farolillo verde parece hacer guiños al transeúnte. En su interior, el mostrador ocupa todo el testero, dejando paso a un ensanche o salita decorado con carteles de toros, cadenetas y farolillos verbeneros. "Allí bailaba El Pirri, y por ello, el público se lanzaba a empujones para permanecer en el local saturado de humo, tufo de vino y olor de humanidad apiñada. El Pirri era un gitanillo de metro y medio, con el pelo negro y lustroso y un pañuelo blanco de seda liado al cuello. El Pirri era jaleado por la concurrencia; 'él bailaba como nadie', según su propia expresión". 4

El Gran Kursaal
en 1936.

AHCB  

El tal artista era un buen conocedor del público, calibraba su calidad y se arrancaba con un cante o un cuplé aflamencado, según el resultado de su calibración. "Las tarantas o los martinetes los guardaba para el público entendido y que además pagaba bien. La gente allí bebía más que en ningún sitio. Y mientras tanto, El Pirri repiqueteaba con sus botitas de tacón, agitando el mechón que caía sobre su frente morena y brillante de sudor…". Hubo otros más fuera de esa zona privilegiada, como el Bar Brasileño, en el paseo Nacional, del barrio de la Barcelo-neta; El Patio de los Faroles; El Chiringuito de Portal de la Pau…

Y, ya para acabar, acerquémonos al Bar del Manquet, en Porta de Santa Madrona número 18, con su famosa gramola, en la que sólo se escuchan discos de cante jondo, "y al calor de la cual se arracima siempre una numerosa pléyade de aficionados". En él, escuchando algunos de sus discos, damos por concluido nuestro paseo por los locales flamencos de un barrio por el que pululaban gentes de todas las nacionalidades y de todas las razas.

Francisco Hidalgo Gómez

notas:
1. Mirador, 21/5/31. Gasch fue siempre un decidido defensor del local de Juanito el Dorado y un crítico contumaz del Villa Rosa, "tipo de cabaret organizado turísticamente y auténtico reducto de la más abyecta españolada". Gasch casi siempre se mantuvo fiel a los postulados defendidos por los animadores del granadino concurso del 22. Véase Sebastià Gasch: el flamenco y Barcelona, de F. Hidalgo, Ediciones Carena, Barcelona, 1998.
2. Ibídem. Salvo que se indique lo contrario, todas las citas son del mismo autor y artículo.
3. Citado por Villar, Paco. Historia y leyenda del Barrio Chino, Edicions La Campana, Barcelona 1996, p. 208.
4. Paquer, Augusto. Historia del Barrio Chino de Barcelona, Ediciones Rodegar, Barcelona, 1962, p.113.
5. Ibídem. Este artista, a tenor de lo que afirma el autor, debió de ser un auténtico portento.